Literatura de la República Dominicana

Literatura de la República Dominicana hace referencia a las obras escritas en el país o fuera de él por escritores,[1] ya sea por nacionalidad o ascendencia. Aunque sólo puede hablarse con rigor de literatura dominicana en relación a las obras escritas tras la [[Independencia (República Dominicana) |independencia del país]], se acostumbra incluir la producción literaria de la época colonial. La literatura de República Dominicana continúa en flujo y en busca de mayor proyección dentro y fuera del territorio nacional, aunque los autores dominicanos han cultivado las variadas manifestaciones del quehacer literario, reflejando en sus obras la mezcla de elementos españoles, africanos e indígenas que se da en el Caribe y la influencia de sucesivas emigraciones por motivos políticos y económicos.

Luego vendrían José Joaquín Pérez, Manuel de Jesús Galván, Nicolás Ureña el que el almirante describe el paisaje y los pobladores de América. Cristóbal de Llerena escribe el entremés Octava de Corpus Christi y, durante la etapa colonial, Leonor de Ovando escribe algunos sonetos, por lo que se le considera la primera mujer en escribir poesía de este lado del mundo.

La poesía, la novela, el cuento, el ensayo y la historia han expresado el discurrir político, social y económico del país que desde la hazaña del descubrimiento se ha impregnado de múltiples corrientes de pensamiento, sobre todo europeas y estadounidenses inicialmente, y del lejano oriente en las producciones de algunos escritores de finales del siglo XX.[ cita requerida]

La poesía ha tenido exponentes prominentes. El siglo XIX fue uno de los que más robusteció el género, aunque el siglo XX fue todavía más prolífico y significó la evolución hacia su madurez, con el surgimiento de las vanguardias.[ cita requerida]

Aunque se desarrolló tardíamente, la novelística dominicana ha tenido y tiene exponentes importantes en el país, aunque su desarrollo no ha escalado como las otras manifestaciones literarias. Surgió bajo la influencia del romanticismo francés de Víctor Hugo y acusa tres momentos importantes de acuerdo a su tipología y temática: la “novela de la caña”, la “novela bíblica” y “novelas costumbristas”.[ cita requerida]

El cuento ha tenido más trascendencia que la novela.[ cita requerida] El aporte de Juan Bosch, maestro del género en Hispanoamérica, ha sido fundamental. El escritor y político escribió tres significativas colecciones de cuentos tituladas Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio. El cuento moderno se inicia en la segunda fase del siglo XIX, es decir, tardíamente, a juzgar por otros países.[ cita requerida]

Durante décadas, los intelectuales dominicanos han tenido en el ensayo un escenario que han ampliado y desarrollado con talento. Destacan los ensayos políticos de los independentistas, los conservadores y los restauradores.[ cita requerida] Uno de sus mejores exponentes en la arena internacional fue don Pedro Henríquez Ureña, reconocido autor de ensayos académicos sobre temas literarios.[2]

La pasión local por los temas históricos, sobre todos los que abordan el tema de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo y otros episodios políticos trascendentales, ha influido en el desarrollo de historiadores de fuste en diferentes épocas de la República.[ cita requerida]

La Fundación Corripio y la Secretaría de Estado de Cultura otorgan cada año el Premio Nacional de Literatura para reconocer el quehacer literario en el país.[3]

La poesía

Según el escritor Basilio Belliard, el momento más espléndido de la poesía dominicana del siglo XIX es el que conforman Salomé Ureña, José Joaquín Pérez y Gastón Fernando Deligne, tres pilares donde descansa la modernidad de nuestra poesía de la época en sus vertientes patriótica, indigenista y psicológica. Pero no es sino en el siglo XX cuando nuestra poesía alcanza la categoría de moderna, con el surgimiento de las vanguardias.

La poesía es el género más cultivado desde Manuel María Valencia, el primer poeta romántico, pasando por Fabio Fiallo y otros que asimilan las influencias de las corrientes literarias europeas, hasta la irrupción incipiente del Modernismo en tres figuras importantes como Valentín Giró, Ricardo Pérez Alfonseca y Osvaldo Bazil, cuyas influencias de Darío languidecen con la aparición del postumismo, hacia 1921. Tal es el caso de Otilio Vigil Díaz, quien introdujo de las vanguardias en las letras dominicanas y fue gran renovador de la lírica nacional, influido por el simbolismo francés. Así, funda el primer movimiento poético de carácter unipersonal, al que se le sumó Zacarías Espinal y al que denominó " vedrinismo", llamado así porque en sus versos intentaba hacer las piruetas que hacía en el aire un aviador francés de nombre Jules Vedrines.

Vigil Díaz introduce la modernidad al crear el verso libre y el poema en prosa con sus libros Góndolas ( 1912) y Galeras de Pafos (1921). Después de él, la poesía dominicana vive otro gran momento representado por Domingo Moreno Jimenes, al fundar, junto al filósofo Andrés Avelino y al poeta Rafael Augusto Zorrilla, el postumismo, en 1921. Redactan un manifiesto en el que niegan las vanguardias y favorecen una poesía de carácter nacionalista que rescate el color local, el paisaje y la identidad del hombre dominicano. Con el postumismo la tradición poética dominicana se renueva y sacude para incubar nuevas voces que la fortalecen.

A este movimiento le sigue la Poesía Sorprendida, el grupo más pujante y de una gran apertura estética, conformado por grandes poetas como Franklin Mieses Burgos, Mariano Lebrón Saviñón, Antonio Fernández Spencer, Aída Cartagena Portalatín, Freddy Gatón Arce, entre otros. Este conjunto de poetas tenía como lema la “poesía con el hombre universal”, contrario al postumismo.

Después le sigue la generación de los Independientes del 40, integrada por Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir y Tomás Hernández Franco, los cuales publicaron poemas emblemáticos como Compadre Mon, Hay un país en el mundo, Poema de una sola angustia y Yelidá.

De los sorprendidos se desprende otro grupo de poetas antitrujillistas llamados la Generación del 48, conformada, entre otros, por Víctor Villegas, Máximo Avilés Blonda, Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, Rafael Valera Benítez y Abelardo Vicioso.

En los años sesenta, a partir de la caída del régimen de Trujillo, surgen los escritores de la Generación del Sesenta con Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco, René del Risco, Jeannette Miller y Miguel Alfonseca.

En la misma década, y como consecuencia de la Guerra de abril del 65, surge el movimiento llamado Poetas de Postguerra (o Joven Poesía), con Mateo Morrison, Andrés L. Mateo, Enriquillo Sánchez, Tony Raful, Alexis Gómez Rosa, Enrique Eusebio y Soledad Álvarez, entre otros.

En los años ochenta aparece un movimiento poético en diversas tendencias haciendo tambalear el establishment literario del momento(el desencanto de post-guerra) sentando las bases para una ruptura(que no se produjo en lo inmediato) con aquella generación. El movimiento se dio en las direcciones siguientes: formación de grupos,(entonces sólo existía el Taller Literario César Vallejo), nuevas tendencias estéticas y de género.

A saber, se surgen de ese período Los poetas de "Y Punto." (integrado básicamente por publicistas, pintores y poetas) y El Círculo Francisco Urondo (un desprendimiento del ya citado César Vallejo con sede en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD), integrado por Leén Félix Batista, Atilano Pimentel, Víctor Manuel Bidó, José Alejandro Pena y Leopoldo Minaya, además de Juan de la Cruz, Nicolás Guevara y Miriam Ventura. Se producen las discusiones y los constrastes de lugar entre unos poetas y otros, nace el Círculo de Mujeres Poetas de la República Dominicana, conformado por Chiqui Vicioso, Carmen Imbert Brugal, Carmen Sánchez, Dulce Ureña y Miriam Ventura.

Variadas eran las tendencias, así como voces independientes de gran calidad, como Sally Rodríguez y Martha Rivera (Martha Rivera-Garrido), se auñan las tendencias y a todo el espectrum literario con sus distancias y diferencias, llegando a identificarse la poesía femenina, la Poesía de la Crisis y la llamada poesía del Pensar, arrojando fructiferas reflexión sobre otros temas: no ya lo social, ya no la pos-guerra sino lo filosófico, la muerte y lo eróticolo transgender. Así las voces de Miguel de Mena, en poetas de la crisis, José Mármol y Plinio Chain en lo filosófico, la mayoría de la poesía de las mujeres del Círculo de Mujeres poeta en lo erótico y lo transgender en poetas tanto de este grupo como voces independientes como Rita Hernández.

La migración jugó un papel importante, porque muchos poetas se dispersaron y establecieron en Puerto Rico, Alemania, Estados Unidos, debilitándose algunos espacios y cerrándose definitivamente otros. Así el Fco Urondo se desintegra al emigrar tres de sus voces más importantes: León Félix Batista, José Alejandro Pena y Miriam Ventura.

En la retaguardia surge otro grupo de poetas importantes como Ángela Pena, Aurora Arias, Irene Santos y Marianela Medrano, quienes conformaron el segundo Círculo de Mujeres poetas de la República Dominicana. De este segundo grupo, dos de sus figuras más importantes emigraron estableciéndose en Estados Unidos: Marianela Medrano e Irene Santos. Del grupo de Posguerra también hubo bajas con la emigración del poeta más joven de esta generación, Alexis Gómez Rosas.

Partiendo del hecho migratorio, la generación de los ochenta no puede ser analizada sin las voces que emigraron. Tampoco pueden ser consideradas voces de los ochenta poetas como José Acosta, quien reside en Estados Unidos y cuya voz era casi inexistente en los ochenta. Es como Frank Martínez y Leopoldo Minaya (último que se integra al Paco Urondo a finales de los ochenta) voces de los noventa, como también lo son Medar Serrata, Ramón Saba y César Sánchez Beras

Cabe destacar poetas de transición de finales de los años setenta y principios de los ochenta, como José Enrique García, autor del libro El fabulador y Cayo Claudio Espinal creador del Movimiento Contexualista y autor de los libros Utopía de los vínculos, Banquetes de aflicción, Comedio (entre gravedad y risa), Las políticas culturales en la República Dominicana, La mampara y Clave de estambre.

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