Literatura del Romanticismo en Francia

Ingres La apoteosis de Homero ( Museo del Louvre).

El Romanticismo es una corriente artística de Europa occidental que inició a lo largo del siglo XVIII en Gran Bretaña (Outre-Manche) y en Alemania (Outre-Rhin), extendiéndose hasta Francia, Italia y España en el siglo XIX. En Francia, se desarrolló durante la Restauración, como reacción contra las normas del Clasicismo y el Racionalismo filosófico de los siglos anteriores.[1]

El Romanticismo se basa en la vindicación de lo particular frente a lo colectivo, y en la rebeldía creadora por parte de los poetas, que quieren terminar con las normas para la creación literaria que prescribe el Clasicismo, las normas aristotélicas como la regla de las tres unidades (tiempo, espacio y acción). Se trata pues de un movimiento que aboga por la libertad del arte.[3]

El Romanticismo en Francia representó un movimiento de reacción contrario a la literatura nacional, dominada por un Clasicismo que ya no era exactamente un modelo de imitación de los clásicos. En las literaturas inglesa y alemana el Clasicismo no había calado con tanta intensidad como en Francia o España, aunque esta corriente fue predominante en este siglo. En Francia, país de tradición grecolatina, la literatura continuó siendo clásica hasta mucho después del Renacimiento.

El pensamiento romántico comenzó a formarse hacia 1750 y alcanzó su término aproximadamente un siglo más tarde. Se fraguó ya en el siglo XVIII, fue contenido y hasta rechazado durante la Revolución y el Primer imperio, llegó a la madurez sólo bajo la Restauración y su triunfo se confirmó hacia 1830, en la Batalla de Hernani.[4]

Los precursores del Romanticismo: el Prerromanticismo ( 1750- 1800)

Querella entre antiguos y modernos - El teatro de Diderot

La rebelión contra la imitación de la Antigüedad clásica había comenzado ya a finales del siglo XVII con la Disputa entre antiguos y modernos. Perrault, La Motte, y Fontenelle rechazaban ya la imitación de los modelos clásicos de la tragedia y la comedia.[5]​ La crítica era cada vez más virulenta con las obras de estos nuevos dramaturgos, que eran comparadas con las grandes figuras del Siglo de Oro francés. Es en este contexto cuando Diderot, que se oponía a los extremos de la tragedia y la comedia aristotélicas, asentó las bases para un nuevo género denominado drama burgués, que se caracteriza por no respetar las unidades de tiempo y de lugar, por una mayor proximidad con las preocupaciones de la época, el empleo de la empatía con el fin de enseñar a través de la emoción, y una finalidad moralista. Desde el punto de vista escénico, el drama burgués introduce una serie de innovaciones con el fin dotar a la obra de un mayor realismo.

Este cambio hizo posibles otros: el verso se sustituyó por la prosa y dio lugar a un lenguaje más natural, a una mayor variedad en el vestuario y el decorado y más movimiento en la acción. Ejemplos del teatro burgués de Diderot son Padre de familia ( 1757) y El hijo natural ( 1758).

Jean-Jacques Rousseau

Si bien la influencia de los enciclopedistas, la de los romanticismos germánicos y el interés por la Edad Media son importantes para entender el Romanticismo y especialmente el Romanticismo francés, no bastan para ello, pues hay otra que las eclipsa: la influencia de Rousseau ( 1712 - 1778)[6]

Retrato de Rousseau ( 1753) por Quentin de La Tour ( 1704- 1788).

Hijo de un calvinista de Ginebra, hoy se considera a Rousseau como uno de los pensadores que más han influenciado el pensamiento moderno no solo en el terreno literario, sino también en la filosofía política.[7]

Considerado como el padre del Romanticismo, muchas de las características principales del pensamiento romántico tienen un claro precursor en sus escritos: la exaltación y contemplación de la naturaleza y las descripciones paisajistas que se encuentran en su Julia, o la nueva Eloisa marcaron una tendencia entre los Románticos, cuyo seguidor más directo en Francia sería Bernardin de Saint-Pierre con obras como Chaumière indienne, Paul et Virginie y Harmonies de la nature.[8]

El subjetivismo y la introspección, la exposición de los sentimientos íntimos en busca de la compasión y comprensión del lector que caracterizan la literatura romántica fueron inaugurados también por sus Confesiones. Afirma en su discurso Sobre el origen de la desigualdad entre los hombres ( 1775) que la civilización ha corrompido al hombre, y es labor de la educación el devolverlo a su estado primitivo, un retorno a la naturaleza; en su novela Emilio, o De la educación ( 1762), de carácter pedagógico y sentimental, expone cómo debe educarse al hombre en ese ideal de sencillez.[10]

Rousseau hizo discípulos desde el primer momento: Saint-Lambert con sus Saisons, Roucher con sus Mois, Delille con sus Jardins, Homme des champs, Trois Règnes de la Nature. Todos estos escritores hicieron, a partir de finales de siglo, variaciones sobre algunos de los temas iniciados por Rousseau. Sin embargo, las preocupaciones de los últimos años del siglo provocaron un cambio en las ideas filosóficas y políticas, y la gota final de la Revolución dejó en la incertidumbre las especulaciones literarias iniciadas por Rousseau hasta el Romanticismo.[6]

Bosque de Fontainebleau, Jean-Baptiste-Camille Corot ( 1830). Los paseantes del siglo XVIII gustaban de caminar en un entorno natural. Fue en este bosque en el que Musset encontró la inspiración para el poema Souvenir ( National Gallery of Art, Washington, DC).

La transformación de las ideas y de las costumbres

Francia había cambiado después del agitado siglo XVIII. De la mano del cambio económico y social, el espíritu de la Revolución francesa influyó fuertemente la literatura y la filosofía posterior, introduciendo ideas de democracia y derechos del individuo. En palabras de Emilia Pardo Bazán, "el Romanticismo representa tres direcciones dominantes: el individualismo, el renacimiento religioso y sentimental después de la Revolución, y el influjo de la contemplación de la naturaleza".

La naturaleza que amaban los románticos no es la naturaleza sabia y ordenada sin exuberancia de los jardines que gustaba a los clasicistas. Se desarrolla un gusto por la verdadera naturaleza, con sus caprichos y su salvajismo. Meudon, Montmorency, Fontainebleau se hacen el asilo de quienes buscan la introspección.

Lago de Thun, cuyas orillas fueron muy apreciadas por los románticos franceses.

Estos lugares aislados son muy propicios para el género epistolar, en el que pueden apreciarse notas románticas. Se da a conocer otra vida más allá de los salones, y muchos de los impulsores acudirán a la naturaleza buscando asilo, como podemos leer en la correspondencia de Mlle. de Lespinasse, de Mme. de Houdetot o de la condesa de Sabran. La contemplación de la naturaleza se convierte en un culto, en una fuente de inspiración y exaltación de la fantasía basada en la filosofía de Rousseau.[6]

El paisaje romántico por excelencia, más allá de las fronteras de cada país es el de las montañas y los lagos de Suiza. Ejemplo de ello es el poema del suizo Albrecht von Haller, "Die Alpen"[11]​ que ilustra un recorrido comenzando con los lagos de Ginebra, de Bienne y de Thun, las altitudes medias, etc. y que fue prontamente traducido a varios idiomas, contribuyendo a hacer de Suiza uno de los destinos turísticos más importantes del siglo XIX.

Aunque el espíritu enciclopedista, impregnado de racionalismo y la Revolución habían diezmado el sentimiento y las manifestaciones religiosas francesas tras abolirse el Antiguo Régimen, el Romanticismo, en un movimiento pendular vio un renacimiento religioso y monárquico, cuyo máximo exponente es François-René de Chateaubriand con El genio del Cristianismo, obra que sirvió como chispa para dos corrientes dentro del Romanticismo religioso: los apologistas y la introspección religiosa de Lamartine.[6]

Nicolas Lancret: La bailarina Camargo (hacia 1730), La gracia libre y la fantasía caprichosa de los decorados campestres de Lancret y de Watteau fueron muy apreciados a mediados del siglo XVIII. Después de 1750, fueron las rocas, la tormenta, la tempestad, y el oleaje fusioso de Horace Vernet los que obtuvieron el favor." (Wallace Collection, Londres).

El retorno a la Edad Media

Según el escritor alemán Heinrich Heine,[12]​ la escuela romántica no más que un renacimiento de las canciones, temas y el arte de la Edad Media.

Este interés por la Edad media se da al tiempo que una revisión de las tradiciones nacionales, conocida como Nacionalismo romántico y se caracteriza por la intención de rescatar los romances, los cantares de gesta y los temas medievales. El impulsor de esta tendencia fue en Francia sobre todo el conde de Tressan, quien escribió en 1782 sus Extractos de las novelas de caballería (Extraits des romans de chevalerie). Se retoma el interés por los trovadores y el amor cortés, pues las novelas y las romanzas de la época medieval son bien recibidas por su aparente ingenuidad y su lenguaje.

La Biblioteca de las novelas y la Biblioteca azul (Bibliothèque bleue, como se designa a la literatura popular de los siglos XVII, XVIII y XIX),[13]​ prodigan a sus lectores con los extractos y las adaptaciones de Los cuatro hijos de Aymon, Huon de Burdeos, Amadis, Genoveva de Brabante y Jean de París. Villon y Charles de Orléans son rescatados del olvido, el primero en 1723, el segundo en 1734. También las obras de Marot son ampliamente leídas. Poemas, cuentos, novelas y relatos se llenan de caballeros, de torneos y de damas, de castillos y de pajes.

La influencia inglesa

Las influencias extranjeras fueron también muy importantes en este movimiento Romántico, sobre todo la inglesa.

Los ingleses habían abastecido a Europa, antes de 1760, de las teorías de libertad política y de gobierno constitucional de Locke, desarrolladas después por Voltaire y Montesquieu. Pero el barón de Holbach, Helvétius y los Enciclopedistas no tardaron en rivalizar con los escritores ingleses, y aunque la Pamela de Richardson y las novelas góticas eran muy leídas en Francia, el prestigio de la filosofía y del liberalismo inglés había decrecido. Inglaterra, en la segunda mitad de siglo, no es más que el país de Richardson, de Fielding, de Young y de Ossian. Especialmente importante es la influencia de los dos primeros, como puede apreciarse en el Elogio a Richardson de Diderot.

El teatro inglés fue degustado con el mismo celo que las novelas. Así Shakespeare fue ásperamente discutido: Voltaire lo consideraba vulgar y obsceno, y Rivarol y Harpe pensaban más o menos como él. Sin embargo, el actor Garrick, muy famoso en el mundo teatral, interpretó desde 1751 fragmentos de Hamlet, El rey Lear y, especialmente, Romeo y Julieta y Otelo, obras que se hicieron muy populares en París.

Ingres, El Sueño de Ossian, 1812.

Otra importante influencia inglesa fue la de los Poetas de cementerio. Algunos autores franceses ya habían alabado antes la paz solemne de las tumbas y de los muertos, pero sin tratar de imitarlo ni de importar el nuevo género, precursor de la literatura gótica. Fueron los ingleses Hervey, Gray y sobre todo Young quienes más extendieron esta vertiente. Las Noches de Young, meditaciones oratorias y monólogos prolijos sobre la muerte y la fe, tuvieron un éxito resonante, y cuando Le Tourneur las tradujo en 1769, la traducción mostraba una prosa más enfática todavía, pero sobre todo más lúgubre que en el original.

Gracias a estas influencias y a pesar de las burlas de otros escritores, el "género sombrío" se fue consolidando poco a poco. Las heroicidades de Dorat y de Colardeau, las novelas y relatos de Baculard d' Arnaud (les Epreuves du sentiment, les Délassements de l'homme sensible, les Époux malheureux), Las Meditacionesy El hombre salvaje de Louis-Sébastien Mercier están repletos de misticismo, tempestades, cortejos fúnebres, cráneos y esqueletos, demencia, crímenes y arrepentimiento.

Más rápida e impactante fue la influencia de Ossian. En 1972 James Macpherson, un folclorista y maestro de escuela escocés entregó una serie de canciones y viejas baladas a la imprenta que atribuía a Osián, un bardo galés del siglo III a. C. Los poemas se habían traducido y extendido por toda Europa cuando se descubrió que era un fraude, y que Macpherson era el verdadero autor de los poemas. Sin embargo, la influencia no fue menor; en los Poemas de Ossián, encontramos un mundo de fantasía y aventuras, héroes, dioses nórdicos, brumas ligeras y heladas, tempestades, vientos desencadenados y fantasmas. En Ossian se recogía todo lo que las literaturas nórdica y céltica encierran de visiones fúnebres, de esplendores y de misticismo. Gales, Irlanda, Escocia, Dinamarca, Noruega, es decir, todos los países célticos y los países germánicos sirvieron de fuente de inspiración, y se admiró a todos los bardos, desde los druidas galos hasta los sagas escandinavos.

De acuerdo con Émile Faguet, la literatura inglesa no caló tan fuertemente en Francia debido a la adulteración de las traducciones, así las traducciones de Shakespeare por Le Tourneur, si bien eran bastante fieles en el fondo, corregían lo que llamaba las "trivialidades" y las "groserías" del estilo; también las adaptaciones de Ducis hicieron fortuna, aún siendo bastante infieles, pues el autor desconocía la lengua inglesa. Las traducciones de Le Tourneur de Young, de Ossian, y de Hervey, por las cuales se le celebra, también emplean un lenguaje que es en exceso prudente: tallan, suprimen, transponen y recosen.

La influencia alemana

Podría parecer que la influencia de Alemania, donde el movimiento romántico fue tan precoz y tan ruidoso (véase, por ejemplo, Sturm und Drang), se hiciera sentir temprano en Francia, pero no fue así. El Romanticismo alemán fue ignorado, si no despreciado hasta 1760. Poco a poco, sin embargo, comenzaron a percibirse algunos de los grandes nombres que este país había producido: Wieland, Klopstock, Gellert y Hagedorn.

Es sólo a finales de siglo que la lectura de Schiller y Goethe reveló otra Alemania, más ardiente y más romántica. Se tradujo Los Bandidos, Werther encandila enseguida a los franceses con su encanto, y las traducciones y adaptaciones se sucedieron entre 1775 y 1795: no menos de veinte novelas llevan el amor hasta el suicidio, o por lo menos hasta la desesperación y el horror de la predestinación. Los jóvenes soñaban con Werther, y tras leerlo sus mentes quedan afectadas: la neurastenia se convierte en una moda entre las jóvenes. También proliferan los suicidios por asco a la vida, como el joven que se mató de un tiro en el parque de Ermenonville delante de la tumba de Rousseau.[14]

Retrato de Mme. Récamier por David ( 1800). Mme. Récamier, celebrada por su belleza, atrajo en su salón a los hombres más notables de su época. Chateaubriand fue uno de sus principales adoradores. ( Museo del Louvre).