Libro del caballero Zifar

Libro del cavallero Zifar, f. 32r del manuscrito de París. «De cómmo una leona llevó a Garfín, el fijo mayor del cavallero Zifar».

El Libro del caballero Zifar (originalmente Libro del cavallero Zifar) es el primer relato de aventuras de ficción extenso de la prosa española[1] y fue compuesto hacia 1300. Presenta rasgos de la novela de caballerías y su autor fue, probablemente, un tal Ferrand Martínez, clérigo de Toledo, que aparece en un cuento del prólogo.

Se nos ha transmitido en dos manuscritos, el ms. 11.309 ( Biblioteca Nacional de España) del siglo XIV, llamado códice M; y el ms. espagnol 36 ( Biblioteca Nacional de Francia) llamado códice P o manuscrito de París, de 1464, bellamente iluminado. Además existen dos ejemplares de una edición impresa en Sevilla en 1512.

El relato arranca como una adaptación de la vida de san Eustaquio, que se personificaba en el caballero Plácido (o Plácidas, como se le llamó en la Península) que protagonizaba una difundida leyenda hagiográfica, encarnada en el caballero Zifar, a partir de la cual se entretejen diversos materiales de carácter didáctico, épico y caballeresco. Zifar parte de una desgraciada separación familiar para reencontrarse luego elevado a la condición de rey de Mentón. Su hijo, Roboán, recibe sus enseñanzas y repite la trayectoria del padre, siendo al fin coronado emperador.

Autoría y datación

El ejemplo prologal nos sitúa en 1300, año jubilar bajo el papado de Bonifacio VIII, y en Roma, adonde llega Ferrand Martínez, archidiácono de Madrid para encontrarse con Gonzalo García Gudiel, arzobispo primado de Toledo y posteriormente cardenal en Roma, que le ruega a Ferrand que traslade a Toledo su cuerpo finado, lo que ocurre al año siguiente. Datos comprobados de este cuento son el jubileo, la historicidad de Ferrand Martínez y de Gonzalo García Gudiel, por lo que la crítica ha creído verosímil que Ferrand Martínez compusiera el libro hacia 1300 y que escribiera el cuento introductorio tres o cuatro años después.

De lo que no cabe duda es de que el autor poseía formación jurídica y experiencia en cancillerías. En todo caso el autor del Zifar tuvo que conocer o tener noticia de estos personajes históricos. La fecha ante quem de redacción no iría más allá del primer cuarto del siglo XIV.

No obstante, en su estudio «Los problemas del Zifar» de la última edición facsímil de 1996, Juan Manuel Cacho Blecua retrasa su fecha de composición hasta mediados del siglo XIV.[2]

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