Lenguas de Italia

Grupos lingüísticos de Italia en la actualidad.
Comunidades reconocidas por el Estado italiano como minorías lingüísticas históricas.[1]
Frecuencia de uso de los idiomas regionales en Italia (ISTAT, 2015).

El idioma italiano es una lengua neolatina que deriva del toscano literario arcaico en su variante florentina. Desde el siglo XIV hasta el siglo XVIII fue, con el latín, la principal lengua literaria y de cultura italiana, y por esto, en el año 1861, se convirtió en lengua oficial de una Italia reunificada. Al momento de la reunificación, era hablada pero sólo por una minoría de italianos cultos. Se difundió a nivel popular con rapidez gracias a la educación obligatoria y, a partir de los años '50 del siglo pasado, con la difusión de los medios de comunicación de masas. En la actualidad el italiano es la lengua materna del 95 % de población residente en el país[3]​ sobre una población total de unos 60 millones.

En el territorio de la República italiana se habla solo el italiano sino otros idiomas reconocidos oficialmente por el Estado italiano, sea autóctonos, como el friulano y el sardo sea no autóctonos, como el franco-provenzal, el algurés (este último de raíz catalana), el sudtirolés (de raíz alemana) el esloveno, el griego y el albanés. A estas lenguas y dialectos, reconocidos oficialmente, hay que añadir las lenguas y dialectos regionales que no tienen reconocimiento oficial, difundidos en la mayor parte del territorio italiano. Según un estudio reciente el 44% de los italianos hablan de modo exclusivo o prevalente el italiano, un 51% alterna el italiano con un dialecto u otra lengua y un 5% habla exclusivamente un dialecto u otro idioma distinto del italiano.[4]

Historia

Antiguas lenguas de Italia

Desde la prehistoria en la actual Italia se hablaron multitud de lenguas diferentes, gran parte de ellas pertenecientes a la familia indoeuropea, especialmente a la rama itálica, subdivididas a su vez en las lenguas osco-umbras (como el umbro, el osco o el picénico) y las lenguas latino-faliscas, como el falisco, y el latín. También se hablaban otras lenguas pertenecientes a la rama indoeuropea: algunas lenguas paleobalcánicas, como el venético y el mesapio, relacionada esta última con las lenguas ilirias, y en la región norte el lepóntico y algunos dialectos de galo, pertenecientes las dos a la rama celta.

Asimismo, con estas lenguas coexistían otras de origen no indoeuropeas, destacando el etrusco, pero también el rético (relacionado posiblemente con el anterior), el antiguo ligur,[5]​ el Piceno de Novilara, el elimio (el cual se discute si era o no indoeuropeo), el sicano y el sículo (posiblemente indoeuropeo). En las islas de Cerdeña y Córcega se hablaba una lengua autóctona del lugar, el nurago.

Debido a la colonización púnica y griega, también eran habladas las lenguas púnica y griega en el sur de Italia y en Sicilia y Cerdeña.

Con el auge de la civilización romana, el latín se acabó imponiendo a todas las demás, originando posteriormente las lenguas romances, y dentro de Italia, las actuales lenguas allí habladas.

Origen de las lenguas de Italia

Distribución de los adstratos longobardo y bizantino en la alta edad media de la península italiana.

Muchas de las regiones de Italia tenían ya diferentes sustratos lingüísticos antes de que los romanos conquistaran Italia: el norte de Italia tenía un sustrato celta (esta parte de Italia era conocida como Gallia Cisalpina), un sustrato ligur o un sustrato veneciano. El centro de Italia tenía sustrato etrusco y el sur de Italia sustrato itálico o griego.

Debido a la fragmentación y a la dominación de la península italiana por fuerzas externas (especialmente pueblos bárbaros de etnia germana, Sacro Romano Imperio, Francia, España y Austria) entre la caída del imperio romano del oeste y la unificación de 1861, hubo una considerable diversificación dialectal, si bien las lenguas usadas para la comunicación escrita fueron casi exclusivamente el latín (hasta el siglo XIII), el latín y el italiano (desde el siglo XIV hasta el XVI) y el italiano, y, en menor medida, el latín, en los siglos XVII y XVIII)[6]​, que sin embargo se siguió utilizando en los estudios superiores y universitarios en algunos estados italianos (Reino de Nápoles, Reino de Sicilia, Estados Pontificios) hasta la segunda mitad del siglo XVIII.

Durante este largo periodo, la mayoría de las poblaciones autóctonas hablaba sus propias lenguas y dialectos, o sea las lenguas vernáculas locales, en cambio las clases cultas utilizaban la lengua latina y, a partir del siglo XIV, también la italiana (si bien repleta de términos latinos), adoptada en el siglo siguiente por algunas prestigiosas cancillerías del tiempo como Milán, Venecia, Ferrara, Urbino, Mantua.[13]​ y de los intelectuales, el pueblo no alfabetizado empleaba sus propios dialectos y lenguas para la comunicación oral y dentro de un ámbito exclusivamente local.

En vísperas de la unficación de Italia, o sea en la primera mitad del siglo XIX Alessandro Manzoni, como todos los grandes escritores italianos de su tiempo (Vittorio Alfieri, Ugo Foscolo, Giacomo Leopardi, etc.) seguía utilizando una lengua bastante conservadora que no se alejaba mucho del modelo toscano clásico. Esta misma lengua fue adoptada como idioma nacional y todas la demás formas de expresión oral autóctonas (lenguas y dialectos) se convirtieron de repente en dialectos del italiano. Hoy en día también se sigue utilizando el término de "dialectos del italiano", a pesar de que la mayoría de ellos no derivan del italiano, sino del latín vulgar. Un fenómeno parecido se produjo en Francia con unos de los dialectos de la Lengua d'oil hablado en la Ile de France que se convirtió en lengua nacional en el siglo XVI y, casi en la misma época, en España, con el castellano, hablado origiariamente en un área limitada de Castilla la Vieja.

Los dialectos siguieron siendo un habla bastante común entre gran parte de la población italiana hasta la segunda guerra mundial. A partir de ese momento el italiano estándar, aceptado universalmente desde varios siglos como lengua escrita y de de cultura se impuso también como lengua principal hablada por las clases populares italianas gracias a una progresiva alfabetización y a la difusión de los medios de comunicación de masa.