Leoncio Prado Gutiérrez

Leoncio Prado Gutiérrez
Leoncio Prado.jpg
Coronel
Años de servicio 1863 - 1883
Apodo “Pradito”
Lealtad Flag of Peru.svg Perú
Bandera de Cuba  Cuba

Nacimiento 24 de agosto de 1853
Huánuco, Perú
Fallecimiento 15 de julio de 1883
Huamachuco, Perú
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Leoncio Prado Gutiérrez (* Huánuco, 24 de agosto de 1853 - † Huamachuco, 15 de julio de 1883) fue un marino peruano que participó en diversas guerras contra España, en Cuba y Filipinas. Al final de la Guerra del Pacífico, Leoncio Prado muere en julio de 1883 luego de la Batalla de Huamachuco. En su memoria se han creado diversas instituciones peruanas como el Colegio Militar Leoncio Prado. Su padre fue el presidente Mariano Ignacio Prado quien manejaba negocios en Chile antes de la guerra.[1] Su hermano Manuel Prado Ugarteche, fue dos veces elegido presidente constitucional de la República del Perú.

Biografía

Leoncio Prado nació en Huánuco el 24 de agosto de 1853 e ingreso al Colegio Guadalupe de Lima a la edad de 9 años. Fue el primogénito de los dos hijos naturales del General Mariano Ignacio Prado (presidente del Perú en los períodos 1865-1868 y 1876-1879) y de María Avelina Gutiérrez; su hermano menor Justo Prado nació en 1855.

A los doce años, Leoncio Prado ya era cabo en el Regimiento de Lanceros de la Unión. A los trece años dejó el Colegio Guadalupe para combatir contra los españoles en la escuadra que navegó al sur de Chile y participó en el combate de Abtao, fue ascendido a Guardiamarina.

Luego participó en el combate del 2 de mayo de 1866 en el Callao y fue ascendido al grado de Alférez.

Niñez

Cuando tenía seis años, su padre vivía en Lima y él con su madre en Huánuco; el padre que ya era coronel del ejército peruano, los hizo llamar a Lima y así llegan madre e hijo en junio de 1859. Leoncio ingresó para comenzar sus estudios a un colegio y su madre ingresó al Convento de Copacabana. El coronel EP Mariano Ignacio Prado, según testimonios de la época, siempre tuvo predilección por este niño; en una carta que Mariano Ignacio envía a la madre de Leoncio, le dice:

Obliga siempre a este niño, que me escriba para que no se vaya a acostumbrar a ser desamorado.
En casa de Bezada quedaron una camisitas suyas y allí quedó también su monturita para los días que quiera montar en sus caballitos que están en la hacienda de Bezada. En esta misma casa, a donde irá siempre, encontrará cariños y atenciones.

Carta de Mariano Ignacio Prado a la madre de su hijo Leoncio Prado Gutiérrez

De esa misma época, a los seis años, se le retrata por primera vez; la posición en la que está el niño Leoncio, es exactamente la misma a la última fotografía que se hizo años después, ya adulto. El peinado es el mismo que usó siempre. Luego de tomada la fotografía el niño Leoncio la “malogró”: había dibujado sobre su cabeza con un alfiler, un escudo nacional del Perú.

Desde niño se sintió fascinado por la carrera de las armas: le fascinaban los ejercicios militares, las paradas y la vida del Regimiento de la Unión, del cual era jefe su padre Mariano Ignacio. Siempre acompañaba en las evoluciones a dicho regimiento y a menudo los acompañaba en sus ejercicios militares. Terminó rogando a su padre que le permitiera el ingreso en la vida militar. Por aquellos tiempos era común que en los diferentes cuerpos del Ejército hubieran niños incorporados, tuvieran la extracción que fuera: ya fuera un niño huérfano que encontraba en los cuarteles el “hogar” o niños mimados o hijos de militares que se mostraban orgulloso de que el hijo continuara la tradición familiar.

El 1 de abril de 1861, vio cumplidos sus sueños antes de cumplir los 8 años. Vistió el soñado uniforme de militar, pasando revista en el regimiento como soldado distinguido.

A los 9 años de edad ingresó al Colegio Guadalupe, a los doce años ya era cabo en el Regimiento de Lanceros de la Unión.

El año 1865, su padre el coronel Mariano Ignacio Prado, era prefecto de Arequipa, después de haber desempeñado igual cargo en Tacna. Por aquel entonces, el país se hallaba inmerso en un conflicto diplomático con España que había desembocado en la ocupación por parte de una escuadra española de las islas Chincha. El Perú no disponía de una fuerza naval lo suficientemente potente como para enfrentarse a los buques españoles y los nuevos barcos encargados tardarían aún mucho en llegar. El gobierno se vio forzado a firmar el 2 de febrero el Tratado Vivanco-Pareja por el que España desocuparía las islas y, a cambio, recibiría tres millones de pesos como compensación por los gastos generados. El malestar generado por la duración del conflicto y la actitud del gobierno, que la opinión pública consideraba débil, se recrudeció. El tratado fue considerado una humillación. El día 28 el coronel Prado se sublevó e inició una campaña militar, en la que participaría Leoncio, que culminó con la toma de Lima el 6 de noviembre del mismo año.

Incorporación a la Armada

Culminada la revuelta y establecido el nuevo Gobierno, a los trece años de edad, Leoncio interrumpe sus estudios en el Primer Colegio Nacional de Perú de Nuestra Señora de Guadalupe para ser incorporado como guardiamarina en la fragata Apurímac, unidad que formó parte de la escuadra del capitán de navío Manuel Villar.

El nuevo Gobierno, dispuso la salida de la escuadra al mando del capitán de navío AP Manuel Villar hacia el sur para reunirse con la flota chilena, país que también estaba en guerra con España. Las fuerzas peruanas se componían de las fragatas Apurímac y Amazonas y las corbetas Unión y América. En Chiloé se reunieron con las naves chilenas Covadonga y Esmeralda, aunque la Amazonas no pudo llegar a su destino al naufragar en los canales chilotes. La flota aliada queda anclada en el apostadero de la isla Abtao al mando del contralmirante chileno Juan Williams Rebolledo. Días después de asumir el mando, Williams parte hacia Ancud con la Esmeralda y deja el mando de la escuadra aliada al capitán de navío peruano Manuel Villar.

El 7 de febrero de 1866, llegaron hasta el apostadero aliado las fragatas españolas Villa de Madrid y Blanca, entablándose un combate que sería conocido como combate de Abtao. La acción se redujo a un intenso bombardeo a gran distancia que no produjo daños significativos en ninguno de los dos bandos. Al día siguiente los buques españoles partirían de la zona para informar de la situación de los aliados. Por esta acción, Leoncio recibiría su primera medalla de guerra.

Las duras condiciones de vida de alta mar, mermaron el estado de salud del joven Leoncio y tuvo que ser desembarcado en Lima para su cura. Ya restablecido, ingresó a la Escuela Militar de Espíritu Santo como cadete militar. Estando en ella, la Junta Calificadora de los asistentes a la Campaña de la Restauración, le otorgó el grado de subteniente, cuyos despachos firmó el 1 de abril de 1866, el Ministro de Guerra, coronel José Gálvez y lo refrendó el coronel Mariano Ignacio Prado, Dictador Supremo y padre de Leoncio.

Combate naval del 2 de mayo

Ante la inminencia del combate en el Callao, se improvisan defensas, las playas se llenan de parapetos y trincheras para repeler el ataque, en la madrugada del día 2 de mayo, Leoncio en su casa le dice a su primo Nazario Rubio "Acompáñame que me voy al Callao, de cualquier modo, mi puesto no está en la Escuela, está en el combate, como en Abtao".

Llegado al Callao, se embarca en una lancha que lo lleva a una de las naves de la escuadra peruana al mando del capitán de navío AP Lizardo Montero Flores. Se traba el combate, la escuadra española bombardea el Callao, las baterías de tierra responden. Una granada española vuela la Torre de La Merced, en donde se encontraba el Ministro de Guerra, coronel José Gálvez, matándolo. Tras seis horas de combate, Casto Méndez Núñez, Jefe de la Escuadra española, ordena dar por concluida la acción.

El bombardeo del Callao sería la última acción de los barcos españoles en aguas del Pacífico. Tras reparar los desperfectos en la isla San Lorenzo, pusieron rumbo a España.

Benemérito a la Patria

Luego del combate y de la revista de ordenanza, Leoncio regresa a su casa en Lima. Entre tanto, la Junta Calificadora del Ejército, por su actuación en el combate, le otorga la clase de Alférez de Fragata y el uso de las condecoraciones otorgadas por la Nación a los “Defensores del Honor e Integridad de la República y Respetabilidad del Continente y Beneméritos a la Patria en Grado Heroico”.

Reinicia sus actividades militares el héroe, como oficial de marina con la soñada espada, que se la obsequia el Comandante General de la Escuadra Peruana, contralmirante AP Lizardo Montero, que se la dio “en premio y honor a su sereno comportamiento”.

Protesta estudiantil en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe

En 1867, con 14 años de edad y terminada la guerra, reingresó Leoncio Prado a la Escuela Militar, pero su permanencia es corta, ya que el padre resuelve que complete su instrucción y regresa al Primer Colegio Nacional del Perú de Nuestra Señora de Guadalupe. El de 3 de diciembre de ese año, estando Leoncio con licencia en su casa, se produce en el Colegio Guadalupe una protesta estudiantil. Los alumnos alegando incompetencia de algunos profesores, y demasiados rigores disciplinarios, se sublevaron y tomaron las instalaciones del plantel.

Leoncio Prado, enterado del hecho, va al colegio y, al encontrarlo aislado, sube por las paredes y techos y llega hasta sus compañeros. El día 4 de diciembre, el intendente de policía entra en el plantel con las fuerzas policiales, reabre el colegio y ordena la salida de los huelguistas. A la cabeza de ellos apareció Leoncio Prado, echándose la responsabilidad de los sucesos.

Enterado el Gobierno, dispuso la expulsión de la mayoría de los alumnos. El presidente Mariano Ignacio Prado, dispuso que su hijo, Leoncio, partiera inmediatamente en una expedición que salía en viaje de exploración a la selva amazónica peruana. Así, Leoncio Prado, se unió a dicha expedición.

Perdido en la selva amazónica peruana

El 16 de diciembre de 1867 partió de Lima a incorporarse a la expedición al almirante Tucker, con la Comisión Hidrográfica que debía estudiar y explorar los ríos de la Amazonia. La expedición se dirigió a Huánuco y reaprovisionada, siguió por Pozuzo, colonia establecida sobre el río del mismo nombre. En Pozuzo, Leoncio Prado recibe la orden de partir con los expedicionarios Charum y Butt, hacia el río Pachitea en una canoa que los esperaba en el río Mayro. Debían tomar los expedicionarios el plano topográfico de los ríos Mayro y Pachitea. En el trayecto se cruzaron con la expedición del sabio Antonio Raimondi, que también exploraba la región.

Haciendo su trabajo Leoncio Prado, se perdió en la enmarañada selva, vagando por ella durante varios días, tratando de encontrar el rumbo. Enterado Antonio Raimondi del hecho, preparó una expedición para buscarlo; luego de varios días tuvo noticia de que Leoncio Prado se encontraba en un campamento de indios Campas; se dirigió a dicho poblado, donde lo encontró y rescató. Los indios Campas, lo habían encontrado vagando por la selva y lo llevaron a su poblado, en donde curaron sus heridas, producidas por alimañas y mosquitos y lo salvaron de una muerte segura. Pasado el incidente de Leoncio Prado, la expedición partió hacia Iquitos por el Pozuzo y el río Pachitea, en medio de infinitas penalidades debido a la insalubridad del clima, las alimañas y los zancudos (mosquitos).

Las duras contingencias que había pasado hicieron del joven Leoncio de sólo 15 años, todo un hombre. Muy duras fueron las pruebas que tuvo que pasar desde el Combate de Abtao hasta Iquitos. En esta ciudad fue incorporado al personal de la Flotilla Fluvial del Amazonas de la Marina de Guerra del Perú, permaneciendo ahí hasta 1868, que se retiró del servicio a consecuencia de los acontecimientos políticos de que culminaron con el movimiento revolucionario que obligó al presidente Prado a dimitir.

De regreso a Lima, Leoncio Prado ingresa nuevamente a un colegio para completar su instrucción. Gobernaba el país Manuel Pardo, quien lo pensionó juntamente con otros estudiantes, por cuenta del Estado, en un colegio de los Estados Unidos, en la ciudad de Richmond.

Agitado su espíritu por la larga y cruenta lucha que libra el pueblo cubano, enardecido por las noticias que llegan hasta él dando cuenta del heroísmo derrochado en los combates por las huestes republicanas decide marchar a la isla de Cuba y cooperar en sus luchas por la independencia.

En la guerra por la independencia de Cuba

En 1874, partió para Cuba, acompañado por su hermano Justo y su medio-hermano paterno Grocio que se alistaron también en el ejército libertador. Toma parte Leoncio Prado en las principales acciones de guerra, pero no está satisfecho. Cree que su aporte personal no es del todo eficaz. Sueña con acciones mayores y sin sujeción a disciplinas, donde pueda desarrollar iniciativas que den resultados grandiosos. Ese carácter le lleva a diseñar un proyecto audaz que asombra por su magnitud. Decía Leoncio Prado: “Los buques con que debemos combatir están bajo bandera española”. Y explica su audaz proyecto que consiste en capturar dichos buques y volverlos contra los españoles, después de hacer prisionera a su tripulación.

Luego de bregar mucho, logra convencer a los altos mandos republicanos cubanos, quienes le dan pase a su audaz proyecto. Al respecto, el Presidente de Cuba Tomás Estrada Palma, le escribe:

“Camagüey, agosto 6 de 1876
Señor Leoncio Prado
Oficial de la Marina Peruana
Muy estimado señor Prado:
La atenta carta de Ud. Que me ha sido entregada por el Coronel Fernando López de Queralta, bastaría a falta de otras razones, para demostrar los ardientes deseos que Ud. anima a favor de la causa de Cuba.
Teniendo antes de ahora noticias de los generosos esfuerzos realizados por Ud., con el propósito de tomar parte activa en la contienda de que son testigos nuestros campos hace 8 años y que tienen por único objeto constituir una patria independiente y libre.
Yo me congratulo de manifestar a Ud., nuestro justo agradecimiento; pero al mismo tiempo me siento apesarado de no poder secundar desde luego el importante proyecto concebido por Ud., y del cual me ha dado pormenores el Coronel Queralta.
En el presente caso, como en los demás de igual naturaleza, tengo que sujetarme a las reglas y prácticas establecidas en nuestra joven República.
Por eso he creído conveniente remitir a informe del señor Agente General, el proyecto de Ud., a fin de que procediendo al estudio necesario poseamos mayores probabilidades de acierto si llegase a estimarse posible su ejecución.
Me complazco decir a Ud., que su joven hermano Grocio se halla perfectamente bien. He resuelto que permanezca a mi lado, a fin de tener cerca la oportunidad de expresarle mi estimación. Sírvase admitir Ud., el testimonio de mi alto aprecio y las seguridades de mi amistad.

T. Estrada”

Carta del presidente de Cuba Tomás Estrada Palma a Leoncio Prado Gutiérrez#GGC11C

Dos meses después de esta carta, el teniente Coronel Pío Rosado, recibió, en Nueva York, la siguiente comunicación oficial:

Agencia General de la República
New York, octubre 6 de de 1876
Señor Teniente Coronel
Pío Rosado
Ciudadano:
El C. Secretario de Relaciones Exteriores, me comunica en nota Nº 36 fechada en 6 de agosto, lo que a continuación transcribo:
“El Presidente de la República se ha servido disponer comunique Ud., al Teniente Coronel Pío Rosado y Teniente Coronel A.M. Aguilera, la resolución recaída al proyecto presentado por los mismos en unión del Coronel Queralta y señor Leoncio Prado, desde Kingston, julio 8 de 1876, aplazando ocuparse del asunto en oportunidad favorable, entendiéndose que dicho aplazamiento no afectará la obligación en que están aquellos jefes de cumplir con lo previsto en la Ley de 16 de marzo del corriente año, relativo al regreso de los militares al territorio de la República”.
Lo que comunico a Ud., suplicándole acusar recibo de la presente.
P. y L. Miguel Aldana
A.G.”.

"Para ser completa la emancipación de la América Colonial, el mar Atlántico reclama un 2 de mayo tan americano y concluyente como lo tuvo el mar Pacífico en las aguas del Callao”. Con este pensamiento, escrito en una de sus cartas, Leoncio Prado no podía amilanarse ante la negativa del gobierno cubano para poner en práctica su plan. Solicita y obtiene una patente de corso a fin de proceder por su cuenta y riesgo. Había reunido a una élite de valientes jóvenes cubanos. Contaba además con todo el apoyo de su padre, el Presidente del Perú, que en todo momento favoreció privada y oficialmente la noble causa de la independencia cubana.

Leoncio Prado seleccionó a un grupo de valientes cubanos decididos a ir a la muerte si fuera preciso por el ideal de la libertad. Los conjurados eran 10 jóvenes, perfectamente disciplinados para la empresa cuyas proyecciones y ejecución ignoraban y confiando solamente en el valor, la audacia y la inteligencia de su jefe. Estos valerosos cubanos fueron: capitán Manuel Morey, Domingo Vélez, Pedro Castero, Miguel Gutiérrez Pití, Eduardo Deetgan, Manuel Blanco, Leonardo Álvarez, Eugenio Carloto, Casimiro Brea e Ignacio Zaldívar.

Se reunieron todos en Kingston, Jamaica y de ahí se dirigieron a los diversos puertos, donde debían esperar las instrucciones finales. Los últimos en partir fueron Leoncio Prado, Manuel Morey y Domingo Vélez, para reunirse nuevamente en Puerto Plata, República Dominicana. Todos se reunieron el 3 de noviembre en Puerto Príncipe, Haití.

El 7 de noviembre llegó a Puerto Plata el vapor español “Moctezuma”, procedentes de Saint Thomas y con destino a los puertos de Cuba. El “Moctezuma” estaba armados con dos cañones y tripulado por 60 hombres y al servicio del gobierno español de Cuba. Prado al tomar conocimiento de la importancia del buque y de que salía el mismo día, resolvió embarcarse en él, sin esperar la llegada de los conjurados de Saint Thomas. Apresuradamente hizo guardar en el equipaje doce machetes y ordenó que sus pocos compañeros se armaran con revólveres, tomando pasajes escalonadamente a fin de no despertar sospechas.

El Moctezuma

Para abordar el buque, pasaron por comerciantes ambulantes de diferentes nacionalidades, alojándose en la cubierta del buque, salvo Leoncio Prado, Manuel Morey y Domingo Vélez, que se acomodaron en primera clase.

El Moctezuma zarpó a las 14H00 de Puerto Plata, haciéndose a la mar. Fue en este momento que Leoncio Prado, da a conocer a sus compañeros el plan que consistía en apoderarse del buque, rindiendo a la tripulación cuando se encontraran en alta mar. Dispuso el emplazamiento de sus hombres, que estaban armados con revólveres, ya que los machetes no pudieron sacarlos del equipaje por encontrarse ellos en cubierta a la vista de la marinería española. Cuatro conjurados se situaron a proa de la nave, para arrollarlos empujándolos hacia popa, otros cuatro tomaron emplazamiento en las escalas que conducían a los compartimentos bajos, para impedir la subida de los que en ellos se encontraren; Prado, Morey y Vélez se encargarían de rendir al Comandante del buque y a sus oficiales a la hora de la comida, cuando estuvieran reunidos en el comedor que estaba situado en la toldilla de popa.

Eran las 18h00 cuando sonó la alarma llamando a comer; cada cual se dirigió a su puesto señalado de antemano, mientras el pasaje, el capitán y la oficialidad se encaminaban al comedor. Morey tomó asiento en la mesa de oficiales. Prado y Vélez se habían retrasado expresamente, esperando que todos estuvieran sentados en sus mesas. En el momento oportuno, Leoncio Prado, seguido por Vélez, apareció en la puerta del comedor y con voz fuerte dijo: Capitán Cacho Leonardo José Cacho Ceballos, Suances 1828-1876), en nombre de la República de Cuba que se halla en guerra con España lo hago a usted mi prisionero y le demando me rinda el vapor.

Todo el pasaje escuchó con estupor, lo pronunciado por Leoncio Prado. El capitán reaccionando, contestó: Me parece que Usted está de broma, a lo que Prado respondió: Hablo de veras, no haga usted resistencia y los desembarcaré a todos en lugar seguro.

Pronunciadas estas palabras, se produjo un momento de confusión entre la oficialidad del buque; pero más calmados se enfrentaron a los conjurados. La vajilla servía de armas. Prado recibe un golpe en la cabeza que le hace perder el conocimiento. Vélez dispara su arma contra el Comandante de la nave, matándolo. Entretanto Prado reacciona y lucha contra la oficialidad con un puñal. Finalmente, pasados los momentos de confusión y lucha, los oficiales son reducidos al igual que la tripulación. El propio Leoncio Prado iza la bandera de Cuba en el mástil del Moctezuma.

La primera disposición de Leoncio Prado como Comandante de la nave, fue que se diera atención a los heridos y se sepultara en el mar a los muertos en la refriega. Eran la 19h00 y todo había concluido. La tripulación del buque fue encerrada en las bodegas y la oficialidad en la cámara de popa y ordena el cambio de nombre de la nave de Moctezuma a Céspedes, en homenaje al paladín de la libertad cubana.

Al día siguiente, el Céspedes se encontraba a cuatro millas de Puerto Paix, al norte de la isla Fortuna. Ordenó Leoncio Prado desembarcar el pasaje, a la oficialidad y la tripulación a excepción de 6 marineros y los maquinistas necesarios para las maniobras del buque. Se les permitió llevar sus efectos personales y a los que no tenían recursos, se les dio dinero necesario, previa firma de recibos; en estos socorros se invirtió 500 pesos de los 2.000, que se encontraron a bordo.

La noticia de la captura del Moctezuma causó enorme sensación en todo el continente y en España. El Senado español se reunió y solicitó a las naciones de América, dar tratamiento de piratas a los conjurados. Brasil y todas las naciones de América rechazaron tal solicitud.

La odisea del Céspedes-Cuba

Leoncio Prado, tenía que buscar recursos para poder operar la nave y comisiona a ello a Domingo Vélez, quien desembarca del Céspedes para cumplir su nueva misión. Inmediatamente, Leoncio Prado y su nave, hacen rumbo a Laguna Catarazca escapando de los españoles en donde decidió esperar los acontecimientos. La poca profundidad de la bahía, impidió que el buque anclara e hizo rumbo al cabo Gracias a Dios al que llegó el 27 de noviembre de 1876. Bajó a tierra y se presentó a las autoridades con la documentación del comandante Cacho, sin despertar sospecha alguna.

La primera preocupación de Leoncio Prado en cabo Gracias a Dios - a orillas del Mar Caribe, entre Honduras y Nicaragua- fue encontrar un fondeadero seguro para el Céspedes y para ello comisionó a Morey para que en un bote recorriera la costa del cabo. Morey partió con dos de los tres marineros españoles que quedaron en la nave. La embarcación de Morey zozobró y los marineros españoles escaparon. Leoncio Prado, comprendió el peligro que corrían y determinó partir inmediatamente. Procuró conseguir carbón, encontrando sólo 18 toneladas, lo cual era insuficiente. Todas estas contingencias detuvieron al Céspedes 21 días en Cabo Gracia de Dios, luego de los cuales partió con rumbo desconocido. A la partida del Céspedes, los marineros españoles se presentaron a la autoridad consular española quien determinó fletar el buque Maud Borbón, en el que se despachó a los citados marineros a Cuba, llevando los pliegos reservados con la narración de los hechos, desde la captura del Moctezuma hasta la partida del Céspedes del cabo Gracia de Dios.

Enterado de los acontecimientos, el Gobierno español de Cuba dispuso que la fragata Jorge Juan y los transportes Bazán y Fernando el Católico al mando del comandante J. Rada salieran en persecución del Céspedes, a la vez que ordenaba la prisión de todos los tripulantes del Moctezuma en Santiago de Cuba, a bordo del crucero Churruca, cuyos oficiales se mordían los labios… sin comprender cómo 60 hombres habían rendido el buque dándose prisioneros de 10 cubanos. Incluso el pasaje del buque fue perseguido por las autoridades españolas, teniendo en un caso, que intervenir el cónsul francés en Santiago de Cuba, para liberar a la Señora Hurtado y sus hijas de ser apresadas en el Churruca, al encontrarse como pasajeras del vapor francés Columbia, de donde habían sido desembarcadas.

El Jorge Juan, hizo su aparición en cabo Gracias a Dios. Por falta de carbón el Céspedes se vio obligado a recalar en Troappe, donde el día 3 de enero de 1877, fue avistado por el “Jorge Juan”. Temprano ese día, el “Jorge Juan” fue avistado por un marinero español, que se calló el hallazgo y sólo recién a las 10H00, Leoncio Prado y sus tripulantes, se dieron cuenta que estaban bloqueados.

Sin combustible, a más de 500 metros de la playa, la escapatoria era imposible; Leoncio Prado con serenidad, ordenó echar los botes al agua, y ordenó a la tripulación embarcarse en ellos. Él quedó en el “Céspedes” con el capitán Morey. Entretanto, el “Jorge Juan” acortaba distancias con cautela para evitar alguna desagradable sorpresa. Cuando el “Jorge Juan” se puso a tiro de cañón, descargó la artillería de su nave. Prado y Morey hacen volar el “Céspedes” prendiendo fuego a la santabárbara de la nave, lo que produce una terrible explosión. El “Jorge Juan” que se acerca cautelosamente al buque incendiado, comprueba la “completa destrucción del corsario y su gente”.

Tanto Prado como Morey, habían abandonado el buque antes de la explosión y esperado la noche para nadar hasta la playa, guiándose por el resplandor del incendio; el “Jorge Juan”, luego de comprobar la destrucción del “Céspedes” y de recoger a los marineros de la playa, se retiró. A Leoncio Prado y a Morey, se les unieron algunos marineros en la playa. Estos anduvieron varios días pasando hambre, frío, calor y las más diversas penalidades. El historiador cubano Eladio Aguilera, relata, en una de sus obras la odisea:

“Aflictiva fue la situación de Prado y sus compañeros así que dejaron el vapor.

Encontráronse en la extensa costa de los mosquitos entre espesos manglares, sin caminos, andando al acaso entre el fango, finalmente decidieron hacer rumbo al oeste, en esta deplorable situación, anduvieron mucho, hasta que el territorio se hizo escabroso, entonces sufrieron nuevas penalidades, pues como estaban descalzos por haber perdido los zapatos, la marcha fue penoso. “Gradualmente el país se convirtió en montañoso y con esto aumentaron sus sufrimientos”.

Con los pies llagados, rendidos de fatiga, sin alimento ni agua algunas veces, sin caminos, perdidos en aquellas soledades, sin más amparo que la Divina Providencia, era forzoso seguir adelante.

Finalmente encontraron la choza de un indio, éste les dispensó los auxilios que su miserable estado le permitía y allí se repusieron un tanto, continuando luego su penosa marcha.

Las condiciones fueron mejorando según avanzaban por el territorio civilizado, hasta que por último llegaron al Puerto de Corinto en el Pacífico”.

Historiador Eladio Aguilera#GGC11C

Entre tanto, el 19 de enero de 1877, sin saber lo que había pasado con el “Céspedes”, salía del puerto de Colón el general cubano Rafael Quezada con rumbo a Nicaragua a bordo de la goleta Luisa, llevando carbón y pertrechos de guerra para el Céspedes. La nave llegó a San Juan del Norte y de ahí, en una lancha llegaron a Troappe, en donde se enteró de la tragedia del Céspedes. El 25, regresa al fondeadero del “Luisa” y emprende viaje al Cabo Gracia de Dios. Quezada en el Cabo Gracia de Dios, dispuso la búsqueda de los náufragos, proveyendo de los fondos necesarios para la expedición, la que partió inmediatamente remontando el río Wankez, llamado también Segobia, con el propósito de atravesar la región hasta Honduras. El general Quezada retornó a Colón, el día 13 de febrero, lleno de incertidumbre sobre la suerte de los náufragos del Céspedes.

Mientras eso ocurría en el Luisa, Leoncio Prado del puerto de Corinto, se dirigió a Estados Unidos, en donde se entrevistó con el Agente General de Cuba, señor Aldana, a quien dio detalles de todas las vicisitudes de la captura y correrías del Moctezuma. El gobierno cubano premió a Leoncio Prado, héroe del “Moctezuma”, dándole la alta clase de coronel de su Ejército. Hoy su retrato figura entre los patriotas de la Galería del Ayuntamiento de La Habana, siendo considerado entre los próceres de la Independencia de la República de Cuba.

Independencia de las Filipinas

De los Estados Unidos de Norteamérica, Leoncio Prado emprende viaje al Perú, para reponer su organismo gastado por la campaña libertaria de Cuba. El 11 de abril de 1877 se embarca rumbo al Callao y ese mismo día un diario de Albany, escribe sobre él:

Se dirige al Perú el señor Leoncio Prado, cuyo nombre se ha hecho célebre con motivo de la captura bélica del vapor Moctezuma.

Se llega a surgir como es de esperarse, la causa de la libertad de Cuba, no dudamos que el nombre del señor Prado pasará a la posteridad lleno de gloria inmarcesible que se merece, figurando al lado de los Céspedes, los Agramante, los Agüero y tantos otros héroes que sostienen y han sostenido una lucha tan desigual como gloriosa contra el poder de España a fines del siglo en que vivimos, que es de libertad y de progreso

.

El 1 de mayo de 1877, llega a Lima, aureolado por sus hazañas en Cuba. Poco tiempo descansa en Lima y emprende el retorno a los Estados Unidos y, es ahí donde concibe la idea de intervenir en la independencia de Filipinas. Ya que según su criterio, la independencia de las Filipinas, haría más fácil el triunfo de la revolución emancipadora en Cuba. Con el apoyo de patriotas cubanos la expedición quedó lista. La empresa fracasó, pues la embarcación que conducía a los expedicionarios, zozobró, en un terrible temporal, frente a las costas de China. Salvado del naufragio, recorre Europa, ocultando su nombre, porque ya por esa época se le perseguía sin piedad, sobre todo España, por sus ideas libertarias.

De Europa se traslada a Estados Unidos, en enero de 1878. Nuevamente prepara otra expedición para la independencia de las Filipinas, cuando se entera del posible conflicto entre Perú y Chile. En 1879, ante la grave situación planteada por Chile, Leoncio Prado, decide retornar al Perú.

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