Lenguas celtas

Lenguas celtas
Distribución geográfica En la antigüedad en la práctica totalidad de Europa Occidental; actualmente, en las islas británicas y Bretaña
Países Bandera de Reino Unido  Reino Unido
Bandera de Isla de Man  Isla de Man
Bandera de Irlanda  Irlanda
Filiación genética

Lenguas indoeuropeas
  Italo-celta (?)

  Lenguas celtas
Subdivisiones Lenguas célticas insulares
Lenguas célticas continentales
ISO 639-2 cel
ISO 639-3 cel[1]

Celts in Europe-fr.svg
Distribución cronológica de los pueblos celtas:

     Centro del territorio de la cultura de Hallstatt (en el siglo VI a. C.)      Máxima expansión celta (en el siglo III a. C.)

     Las seis naciones celtas que conservaban un número significativo de hablantes de lengua celta (al inicio de la Edad moderna)      Áreas donde las lenguas celtas son ampliamente habladas en la actualidad

Véase también
Idioma - Familias - Clasificación de lenguas
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Lenguas celtas o célticas es el nombre por el que se conoce a un grupo de idiomas pertenecientes a la familia indoeuropea, entre los que se incluyen:

Aspectos históricos, sociales y culturales

Orígenes

Las lenguas celtas derivan de un conjunto de dialectos del proto-indoeuropeo, idioma que cronológicamente ocupa una posición intermedia dentro de la familia indoeuropea, pues hizo su aparición después de las lenguas anatolias ( 2000 a. C.), el griego ( 1400 a. C.), las lenguas índicas ( 1000 a. C.), las lenguas iranias ( 700 a. C.) y las lenguas itálicas ( 600 a. C.), pero antes de las lenguas germanas ( siglo I d. C.), las lenguas eslavas ( siglo IV), el armenio ( siglo V), el tocario ( siglo VII), las lenguas bálticas ( siglo XV) y el idioma albanés ( siglo XVI).

Sus hablantes eran los pueblos celtas, una serie de tribus y clanes de la Europa Central y Occidental que compartían unas características culturales similares: creencias religiosas, estructura social, estilos artísticos, sistemas de producción, y sobre todo una lengua común, o más bien una serie de dialectos inteligibles entre sí. El nombre que utilizaban para designarse a sí mismos era *gal- o *kel-, como reflejan los nombres de sus lenguas y los nombres de los pueblos celtas:

Galli ( pueblos galos de la Gallia, región que comprende básicamente Francia y Bélgica),
Gálatae o Gálatai ( gálatas, celtas de una provincia romana en el centro de la actual Turquía llamada Galatia),
Galaici (celtas de Galicia, al noroeste de Hispania)
Gaelige (celtas de Irlanda)
Keltoi (nombre general usado por los griegos)

El nombre celta procede del griego keltoi, término que usaban los geógrafos griegos en la primera mitad del I milenio a. C. para designar a los pueblos que habitaban Europa central.

Aunque se encuentran esparcidas diversas alusiones a los celtas en Hecateo de Mileto, Heródoto y Aristóteles, la primera referencia a este pueblo se halla en la Ora Maritima de Avieno, procónsul en África en el 336 d. C., quien se basó en un original griego del siglo VI a. C. Los romanos los llamaban galli (pronunciado gal-li).

Existen varias hipótesis respecto a la aparición de las lenguas celtas, de las cuales varias son mutuamente excluyentes. Estas hipótesis han afectado a la clasificación filogenética de las lenguas celtas: algunos autores clasifican las lenguas célticas insulares como una unidad frente a las lenguas célticas continentales. Otra clasificación propugna la existencia de una relación galo- britónica de un origen más arcaico, frente al goidélico, el idioma celtíbero y el idioma lepóntico.

Prehistoria de los pueblos celtas

El término celta (keltoi) es de origen griego; éstos pudieron haberlo tomado prestado de íberos o ligures. Los celtas probablemente se llamaban a sí mismos *gal-,[ cita requerida] o sea: galos (derivados: gálata, gallego, galaico).

No parece posible discernir etnias propiamente celtas entre los primeros grupos de indoeuropeos que penetraron en la Europa central. Sólo hasta el siglo V a. C., con el surgimiento de la cultura de La Tène es razonablemente seguro identificar a los portadores de esa cultura como hablantes de lenguas celtas. Los primeros pobladores indoeuropeos podrían haber sido los portadores de la cultura de los campos de urnas, que se expandieron rápida y extensamente por Europa hacia el siglo XIII a. C. Los miembros de esta cultura se expandieron descendiendo por la margen derecha del Ródano, ocupando Languedoc, Cataluña y el bajo valle del Ebro. Otra línea de expansión les llevó a Bélgica y el sureste británico. A partir del siglo VIII a. C., otros pueblos presuntamente indoeuropeos (tal vez pre-celtas y pre- ilirios) fueron los portadores de la cultura de Hallstatt (Hierro-I), extendiéndose en esta fase por el interior de la península ibérica (s. VII). En el siglo VI a. C., los pueblos presuntamente indoeuropeos fueron desplazados del noreste ibérico a manos de los íberos, quedando así los celtas de Iberia aislados del resto de pueblos celtas continentales por los íberos al este y los aquitanos al oeste de los Pirineos.

Desde el siglo IV a. C., los celtas continentales inauguran la cultura de La Tène, específicamente celta (Hierro II). En esta fase, los celtas acabaron de ocupar el norte y centro de Francia (la Galia), así como la mayor parte de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando incluso una comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia. En esta época se construyen importantes villas fortificadas llamadas oppidum (en plural, oppida), que funcionan como centros comerciales y políticos. Es también en este período cuando el druidismo, descendiente de los antiguos cultos megalíticos de Gran Bretaña e Irlanda,[ cita requerida] se introduce entre los celtas de las islas, pasando posteriormente al continente.

Historia y referencias clásicas

A partir de los siglos II y III a. C. algunos autores clásicos ofrecen datos concretos sobre la historia de los pueblos celtas. Los romanos usaron el término galli para referirse a varios pueblos celtas, entre los cuales estarían los galos, los gálatas, o regiones como la Galia, Gallaecia o Galizia. Sin embargo, aunque los romanos se refirieran a las tribus por sus nombres individuales (aedui, belgae, helvetti, boii...), sí reconocen ciertas características culturales comunes entre estas. La unidad lingüística de estos pueblos es puesta de manifiesto por Tácito al percibir la similitud entre las lenguas britónicas y las galas. San Jerónimo dejó constancia en sus escritos de que la lengua de los gálatas le resultaba parecida al dialecto galo de Tréveris.

Los pueblos celtas se expandieron entre los siglos VIII y V a. C. desde su núcleo original centroeuropeo hacia otras regiones, ocupando el norte y centro de Francia (la Galia), el valle del Po en el norte de Italia, la península ibérica, así como la mayor parte de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando incluso una comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia.

En todas estas migraciones su lengua les acompañó allá donde fueran; en el siglo I a. C. se extendían por gran parte de Europa, desde la actual Turquía ( Galacia) hasta Portugal. Sin embargo, las lenguas célticas encontraron refugio a la romanización en el extremo noroccidental de Europa, en las islas británicas. A partir del siglo II a. C., los celtas acusan la creciente presión militar de los germanos por el norte y, algo después, la de los romanos por el sur. En pocas décadas «toda la Galia está ocupada», excepto Irlanda. De todas formas, la presencia romana en Gran Bretaña fue también de escasa duración, lo que permitió a las lenguas celtas de esta isla (galés) sobrevivir y, más tarde, regresar al continente ( Bretaña francesa). Todavía en el siglo VII, los celtas llevaron a cabo su quizá última expansión: los escotos irlandeses invadieron Caledonia y le cambiaron el nombre por el de Escocia.

Declive

Si bien en la Antigüedad fueron habladas ampliamente en Europa occidental en el primer milenio a. C., las lenguas celtas han experimentado un declive gradual desde los tiempos romanos, bien reemplazadas primero por el latín y luego por las lenguas romances en Francia, Portugal, Italia y España, bien desplazadas y sustituidas por otras ramas como la germana en las islas Británicas y Europa Central o la eslava en los Balcanes, o bien por la disipación e integración del pueblo celta y de sus lenguas dentro de nuevas realidades históricas. A pesar de estos hechos, hubo pequeñas islas lingüísticas que sobrevivieron bastante tiempo a este influjo, hallándose testimonios de gálatas hablantes de lengua celta en el siglo IV d. C.

Las lenguas celtas mantuvieron mayor vigor en las islas británicas. Allí las lenguas nativas gaélicas y britónicas mantuvieron su hegemonía hasta la Edad Media, siendo la lengua predominante en el Reino de Escocia y en los condados y reinos irlandeses y galeses. Su declive en Gran Bretaña comenzó con las invasiones anglosajonas, quedando reducida su presencia tras la Muralla de Offa a Gales y al Reino de Escocia. Unos siglos más tarde, también empezaron a perder peso y presencia las lenguas célticas en estas regiones y en Irlanda debido principalmente la pérdida de independencia política y cultural, así como por el aislamiento económico, en detrimento del entonces pujante Reino de Inglaterra en el siglo XVI, si bien este proceso se dio de manera lenta y constante desde siglos atrás. La lengua hablada en la isla de Man se vería muy influenciada por aportes nórdicos, fruto de las sucesivas invasiones vikingas.

El origen del bretón, si bien se podría pensar fácilmente debido a su situación geográfica que es un reducto de la lengua gala hablada en época prerromana en la actual Francia, se remonta a migraciones de británicos (principalmente de las zonas de Cornualles y Gales) en el siglo V d. C. que huían de las invasiones anglosajonas a Gran Bretaña, estableciéndose tras cruzar el canal de la Mancha en la costa de Armórica, la actual Bretaña. Algunos de estos britanos llegaron incluso a la península ibérica, concretamente al norte de la Gallaecia, región histórica que incluía la Galicia actual y buena parte de Asturias y el norte de Portugal, donde fundaron el obispado de Britonia, al frente del cual estaría el célebre obispo Mailoc, mencionado en los concilios galaicos de Lugo y de Braga en el siglo VI de nuestra era.

Pese a su lento declive, hoy día aún sobrevivien cuatro lenguas de la rama céltica, limitadas a pequeñas regiones de Europa: el irlandés o gaélico irlandés en Irlanda, el gaélico escocés en Escocia (nombre que lleva a la confusión con el también llamado escocés, idioma germánico), el galés en Gales y el bretón en Bretaña. Asimismo, hasta el siglo XVIII en Cornualles se hablaba el idioma córnico, de gran semejanza con el bretón y el galés. Hasta principios del siglo XX en la isla de Man se hablaba el idioma manés. También, fruto de la emigración, hay pequeñas colonias de hablantes de lengua celta en la Patagonia argentina y en algunas partes de Canadá.

Sin embargo, en mayor o en menor medida pero en la mayoría de los casos muy reducido, generalmente las lenguas posteriormente habladas en regiones de lengua celta mantienen un sustrato céltico en su vocabulario, como pueden ser el español, el francés, el portugués, el gallego, el inglés o el alemán.

Literatura

Los textos de las lenguas célticas continentales no son abundantes y la mayoría son pequeñas inscripciones, monedas, glosas y nombres. Las inscripciones en galo van del siglo III a. C. al siglo I d. C., destacando el Calendario de Coligny (del siglo II d. C.), y suelen estar escritas en letras latinas. En lepóntico han sido encontradas, escritas en una variante del alfabeto etrusco y de fechas anteriores al siglo I, en el norte de Italia. Los textos en celtibérico son pequeñas inscripciones en piedra o en bronce cuya datación abarca desde el siglo III a. C. hasta el siglo I d. C.; se destaca el Bronce de Botorrita.

Sin embargo, las lenguas célticas insulares sí disponen de una extensa y variada literatura, siendo de las más antiguas de Europa. Escrita originalmente en monumentos pétreos en escritura ogham en Gales y, principalmente, en Irlanda desde el siglo IV hasta el VI d. C., posteriormente se redactaron manuscritos en irlandés durante la Edad Media, como el Ciclo de Ulster o los Anales de los cuatro maestros.

Ya en el siglo XX, se destacan dos escritores en irlandés, Michael Hartnett y el premio Nobel Seamus Heaney. También existe desde la Edad Media literatura en bretón, escocés y en galés, en algunos casos manteniéndose viva hasta hoy en día.

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