Literatura de la Restauración inglesa

La literatura de la Restauración es el nombre con el que se conoce a la literatura escrita en inglés durante el periodo conocido como la Restauración inglesa ( 1660- 1689), correspondiente a los últimos años del reinado de la casa de Estuardo en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda. El término hace referencia a una serie de obras, con un estilo relativamente homogéneo, que se centran en la celebración o rechazo hacia la restaurada corte de Carlos II. Engloba obras en algunos casos totalmente opuestas: El paraíso perdido de John Milton al lado de Sodoma de John Wilmot o la comedia de William Wycherley La esposa del campo al lado de la austeridad de El progreso del peregrino de John Bunyan.

Esta época, de gran efervescencia cultural, fue también la de la creación de la Royal Society, de los experimentos y meditaciones de Robert Boyle y la de los ataques del obispo Jeremy Collier contra el teatro. La prensa escrita empezaba a generalizarse, mientras que el ensayo y la crónica se convertían en formas literarias en expansión al tiempo que la economía bursátil hacía su aparición.

Los límites cronológicos de este periodo no son más que una convención y varían de forma significativa según el género literario del que se trate. El teatro de la Restauración, por ejemplo, conserva una influencia dominante hasta 1700, mientras que la poesía declina a partir de 1666 con la publicación del poema Annus Mirabilis de John Dryden. La crisis de la prosa se produjo a partir de 1688 después de las tensiones creadas por la Revolución Gloriosa y por el aumento de la importancia del periodismo y los periódicos. De manera más general, el término "restauración" se utiliza para designar la literatura escrita durante el reinado de Carlos II cuyos textos son odas celebrando el retorno de una aristocracia regenerada, textos escatológicos inspirados por la desesperación de la comunidad puritana o textos en inglés simple destinados a apoyar la expansión creciente del imperio comercial inglés por todo el mundo.

Contexto histórico

Durante el Interregno inglés y el dominio de Oliver Cromwell, prevaleció la literatura de inspiración puritana, que estuvo acompañada por una censura intermitente que afectó, por ejemplo, a la polémica obra Areopagitica de John Milton en 1644. Aunque algunos de los ministros puritanos de Cromwell escribieron poesía, ninguna de las obras se publicó. Esto explica que muchos poetas esperaran a la Restauración para publicar sus obras, escritas durante el interregno. Sin embargo, la ruptura oficial del protectorado de Cromwell con el mundo de las letras, mediante la censura y el modelo moralista radical, provocó una brecha en la tradición literaria inglesa. Antes de la primera revolución inglesa dominaban los versos refinados y la poesía metafísica de autores como John Donne, George Herbert o Richard Lovelace. El teatro conservaba el gusto por el estilo isabelino y shakesperiano y se habían empezado a escribir más obras con contenido político. La llegada del interregno puso freno, o como mínimo censura, a estas líneas de influencia, permitiendo un inicio innovador para las obras de la restauración.

Los últimos años del interregno fueron especialmente turbulentos, igual que lo fue más tarde la decadencia de la restauración. A aquellos que no aceptaban el exilio se les "sugería" un cambio de creencias religiosas. A cada credo le correspondía una actividad literaria distinta en poesía y prosa, ya que los teatros se cerraron durante este periodo. Al morir Cromwell su hijo, Richard Cromwell, parecía destinado a convertirse en el nuevo Lord Protector; tanto los políticos como otras figuras públicas mostraron su descontento o su aprobación hacia el nuevo régimen. La literatura impresa estuvo dominada por las odas en poesía y los escritos religiosos en prosa. A pesar de los esfuerzos del poder, la difusión de tratados religiosos no se debilitó, llegando a convertirse en una auténtica industria. Personajes como George Fox, fundador de la Sociedad Religiosa de los Amigos fueron encarcelados por las autoridades cromwellianas aunque siguieron publicando desde la clandestinidad.

Durante el interregno, las fuerzas leales al difunto Carlos I partieron al exilio, llevándose al futuro Carlos II, que por aquel entonces tenía 20 años de edad. En el extranjero, los partidarios del rey iniciaron una serie de actividades para conseguir apoyos políticos y económicos con vistas a un posible retorno a Inglaterra. Algunas damas de la causa realista se instalaron en conventos franceses o de las Provincias Unidas de los Países Bajos para ofrecer un refugio seguro a todos los aliados que se encontraban de paso o a los pobres. Los hombres se confinaron también en estos dos países siguiendo la corte en el exilio, primero en La Haya y luego en París. Así pues, la nobleza fiel a Carlos II residió durante más de una década en los principales centros culturales y literarios de Europa. La Francia absolutista y la Holanda del siglo XVII tenían muy poco en común, las influencias recibidas por los cortesanos en el exilio y por los realistas en busca de apoyos fueron muy diversas. Carlos asistió a numerosas representaciones teatrales en Francia y desarrolló un gusto especial por las obras escritas en español. Por su parte, los aristócratas instalados en las Provincias Unidas aprendieron las virtudes de los intercambios comerciales y pudieron estudiar las obras racionalistas que circulaban por ese tolerante país. Por ejemplo, John Bramhall, un entusiasta teólogo anglicano, se unió en el exilio a exaltados debates con el materialista Thomas Hobbes y se demostró que, en la práctica, era tolerante hacia los cultos reformados, algo que parecía, en teoría, imposible. Finalmente, los cortesanos estuvieron expuestos a la liturgia elaborada por la Iglesia Católica así como, en menor medida, a la poesía italiana.

Restauración y primeras reacciones

Cuando Carlos II llegó al trono en 1660, las ganas de renovación en todos los géneros literarios se combinaron con el sentimiento de que, a partir de entonces, Inglaterra participaría de la vida literaria europea como no había hecho hasta entonces. Uno de los primeros gestos de Carlos fue el de reabrir los teatros y conceder permisos y patentes reales a los propietarios de las salas. Las dos autorizaciones principales fueron para William Davenant y Thomas Killigrew. En esa época, el teatro formaba parte de la política pública así como de las decisiones reales, por lo que se obligó a estos dos hombres a producir un determinado número de obras antiguas; a Davenant se le encargó específicamente que se encargara de obras moralistas y edificantes. También se reinstauró el premio honorífico de “ poeta laureado” (Poet Laureate): remunerado con un barril de coñac, el premio requería de su beneficiario la composición de odas de cumpleaños.

Retrato de Samuel Pepys.

Carlos II se enorgullecía de su espíritu y sus modales mundanos. También tenía la reputación de ser un mujeriego. Por eso, la poesía libertina y de temática sexual contaba con el beneficio de la corte. Carlos y el duque de York (el futuro Jaime II de Inglaterra), fueron grandes protectores de las matemáticas y de la filosofía, lo que favoreció un cierto escepticismo científico entre la aristocracia. Fue, en este contexto, en el que Carlos II fundó la Royal Society; esta prestigiosa institución atrajo a numerosos cortesanos, como el célebre cronista Samuel Pepys, enviando a cambio a muchos de sus eminentes miembros hasta la corte. Carlos y su corte, instruidos con dureza durante su exilio, practicaron una política de tolerancia hacia la disidencia política y las doctrinas religiosas. Aunque era anglicano, Carlos deseó en secreto convertirse al catolicismo poco antes de su muerte, y el duque de York presentaba las mismas tendencias criptocatólicas. A pesar de que la Test Act estuvo en vigor durante todo el reinado de Carlos, el rey fue poco propenso a encarcelar o perseguir a los puritanos. Se limitó a descartarlos de los cargos oficiales y empleos públicos y les privó también de toda representación parlamentaria. Esto provocó que se pudiera desarrollar una literatura disidente durante su reinado, tanto en ciencias políticas como en economía.

Con el regreso de la monarquía, los autores se escindieron en dos movimientos. Por un lado estaban los que intentaban reanimar el espíritu de la literatura inglesa que florecía durante el reinado de Jaime I como si no hubiera pasado nada; por otra parte, el creciente interés por la novedad llevó a numerosos escritores a acercarse al modelo literario francés, especialmente a la sátira y a la parodia. Esta evolución se hizo especialmente evidente por la introducción de una cierta dosis de escepticismo inquisidor en los textos y por la creciente influencia del clasicismo entre los autores y las críticas.

Una literatura alrededor de un rey

La restauración inglesa es un periodo histórico atípico ya que su actividad cultural estuvo delimitada por un acontecimiento político singular: el retorno de la monarquía de los Estuardo. Se trata de una época en la que la presencia y la personalidad del rey influyeron hasta tal punto en la vida literaria que se puede casi afirmar que la literatura de la época es un reflejo de la corte. Paradójicamente, los adversarios a la Restauración, como los puritanos, los republicanos y los demócratas, escribieron también a remolque de la personalidad de Carlos II. Desde un punto de vista analítico, la Restauración cubre un período en el que el rey y sus costumbres ejercieron un impacto determinado sobre el resto de la sociedad. Este efecto se prolongó más allá de la muerte del monarca aunque en algunos géneros literarios empezó a extinguirse antes que el propio Carlos.

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