Las bodas de Fígaro

Las bodas de Fígaro
Le nozze di Figaro
Mozart libretto figaro 1786.jpg
Libreto del estreno de la ópera en Praga, 1786.
Género Ópera bufa
Actos 4 actos
Basado en Beaumarchais: La folle journée, ou Le mariage de Figaro
Publicación
Año de publicación 1785
Editorial Imbault 1795 aprox.
Idioma Italiano
Música
Compositor Wolfgang Amadeus Mozart
Puesta en escena
Lugar de estreno Burgtheater
Fecha de estreno 1 de mayo de 1786
Personajes
Libretista Lorenzo da Ponte
Duración 3 horas[3]
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Las bodas de Fígaro (título original en italiano, Le nozze di Figaro) es una ópera bufa en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart sobre un libreto en italiano de Lorenzo da Ponte, basado en la pieza de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais, Le mariage de Figaro ou la folle journée. Fue compuesta entre 1785 y 1786 y estrenada en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor.[4]

Es considerada como una de las mejores creaciones de Mozart y una de las óperas más importantes de la historia de la música. A pesar de recibir muchas críticas en su época, logró grandes éxitos en sus representaciones. Con esta obra comienza la colaboración entre Mozart y Da Ponte, una de las más fructíferas de la historia de la ópera, de la que resultaron tres obras maestras del género: Las bodas de Figaro, Don Giovanni y Così fan tutte.[5]

Las bodas de Fígaro es una de las óperas más destacadas del repertorio operístico estándar y aparece como la número 5 en la lista de Operabase de las óperas más representadas en todo el mundo para el período 2005-2010.[6]

La trama se desarrolla en Sevilla ( España), durante la segunda mitad del siglo XVIII, y nos sitúa en el palacio del conde de Almaviva. Rosina ya se ha convertido en su mujer, la condesa, pero el conde busca los favores de la joven Susanna, que es la prometida de Figaro, criado del conde. La trama se complica cuando el conde de Almaviva descubre que su paje Cherubino muestra mucho interés en la condesa, y por ello se quiere deshacer de él enviándolo a la guerra. Figaro, Susanna y la condesa se ponen de acuerdo para entorpecer los planes del conde y poner de manifiesto su infidelidad. Pero, mientras tanto, Figaro mantiene una discusión con Bartolo y Marcellina, que acaba con el descubrimiento de que Figaro es el hijo de ambos. Al final de la jornada todos los protagonistas se encuentran en el palacio, donde se suceden los equívocos hasta que finalmente el conde y la condesa se reconcilian y Figaro y Susanna se pueden casar.

Las bodas de Fígaro
Obertura de Las bodas de Fígaro
Las bodas de Fígaro
Obertura de Las bodas de Fígaro, interpretada por Edison Concert Choir (1908)
Las bodas de Fígaro — n.º 11 Cavatina "Porgi, Amor"
Interpretada por Skidmore College Orchestra.

Origen y contexto

Después de un largo periodo dedicado a la música instrumental. Mozart volvió a escribir para el teatro con motivo de la representación en Viena el 25 de noviembre de 1785 de La vilanella rapita de Francesco Bianchi. Siguiendo una costumbre de la época, para esta ópera Mozart escribió algunas piezas, entre las que se encuentra el cuarteto Dite Almeno y el trío Mandina Amabile. La madurez de estas piezas anticipa ya la gran calidad de Las bodas de Fígaro.[7]

En 1786, Mozart tiene treinta años y su carrera está en la plenitud. Reside en Viena desde hace dos años, donde es un músico reconocido y admirado. Datan de esta época cuatro de sus mejores conciertos para piano.[8]

Pierre Augustin Caron de Beaumarchais, autor de la obra de teatro Le mariage de Figaro ou la folle journée (1784) en el cual se basa la ópera.

También tenía que superar un prejuicio muy extendido entonces según el cual sólo los italianos podían escribir ópera bufa y triunfar en la ópera cómica italiana, género que no practicaba desde el éxito conseguido en Múnich con La finta giardiniera.[11]

En 1783, Mozart pidió a su padre que hablara con Giambattista Varesco porque opinaba que «lo más importante es que en conjunto la historia sea realmente cómica y, si es posible, que tenga dos protagonistas femeninas de la misma altura, una seria, y la otra mezzo carattere, pero ambas de la misma importancia y excelencia. El tercer personaje femenino, sin embargo, puede ser enteramente buffo, así como todos los masculinos, si es necesario». Esta petición ha sido a menudo considerada profética: sus tres óperas basadas en textos de Da Ponte (Las bodas de Figaro, Don Giovanni y Così fan tutte) se ajustan a este requisito de forma casi perfecta.[11]

La comedia de Beaumarchais Le mariage de Figaro, que estaba de moda por toda Europa, fue tachada de escandalosa y las casas reinantes la prohibieron,[11]

Mozart conoció el Barbier de Paisiello en 1783 en el Burgtheater de Viena. El éxito contundente de la obra hizo que dirigiera la atención hacia el teatro de Beaumarchais.[9]

Lorenzo Da Ponte, poeta de la corte de Viena y autor del libreto.

Da Ponte eliminó cuidadosamente los elementos más contestatarios del texto de Beaumarchais (como el juicio que cuestionaba el sistema judicial del Antiguo Régimen y el discurso de Figaro sobre la libertad de prensa)[9]

Pero el mensaje -no se podía hacer de otra manera en aquel tiempo- llega envuelto en sonrisas y reverencias. Reinaban las formas elegantes, del buen gusto y de la cortesía, y por eso, desde el primer momento en que Figaro se entera de las intenciones del conde de Almaviva de impedir su boda con Susanna, en vez de proferir insultos y amenazas se limita a cantar Se vuol ballare, signor contino ('Si quiere bailar, señor conde') y ofrecerse a acompañarlo con una guitarrita.[16]

El trabajo de elaboración de Las bodas de Fígaro duró seis meses y asistimos a una plenitud real debida a la alegría de poder escribir, por fin, una ópera a partir de un buen libreto y por la satisfacción de tener la ocasión de consagrarse con plena libertad a su facilidad y agilidad cómica.[17]​ Mozart preparó una especie de esquema donde había anotado todas las partes vocales y los instrumentos principales. Según explica un alumno suyo, Mozart se veía obligado a componer derecho, en una mesa especialmente diseñada, por culpa del dolor de espalda provocado por las largas horas de composición.

La adaptación de la obra de Beaumarchais es excelente. Da Ponte y Mozart redujeron a cuatro los cinco actos del original y transformaron la historia, evitando las alusiones sociales y políticas que podían ser problemáticas; en lugar de eso, profundizaron en la caracterización de los personajes. Da Ponte suprimió algunos personajes secundarios y desarrolló algunas partes para favorecer la inclusión de arias. Por ejemplo el efectivo final del primer acto (Non più andrai) es un breve pasaje en la obra original, o en el comienzo del segundo acto añadió el texto Porgi amor de la Condesa, lo que permitió al compositor presentar al personaje con un aria.[18]

Tanto la obra de teatro como la ópera se pueden leer como un pequeño drama doméstico que tiene lugar en un remoto palacio español. La revolución queda muy lejos. Es probable que los asuntos domésticos tuvieran, de hecho, más importancia para Mozart en ese momento. Acababa de tener problemas con su boda con la cantante Constanze Weber en 1782, para el que no había contado con el consentimiento de su padre.[19]

Pero sin duda había otros aspectos de la obra que también atraían Mozart: su abundante comicidad, ingeniosos juegos de palabras, humor visual basado en un ágil movimiento escénico, y un enorme potencial musical. De hecho, la misma obra teatral precisa música en cinco momentos diferentes (uno de ellos se convirtió en el Voi che sapete de Cherubino del segundo acto, y otro al final del tercer acto) y hay otras dos ocasiones en que aparecen canciones populares.[11]

El conde de Orsini-Rosenberg, director del teatro de la corte imperial de Viena.

En 1776, José II despidió su compañía de ópera italiana con el objetivo de potenciar el teatro en lengua alemana. Esta es una de las razones que empujaron Mozart a probar fortuna lejos de Salzburgo, y también explica por qué su primera ópera vienesa fue un singspiel en alemán, El rapto en el serrallo. Pero antes de un año, José II ya había cambiado de opinión y estaba de nuevo buscando cantantes italianos, y en abril de 1783 se estableció en el Burgtheater una nueva compañía italiana. Mozart como germanoparlante, estaba en desventaja y sufrió con el cambio. Como escribió a su padre el 7 de mayo de 1783: «he mirado más de cien libretos, y no he encontrado ni uno con el que sintiera satisfecho; es decir, habría que hacer tantos cambios aquí y allá, que incluso si un poeta se pusiera, le sería más fácil escribir un texto completamente nuevo (lo que siempre sería mejor en todo caso)».[11]

Pero probablemente lo que más tenía presente el compositor era de carácter más pragmático, dado que antes de empezar a componer ya conocía las características de la nueva compañía del Burgtheater, que incluía el bajo italiano Francesco Benucci (el futuro Figaro) y a la soprano inglesa Ann (Nancy) Storace (la futura Susanna). Los cantantes dictaban y limitaban a la vez lo que Mozart podía y no podía hacer. Los necesitaba de su parte, aunque sólo fuera para garantizar el éxito. Un buen ejemplo de esto es la joven Anna Gottlieb. Llevaba actuando en el Burgtheater en pequeños papeles desde que tenía cinco años, y la Barbarina de Le nozze di Figaro (Gottlieb sólo tenía doce años) era claramente uno más de ellos: sólo tiene una pequeña cavatina al principio del cuarto acto. Un segundo ejemplo: si Susanna es algo más que una simple esclava (como la Zerlina de Don Giovanni o la Despina de Così fan tutte) se debe sin duda al talento vocal y teatral de Storace.[11]

Para poner trabas a la ópera, los opositores de Mozart hicieron todo lo que pudieron y consiguieron que se retrasara el estreno gracias a la intervención del conde de Orsini-Rosenberg, director de ópera de la corte, cuando se supo que en la ópera se había previsto un ballet (el fandango del final del tercer acto), contraviniendo la prohibición imperial de incluir ballets en las óperas. Tuvieron que recurrir a la benevolencia del emperador, al que invitaron a los ensayos y sometiendo la escena a su consideración, con los principales personajes mudos, que gesticulaban de forma grotesca, imitando torpes pasos de baile. El emperador quiso ver la escena completa de la danza y al final exclamó: «Ah! así está bien».[20]

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