Ley de fugas

La llamada "aplicación" de la ley de fugas es un tipo de ejecución extrajudicial o paralegal que consiste en simular la evasión de un detenido, especialmente cuando es conducido de una prisión a otra, para, violando todo derecho de habeas corpus, poder así suprimir la vigilancia de la fuerza que lo custodia y encubrir el asesinato del preso tras el precepto legal que permite hacer fuego sobre un fugitivo que no obedece al «¡alto!» conminatorio de los guardias.

Historia

Para ello la guardia de custodia se retrasaba en el camino por detrás del detenido hasta que había la relativa distancia como para considerar que el preso se estaba fugando o indicarle que se le permitía "pasear", por lo que a este procedimiento se le llamó también dar un " paseo" durante la Guerra Civil española (1936-1939). Se disparaba por la espalda para dar más credibilidad a la fuga. Los presos empezaron a conocer esta añagaza y desde entonces se les disparaba por la espalda, sin más. Una generosa aplicación de la ley de fugas permitió acabar con el bandolerismo andaluz en el siglo XIX. Durante la Restauración, la misma favoreció la guerra sucia oficial contra el movimiento sindical y permitió que el gobernador civil de Barcelona, el general Severiano Martínez Anido, por medio de la Guardia Civil y pistoleros del Sindicato Libre, según cifras del propio Martínez Anido, ordenase ochocientos atentados de terrorismo de estado y produjese más de quinientos muertos entre diversos anarcosindicalistas de la CNT, entre ellos figuras tan destacadas como Salvador Seguí o Evelio Boal. Las cifras reales debieron ser, por tanto, probablemente superiores.[1]

Normalmente la Ley de fugas se asocia en España con la época de la crisis social de la última fase de la Restauración borbónica y la dictadura de Francisco Franco, particularmente durante la represión de la guerrilla republicana de los maquis. Generalmente se utilizaba contra aquellos que mantenían posturas ideológicas diferentes al nacionalcatolicismo y no podían ser condenados a muerte por la vía judicial. Ha sido además práctica habitual en las dictaduras de otros países durante diferentes momentos del siglo XX.

Muchos intelectuales y escritores atacaron esta inhumana disposición, como por ejemplo Ramón María del Valle-Inclán en un par de escenas añadidas a la segunda edición (1924) de su esperpento Luces de Bohemia, a través del personaje del anarquista catalán preso que fue ejecutado de esta forma.

Posteriormente, se empleó la ley de fugas durante la Guerra Civil española y en la Posguerra, cuando se habilitaron las llamadas sacas de presos con el fin de encoger el excesivo número de reclusos republicanos que atestaban las cárceles franquistas por el procedimiento de elegir aleatoriamente un preso de cada diez para ser ejecutado, algo equivalente a la antigua decimatio romana, también llamada decimación o diezma.

La Ley de Fuga fue un tipo de ejecución muy utilizado en México durante el Porfiriato y la Revolución mexicana. También en la Segunda Guerra Mundial por soldados nazis. A veces simplemente llamada la "Ley fuga".

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