Los protocolos de los sabios de Sion

Edición de 1912 del libro de Serguei Nilus Lo grande en lo pequeño, que incluye los Protocolos. Entre símbolos ocultistas se lee: «En esto venceremos», «Marca del Anticristo», «Gran misterio», « Tetragramatón», « INRI», « Taro», etc.

Los protocolos de los sabios de Sion (en ruso, Протоколы сионских мудрецов, transliterado como Protokoly Sionskij Mudretsov, usualmente abreviado a Сионские протоколы, Sionskie Protokoly) es un libelo antisemita[2]​ El texto sería la transcripción de unas supuestas reuniones de los «sabios de Sion», en la que estos sabios detallan los planes de una conspiración judeo-masónica, que consistía en el control de la masonería y de los movimientos comunistas, en todas las naciones de la Tierra, y tendría como fin último hacerse con el poder mundial.

Los Protocolos son la publicación antisemita más famosa y ampliamente distribuida de la época contemporánea.

Distintas interpretaciones acerca de su autenticidad o fraude continúan circulando hoy en día, especialmente por Internet. En 1921 el diario británico The Times señaló que se trataba de un “torpe plagio” de la obra Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, obra de Maurice Joly en la que se critica el gobierno de Napoleón III.[4]

Los individuos y grupos que han utilizado este texto pretenden inculcar el odio a los judíos.[8]

Orígenes

Los Protocolos de los sabios de Sion son una falsificación de la Ojrana, la policía secreta zarista, y fueron publicados por primera vez en San Petersburgo en 1902, aunque solo alcanzaron una distribución masiva a partir de 1917 con la finalidad de culpar a los judíos de los males de la guerra y de la revolución.[9]

El texto básico en que se basaron los Protocolos se compuso a mediados de la década de 1890 por orden de Piotr Rachkovski, jefe de la delegación de la Ojrana en París. El texto se basa en buena parte en un panfleto contrario a Napoleón III publicado por Maurice Joly en 1864 y en la novela antisemita de 1868 Biarritz, escrita por Hermann Goedesche. Los rusos blancos llevaron los Protocolos a Occidente después de 1917 y, difundidos en Alemania por la prensa völkisch, dieron apoyo adicional a la « teoría de la puñalada por la espalda». Incluso antes de la llegada de Hitler al poder ya habían aparecido 33 ediciones alemanas.[11]

En diciembre de 1901 Sergei Nilus afirmó haber traducido al ruso unos textos que en conjunto tituló Los protocolos de los sabios de Sion. Durante los primeros quince años, los Protocolos tuvieron escasa influencia, sin embargo a partir de 1917 se vendieron millones de ejemplares en más de veinte idiomas.[12]

Los teóricos de la conspiración señalan generalmente que estas reuniones se habrían llevado a cabo en el Primer Congreso Sionista de Basilea ( Suiza), del 20 al 31 de agosto de 1897, presidido por Theodor Herzl.[14]

Publicación de The Times

En 1921 el periódico The Times declaró ser el primero en presentar pruebas concluyentes de que Los protocolos eran un plagio.[4]

«Los protocolos fueron extensamente discutidos y traducidos a muchas lenguas europeas. Su autenticidad ha sido frecuentemente atacada y han sido alegados muchos argumentos para defender la teoría de que son una falsificación. En los tres siguientes artículos el Corresponsal de Constantinopla de The Times presentará por primera vez pruebas concluyentes de que el documento es en general un torpe plagio. El Museo Británico tiene una copia completa del libro, que se titula “Dialogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, o la Política de Maquiavelo en el siglo XIX. Por un contemporáneo” y fue publicado en Bruselas en 1865. Poco después de su publicación el autor, Maurice Joly, un abogado y publicista parisino, fue arrestado por la policía de Napoleón III y sentenciado a 15 meses de prisión.» The Truth about "The Protocols", Prefacio, The Times, 1921.

El libro mencionado ( Dialogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu) es accesible hoy en día y, además del propio artículo del periódico The Times, existen otros ensayos comparativos entre ambas obras, como la de Jean-Francois Revel, que muestran que, en efecto, parte de Los protocolos parecen haberse escrito tomando como pauta la mencionada obra de Maurice Joly. Cabe mencionar, sin embargo, que ello no implica que se trate de un "torpe plagio" del libro de Joly, pues el mensaje y los objetivos de una obra y otra difieren claramente y las enormes repercusiones que tuvo el “plagio” en cuestion, ponen de manifiesto que poco tenía de torpe. Por otro lado, tampoco se puede deducir de éste artículo que el autor original de dicho plagio fuese la Ojrana, aunque si se vincula con Rusia, tomando como partida el hecho de que Los protocolos fueron publicados en Londres bajo el título de “El Peligro Judío”, el cual era una traducción de un libro publicado en 1905 en Rusia por Sergei Nilus, de quien, en el mismo artículo de The Times, se dice que era:

«un oficial del Gobierno que declaró haber recibido de un amigo una copia de una recopilación del acta de una reunión secreta, llevada a cabo en Paris por una organización judía que estaba tramando derrocar la civilización para establecer un Estado Judío mundial.» The Truth about "The Protocols", Prefacio, The Times, 1921.

A continuación se añade que «Estos “Protocolos” atrajeron poca atención hasta después de la Revolución Rusa de 1917, cuando la aparición de los Bolcheviques, entre quienes había muchos judíos profesando y practicando doctrinas políticas que en algunos puntos se parecían a las defendidas en los “Protocolos”, llevaron a muchos a creer que el presunto descubrimiento de Nilus era genuino."»[4]

La conexión que The Times hace con la Ojrana se basa en el testimonio de "Mr. X, quien no quiere que su verdadero nombre sea conocido". Este testigo afirmaba que unos pocos meses antes (de la publicación de The Times, Agosto de 1921) compró libros antiguos a un ex-oficial de la Ojrana y que entre estos libros se encontraba el de Maurice Joly.[4]

Este libro, según su prefacio, era original de 1864 en Ginebra y fue apodado "Los Dialogos de Ginebra"

A parte de esto, no se añaden mas evidencias, y como consecuencia lo único que se puede afirmar, aún tomando por bueno el testimonio de Mr. X, es que el libro de Joly había llegado a Rusia. Es por ello que el mismo periódico reconoce, al encabezar sus conclusiones, que no hay evidencias de como Los Dialogos de Ginebra llegaron a Rusia y que por tanto el resto no es mas que una teoría.[4]

La importancia del artículo reside en que demuestra la vinculación de Los protocolos con la obra de Joly, pero no se aporta ninguna prueba de que el autor del plagio original fuera la Ojrana, siendo sólo una teoría más entre muchas otras, y será contradicha por autores posteriores, como el ensayista e historiador francés Henri Rollin, quien también sugiere que Los protocolos tendrían un origen antisemita en su obra El Apocalipsis de nuestro tiempo (1939), pero sin embargo, considera que habrían sido redactados en París entre los años 1897-98 (por grupos antisemitas).

Lo cierto es que, a día de hoy, aún se desconoce a ciencia cierta su verdadero origen y las teorías sobre el mismo son tan numerosas que no se puede sentenciar que se haya probado nada, tan sólo lo que algunos autores y medios afirman.

Maurice Joly

La mayor parte de los escritos en los Protocolos fueron plagiados del libro Dialogue aux enfers entre Machiavel et Montesquieu (‘Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu’), escrito por el autor satírico francés Maurice Joly en el año 1864. Joly atacaba las ambiciones políticas de Napoleón III utilizando a Maquiavelo como una sinopsis diabólica en el infierno, como un doble de sí mismo para poder dar su opinión acerca de Napoleón. Joly mismo parece haber copiado material de una popular novela de Eugène Sue, Los misterios de las personas, en la que los conspiradores fueron jesuitas. Los judíos no aparecen en ninguno de los dos trabajos. Puesto que era ilegal criticar a la monarquía, Joly imprimió el folleto en Bélgica y luego trató de pasarlo de contrabando a Francia. La policía confiscó un gran número de ejemplares. Joly fue juzgado el 25 de abril de 1865 y condenado a 15 meses de prisión. Joly se suicidó en 1878.[10]

Los protocolos utilizan un sospechoso lenguaje autoinculpatorio –nadie escribe así de sí mismo y sus intenciones– y el texto está plagado de generalizaciones, lugares comunes y simplezas. Pero los Protocolos calaron hondamente en el antisemitismo europeo, y millones de personas los creyeron a pies juntillas –algunos siguen haciéndolo–, pues básicamente sólo “confirmaban” por boca de supuestos judíos y masones lo que millones de crédulos ya pensaban de ellos.

Hoy sabemos que los Protocolos de los Sabios de Sion son en gran medida un plagio de la obra de Joly, que fueron publicados en un diario de San Petersburgo en 1903 por el editor ultraderechista, racista y antisemita Pavel Krushevan. Krushevan había participado en varios pogromos –persecuciones, apaleamientos y asesinatos de judíos rusos– y sentía un odio visceral por la estirpe de los hebreos, así como por el progresismo político que caracterizaba a muchos de sus representantes y también a los masones de su tiempo. Los Protocolos fueron un éxito instantáneo, pues venían a confirmar –falsamente– los miedos y sospechas de millones de personas incapaces de entender la enormidad de los cambios políticos y sociales de los siglos XVIII, XIX y XX. La Ojrana los utilizó ampliamente para tratar de convencer al pueblo y al Zar de que los afanes para la democratización de Rusia eran en realidad una conspiración judeomasónica. La revolución bolchevique de 1917 barrió todo ello, pero para entonces los Protocolos habían llegado a la Europa Occidental y tuvieron un papel fundamental en el antisemitismo de los regímenes nazifascistas que surgirían a continuación. Ninguno de ellos quiso observar las similitudes con los libelos de sangre tan corrientes en Europa desde la Edad Media.[10]

Hermann Goedsche

La novela de Hermann Goedsche, Biarritz, escrita en 1868, fue la otra fuente para inspirar al escritor de los Protocolos. En el capítulo «El cementerio judío de Praga y el consejo de representantes de las doce tribus de Israel», Goedsche escribió acerca de una reunión nocturna entre los miembros de una misteriosa cábala rabínica, que describía cómo, a media noche, el Diablo aparecía ante los que se habían reunido en nombre de las Doce Tribus de Israel para planear una «conspiración judía». Su representación es también similar a la escena de Joseph Balsamo, de Alexandre Dumas (padre), donde el Conde de Cagliostro y sus cómplices tramaron el asunto del collar de diamantes.

Como Biarritz apareció casi al mismo tiempo que Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, es muy posible que Goedsche se inspirara en el panfleto de Joly, especialmente en el que detalla los resultados de la reunión secreta.[15]

En 1949 el hispanista holandés J.A. Van Praag llegó a la conclusión de que Hermann Goedsche debía conocer la obra del escritor español del Siglo de Oro Francisco de Quevedo titulada La Isla de los Monopantos, un relato de ficción satírica dirigido contra el Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, en el que se cuenta la historia de la reunión secreta de los rabinos de Europa con los cristianos que están dispuestos a colaborar con ellos -los "monopantos"- para apoderarse del mundo. Esta relación es considerada probable por el hispanista francés Joseph Pérez.[2]

Gonzalo Álvarez Chillida, historiador español, también cree probable la hipótesis de Van Praag, ya que Goedsche "era un hombre interesado por los temas hispanos, como lo demostró en dos de sus novelas, tituladas Villafranca y Puebla". Así, lo que Quevedo concibió como una fantasía satírica, "inspirándose sin duda en el supuesto complot de los conversos, revelado por la Carta de los judíos de Constantinopla" de Juan Martínez Silíceo, en el siglo XIX algunos antisemitas, siguiendo la estructura y contenido de los Monopantos, lo convirtieron en auténticas reuniones judías secretas.[16]

Goedsche, un reaccionario de las Revoluciones de 1848, perdió su puesto de trabajo en el servicio postal de Prusia después de la creación de pruebas para implicar al líder demócrata Benedict Waldeck de conspirar contra el rey. Después de su despido, Goedsche comenzó una carrera como columnista conservador, al tiempo que escribía obras literarias bajo el seudónimo de Sir John Retcliffe.[18]

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