Literatura del Romanticismo en Inglaterra

Mary Shelley creó en su novela El doctor Frankenstein (1818) una de las obras clave del romanticismo.

Inglaterra es, junto con Alemania, la cuna del Romanticismo. Con una fuerte tradición prerromántica, la literatura inglesa de la primera mitad del siglo XIX se caracteriza por sus grandes poetas, el desarrollo de la novela histórica y el inicio de la novela gótica o de terror.

Precursores

El ángel caído, de William Blake.

En el siglo XVIII varios literatos anticipan el romanticismo. James Thomson muestra en su lírica el paisaje como reflejo de las emociones del poeta. Edward Young escribe Las noches, un poema que introduce el típico ambiente nocturno y terrorífico característico de muchas de las obras románticas. Thomas Gray, en su Elegía escrita en un cementerio de aldea localiza en un camposanto el asunto de esta poesía que tanto influirá en la ambientación de esta literatura. Sin embargo, la gran figura que anuncia el estilo fue William Blake, pintor y poeta de un simbolismo muy personal y creador de imágenes oníricas de resonancias bíblicas que preludian las inquietudes de románticos posteriores. Sus visiones se alejan del neoclasicismo imperante en su tiempo y su experimentación formal en la rima y el ritmo poéticos está en la línea de la originalidad creadora buscada por todos los autores de este movimiento. Canciones de la inocencia y Canciones de la experiencia reflejan no solo los ideales del hombre, sino la desilusión provocada por la evolución de la Revolución francesa. Denuncia en estos poemarios el egoísmo humano, lo perjudicial de las instituciones sociales y la indiferencia del mundo ante el sufrimiento del individuo.

Sin embargo, el inicio del romanticismo inglés puede fecharse en 1798, año de la publicación anónima de Baladas líricas, con otros pocos poemas, en realidad escrito por William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge. En él se utilizaba por primera vez un lenguaje común para la expresión poética y se daba cuenta de la belleza de la naturaleza como evasión del mundo burgués e industrializado. Esta obra se considera el arranque de la literatura romántica anglosajona.

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