Literatura en bretón

La literatura bretona es la desarrollada en Bretaña en lengua bretona.

Primeros testimonios

El texto más antiguo que se conserva en bretón es del 790 y consiste en dos páginas de un tratado de plantas medicinales que se conserva en Leiden.

Abelardo y Eloísa.

De las primeras manifestaciones del awen (inspiración poética) sólo existen referencias vagas, puesto que la tradición entonces era primordialmente oral. Hay inscripciones funerarias, cuentas de mercaderes, inscripciones en monedas, pero la sabiduría druida y las enseñanzas metafísica, mitológicas, filosóficas y científicas estaban reunidas en miles de versos que debían ser memorizados por los aprendices. Además, la sociedad céltica tenía bardos, poetas sagrados que celebraban las proezas del clan improvisando poemas con arpa. Por otra parte, el céltico hablado en Bretaña hasta el siglo VIII era el britónico, común al galés y al córnico, lenguas de las cuales no empezaría a diferenciarse hasta el siglo VI.

El establecimiento céltico en Bretaña reforzaría sus relaciones con Gales y Cornualles, formando una unidad social y cultural indisociable, con reyes y patrimonio literario comunes. Y sus bardos, Taliesin, Aneirin, Llywarch Hen, Hyvarnion y Gwenc'hlan, famosos en toda Europa. Durante la Edad Media se desarrolló una importante literatura oral en bretón, destacando el bardo Bleheri, famoso a la corte de Guillermo de Aquitania, pero los primeros testimonios literarios escritos en bretón no llegarían hasta la Edad moderna. Se cree que los poetas y bardos bretones fueron quienes introdujeron y renovaron en el continente europeo el ciclo de historias y leyendas de la denominada Materia de Bretaña, referentes al rey Arturo y a la Mesa Redonda (ciclos de Weroc, Meriasek y Yonek, leyenda de Tristán e Isolda), sobre todo a partir del siglo XI, durante el ducado de Hoel I, gracias a los bardos Cadiou y Riwalon. También serían importantes los breves poemas líricos (lais bretons) y cantos de amor, que desgraciadamente sólo han sobrevivido en su versión francesa. En filosofía y teología, aun cuando escribieron en francés o latín, destacaron como maestros Pierre Abélard (1079-1142) de Ar Palez, cerca de Naoned, con Sic te non (1122), considerada como una obra mestra de la escolástica; Bernard de Loudéac, maestro en Chartres; Jean Roscelin (m. 1121), uno de los iniciadores del nominalismo y profesor en la Sorbona; Baudri de Borgueil (1047-1130) y Marbode de Rennes (1035-1123). Las obras en bretón de esta época no se han conservado. Como en Gales y en Irlanda, los monjes las recogieron la literatura, pero la mayoría de monasterios fueron saqueados por los normandos y los pocos textos supervivientes serían destruidos durante las Guerras de la Liga o durante la Revolución francesa.

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