Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero
Información personal
Nombre de nacimiento Leopoldo María Panero Blanc Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 16 de junio de 1948
Madrid, Flag of Spain.svg  España
Fallecimiento 5 de marzo de 2014 (65 años)
Las Palmas de Gran Canaria, Flag of Spain.svg  España
Nacionalidad Española
Familia
Padres Leopoldo Panero Ver y modificar los datos en Wikidata
Felicidad Blanc Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Poeta, narrador, articulista, ensayista y traductor
Conocido por
  • Teoría (1973)
  • Narciso en el acorde último de las flautas (1979)
  • Last river together (1980)
  • El último hombre (1984)
  • Dos relatos y una perversión (1984)
  • Poemas del manicomio de Mondragón (1987)
  • Heroína y otros poemas (1992)
Género Poesía, narrativa, relato y ensayo
[ editar datos en Wikidata]
Soy el negro, el oscuro: ardiendo está mi nombre.
—Leopoldo María Panero[1]

Leopoldo María Panero Blanc ( Madrid, 16 de junio de 1948Las Palmas de Gran Canaria, 5 de marzo de 2014)[2]​ fue un poeta español, encuadrado en la poesía española contemporánea dentro del grupo de los « Novísimos».

Panero fue el arquetipo de un malditismo cultivado tanto como repudiado, pero ese malditismo no le impidió ser el primer miembro de su generación en incorporarse a la nómina de clásicos de la editorial Cátedra,[4]​ e insertarse en la historia literaria, las antologías y los programas académicos.

Biografía

Era hijo del reconocido poeta Leopoldo Panero (1909–1962) y Felicidad Blanc (1913–1990), hermano del también poeta Juan Luis Panero (1942–2013) y de Michi Panero (1951–2004), sobrino del poeta Juan Panero (1908–1937) y primo del periodista, crítico de cine y actor teatral José Luis Panero González-Barosa (1975).

El joven Leopoldo María, al igual que tantos descendientes de los prohombres del régimen franquista ( Javier Pradera, Rafael y Chicho Sánchez Ferlosio, por ejemplo), se sintió fascinado por la izquierda radical. Su militancia antifranquista constituyó el primero de sus grandes desastres y le valió su primera estancia en prisión. Tuvo una formación humanista, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid y Filología francesa en la Universidad de Barcelona. De aquellos años jóvenes datan también sus primeras experiencias con las drogas: desde el alcohol hasta la heroína —a la que dedicaría una impresionante colección de poemas en 1992—, ninguna le es ajena. Viajero incansable, anduvo por los caminos del hippismo de los Setenta, una época en que era imprescindible pensar en la India y visitar el fascinante mundo africano de Tánger y Marrakech.

Largo tiempo en el foso de las serpientes, contemplé sus juegos
mientras el cuerpo de mi padre era despedazado.

Leopoldo María Panero, «Vanitas vanitatum», Teoría (1973).

Desde 1970 se le consideró dentro del grupo de los «Novísimos» (incluidos en la antología Nueve novísimos poetas españoles de José María Castellet), aunque él se sintió excluido del mismo, quejándose de haber sido el único poeta ausente en la última cita de los «Novísimos» que, treinta años después de la aparición de la famosa antología, se reunieron con motivo de su reedición.[5]

En los años 1970 fue ingresado por primera vez en un psiquiátrico. Las repetidas reclusiones no le impidieron desarrollar una copiosa producción no sólo como poeta, sino también como traductor, ensayista y narrador. A finales de la década de los 80, cuando por fin su obra alcanzó el aplauso de la crítica entendida, ingresó permanentemente en el psiquiátrico de Mondragón. Casi diez años después, se estableció, por propia voluntad, en la unidad psiquiátrica de Las Palmas de Gran Canaria o, como él lo llamaba, El manicomio del Dr. Rafael Inglott, donde por fin pudo descansar. Desde entonces, la Facultad de Humanidades de la Universidad de Las Palmas se convirtió en su refugio, donde encontró la amistad de algunos profesores y estudiantes que le convidaban a vivir sin sentirse un marginado[6]

Los libros caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejo moribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra los libros, así que los eché todos a la hoguera para que el fuego deshiciera las palabras...

Leopoldo María Panero, «A quien me leyere», Poemas del manicomio de Mondragón (1987).

En 2003 fue galardonado con el Premio Estaño de Literatura por la antología poética de Túa Blesa publicada dos años antes; tres años después, en 2006, es galardonado con el Premio Quijote de Poesía por el libro Poemas de la locura (2005).[8]​ En mayo de 2016 Huega y Fierro Editores publica Acerca de un posible testamento, una recopilación de ensayos, prólogos y artículos inéditos.

La biografía de este poeta y su entorno familiar siempre ha desatado interés en el ámbito cultural, como muestra la película de Jaime Chávarri El desencanto (1976), un documental que refleja cómo era su familia en plena desintegración del franquismo, acomodada e intelectual, pero también desmembrada, autoritaria, y en la que la figura de su padre pesaba incluso con su ausencia. En la década de los 90, Ricardo Franco se fijaría de nuevo en «los Panero» para filmar Después de tantos años (1994), pero esta vez sin la presencia de la madre, ya fallecida.

A mi desoladora madre, con esa extraña mezcla de compasión y náusea que puede sólo experimentar quien conoce la causa, banal y sórdida, quizá, de tanto, tanto desastre.

Leopoldo María Panero, dedicatoria del poema «Ma mère», Narciso en el acorde último de las flautas (1979).