Literatura de Paraguay

La literatura de Paraguay tiene dos grandes producciones lingüísticas: en castellano y en guaraní (sin desmerecer la literatura en otras lenguas nativas). Con todo, debe decirse que la primera ha tenido mayor desarrollo y difusión que la segunda.

Literatura de Paraguay

La literatura paraguaya es una de las más desconocidas de Hispanoamérica. Sus escritores conocidos fuera de sus fronteras son escasos: Josefina Pla, Gabriel Casaccia, Elvio Romero, Rubén Bareiro Saguier y Augusto Roa Bastos. Incluso las historias de la literatura hispanoamericana no incluyen a autores nacidos con posterioridad a 1940. Su desconocimiento no implica, sin embargo, que no exista un corpus de obras que, por distintos motivos, no han trascendido fuera de las fronteras del país guaraní.

El siglo XIX es un campo yermo en la creación literaria paraguaya. La férrea censura de la dictadura de Francia eliminó la práctica literaria. Solo se conocen hasta la fecha algunos autores dedicados fundamentalmente a la poesía en guaraní, como Natalicio Talavera, y algunos hitos literarios aislados, como la creación de la revista La Aurora. La agravante de la Guerra de la Triple Alianza supuso la interrupción de esas incipientes actividades literarias. Así, con el país dedicado a su reconstrucción durante el último cuarto del siglo decimonoveno, las primeras producciones paraguayas importantes aparecerían en pleno siglo XX. La primera novela escrita por un paraguayo se llamó Viaje nocturno de Gualberto o Las reflexiones de un ausente, escrita por el Coronel Juan Crisóstomo Centurión, publicada en Nueva York en 1877[1]

A principios del XX destacan Ignacio A. Pane, Arsenio López Decoud, Juan E. O'Leary, Juan Silvano Godoy o Ricardo Brugada, giraron la poesía hacia presupuestos más universales, pero sobre ellos acabó pesando el ambiente político nacional, lo que perjudicó notablemente a su inspiración y, por tanto, a sus temas y formas. El Modernismo tuvo expresiones poéticas con peso específico en Paraguay: Raúl Amaral y Enrique Marini Palmieri son los autores más importantes, aunque el Canto Secular de Eloy Fariña Núñez es la aportación más notable, aunque son tanto o más modernistas las composiciones de Fortunato Toranzos Bardel. Parte de él desembocó en el llamado mundonovismo y en el nativismo, bien representados por el fortalecimiento de la poesía escrita en guaraní, sobre todo de la mano de Narciso R. Colmán, y por Natalicio González y Manuel Ortiz Guerrero.

Durante el siglo XX, la práctica de la literatura se incrementa paulatinamente hasta el punto de lograr su máximo exponente en los poetas de la Generación del 40. Entre ellos se encuentra Augusto Roa Bastos, el escritor más universal del país. Con él, a partir de 1960, aparecen progresivamente más obras, y en la década de los ochenta, por primera vez, un conjunto de editoriales estabilizadas que favorecerán la publicación de nuevos autores. Desde finales de los ochenta, se aprecia el aumento notable de la producción narrativa, frente al escasísimo número de obras de este género publicadas hasta entonces.

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