Literatura de Italia

La edición de 1529 de "La Divina Comedia"

La literatura italiana es la producción literaria que se ha desarrollado en idioma italiano, en latín (latín medieval, humanístico y renacentista), en sicilano (cuya escuela poética tuvo una notable influencia en el desarrollo del toscano escrito medieval), en toscano (que, con su variedad florentina, dio a su vez origen al italiano), y, en menor medida, en otros idiomas y dialectos autóctonos.

Después del florecimiento, en el siglo XIII, de la escuela siciliana y del dolce stil novo toscano, el italiano llegó a su primera madurez gracias a las grandes creaciones literarias de los escritores del siglo XIV ( Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio), comenzando a difundirse por toda Italia y el resto de Europa. En el siglo XV y sobre todo en el XVI, con la internacionalización del Renacimiento, la literatura y el idioma italianos se propagaron aún más rápidamente que en el período anterior en todo el mundo occidental.[6]

Origen de la literatura italiana

Una imagen de Boecio enseñando a sus alumnos (1385). Boecio, filósofo cristiano del siglo VI colaboró en mantener viva la tradición clásica en la Italia post-romana.

Conforme el Imperio romano de Occidente desaparecía, el latín tradicional se mantuvo vivo gracias a escritores como Casiodoro, Boecio y Símaco. Las artes liberales florecieron en Rávena bajo Teodorico el Grande, donde los reyes godos se rodearían con maestros de retórica y gramáticos. Algunas escuelas se asentaron en Italia, así como notables autores como Magnus Felix Ennodius (un poeta pagano), Arator, Venancio Fortunato, Felix el Gramático, Pedro de Pisa o Paulino de Aquilea.

Mientras los italianos que estaban interesados en teología gravitaban hacia Francia, aquellos que permanecieron estaban atraídos normalmente por el estudio del Derecho Romano. Esto promovió la posterior creación de universidades medievales como las de Bolonia, Padua, Vicenza, Nápoles, Salerno, Módena y Parma, las cuales a su vez colaboraron en la expansión de la cultura y prepararon el camino por el cual se iba a desarrollar la nueva literatura vernácula. La tradición clásica no llegó a desaparecer, y el cariño del recuerdo de Roma, la preocupación por la política y la preferencia de la práctica sobre la teoría se combinaron para influir en el desarrollo de la literatura italiana.

Al contrario que otros países, Italia no tenía antiguas leyendas, ni poemas épicos o sátiras sobre las que fundamentar una literatura propia; por ello, los primeros temas de su literatura procedieron del extranjero. La Historia de excidio Trojae, atribuida a Dares y Dictis ( Dares Frigius), pasaba por ser un relato presencial de la guerra de Troya. Fue la inspiración de poetas de otros países como Benoît de Sainte-Maure para su Roman de Troie, Herbort von Fritzlar y Konrad von Würzburg. Mientras el primero escribió en francés a partir de la historia en latín, Herbort y Konrad utilizaron la fuente francesa para realizar un trabajo casi original en su propio lenguaje. Guido delle Colonne de Mesina, uno de los poetas vernáculos de la escuela siciliana, compuso por su parte la Historia destructionis Trojae. Aunque Guido imitaba a los poetas provenzales y entendía el francés, escribió su libro en latín, convirtiendo así el romance de los trovadores en la temática de una historia seria.

Algo parecido ocurrió con otras grandes leyendas. Qualichino de Arezzo escribió algunas coplas sobre la leyenda de Alejandro Magno. En Europa abundaban las leyendas sobre el rey Arturo, pero los italianos se contentaron con traducir y resumir los romances franceses. Santiago de Voragine, autor de La leyenda dorada (1260) , ha permanecido casi como historiador, a causa de su continuo dudar de la certeza de las historias que contaba. La sociedad intelectual italiana se muestra en esta época con un talante especial, positivo, casi científico en la forma en que estudia el derecho romano. Farfa, Marsiciano y otros escolásticos tradujeron las obras de Aristóteles, los preceptos de la escuela de Salerno y los viajes de Marco Polo, haciendo así de puente o unión entre el clasicismo y el Renacimiento.

El latín no desapareció en Italia. El uso de la lengua vernácula en la literatura italiana fue inicialmente escaso, y estuvo precedido por dos periodos de literatura italiana en lenguajes extranjeros, sobre todo franceses. Hubo muchos italianos que escribieron en provenzal, como el marqués Alberto Malaspina ( siglo XII), el maestro Ferrari Ferrara, Cigala de Génova, Zorzi de Venecia, Sordello, Buvarello de Bolonia, Nicoletto de Turín y otros. Sus poemas sobre el amor y la muerte acostumbraron a la gente y a los cortesanos a escuchar nuevos sonidos y nuevas armonías.

Al mismo tiempo, la poesía épica se escribía en un lenguaje mezclado, un dialecto italiano basado en el francés: las palabras híbridas presentaban un tratamiento de los sonidos de acuerdo a las reglas en ambos lenguajes, con raíz francesa y finales italianos, pronunciándose de acuerdo a las reglas latinas. En resumen, el lenguaje de la poesía épica pertenecía a ambas lenguas. Ejemplos de esto pueden ser los cantares de gesta Macaire y La llegada a España de Niccola de Padua y el Prise de Pampelune, todos ellos precedentes de la aparición de una literatura verdaderamente italiana.

El francés dio paso gradualmente al italiano nativo. La hibridación resurgía a veces, pero no volvió ya a predominar. En el Bovo d'Antona y el Reinaldo e Lesengrino, el dialecto veneciano se deja sentir claramente, aunque el lenguaje aparezca influenciado por las formas francesas. Estos escritos, que Graziadio Isaia Ascoli ha denominado mixtos (miste), fueron los precedentes inmediatos de la aparición de obras puramente italianas.

Hay evidencias de que algún tipo de literatura ya existía antes del siglo XIII: el Ritmo cassinese, Ritmo di Sant'Alesio, las Laudes creaturarum, el Ritmo Lucchese, el Ritmo laurenziano y el Ritmo bellunese están clasificados por Cesare Segre et al. como "Obras Arcaicas": «así se denominan las primeras obras literarias en italiano vernáculo, estando fechadas entre las últimas décadas del siglo XII y las primeras del XIII» (Segre:1997). Sin embargo, como él mismo apunta, dicha literatura no presenta aún ningún tratamiento estilístico o lingüístico uniforme.

Este desarrollo temprano, sin embargo, fue simultáneo en toda la península, variando solamente la temática elegida. En el norte, los poemas de Joaquín de Verona y Bonvicino da Riva eran de tipo religioso y estaban pensados para ser leídos en público. Estaban escritos en dialecto milanés y veneciano, y su estilo mostraba la influencia de la poesía narrativa francesa. Deben considerarse como pertenecientes a la "poesía popular", tomando este término en un sentido muy amplio. Este tipo de composición puede haber estado animada por la antigua costumbre en el norte de Italia de escuchar en plazas y caminos las canciones de los juglares. La gente disfrutaba de las historias de los romances, de la maldad de Macario y de las desdichas de Blanziflor, los horrores de la Babilonia Infernal y la santidad de la Jerusalem Celeste, compitiendo así los cantos de poesía religiosa con los cantares de gesta.

La escuela siciliana

Federico II Hohenstaufen con su Halcón de Cetrería. De su libro De arte venandi cum avibus (Sobre el arte de cazar con aves) (fines del siglo XIII).

El año 1230 marca el comienzo de la "Escuela Siciliana" y el inicio de una literatura que muestra ya rasgos más uniformes. Su importancia radica más en el lenguaje (la creación del primer italiano estándar) que en su temática: una canción de amor que imita en parte a la poesía provenzal, importada en el sur de Italia por los normandos y suevos de la corte del rey de Sicilia Federico II Hohenstaufen ( 1198- 1250). Esta poesía se diferencia de su equivalente francés en el tratamiento que se le da a la mujer, más platónico que erótico, característica ésta que será desarrollada posteriormente por el dolce stil nuovo a finales del S.XIII en Bolonia y Florencia. El acostumbrado repertorio de temas caballerescos ajenos se adapta a la fonética local, creándose así nuevos vocablos en italiano. Los sufijos franceses en -ière y -ce generan cientos de nuevas palabras italianas terminadas en -iera y -za (por ejemplo riv-iera y costan-za), términos que serían adoptados por Dante y sus contemporáneos, y se mantendrían después en las futuras generaciones de escritores en italiano.

A la escuela siciliana pertenecen Pier della Vigna (de Capua, citado por Dante en el canto XIII del Infierno), Inghilfredi, Guido y Odo delle Colonne, Jacopo d'Aquino, Ruggieri Pugliese, Giacomo da Lentini, Arrigo Testa y Stefano Protonotaro (de Mesina, y al cual se debe la única composición conservada en la lengua original siciliana). Federico el mismo fue el autor de un tratado sobre la cetrería De arte venandi cum avibus, que es también un libro simbólico y filosófico, así como algunos poemas.

La composición más famosa es No m'aggio posto in core de Giacomo da Lentini, autor que se considera el líder de este movimiento literario y su fundador, tal como lo recoge Dante en el canto XXIV del Purgatorio. También hay composiciones escritas por el mismo Federico II o sus hijos Enzo y Manfredo, pues los tres cultivaron también la poesía. Se considera a Giacomo da Lentini el inventor del soneto, estrofa poética que posteriormente sería perfeccionada por Dante y Petrarca. La censura impuesta por Federico II implicaba que ningún tema político podía entrar en el debate literario. A este respecto, la poesía en el norte de Italia, el cual se encontraba dividido en comunidades o ciudades-estado con gobiernos relativamente democráticos, aportó nuevas ideas que aparecen reflejadas en el género Sirventese, y más tarde en la Divina Comedia de Dante, cuyas líneas están repletas de invectivas contra los políticos y papas contemporáneos.

Aunque la canción de amor convencional siguiendo el modelo del amor cortés predominó en la corte de Federico II (y más tarde también en la corte de su hijo Manfredo), un tipo de poesía más cercano a lo popular aparece en el contrasto Rosa fresca aulentissima, obra atribuida a Cielo d'Alcamo. Este contrasto (o sea, discusión) entre dos amantes en lengua siciliana pertenece sin duda al tiempo del emperador Federico II (no es posterior a 1250), y no es ni la obra más antigua ni la única composición poética del sur de Italia de temática popular, pero es importante pues corrobora que existía también una poesía popular independiente de la poesía literaria. El Contrasto es probablemente una reconstrucción académica de una perdida rima popular y es lo más cercano que podemos encontrar a ese tipo de poesía, la cual o bien pereció o bien fue suavizada por la literatura siciliana de la corte. Su característica más distinguida es poseer las cualidades opuestas a las de los poetas de la Escuela Siciliana, y si bien en su estilo se aprecian influencias de la poesía cortesana, probablemente sea por una intención satírica por parte del poeta anónimo. Es muy vigorosa en la expresión de los sentimientos, y los temas que desarrolla son a menudo osados y groseros, lo que demuestra su origen popular. Todo lo que se puede leer en el Contrasto es ciertamente original.

Los poemas de la Escuela Siciliana, por lo tanto, podemos considerar que se escribieron en lo que sería el primer italiano estándar conocido. Este lenguaje, elaborado por los poetas de la corte de Federico II, combina muchos rasgos típicos del siciliano y, en menor medida pero significativamente, dialectos de Apulia y otras zonas del sur, con muchas palabras del latín y del francés. Los diversos estilos de Dante (illustre, cardinale, aulico, curiale) se desarrollaron gracias a sus estudios lingüísticos sobre la Escuela Siciliana, la cual habría sido refundada por Guittone d'Arezzo en Toscana. La grafía cambió ligeramente en esta nueva ubicación, porque los escribanos toscanos percibieron el sistema de cinco vocales usado en el sur como un sistema de siete vocales. A consecuencia de esto, los textos que los estudiantes italianos leen en sus antologías contienen líneas que no riman entre sí (a veces la -i siciliana pasa a -e y la -u a -o) lo que es causa también de la escasa popularidad que tuvieron estos escritos en el S.XIX y principios del XX. El final de la Escuela Siciliana puede fecharse en 1266, cuando el hijo de Federico II, Manfredo, murió en la batalla de Benevento.[8]

La literatura religiosa del siglo XIII

Giotto de Bondone (1267-1337): Éxtasis de San Francisco.

En el S. XIII se produjo en Italia un resurgir de la religiosidad, con la creación de las órdenes religiosas de los Dominicos y los Franciscanos. Francisco de Asís, místico, reformador de la Iglesia católica y fundador de los franciscanos, también fue poeta, pero aunque de culta educación su poesía no llegaba a tener la calidad de la que se desarrollaba por entonces en la corte. De acuerdo con una leyenda, habría sido él quien dictó el himno Cantico del Sole el decimoctavo año de su penitencia, en mitad de un rapto de éxtasis, aunque hay dudas de la autenticidad de este hecho. Fue la primera gran obra poética de la Italia septentrional, escrita en una serie de versos caracterizados por la asonancia, una figura poética más habitual en el norte de Europa. Hay otros poemas previamente atribuidos a Francisco de Asís, aunque ahora generalmente se duda de su autenticidad.

Jacopone da Todi es el poeta que mejor representa este sentimiento religioso, el cual había progresado especialmente en su región, Umbría. Aunque Jacopone estaba poseído por el misticismo de Francisco de Asís, también compuso sátiras que se mofaban de la corrupción y la hipocresía de la Iglesia personificada por el papa Bonifacio VIII, perseguidor de Dante y Jacopone. Tras la muerte de su mujer en el derrumbe de una tribuna durante un torneo público, Jacopone se cubrió de harapos y se unió a la orden franciscana, sin importarle las risas de las gentes que le seguían burlándose y dándole el nombre con el que se le ha conocido desde entonces: ¡Iacopone, Iacopone! Vistió harapos durante años, sometiéndose a grandes penitencias, y dando rienda suelta a su vena mística en sus poemas. Jacopone fue un místico que desde su celda de ermitaño contemplaba el mundo y especialmente al papa, fustigando con sus palabras a los papas Celestino V y Bonifacio VIII, el cual acabó enviándole a prisión. Su obra más conocida, el Stabat Mater, ha sido ampliamente usada como base para composiciones musicales religiosas.

Al movimiento religioso en Umbría le siguió un fenómeno literario, el drama religioso. En 1258 el ermitaño Raniero Fasani dejó la caverna en la que había vivido durante muchos años y se presentó de improviso en Perugia. Fasani se presentó a sí mismo como un enviado de Dios que debía revelar sus visiones y anunciar al mundo terribles presagios. En una época turbulenta de enfrentamientos políticos entre güelfos y gibelinos, interdictos y excomuniones papales y represalias del partido imperial, los pronunciamientos de Fasani estimularon la formación de la Compañía de Disciplinantes, los cuales, como penitencia, se azotaban a sí mismos hasta cubrirse de sangre, mientras cantaban loas (laudi) de forma dialogada entre ellos. Estos laudi, directamente relacionados con la liturgia, pueden considerarse un primer ejemplo de representación teatral en lengua vernácula. Estaban escritos en dialecto de Umbría, en versos de ocho sílabas y, de acuerdo con la Enciclopedia Británica, "sin ningún valor artístico". Su desarrollo, sin embargo, fue muy rápido. Hacia el final del siglo XIII aparecieron las Devociones de Jueves y Viernes Santo, que mezclaban la liturgia con el teatro, y que más tarde evolucionarían a la forma definitiva del teatro religioso de los siglos siguientes.

La literatura toscana en el siglo XIII

En el S.XIII Toscana estaba en una situación excepcional. El dialecto toscano que por entonces se hablaba se asemejaba mucho al latín, y de hecho este dialecto se convertiría posteriormente en el lenguaje casi exclusivo de la literatura italiana, pues ya a finales de ese siglo se le consideraba superior al resto de los dialectos: Lingua Tusca magis apta est ad literam sive literaturam (La lengua toscana es la mejor para la carta o la literatura), escribió Antonio da Tempo, autor de Padua nacido alrededor de 1275. Habiendo estado durante largo tiempo ajena a la invasión alemana, la Toscana nunca sufrió un sistema feudal, por lo que las luchas internas no debilitaron su vida cultural. Después de la caída de los Hohenstaufen en la batalla de Benevento en 1266, se convirtió en la primera provincia de Italia. Desde ese mismo año Florencia comenzó un movimiento de reforma política que en 1282 culminó en el establecimiento del Priorato de las Artes, y el establecimiento de las Artes Menores. Esto fue posteriormente copiado por Siena (con la Magistratura de los Nueve), por Lucca, por Pistoia y otras ciudades güelfas de la Toscana con similares instituciones populares. Los gremios tomaron el control del gobierno en sus manos, dando lugar a una época de prosperidad social y política.

En Toscana también hubo una poesía amorosa, una escuela de imitadores del estilo siciliano encabezada por Dante da Majano, pero su originalidad literaria se basó sobre todo en la poesía de carácter humorístico y satírico. La forma de gobierno democrática creó un estilo poético que se contrapuso a la mística medieval y al estilo caballeresco. Las invocaciones devotas a Dios o a una dama salían del claustro o del castillo, pero en las calles de las ciudades estos temas se trataban ridiculizándolos o con hiriente sarcasmo. Folgore de San Gimignano se ríe y hace reír cuando con sus sonetos cuenta a un grupo de jóvenes sieneses las ocupaciones de cada día del año, o cuando enseña a un grupo de damas florentinas los placeres de cada día de la semana. A su vez, el juglar aretino Cene della Chitarra, que escribió canciones inspiradas en la vida rústica, se expresa sarcásticamente cuando parodia los sonetos de Folgore. Los 58 sonetos de Rustico de Filippo son también mitad entretenimiento y mitad sátira, así como la obra de Cecco Angioleri de Siena, el humorista más antiguo que se conoce, lejano precursor de Rabelais y Montaigne.

Página del Tesoro de Brunetto Latini.

Pero no era sólo ésta la única poesía que se hacía en Toscana. Guittone d'Arezzo aunó las formas caballerescas provenzales a los motivos nacionales y las formas latinas. Practicó también la poesía política, y, aunque su obra es a menudo oscura, preparó el camino para la Escuela Boloñesa. Bolonia era la ciudad de la ciencia, y en ella iba a aparecer la poesía filosófica. Guido Guinicelli fue el poeta que siguió este nuevo estilo. En sus obras las temáticas caballerescas se modifican y engrandecen; él cantaba al amor y a la nobleza de pensamiento. Nada del pensamiento que rige las Canzoni de Guinizelli es externo a su propia subjetividad. Su poesía tiene algunos de los fallos de la escuela de Arezzo, pero a pesar de ello, representa un gran avance en la historia del italiano, especialmente por su cercanía con la lírica poética de Dante.

En el S.XIII se escribieron también varios grandes poemas alegóricos. Uno de ellos lo escribió Brunetto Latini, un amigo íntimo de Dante. Su Tesoretto es un poema corto, escrito en versos de siete sílabas rimado en pareados, en el cual el autor dice hallarse perdido en la selva y allí encontrarse con una mujer, que representa la Naturaleza, y de la cual recibe muchas enseñanzas. Aparecen aquí, por lo tanto, una visión, una alegoría y una enseñanza moral, tres elementos que se encontrarán también en la Divina Comedia. Francesco de Barberino, abogado experimentado, secretario de obispos, juez y notario, escribió otros dos pequeños poemas alegóricos, el Documenti d'amore (Documentos de amor) y Del reggimiento e dei costumi delle donne (Del comportamiento y las costumbres de las mujeres). Estos poemas hoy en día no se estudian por su importancia literaria, sino por su contexto histórico. Una cuarta obra de tema alegórico es la Intelligenza, que es atribuida a Compagni pero que probablemente no sea sino una traducción de poemas franceses.

Primeros escritos italianos en prosa

La prosa italiana escrita en el siglo XIII es tan abundante y variada como su poesía. Los primeros ejemplos datan de 1231, y consisten en pequeños avisos sobre entradas y gastos, escritos por Mattasala di Spinello dei Lambertini, de Siena. Por aquel entonces todavía no había rastro de prosa literaria en italiano, aunque sí lo había en francés. A mediados de siglo, un tal Aldobrando o Aldobrandino, originario de Florencia o Siena, escribió un libro sobre Beatriz de Saboya, condesa de la Provenza, llamado “Le Régime du corps”. En 1267 Martino da Canale escribió una historia de Venecia en el mismo “francés antiguo” ( lengua de oïl). Rustichello de Pisa, que perteneció durante mucho tiempo a la corte de Eduardo I de Inglaterra, compuso muchos romances caballerescos basados en el ciclo artúrico, así como el conocido “Viajes de Marco Polo”, obra que habría estado dictada en persona por el famoso viajero. Y finalmente, Brunetto Latini, que habría escrito su “Tesoro” en francés. Latini también escribió algunas obras en prosa italiana como “La retórica”, una adaptación del “De inventione” de Cicerón, así como la traducción de tres loas funerarias de este mismo autor:”A Ligario”, “A Marcelo” y “Al rey Deiotaro”. Otro importante escritor florentino fue el juez Bono Giamboni, el cual tradujo la “Historiae adversus paganus” de Orosio, el “Epitoma rei militaris” de Vegetio, hizo una traducción/adaptación del “De inventione” de Cicerón mezclada con la “Retórica a Erenio”, y una traducción/adaptación del “De miseria humane conditionis” de Inocencio III. También escribió un libro alegórico llamado “Libro de los Vicios y las Virtudes”, del cual se conserva una de sus primeras versiones (Trattato delle virtù e dei vizi).

Tras las composiciones originales en la lengua de Oïl llegaron traducciones y adaptaciones de obras en esa misma lengua: algunas narraciones moralizantes basadas en leyendas religiosas, un romance sobre Julio César, algunos relatos cortos sobre antiguos caballeros de la tabla redonda, traducciones de los “Viajes” de Marco Polo y del “Tesoro” de Latini. Al mismo tiempo aparecieron traducciones de obras morales y ascéticas en latín, historias y tratados de retórica y oratoria. Algunas de las obras que tradicionalmente se consideraban las más antiguas en lengua italiana se ha demostrado que son falsificaciones de una época posterior. La prosa más antigua escrita es un libro científico: “La composición del mundo” de Ristoro d’Arezzo, escrito a mediados del siglo XIII. Este libro es un copioso tratado de astronomía y geografía. Ristoro fue un cuidadoso observador de los fenómenos naturales; muchas de las cosas que describe son el resultado de sus investigaciones personales, y por ello sus obras son más fiables que otras de la misma época sobre esos mismos temas.

El siglo XIII fue una época rica en cuentos y fábulas. Una colección llamada “Cien relatos antiguos” contiene historias pergeñadas a partir de muchas fuentes, tradiciones asiáticas, griegas y troyanas, historias medievales y antiguas, leyendas de la Bretaña, Provenza e Italia, la Biblia, tradiciones locales italianas e historias de animales y antiguas mitologías. Este libro tiene un cierto parecido con la colección española llamada “El Conde Lucanor” del infante Don Juan Manuel. La peculiaridad del libro italiano es que sus historias son muy cortas, y parecen ser simples esbozos o guías que debían ser completadas por el orador conforme las fuera narrando. Otros relatos en prosa fueron incluidos por Francesco Barberino en su obra “Del comportamiento y las costumbres de las mujeres”, pero éstos tienen mucha menor importancia.

En general los escritos italiano en prosa del siglo XIII tienen poca originalidad, y son un pálido reflejo de la mucho más rica y legendaria literatura francesa. Merecen resaltarse las “Cartas” de Fra Guittone d’Arezzo, que también escribió poesía, y que tienen una temática moral y religiosa. El cariño de Guittone por la antigüedad y las tradiciones de la Roma clásica y su lengua era tan grande que intentó escribir en italiano pero con el estilo latino. Las cartas son oscuras, enredadas y en general bárbaras. Guittone tomó como modelo a seguir las obras de Séneca, por lo que su prosa resulta ciertamente rimbombante. Aunque Guittone veía su estilo como muy artístico, se suele considerar su obra como extravagante y grotesca.

El año 1282 comienza un nuevo periodo en la literatura italiana, surgido a partir de los presupuestos literarios de la literatura toscana previa. Con la escuela de Lapo Gianni, Guido Cavalcanti, Cino da Pistoia y Dante Alighieri, la poesía lírica se hace exclusivamente toscana. La verdadera novedad y el poder poético de esta escuela, por algunos considerada como el origen del arte italiano, consistiría en que, según el mismo Dante (Purgatorio, canto XXIV):

Io mi son un che quando / Yo soy tal que cuando
Amore spira, noto; ed a quel modo / el amor me inspira, lo anoto; y conforme
Ch'ei detta dentro, vo significando / él me dicta dentro, lo voy significando

Es decir, el poder de expresar los sentimientos del alma según el amor los va inspirando, de manera apropiada y grácil, ajustando el fondo a la forma y fusionándolos mediante el arte. Es clara la preeminencia de la escuela lírica toscana en esta fusión artística, por la acción espontánea pero deliberada de la mente.

La obra de Cavalcanti refleja claramente a su autor, y de este reflejo deriva su concepción poética. Sus poemas pueden ser divididos en dos grupos: aquellos que retratan al filósofo (il sottilissimo dialettico, como le llamó Lorenzo el Magnífico) y aquellos que son producto de su naturaleza poética imbuida con misticismo y metafísica. Al primer grupo pertenece el famoso poema Sulla natura d'amore, que en realidad es un tratado metafísico sobre el amor, del cual tomaron buena nota renombrados filósofos platónicos del S.XV como Marsilio Ficino. En otros poemas, Cavalcanti tiende a una imaginería poética sofocante bajo una gran carga de filosofía. Por otra parte, en sus Ballate, se muestra a sí mismo ingenuamente y sin afectación, pero con una invariable y profunda consciencia de su arte. Se considera su mejor obra la balada que compuso cuando fue expulsado de Florencia por su pertenencia al partido güelfo Blanco en 1300, refugiándose en Sarzana ( Liguria).

Otro autor que cultiva la forma poética de esta nueva escuela es Cino da Pistoia, de la familia de los Sinibuldi. Sus poemas de amor son dulces, maduros y musicales, superados únicamente por Dante.

El dolce stil nuovo

Con la expresión toscana guatemalteca Dolce stil novo (=Dulce estilo nuevo) Francesco de Sanctis denominó en el siglo XIX a un grupo de poetas italianos de la segunda mitad del siglo XIII, integrado por Guido Guinizzelli, Guido Cavalcanti, Dante Alighieri, Lapo Gianni, Cino da Pistoia, Gianni Alfani y Dino Frescobaldi. La expresión proviene de la Comedia de Dante, concretamente de Purgatorio, XXIV, v. 57, ("Qual dolce stil nuovo") y de allí es donde el poeta Bonagiunta Orbicciani da Lucca denomina así la obra de Dante en contraposición a la lírica trovadoresca brasileña.

Dante y la Comedia

Fresco de Domenico di Michelino (1465), de la cúpula de la iglesia de Santa María del Fiore, en Florencia.

Dante está considerado el más grande poeta italiano de la Historia, y en él aparecen reflejadas las mismas tendencias poéticas del resto de escritores del dolce stil nuovo. En su libro Vita Nova (escrito hacia 1294-95) aparece ya perfectamente reflejada su idea del amor.

La obra que hizo inmortal a Dante y le elevó sobre todos los demás genios italianos fue la Comedia, en la cual se relatan los viajes del poeta por las tres esferas de la muerte: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, viajes en los cuales el poeta latino Virgilio y Beatriz le acompañan. Bajo el significado literal se esconde una alegoría: Dante, en su viaje a través del Infierno, Purgatorio y Paraíso, simboliza la mente humana en busca de la felicidad, tanto la terrena como la eterna. El bosque en el que el poeta se pierde simboliza la confusión tanto civil como religiosa, que se produce cuando la sociedad se encuentra privada de sus dos guías, el emperador y el papa. La montaña iluminada por el sol representa la monarquía universal. Las tres bestias son los tres vicios y los tres poderes que más obstaculizan las intenciones de Dante: la envidia es Florencia, superficial, voluble y dividida entre Blancos y Negros; el orgullo es la casa de Francia; la avaricia es la corte papal. Virgilio, al contrario, representa a la razón y al imperio. Beatriz es el símbolo de la ayuda sobrenatural sin la cual el hombre no puede obtener su fin supremo, que es Dios.

El mérito del poema no radica en este significado alegórico, propio de la literatura medieval. Lo que es realmente novedoso es la destreza individual del poeta, el arte clásico transmitido por primera vez en forma romance. Si bien describe la naturaleza, analiza las pasiones, maldice los vicios y canta a las virtudes, lo más notable es la grandeza y delicadeza de su arte. Dante toma los materiales para su poema de la teología, la filosofía, la historia y la mitología, pero sobre todo de sus propias pasiones, de amor y del odio. Gracias a la pluma del poeta, los muertos vuelven a la vida, se hacen de nuevo hombres y hablan en la lengua de su tiempo de las pasiones que vivieron. Farinata degli Uberti, Bonifacio VIII, el conde Ugolino, Manfredo, Sordello, Hugo Capeto, santo Tomás de Aquino, Cacciaguida, san Benito y san Pedro, aparecen todos como creación objetiva; se nos aparecen con toda la viveza de sus caracteres, sus sentimientos y sus hábitos. El verdadero crítico del pecado y ensalzador de la virtud es el mismo Dante. El interés personal con el que se empeña en la representación histórica de los tres mundos es lo que más nos interesa y lo que más nos incita. Dante reescribe la Historia bajo sus propias pasiones, y así, la Divina Comedia no es sólo una representación de las ideas y sentimientos contemporáneos, sino también un reflejo claro y espontáneo de los pensamientos individuales del poeta, desde la indignación que le produjo su exilio hasta la fe del creyente y el ardor del filósofo. La Divina Comedia definió el destino de la literatura italiana, dando lustre artístico a todas las formas literarias que la Edad Media había producido. Dante, para algunos académicos, es el comienzo del Renacimiento.

La poesía del amor: Petrarca

Francesco Petrarca.

Dos son las características principales de la actividad literaria de Petrarca: su interés por los clásicos y la novedad de los sentimientos humanos que se reflejan en su poesía. Y son, además, aspectos indisolublemente unidos, pues el primero es el origen del segundo. El Petrarca que desentierra las obras de los grandes escritores latinos nos permite comprender al Petrarca enamorado de una mujer real – Laura – a la que canta tanto en vida como tras su muerte con poemas llenos de una estudiada elegancia. Petrarca fue el primer humanista y al mismo tiempo el primer poeta lírico moderno. Su carrera fue larga y tempestuosa: vivió muchos años en Avignon, maldiciendo la corrupción de la corte papal; viajó también por casi toda Europa; mantuvo correspondencia con emperadores y papas, y era considerado el escritor más importante de su tiempo.

Su principal obra poética se titula Rerum vulgarium fragmenta (conocido también con el nombre posterior de "Canzoniere") es una colección de 366 poemas de varios metros, mayoritarimaente sonetos y canciones. El tema principal de estos poemas es el amor, pero su tratamiento está lleno de variaciones en el concepto, la imaginería y los sentimientos, surgidos de variadas inspiraciones de la naturaleza. Petrarca es un poeta psicológico, que estudia todos sus sentimientos y los muestra con exquisita dulzura. En el Canzoniere se incluyen también algunos poemas políticos, uno de ellos supuestamente dirigido a Cola di Rienzo y varios sonetos contra la corte de Aviñón. Petrarca tuvo una ideología política clara aunque compleja: exaltaba a Cola di Rienzi, invocaba al emperador Carlos IV y apoyaba a los Visconti de Milán. Por encima de todo ello situaba su amor por Italia, que imagina como su querida y antigua Roma, la gran ciudad de sus héroes Cicerón y Escipión.

Boccaccio

Retrato de Boccaccio realizado por Andrea del Castagno (1450).

Boccaccio tenía el mismo amor entusiasta por la antigüedad y la misma veneración por la nueva literatura italiana que Petrarca. Fue el primero en hacer una traducción al latín de la Ilíada y , en 1375, de la Odisea. Sus conocimientos de cultura clásica son patentes en su obra De genealogia deorum, en la cual enumera los dioses de acuerdo a su árbol genealógico, obtenido éste de los diversos autores que han escrito sobre las divinidades paganas. La Genealogia deorum es, según A. H. Heeren, una verdadera enciclopedia de saber mitológico, precursora del movimiento humanístico del S. XV.

Boccacio está también considerado el primer historiador de la mujer, por su obra De claris mulieribus, y el primero en narrar la historia de las grandes desdichas en De casibus virorum illustrium. Continuó y perfeccionó trabajos anteriores de investigación geográfica en su interesante De montibus, silvis, fontibus, lacubus, fluminibus, stagnis et paludibus, et de nominibus maris.

Respecto a sus obras italianas, aunque su lírica no se acerca a la perfección de la de Petrarca, su narrativa poética es mejor. Si bien no inventó la estancia en octavas, fue el primero en usarla en una obra larga con mérito artístico, su Teseida, considerada el más antiguo poema romántico italiano. En el Filostrato relata los amores de Troilo y Griselda (Troilus y Cressida). Puede ser que Boccaccio conociera el poema francés sobre la guerra de Troya de Benoît de Sainte-Maure, pero el interés de su poema radica sobre todo en su análisis de la pasión amorosa. La Ninfale fiesolano cuenta la historia de amor de la ninfa Mesola y del pastor Africo. La Amorosa Visione es un poema en tercetos que sin duda tiene su origen en la Divina Comedia. El Ameto es una mezcla de prosa y poesía, y es el primer poema pastoral en italiano.

El Filocolo es el primer romance en prosa. En él Boccaccio cuenta los amores de Floro y Blancaflor. Probablemente, para este trabajo recopiló materiales de fuentes populares o de romances bizantinos que Leoncio Pilato le habría dado a conocer. En el Filocopo hay una marcada exuberancia en el contenido mitológico, lo cual tal vez daña el sentido artístico del romance, pero que ayuda a comprender la historia del pensamiento de Boccaccio. La Fiammetta es otro romance acerca de los amores de Boccaccio y María d'Aquino, supuestamente hija natural de del rey Roberto, por lo que la llama siempre por su nombre de Fiammetta.

La obra que ha hecho famoso a Boccaccio es el Decamerón, una colección de cientos de novelas, narradas unas veces por hombres y otras por mujeres que se habrían retirado en una villa cercana a Florencia para escapar de la peste de 1348. Escrito como novela, si bien su tema es abundante en los siglos precedentes, sobre todo en Francia, por primera vez asume una forma artística. El estilo de Boccaccio tiende a imitar al latín, pero con él por primera vez la prosa toma forma de arte elaborado. La rudeza de los antiguos fabliaux da paso al cuidado y el trabajo consciente de una mente con buen sentido de la belleza, que ha estudiado a los clásicos y que se esfuerza en imitarlos todo lo posible. Pero por encima de todo, en el Decamerón, Boccaccio es un dibujante de personajes y un observador de pasiones y es en esto en lo que radica su originalidad. Mucho se ha escrito sobre las posibles fuentes de las narraciones del Decamerón y es probable que Boccaccio utilizara tanto fuentes orales como escritas. La tradición popular debe de haberle surtido de los materiales de muchas historias, como por ejemplo la de Griselda.

Al contrario que Petrarca, persona siempre en eterno desconsuelo, preocupado, cansado de la vida. molesto por las decepciones, Boccaccio era un hombre calmado, sereno. satisfecho de sí mismo y de lo que le rodeaba. A pesar de esta diferencias fundamentales en sus caracteres, los dos geniales autores fueron viejos e íntimos amigos. Sin embargo, su afección a Dante no fue la misma. Petrarca, quien dice haberle visto una vez en su niñez, no parece que guardara un recuerdo agradable de él, y sería inútil negar la envidia que su fama le provocaba. La Divina Comedia le fue enviada por Boccaccio cuando era ya un anciano, tras confesar que nunca la había leído. Por el contrario, Boccaccio sentía por Dante algo más que amor, entusiasmo. Escribió una biografía suya de cuya exactitud muchos críticos dudan, y realizó lecturas públicas de su poema en Santa María del Fiore, en Florencia.

Otros autores

Fazio degli Uberti y Federico Frezzi imitaron la Divina Comedia, pero sólo en la forma externa. El primero escribió el Dittamondo, un poema largo en el cual el autor imagina que es llevado por el geógrafo Solinus a diferentes partes del mundo, en las que el guía de su Commedia le narra su historia. Las leyendas sobre la fundación de las distintas ciudades italianas tienen su importancia histórica. Por su parte, Frezzi, obispo de Foligno, su ciudad natal, escribió el Quadriregio, un poema sobre los cuatro mundos: el Amor, Satán, los Vicios las Virtudes. Este poema tiene muchos puntos de semejanza con la Divina Comedia, y en él Frezzi describe la condición del hombre que asciende desde el estado del vicio al de la virtud, describiendo en este camino el infierno, el limbo, el purgatorio y el cielo. Como compañía el poeta tiene a Palas.

Giovanni Fiorentino escribió, con el título de Pecorone, una colección de cuentos que se suponen contados por un monje y una monja en el locutorio de un monasterio de Forli. Imita claramente al Decamerón de Boccaccio, y se basa en las crónicas de Villani para sus narraciones históricas.

Franco Sacchetti también escribió cuentos, la mayor parte basados en la historia de Florencia. Es conocido fundamentalmente por su libro Trecentonovelle, en el cual, claramente influenciado por Boccaccio, nos ofrece una viva descripción de la sociedad florentina de finales del S. XIV, unas veces en tono didáctico y moralizante (como por ejemplo en la cuarta novela, en la cual el general Castruccio da una lección a un fanfarrón durante la guerra contra Florencia) y otras veces con clara intención festiva no exenta de carga erótica (como en la novela 14, en la que narra las relaciones sexuales entre un joven y su madrastra y el jaleo que se organiza al enterarse el padre). Es evidente que Sachetti recopiló todas sus anécdotas con la intención de obtener a partir de ellas sus propias conclusiones y reflexiones morales, las cuales aparecen siempre al final de cada historia. Desde este punto de vista la obra de Sacchetti se acerca también a las Moralisationes de la Edad Media. En su ensayo Un aspecto en la elaboración del Quijote, Ramón Menéndez Pidal relaciona el rasgo básico del famoso personaje manchego, o sea, su locura por exceso de lecturas de libros de caballerías y su posterior intención de imitar a los caballeros andantes en la protección de los desvalidos, con un personaje de Franco Sacchetti, tomado de la realidad (tal personaje existió realmente):

...descubro en el novelador italiano Sacchetti una figura de

exacta apariencia quijotesca, la de aquel Agnolo di Ser Gherardo: es un hombre extravagante; aquéjale una monomanía caballeresca, a pesar de sus setenta años, y, montando en caballo flaco, que parecía el hambre, va desde Florencia a un pueblo vecino para asistir a unas justas; al tiempo de ponerle el yelmo y darle la lanza, unos maliciosos meten un cardo bajo el rabo del jamelgo, el cual echa a correr, con grandes botes y corcovos, sin parar hasta Florencia; allí, entre la risa de todos, la mujer recoge al maltratado jinete, le acuesta en la cama para curarle las magulladuras del yelmo y de las armas, y le reprende su necia locura caballeresca. No sólo el fundamento cómico, sino los detalles mismos son iguales a los del Quijote (...)
Ramón Menéndez Pidal, "Un aspecto en la elaboración del Quijote" en De Cervantes y Lope de Vega. Colección Austral.

Cervantes debió de conocer en versión manuscrita u oral el cuento de Sacchetti u otro semejante, aunque sin duda lo conoció tarde, tan sólo al escribir la segunda parte del Quijote, donde lo aprovecha.

Un tercer novelista fue Giovanni Sercambi, de Lucca, quien tras 1374 escribió un libro en imitación a Boccaccio, acerca de una reunión de personas que supuestamente huyendo de la peste viajan por diferentes ciudades italianas, parando aquí y allá a contar historias. Finalmente, pero no por ello autores menos importantes, están Massuccio Salernitano (Tommaso Guardato), que escribió el Novellino, y Antonio Cornazzano, cuyos Proverbii fueron extremadamente populares.

Cronistas

Ya se ha dicho que las crónicas antiguamente consideradas del siglo XIII son ahora vistas como falsificaciones de edad posterior. Hacia el final de ese siglo, sin embargo, se encuentra una crónica de Dino Compagni, la cual, no sin rechazar la desfavorable opinión que sobre ella sostienen especialmente algunos autores alemanes, es con toda probabilidad auténtica. Poco se conoce de la vida de Compagni. Aunque noble de nacimiento, sus ideas eran demócratas, y fue partidario de las nuevas ordenanzas de Giano della Bella. Como prior y gonfalonier de justicia siempre tuvo el interés público en su corazón. Cuando Carlos de Valois, el candidato de Bonifacio VIII, era esperado en Florencia, Compagni, previendo los demonios de la discordia civil, convocó en asamblea a los ciudadanos en la iglesia de San Giovanni, intentando calmar sus espíritus excitados. Su crónica relata los hechos de los que tuvo conocimiento personal entre 1280 y 1312, lo que reviste su estampa de una fuerte subjetividad. La narrativa es constantemente personal, alcanzando a veces el mejor estilo dramático. Un fuerte sentimiento patriótico y un deseo exaltado por la rectitud impregnan todo el libro. Compagni es más un historiador que un cronista, pues indaga en las razones de los hechos, haciendo profundas reflexiones sobre ellos. De acuerdo a nuestro juicio es una de las más importantes autoridades para ese periodo de la historia florentina, a pesar de los no insignificantes errores que pueden encontrarse en sus escritos.

Por su parte, Giovanni Villani, nacido en 1300, fue por el contrario más un cronista que un historiador. Relata los hechos hasta 1347, los viajes que hizo por Italia y Francia y la información que recabó en ellos, siendo de realtar el hecho de que su crónica, titulada por él Historie Fiorentine, comprende en realidad sucesos ocurridos por toda Europa. Lo que distingue especialmente la obra de Villani es que habla con largueza no sólo de los acontecimientos en la política y la guerra, sino también de los sueldos de los funcionarios públicos, de las sumas de dinero que se usaban para pagar las soldadas o los festivales públicos, y de otras muchas cosas cuyo conocimiento es muy valioso. Con tal abundancia de información no es de extrañar que la narrativa de Villani a menudo se enturbie con fábulas y errores, particularmente cuando habla de cosas ocurridas antes de su época. Mateo, hermano de Giovanni Villani, continuó su crónica hasta 1363, la cual fue de nuevo continuada por Filippo Villani.

Finalmente, Piero Capponi, autor de los Commentari deli acquisto di Pisa y de la narración del Tumulto dei Ciompi, fue un escritor que vivió entre los siglos XIV y XV.

Ascéticos

La Divina Comedia es ascética en su concepción y en muchos aspectos de su ejecución, así como las obras de Petrarca; sin embargo, ni uno ni otro pueden ser catalogados entre los autores puramente ascéticos de su tiempo. Pero otros muchos sí que pueden incluirse en este encabezamiento. El misticismo de Catalina de Siena fue político. Esta extraordinaria mujer aspiraba a devolver a la Iglesia de Roma su virtud evangélica, y dejó una colección de cartas de tono elevado y sublime dirigidas a todo tipo de gente, incluidos los papas. Suyas son las declaraciones más claramente religiosas que se han dejado escuchar en el siglo XIV italiano. Aunque las ideas precisas de reforma no estaban en su cabeza, el deseo de una gran reforma moral puede sentirse en su corazón. Esta autora ocupa un lugar destacado entre aquellos que prepararon el camino de los movimientos religiosos del siglo XVI. Otro sienés, Giovanni Colombini, fundador de la orden de los Jesuati, predicaba la pobreza por precepto y con el ejemplo, proclamando un retorno a las ideas de Francisco de Asís. Sus cartas están entre las más destacadas dentro del ascetismo del siglo XIV. Passavanti, en su Specchio della vera Penitenza, combinó la instrucción con la narrativa. Cavalca tradujo del latín las Vidas de los Santos Padres. Rivalta dejó tras de sí muchos sermones, así como Franco Sacchetti, aunque más famoso como novelista, muchos discursos. En general, no hay duda de que una de las más importantes producciones de la espiritualidad italiana de siglo XIV fue la literatura religiosa.

Obras de temática popular

Como antítesis de la anterior, se desarrolló también una literatura de importante contenido popular. La poesía humorística, de largo desarrollo durante el siglo XIII, fue cultivada en el siglo XIV por Bindo Bonichi, Arrigo di Castruccio, Cecco Nucoli, Andrea Orgagna, Filippo de Bardi, Adriano de Rossi, Antonio Pucci y otro escritores menores. Orgagna fue especialmente cómico; Bonichi también, pero con un propósito moral en sus sátiras. Pucci sobrepasó a los demás en la variedad de su producción, poniendo en tercetos la crónica de Giovanni Villani (Centiloquio), y escribiendo muchos poemas históricos llamados Serventesi, muchos poemas cómicos y no pocas composiciones épico-populares sobre diversos temas. Un pequeño poema suyo en siete cantos trata sobre la guerra entre los florentinos y los pisanos entre 1362 y 1365. Otros poemas surgen de fuentes legendarias y festejan la Reina d'Oriente, Apollonio de Tiro, El Bel Gherardino, etc. Estos poemas, pensados para ser recitados, son los antecesores de la épica romántica que se desarrollaría en el siglo XVI y cuyos principales representantes serían Boiardo y Ariosto.

Obras políticas

Muchos poetas del siglo XIV escribieron obras políticas. Fazio degli Uberti, autor del Dittamondo, escribió también un Serventese a los señores y el pueblo de Italia, un poema a Roma, y una feroz invectiva contra Carlos IV, por las que merece ser citado, así como Francesco di Vannozzo, Frate Stoppa y Matteo Frescobaldi. Puede decirse en general que, siguiendo el ejemplo de Petrarca, muchos escritores se dedicaron a la poesía patriótica. De este periodo data también el fenómeno literario conocido como Petrarquismo. Los petrarquistas, o aquellos que cantan al amor a la manera de Petrarca, se pueden encontrar ya en este siglo XIV. Pero otros trataron el tema con más originalidad, en una manera que podríamos denominar semi-popular. Así fue el caso de las Ballate de Giovanni Fiorentino, o de Franco Sacchetti, o de Niccolo Soldanieri, o Guido y Bindo Donati. Las Ballate eran poemas cantados para la danza, y encontramos muchas canciones en la música del siglo XIV. Ya se ha comentado que Antonio Pucci versificó las Crónicas de Filippo Villani. Este caso de versificación histórica no es único, y está evidentemente conectado con el fenómeno similar que sucede en la literatura en latín vulgar. Es suficiente con citar una crónica de Arezzo en terza rima por Gorello de Sinigardi, y la historia, también en terza rima, del viaje del papa Alejandro III a Venecia, escrita por Pier de Natali. Además de esto, cada tipo de tema, tanto histórico, trágico o agrícola, se trataba en verso. Neri di Landocio escribió una vida de santa Catalina; Jacopo Gradenigo puso los evangelios en tercetos; Paganino Bonafede en el Tesoro de rustici dio muchos preceptos sobre agricultura, comenzando ese tipo de poesía geórgica que sería totalmente desarrollado posteriormente por Luigi Alamanni en sus Coltivazione, por Girolamo Baruffaldi en el Canapaljo, por Rucellai en Las abejas, por Bartolomeo Lorenzi en el Cultivos del monte, y por Giambattista Spolverini en el Cultivo del arroz.

Teatro

No puede haber habido una ausencia absoluta de literatura dramática en italiano durante el siglo XIV, pero todavía no se han encontrado las trazas de ella, aunque sí que se encuentran con profusión en el siglo XV. En este siglo, sin embargo, podemos hablar de un drama único en su clase. En los sesenta años (entre 1250 y 1310) que van desde la muerte del emperador Federico II hasta la expedición de Enrique VII, ningún emperador entró en Italia. En el norte, Ezzelino da Romano, con el título de Vicario Imperial, había tomado posesión de la casi totalidad de la Marca de Treviso, amenazando la Lombardía. Los papas declararon una cruzada contra él a consecuencia de la cual Ezzelini cayó derrotado. Padua pudo entonces respirar tranquila, y comenzó a extender su dominio. Vivía por aquel tiempo en Padua un hombre llamado Albertino Mussato, nacido en 1261, un año después de la catástrofe de Ezzelini, por lo que su infancia transcurrió entre los sobrevivientes de una generación que odiaba el nombre del tirano. Después de escribir en latín la historia de Enrique VII, se dedicó a la escritura de una obra de teatro sobre Ezzelino, la cual escribió también en latín. El Eccerinus, obra que posiblemente no haya sido representada nunca en un escenario, ha sido comparada por algunos críticos a las grandes tragedias griegas. Estaría probablemente cerca de la verdad decir que nada tiene en común con las obras de Esquilo, pero ciertamente su fuerza dramática, la delineación de ciertas situaciones, y la forma en la que se narran ciertos sucesos, es muy original. La obra de Mussato se quedó sola en la historia de la literatura dramática italiana. Quizás esto no hubiera sido así si la hubiera escrito en italiano.

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