Literatura española de la Ilustración

A lo largo del siglo XVIII eclosiona una nueva mentalidad que enlaza con la antropología renacentista y que en consecuencia viene a romper la cosmovisión del mundo Barroco. Este período ha recibido el nombre de « Ilustración». Dicho movimiento se cimienta, a grandes rasgos, en el espíritu crítico, que rompe abruptamente con el principio de autoridad, en el predominio de la razón y su fundamentación en la experiencia. Esta estructura del saber tiene como consecuencia que la filosofía y la ciencia sean las disciplinas más valoradas. Este período ha sido conocido en la Historia de las Ideas como "Siglo de las Luces" o "Siglo de la razón". Su característica más relevante es la búsqueda de la felicidad humana a través de la cultura y el progreso. Las nuevas ideas asociadas al pensamiento ilustrado hicieron que el arte y la literatura se orientaran hacia un nuevo clasicismo ( Neoclasicismo), del que se deriva el adjetivo "neoclásico". En literatura se busca la expresión moderada de las emociones, y emular normas y reglas clásicas (puestas de actualidad gracias a los descubrimientos arqueológicos de este período). Al mismo tiempo se valoró el equilibrio y la armonía como el principio estético dominante. Tradicionalmente se ha tendido a afirmar que contra tanta rigidez se reaccionó a finales de siglo, produciéndose una vuelta al mundo de los sentimientos, otorgándole el nombre de " Prerromanticismo". Para algunos autores como Marta Manrique Gómez en la línea del historiador de la literatura Russell P. Sebold el romanticismo no se constituye como una reacción contra formas obsoletas sino como el desarrollo de un modo de expresión previamente imbricado en los autores que reconocemos canónicamente como ilustrados[1]

Marco histórico

El siglo XVIII comienza con la guerra de Sucesión española ( 1701- 1714). Las potencias europeas, preocupadas ante el poder hegemónico del rey francés Luis XIV, unido a que su nieto Felipe de Anjou había sido nombrado heredero al trono de España por Carlos II, formaron la Gran Alianza y respaldaron el intento del archiduque Carlos de Austria para acceder a la corona. Tras el Tratado de Utrecht, Felipe V fue reconocido como rey de España ( 1700- 1746), aunque ello acarreó la pérdida de sus dominios europeos, Menorca y Gibraltar. En 1724, abdicó a favor de su hijo Luis I, pero al morir éste meses después, volvió a asumir el trono español. Durante su monarquía, desarrolló una política centralista y reorganizó la Hacienda Pública.

Tras la muerte de Felipe V, le sucedió Fernando VI ( 1746- 1759), quien, con los ministros Carvajal y el marqués de la Ensenada, mejoró las comunicaciones y los caminos del país, fomentó las construcciones navales y favoreció el desarrollo de las ciencias.

Tras la monarquía de Fernando VI, su hermanastro Carlos III le sucedió en el trono. Prototipo de monarca ilustrado, contó con la asistencia de importantes ministros, como Floridablanca, Campomanes, Aranda, Grimaldi y el marqués de Esquilache. Sin salirse del modelo del Antiguo Régimen, modernizó el país, repobló Sierra Morena, favoreció la enseñanza, el comercio y las obras públicas.

Durante el reinado de Carlos IV, estalló la Revolución francesa ( 1789). Éste abdicó en favor de su hijo Fernando VII, tras la invasión por los franceses en 1808.

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