Literatura anglosajona

Página inicial de la Crónica de Peterborough, probablemente escrita alterededor del año 1150, es una de las principales fuentes de la Crónica Anglosajona.

La literatura anglosajona (o literatura en inglés antiguo) abarca la literatura escrita en anglosajón (inglés antiguo) durante los seiscientos años del período anglosajón de Gran Bretaña, desde mediados del siglo V hasta la conquista normanda de 1066. Estas obras pertenecen a géneros tan diversos como la poesía épica, hagiografía, sermones, traducciones de la Biblia, obras jurídicas, crónicas, conjuros, adivinanzas y otros. Se conservan en total unos 400 manuscritos de este período, un conjunto muy significativo que suscita el interés tanto del público como de los especialistas.

Entre las obras destacadas de este período se encuentra el poema Beowulf, que ha alcanzado el rango de epopeya nacional en el Reino Unido. La Crónica Anglosajona es una colección de historia sobre la antigua Inglaterra. El poema Himno de Caedmon del siglo VII es uno de los textos más antiguos en idioma inglés.

La literatura anglosajona ha sido investigada desde distintas perspectivas a lo largo del tiempo. En el siglo XIX y principios del XX se centraban en la búsqueda de las raíces germánicas del inglés, más tarde se examinaron los méritos literarios, y hoy en día el interés radica en cuestiones paleográficas y en los manuscritos en sí, su datación, lugar de origen, autoría y en la búsqueda de conexiones entre la cultura anglosajona y el resto de Europa durante la Edad Media.

Descripción

Se conserva un elevado número de manuscritos de los seiscientos años del período anglosajón, habiéndose escrito la mayor parte de ellos en los trescientos últimos ( siglos IX- XI), tanto en latín como en lengua vernácula. La literatura anglosajona se encuentra entre las más antiguas lenguas vernáculas que se escribieron. El inglés antiguo comenzó a escribirse por pura necesidad práctica en las condiciones que resultaron de las invasiones danesas: los eclesiásticos estaban preocupados por la decadencia de la ilustración latina de tal manera que nadie podía leer esas obras. Del mismo modo, el rey Alfredo el Grande (849-899), queriendo restaurar la cultura inglesa, lamentó la penosa situación de la educación latina:

"Estaba tan generalizada la decadencia [educativa] en Inglaterra que muy pocos a este lado del Humber podían...traducir una carta del latín al inglés; y creo que no había muchos más al otro lado del Humber" (Libro de la regla pastoral, introducción).

El rey Alfredo se dio cuenta de que, aunque pocos podían leer latín, muchos podían aún leer inglés antiguo. Entonces propuso que los estudiantes se formaran en inglés antiguo y aquellos que destacasen aprenderían después latín. De esta manera, muchos de los textos que han sobrevivido son típicamente educativos y orientados a los estudiantes.

En total quedan unos cuatrocientos manuscritos que contienen textos en inglés antiguo, 189 de ellos considerados de importancia. Estos manuscritos han sido muy valorados por los coleccionistas desde el siglo XVI, tanto por su valor histórico como por la belleza estética de sus letras, uniformemente espaciadas, y los elementos decorativos.

No todos los textos pueden ser considerados propiamente literarios, como las listas de nombres o los ensayos de escritura. Sin embargo, en muchos casos se conserva una obra realmente significativa, y por orden de cantidad, de mayor a menor, se conservan: sermones y vidas de santos (los más numerosos), traducciones de la Biblia; traducción de obras latinas de los primeros Padres de la Iglesia; crónicas anglosajonas y obras de historia narrativas; leyes, testamentos y otras obras jurídicas; obras prácticas sobre gramática, medicina, geografía; y, finalmente, pero no menos importante, poesía.

Casi todos los autores anglosajones permanecen anónimos, con algunas excepciones.

La investigación del siglo XX se ha centrado en: la datación de los manuscritos (los eruditos del siglo XIX tendían a considerarlos más antiguos de lo que son); localizar dónde se crearon los manuscritos (había siete scriptoria principales en los que se originaron: Winchester, Exeter, Worcester, Abingdon, Durham, y dos en Canterbury: La Iglesia de Cristo y San Agustín); y en identificar los dialectos regionales que se usaron (northumbrio, mercio, de Kent y sajón occidental considerándose este último como el principal, la variante “clásica” del anglosajón).

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