Lorenzo (mártir)

San Lorenzo Mártir
Francisco de Zurbarán 044.jpg
Lorenzo (1636-1639), pintura al óleo de Francisco de Zurbarán. Museo Provincial de Bellas Artes de Cádiz.
Diácono y mártir
Nacimiento c. 225
Huesca
Fallecimiento 10 de agosto de 258 (33 años aproximadamente)
Roma
Venerado en Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana, el luteranismo y las demás.
Principal Santuario Basílica de San Lorenzo Extramuros
Festividad 10 de agosto[1]
Atributos Llevando una parrilla y vistiendo una dalmática, a veces también se le representa con la palma del martirio y el libro de los Evangelios.
Patronazgo

Zagra (Granada),
Arequito (Argentina),
Canadá,
San Lorenzo de Tarapacá (Chile),
Jipijapa (Ecuador),
Vinces (Ecuador),
Astrabudua (España),
Benirredrà (España),
Benillup (España),
Busot (España),
Donhierro (España),
Ezcaray (España),
Hoyos (España),
Huesca (España),
provincia de Huesca (España),
Ibahernando (España),
Pámanes (España),
La Antilla (España),
La Mata de Alcántara (España),
San Lorenzo de El Escorial (Madrid)

Roma (Italia),
Ciudad Juárez (México),
Róterdam (Países Bajos),
San Lorenzo (Paraguay),
Matara (Perú)
Sri Lanka,
Chaguaramas (Venezuela),
de los bibliotecarios,
cocineros,
comediantes,
curtidores,
diáconos,
estudiantes,

mineros.
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San Lorenzo fue uno de los siete diáconos regionarios de Roma, ciudad donde fue martirizado en una parrilla el 10 de agosto de 258, cuatro días después del martirio del papa Sixto II.[1]

Los Actos de san Lorenzo se perdieron en la época de Agustín de Hipona, quien en uno de sus sermones acerca del santo (Sermo 302, de Sancto Laurent) admitió que su narración no provenía de recitar las Actas del santo (como solía hacer Agustín en sus sermones) sino de la tradición oral. Esa tradición sitúa el nacimiento de Lorenzo de Roma en Huesca, en la Hispania Tarraconensis, aunque también podría ser originario de Valencia, donde sus padres habrían residido un corto espacio de tiempo, viniendo a nacer el santo en esta ciudad. Cuando en 257 Sixto fue nombrado papa, Lorenzo fue ordenado diácono, y encargado de administrar los bienes de la Iglesia y el cuidado de los pobres. Por esta labor, es considerado uno de los primeros archivistas y tesoreros de la Iglesia, y es el patrón de los bibliotecarios.

El emperador Valeriano proclamó un edicto de persecución en el que prohibía el culto cristiano y las reuniones en los cementerios. Muchos sacerdotes y obispos fueron condenados a muerte, mientras que los cristianos que pertenecían a la nobleza o al senado eran privados de sus bienes y enviados al exilio.

Víctimas de las persecuciones de Valeriano destacan los papas Esteban I, degollado sobre la misma silla pontificia; y Sixto II decapitado el 6 de agosto del 258. Obispos como Cipriano de Cartago (decapitado en el norte de África), diáconos como Agapito, o el popular san Lorenzo.

Una leyenda posiblemente creada por Ambrosio de Milán dice que Lorenzo se encontró con el papa Sixto en su camino al martirio, y que le preguntó: «¿Adónde vas, querido padre, sin tu hijo? ¿Adónde te apresuras, santo padre, sin tu diácono? Nunca antes montaste el altar de sacrificios sin tu sirviente, ¿y ahora deseas hacerlo sin mí?». Entonces el papa profetizó: «En tres días tú me seguirás».

Lorenzo y la leyenda del santo Grial

Basílica de San Lorenzo, donde se encuentran los restos del santo

La leyenda dice que entre los tesoros de la Iglesia confiados a Lorenzo se encontraba el Santo Grial (la copa usada por Jesús y los Apóstoles en la Última Cena) y que consiguió enviarlo a Huesca, junto a una carta y un inventario, donde fue escondido y olvidado durante siglos. Los padres de Lorenzo, santos Orencio y Paciencia, sí serían de Huesca, y habrían llegado a la ciudad de Valencia por motivo de las persecuciones.

Según la Vida y martirio de san Lorenzo, texto apócrifo del siglo XVII supuestamente basado en la obra del monje Donato (siglo VI), el papa Sixto II le entregó el santo grial junto a otras reliquias, para que las pusiera a salvo. En la cueva romana de Hepociana, Lorenzo acudió a una reunión de cristianos presidida por el presbítero Justino. Allí halló a un condiscípulo y compatriota hispano, llamado Precelio, originario de Hippo (la moderna Toledo), en Carpetania, a quien entregó varias reliquias, entre ellas el santo cáliz, con el encargo de que las llevara a la familia que le quedaba en Huesca (sus padres vivían en Roma). Precelio llevó las reliquias a los tíos y primos de Lorenzo en Huesca que las escondieron, perdiéndose la pista, aunque algunas tradiciones afirman que el santo cáliz fue depositado en la iglesia de san Pedro de la localidad, de donde sería puesto a salvo por el obispo Acilso cuando huyó en 711 ante el avance de los musulmanes, para esconderse en los Pirineos.[4]

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