Lealista (Guerra de Independencia de los Estados Unidos)

Los lealistas fueron los colonos americanos que permanecieron leales al Reino de Gran Bretaña y a la monarquía británica durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Los patriotas se referían a ellos como tories, lealistas u hombres del rey. Tras las dificultades que pasaron a manos de los patriotas, huyeron a Gran Bretaña, a ciertos territorios de la Norteamérica Británica (como Canadá, donde se les conoció como Lealistas del Imperio Unido) o a las Indias Occidentales Británicas. Los lealistas negros estaban formados por integrantes de la comunidad lealista.

Ciertos historiadores han estimado que un 15-20% de la población blanca era lealista.[2]

Los lealistas durante la Guerra de Independencia

El 4 de julio de 1776 los revolucionarios estadounidenses obtuvieron el control de todo el territorio de los trece estados combatiendo violentamente a los lealistas, a los que exigieron renunciar a su lealtad a la corona. Los que se negaron corrían el riesgo de ser torturados mediante un baño de alquitrán tras el que se les cubría el cuerpo con plumas; con ello los revolucionarios trataban de disuadir al resto de lealistas. La neutralidad no estaba permitida. Aquellos que aún estaban determinados a seguir leales se alistaron como voluntarios en el ejército británico.[ cita requerida]

Los británicos fueron expulsados de Nueva York en marzo de 1776; no obstante, regresaron en agosto tras derrotar al ejército revolucionario en Long Island. Con esta victoria lograron capturar Nueva York y sus alrededores, donde permanecerían hasta 1783. Gradualmente fueron recuperando importantes ciudades como Filadelfia ( 1777), Savannah ( 1778- 83) y Charleston ( 1780- 82). No obstante, el 90% de la población vivía fuera de las ciudades. Como resultado, el gobierno revolucionario controlaba al 80-90% de los habitantes estadounidenses. Los británicos expulsaron a sus gobernadores de donde los revolucionarios administraban el territorio valiéndose de la ley marcial. Sin embargo, los lealistas instalaron el alto mando en la costa de Georgia ( 1779- 82);[3]​ aunque los revolucionarios todavía dominaban parte del norte de dicho estado. En otros lugares los británicos sólo fueron capaces de mantener el control gracias a la presencia de la Armada Real.

Durante el invierno de 1774- 75 estaban activos en Canadá algunos oficiales de los revolucionarios, entre los que destacan John, agente del Boston Committee of Correspondence, y Thomas Walker, mercader estadounidense-canadiense. Dichos hombres simpatizaron con algunos miembros del Congreso; aunque el resto - la mayoría - se mantuvo neutral, pues tampoco se unieron a la milicia británica destinada a defender el país de los invasores estadounidenses ( 1775). A pesar de todo, sólo unos pocos manifestaron abiertamente su lealtad a Jorge III: sólo 1.500 milicianos apoyaron al rey en la defensa de Montreal. La parte sur de dicha región auxilió a los estadounidenses revolucionarios mediante el envío de dos destacamentos.[4]​ En Nueva Escocia los yankees trataron de obtener apoyos mediante la difusión de torturas con plumas y alquitrán; no obstante, la rápida intervención de la armada británica detuvo estas prácticas.

La práctica antes mencionada era una tortura mediante la que los patriotas desnudaban a los lealistas y les hacían mirar cómo incendiaban un recipiente con alquitrán, a continuación se volcaba el contenido de dicho recipiente sobre el lealista, que se echaba a rodar sobre unas plumas.

Los lealistas en las Trece Colonias

El historiador Robert Calhoun escribe esto acerca del número de lealistas y patriotas:

Los historiadores estiman que el 15/20% de la población blanca adulta era lealista. Aproximadamente la mitad de los colonos con ascendencia europea trataron de evitar tomar parte en el conflicto - algunos de ellos deliberados pacifistas, otros emigrantes recién llegados, y la mayoría simple populacho al que no le interesaba la política. Los patriotas recibieron el apoyo activo del 40/45% de la población blanca, o como máximo no mucho más de la mitad de dicho sector de la población.[5]

Las estimaciones previas a las mencionadas anteriormente eran algo más altas, estableciendo el porcentaje de lealistas en un tercio de la población.[7]

El historiador Robert Middlekauff resume de este modo las investigaciones acerca de los lealistas:

El mayor número de lealistas se encontraba en las colonias del interior: muchos agricultores arrendatarios de Nueva York apoyaban a la corona, por ejemplo, al igual que un importante porcentaje de los holandeses de las colonias y de Nueva Jersey. Los alemanes de Pensilvania trataron de mantenerse al margen de la revolución, al igual que hicieran muchos cuáqueros. Se mantuvieron leales al rey los escoceses de Carolina del Norte y del Sur, los clérigos anglicanos y sus feligreses de Connecticut y Nueva York, los presbiterianos de las colonias sureñas y un gran número de indios iroqueses.[8]

Las ciudades de Nueva York y Long Island, bases de operaciones militares y políticas británicas en América del Norte ( 1776- 83) albergaban un considerable número de lealistas, muchos de los cuales eran refugiados procedentes de otros estados.[9]

Los lealistas solían ser hombres ancianos, frecuentemente mercaderes adinerados; aunque también había muchos de ellos que eran humildes.[ cita requerida] Muchos activos de la Iglesia de Inglaterra trasladaron su lealtad a la corona.[ cita requerida] Los emigrantes recién llegados, sobre todo los escoceses, solían ser lealistas. No obstante, los lealistas del sur fueron fácilmente sometidos por los revolucionarios, quienes controlaban las administraciones local y estatal. Muchos estadounidenses - algunos de los cuales eran ex- reguladores de Carolina del Norte - rechazaron unirse a los revolucionarios a consecuencia de que anteriormente habían protestado por la corrupción presente en las autoridades locales, a las que más tarde se verían sometidos los líderes revolucionarios. Este antecedente a la Guerra de Independencia contribuyó a que los campesinos de Carolina del Norte tendieran a ser lealistas.[10]​ ya que temían que las concesiones de tierras de la corona se vieran en peligro bajo una nueva administración republicana.

En los territorios controlados por los revolucionarios - la mayor parte del país - se confiscaban las propiedades a los lealistas. Los que manifestaban abiertamente su apoyo a la corona, eran amenazados con ser humillados públicamente o con ser agredidos físicamente. No se conoce con certeza el número de lealistas asesinados por los revolucionarios, aunque es probable que fuera suficiente para intimidar al resto de ellos y que no tomaran las armas en su contra; en Filadelfia se asesinó a una serie de funcionarios públicos partidarios de los británicos. En 1775, William Drayton y un líder lealista, el Coronel Thomas Fletchall, firmaron un tratado de neutralidad. En octubre de ese mismo año el Congreso firmó una resolución por la que se animaba a detener a todos los lealistas, quienes eran peligrosos para «las libertades americanas».

Los lealistas negros y la esclavitud

Como resultado de la inminencia de la crisis de 1775, el Gobernador Real del Estado de Virginia emitió una resolución por la que concedería la libertad a cualquier sirviente o esclavo que fuera capaz de portar un arma y alistarse en el regimiento lealista etíope. Alrededor de ochocientos de ellos lo hicieron, y fueron capaces de derrotar a la milicia de Virginia en Kemp's Landing. Posteriormente librarían una batalla sobre el Gran Puente del Río Elizabeth, conducidos por el lema «libertad para los esclavos», pero esta vez fueron derrotados. El resto de ellos se vio envuelto en la evacuación de Norfolk, tras lo que sirvieron en Chesapeake; no obstante, el campamento que levantaron allí fue azotado por un brote de viruela y otras enfermedades. Además de las víctimas que se cobró, la enfermedad incapacitó a un gran número de esclavos. Los supervivientes se enrolaron en otras unidades lealistas y permanecieron activos durante el transcurso del conflicto. Frecuentemente eran los esclavos negros los que antes y en mayor número se presentaban voluntarios; un total de 12.000 soldados de raza oscura sirvieron del lado de los británicos entre 1775 y 1783. Este hecho obligó a los revolucionarios a ofrecer la libertad a aquellos esclavos que se alistaran en sus filas. No obstante, tras la guerra, la mayor parte de ellos continuaron en las mismas condiciones.[12]

A medida que el conflicto finalizaba y que los lealistas iban abandonando el país, se calcula que 75.000 a 100.000 esclavos negros decidieron irse con ellos. Aunque, obviamente, no todos los que querían lograron huir de territorio estadounidense; un importante número de ellos fueron capturados por los propietarios patriotas.[11]​ Muchos alcanzaron las Bahamas, donde volvieron a establecer las plantaciones de algodón. Aunque este proyecto fracasara, en el futuro los esclavos negros heredarían estas islas y otros muchos territorios de las Islas Británicas. Alrededor de 400 a 1.000 huyeron a Londres, donde se unieron a la comunidad de negros libres de la ciudad, la cual comprendía a 10.000 de ellos. Unos 3.500 a 4.000 fueron destinados a las colonias británicas de Nueva Escocia y Nuevo Brunswick, donde se les proporcionaron tierras; 1.500 de estos se instalaron en Birchtown (Nueva Escocia), allí formaron parte de la comunidad negra más importante de América del Norte. No obstante, principalmente a causa de que estaban dispuestos a trabajar por menos dinero que los blancos, regresaron viejos prejuicios coloniales. A pesar de todo, Gran Bretaña deseaba recompensarles por los servicios prestados, por lo que ofreció trasladar a otros lugares a los que no estuvieran contentos con su situación; 1.500 negros abandonaron Nueva Escocia para ir a Sierra Leona, cuya capital les debe su nombre ( Freetown). Tras 1787 se covirtieron en la élite del país; por ello, el krio, es decir, el africano con ascendencia americana, empleaba «dólares y centavos» como moneda.

Servicio militar

Los lealistas no hicieron ningún intento de organizarse políticamente, pues a menudo eran poco más que unidades regulares británicas destinadas en la zona. No obstante, los británicos se valían de la capacidad de los regimientos lealistas de formar y movilizarse rápidamente, y gran parte de su estrategia giraba en torno a dichos regimientos. La línea defensiva provincial de los británicos estaba formada por estadounidenses alistados en el ejército regular; 19.000 lealistas estadounidenses (50 unidades y 312 compañías). Otros 10.000 hombres sirvieron en la milicia lealista o en «asociaciones». En diciembre de 1780 se registra el mayor número de lealistas destinados en la línea provincial (9.700).[15]​ La mayor parte de las fuerzas lealistas combatieron en las colonias del sur, muy pocos lo hicieron en el norte.[ cita requerida] Paralelamente, un gran número de estadounidenses sirvieron en el Ejército regular Británico y en la Armada Real.

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