Literatura bizantina

Literatura griega
Literatura griega antigua (hasta el siglo IV)
Literatura bizantina (siglo IV - siglo XV)
Literatura griega moderna (posterior al siglo XI)

Se llama literatura bizantina a la literatura del Imperio romano de Oriente, también conocido como Imperio bizantino. Está escrita fundamentalmente en griego, aunque ciertas obras escritas en latín, como el Corpus Juris Civilis, pueden ser también incluidas. La literatura bizantina incluye en parte la moderna literatura griega que comienza en el siglo XI.

Un evangelio del siglo XI , ilustrativo del estilo decorativo empleado por los eruditos de aquella época.

Influencias

La literatura bizantina es la expresión de la vida intelectual del pueblo helenizado del Imperio Romano de Oriente, luego llamado Imperio bizantino, durante la Edad Media cristiana. El Imperio Bizantino era un organismo multiforme, en el que se combinaban la civilización griega y cristiana sobre la fundación del sistema político romano, fijado en la atmósfera intelectual y etnográfica del cercano Oriente. La literatura bizantina participa de cuatro elementos culturales diferentes: A la cultura intelectual helenística y a la organización gubernamental romana son añadidas la vida emocional del cristianismo y el mundo de la imaginación Oriental, el último envolviendo a los otros tres.

Griega

La más vieja de esas tres civilizaciones es la griega, centrada no en Atenas sino en Alejandría y la civilización helenística. Alejandría durante este periodo es el centro de los estudios áticos y de la vida greco-judía, mirando tanto hacia Atenas como hacia Jerusalén. El período bizantino permite este dualismo intelectual entre la cultura de los eruditos y la del pueblo.

Incluso la literatura helenística muestra dos distintas tendencias, una racionalista y erudita, la otra romántica y popular: la primera originada en las escuelas sofistas alejandrinas y que culminó en la retórica romántica, la última enraizada en la idílica tendencia de Teócrito y culminada en la novela idílica. Ambas tendencias persisten en Bizancio, pero la primera, como la oficialmente reconocida, mantuvo su predominancia hasta la caída del imperio.

El movimiento lingüístico reaccionario conocido como Aticismo sostuvo e impuso esta tendencia académica. El aticismo prevaleció desde el siglo II a. C. hacia delante, controlando toda la posterior cultura griega, la forma viva del idioma griego fue oscurecida y ocasionalmente encontró expresión en los documentos privados y en la literatura popular.

Romana

Alejandría, es el centro intelectual equilibrado por Roma, el centro del gobierno. Es como imperio romano que los bizantinos entran en la historia; sus ciudadanos son conocidos como romanos (Hromaioi), su capital como Nueva Roma. Sus leyes eran romanas; como su gobierno, su ejército, su idioma y su vida pública y privada. La organización del estado era la del periodo romano imperial, con su jerarquía y burocracia.

Cristiana

El cristianismo greco-oriental nació en Alejandría. Allí fue hecha la Septuaginta translación. Allí la fusión de la filosofía griega y la religión judía culminó con Filón de Alejandría. Allí floreció la mística especulativa del neoplatonismo relacionada con Plotino y Porfirio .

En Alejandría los grandes escritores eclesiásticos griegos trabajaron al lado de retóricos paganos y filósofos. Varios nacieron allí, e.g. Orígenes, Atanasio, y su oponente Arrio, también Cirilo y Sinesio de Cirene. En tierra egipcia comenzó el monasticismo y prosperó.

Tras Alejandría, Antioquía mantuvo gran prestigio, donde había una escuela de comentaristas cristianos que floreció bajo Juan Crisóstomo y donde aparecieron las últimas crónicas cristianas. En los alrededores de Siria, encontramos el germen de la poesía eclesiástica griega, mientras que en la vecina Palestina, San Juan de Damasco, fue el último padre de la Iglesia.

Oriental

El cristianismo griego tuvo un pronunciado carácter oriental. Egipto y Siria son los reales lugares de nacimiento de la iglesia greco-oriental y de la civilización bizantina en general. Egipto y Siria, con Asia Menor, se convirtieron para la autóctona civilización griega en un lugar donde cientos de florecientes ciudades aparecieron, donde energías confinadas o paralizadas en la empobrecida tierra natal fueron liberadas. No solamente superaron estas ciudades en riqueza a su país natal, sino que pronto también cultivaron los grandes bienes del intelecto ( Krumbacher). Bajo circunstancias como estas no es extraño que nueve décimas partes del total de los autores bizantinos de los primeros ocho siglos fueran nativos de Egipto, Siria, Palestina, y Asia Menor.

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