Lavar platos

Lavar los platos.

Lavar platos o lavar los platos es una metonimia de uso coloquial muy común,[1] con la que realmente se alude a la acción de limpiar la totalidad de la vajilla, tras su uso para cocinar o comer.

La vajilla puede ser lavada a mano, o a máquina en el lavaplatos o lavavajillas.

El lavaplatos

Lavaplatos.

El lavaplatos es una especie de caja grande (en general con una puerta en la cara frontal) que hace automáticamente todo el proceso de lavar los platos, desde la limpieza con jabón hasta el aclarado y el secado (a base de aire caliente). Lavar platos a máquina presenta una serie de ventajas e inconvenientes respecto a hacerlo a mano. Las principales ventajas son la sencillez (a priori sólo hay que meter los platos dentro del lavaplatos, si bien es conveniente un prelavado para desincrustar los restos más voluminosos) y el ahorro de agua (si el lavaplatos está lleno). Los inconvenientes son sobre todo la corrosión que provoca en ciertos objetos (especialmente de vidrio y metal) y el coste: la inversión inicial es muy superior, y después hay que comprar pastillas de jabón o detergente (generalmente más caras que el jabón habitual para lavar platos) y pagar la electricidad que gasta, además del agua. El ahorro de tiempo es un factor que depende de cómo se calcule: para un lavado de una sola comida (con un número pequeño de gente y utensilios utilizados), hacerlo a mano resulta mucho más rápido que esperar que se acabe el ciclo entero del lavaplatos. En cambio, si el lavaplatos está lleno y se lavan de golpe los platos correspondientes a las diversas comidas, el tiempo total utilizado es menor que la suma de los lavados individuales a mano que hubieran hecho falta para hacerlo justo después de cada comida.

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