Lola Mora

Lola Mora
Lola mora.jpg
Información personal
Nacimiento 17 de noviembre de 1866 Ver y modificar los datos en Wikidata
San Miguel de Tucuman, Provincia de Tucuman
Fallecimiento 7 de junio de 1936
(69 años)
Buenos Aires
Nacionalidad Argentina
Información profesional
Área Escultura
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Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández o Dolores Mora Vega, más conocida como Lola Mora ( San Miguel de Tucuman o en El Tala, provincia de Salta según otras versiones, 17 de noviembre de 1866[2]

Entre los homenajes que ha recibido se encuentra la institución del 17 de noviembre, fecha de su natalicio, como Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas realizado por el Congreso de la Nación Argentina en 1998 y la creación en 1998 de los Premios Lola Mora a ser discernidos por la Dirección General de la Mujer de la ciudad de Buenos Aires a los medios de comunicación, transmitan una imagen positiva de la mujer que rompa con los estereotipos de género, promueva la igualdad de oportunidades y los derechos de las mujeres.

Biografía

Infancia y adolescencia

Su lugar de nacimiento está controvertido pues en tanto los salteños alegan que nació en El Tala, una localidad del sur de la provincia de Salta, donde vivían sus padres, los tucumanos se basan en que fue bautizada en Trancas (22 de junio de 1867) en el norte de la provincia de Tucumán, [4]

Casa natal de Lola Mora.

Su padre era Romualdo Alejandro Mora Mora, un comerciante y hacendado de origen catalán, que tenía algunas estancias en la zona tucumano-salteña y una casa en la ciudad de San Miguel de Tucumán.[5]

Llegó a la localidad salteña de El Tala en 1857 y se casó el 16 de marzo de 1859 en la parroquia de San Joaquín de Trancas, provincia de Tucumán.[7] Lola Mora (Dolores Candelaria Mora Vega) era la tercera de siete hermanos: tres varones y cuatro mujeres. En 1870, cuando tenía cuatro años, su familia decidió instalarse en la ciudad de San Miguel del Tucumán.

En agosto de 1874, a los siete años de edad, comenzó sus estudios en el Colegio Sarmiento, una exclusiva escuela laica de esa ciudad, donde se destacó como alumna.

En septiembre de 1885, cuando Lola tenía 18 años, fallecieron sus padres con diferencia de dos días.

Inicios en el arte

Lola Mora trabajando en arcilla, en su taller con un modelo.

En 1887 llegó a Tucumán para dar clases el pintor italiano Santiago Falcucci ( 1856- 1922) y Lola fue una de sus alumnas. Fue así que se inició en pintura, dibujo y retrato y aprendió sobre el neoclasicismo y el romanticismo italiano, estilos que marcaron su obra; empezó a hacer retratos de personalidades de la sociedad tucumana con los cuales pudo financiar sus otras obras.

Animada por su éxito, realizó un retrato a la carbonilla al gobernador de Salta, Delfín Leguizamón y su trabajo fue tan perfecto que su maestro Falcucci dijo: "Era la copia de una fotografía, pero tenía todo de propio, de individual en la factura".[4]

Para los festejos del 9 de julio de 1894, Lola pintó una colección de veinte retratos en carbonilla de los gobernadores tucumanos desde 1853 que fueron adquiridos por la legislatura de la provincia en cinco mil pesos. Ya era en Tucumán una artista conocida cuando 1895 viajó a Buenos Aires en busca de una beca para perfeccionar sus estudios en Europa, que le fue concedida por el presidente José Evaristo Uriburu el 3 de octubre de 1896 consistente en una subvención mensual de cien pesos oro por dos años.[4]

Primeros pasos en escultura

Instalada en Roma en 1897, fue alumna del pintor Francesco Paolo Michetti (1851-1929), que se dedicaba a la pintura y la fotografía y había sido escultor en su juventud, aprendió el arte de trabajar con terracotta con el escultor Constantino Barbella (1852-1925) y finalmente decidió dedicarse de lleno a la escultura cuando conoció a otro de sus profesores, Giulio Monteverde (1837-1917), maestro en el trabajo del mármol.[5] En Roma instaló su casa y taller y viajó con frecuencia a Buenos Aires llevando sus trabajos.

Al tiempo de estar en Italia se relacionó con los círculos artísticos y culturales, en los que fue muy respetada, y la prensa argentina empezó a informar sobre sus trabajos, viajes por Europa, exposiciones y los premios recibidos. Un autorretrato de Lola Mora, en mármol de carrara, se exhibió en la Exposición Universal de París de 1900 y ganó una medalla de oro. Cuando en 1900 regresó a la Argentina precedida por su éxito recibió el encargo en Tucumán de una estatua de Juan Bautista Alberdi, acordó en Salta la fundición de estatuas y relieves conmemorativos para el Monumento del 20 de febrero y ofreció a la municipalidad de Buenos Aires su obra más famosa: la Fuente de las Nereidas.

La provocación del desnudo

Lola Mora volvió a su estudio de Roma para preparar los encargos y regresó a Buenos Aires en agosto de 1902 con los bloques de las estatuas esculpidas que, al ser desembaladas, provocó un escándalo. La sociedad porteña de la época consideró que las estatuas mostrando sin recato los cuerpos desnudos emergiendo triunfalmente de las aguas eran "licenciosas" y "libidinosas".

Entre Argentina y Roma

Por ese entonces le ofrecieron esculpir una estatua de la reina Victoria, a ser emplazada en Melbourne ( Australia) y del zar Alejandro I en San Petersburgo ( Rusia), pero rechazó ambos encargos porque requerían adoptar la ciudadanía británica o rusa, respectivamente.

En su país le encomendaron realizar un busto del presidente Julio Roca, una estatua de Aristóbulo del Valle, una alegoría de la independencia, dos sobrerrelieves para la Casa Histórica de Tucumán y cuatro estatuas para decorar el nuevo edificio del Congreso Nacional; que representarían a los presidentes más célebres de los congresos argentinos históricos: Carlos de Alvear, Francisco Narciso de Laprida, Facundo Zuviría y Mariano Fragueiro.

Viajó a Roma y regresó en 1904 con todos los encargos. De manera constante Mora viajaba entre Roma donde se encontraba su estudio hasta Argentina.

A partir de 1910 declinó su estrella como escultora e iIncumplimientos contractuales de sus proveedores la llevaron a endeudarse y a hipotecar su taller de Roma.

En 1913 inauguró su monumento a Nicolás Avellaneda en la ciudad del mismo nombre en presencia del presidente Roque Sáenz Peña, el vicepresidente Victorino de la Plaza y su gran amigo el expresidente Julio Argentino Roca que murió un año después. Con su muerte Lola perdió influencia y los adversarios políticos de Roca le pasaron factura.

En 1915 el Congreso decidió desmontar su conjunto escultórico tachándolos de "adefesios horribles". El diputado Luis Agote afirmó que: "No demuestran nuestra cultura ni nuestro buen gusto artístico". El conjunto se desmembró entre cinco provincias. Ese año Lola Mora vendió su palacete romano y retornó definitivamente a Argentina.[5]

En 1918 la municipalidad porteña desmanteló la Fuente de las Nereidas y la mandó al ostracismo, ubicándola en Avenida Costanera Sur, donde se erige actualmente a la entrada de la Reserva Ecológica.[4]

Interés en nuevas tecnologías

Curiosa por naturaleza se acercó a figuras del mundo teatral y, atraída por el cine, quiso experimentar con telones de color.

Hacia 1920 abandonó la escultura e impulsó el dispositivo llamado cinematografía a la luz, que permitía ver cine sin necesidad de oscurecer una sala, pero no logró introducirlo en el mercado. Viajó al norte del país llevando nuevos proyectos: primero a Jujuy donde en 1923 fue nombrada “Escultor Encargado de Parques y Jardines y Paseos” y a Salta a finales de 1924 para comenzar exploraciones geológicas.  

En 1925 el presidente Marcelo T. de Alvear dejó sin efecto la última obra encargada por el Estado, el diseño del Monumento a la Bandera. Para revertir el golpe, emprendió la extracción de combustibles con base en destilación de rocas fósiles ( esquistos bituminosos) asociada a otras personas y recorrió infructuosamente las montañas de Salta para desarrollar el negocio, perdiendo e ello sus ahorros.

Desahuciada y con su salud deteriorada, entre 1932 y 1933 retornó a Buenos Aires, bajo el cuidado de sus sobrinas. Le costaba caminar, divagaba y perdía el conocimiento. En 1933 la Sociedad Sarmiento de Tucumán realizó una muestra a beneficio de la empobrecida artista. En 1935, restaurado el orden conservador, el Congreso le aprobó una pensión de doscientos pesos mensuales.

El 17 de agosto de ese año Lola Mora sufrió un ataque cerebral que la dejó postrada hasta el 7 de junio de 1936 en que falleció en Buenos Aires tras tres largos días de inconsciencia, insensibilidad y dificultad en su respiración, rodeada de sus tres sobrinas que la asistieron durante la enfermedad.

En las principales publicaciones argentinas hubo notas necrológicas. Caras y Caretas, por ejemplo, comentó:

"Siempre nos sorprende la tragedia del talento olvidado. Ahora más, al herir a una mujer, a la primera mujer argentina, cuya vocación supo afrontar las dificultades del mármol, los laboriosos primores del modelado de la arcilla."

El vespertino Crítica señalaba a responsables del abandono en que se encontraba la artista:

"...Es el homenaje perenne y sincero que compensa, hasta cierto punto, la ingratitud material de los poderes públicos y la sorda hostilidad de nuestros círculos artísticos que veían en Lola Mora la expresión de gustos anticuados y definitivamente 'pasados de moda.'"

Por su parte, el Diario La Nación que tantos favores concediera a Lola Mora en sus años de esplendor, decía sobre ella:

"El decidirse por el arte, ya había significado una proeza, recordemos la fecha de sus comienzos y su actuación inicial. Mujer y escultora parecían términos excluyentes. Los prejuicios cedieron, sobrepujados por la evidencia de su obra."

En todas las necrológicas sólo se recordó de su vasta obra la Fuente de las Nereidas.

La tumba de Lola Mora se encuentra en el Cementerio del Oeste, la necrópolis más antigua de San Miguel de Tucumán y en 2010 fue declarada bien de interés histórico-artístico.[8]

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