La mujer en la Antigua Grecia

Campaspe, de aparente gran belleza, concubina de Alejandro Magno, una de las modelos favoritas del artista Apeles (Museo del Louvre)

En la Antigua Grecia existían distintas estructuras sociales, con formas de gobierno y distintas leyes, según cada ciudad-estado (polis). En Esparta, la mujer gozaba de igualdad ante el hombre, tanto en la formación en la educación, atlética y artística, como también una igualdad jurídica, incluso tenía un especial privilegio sobre sobre las propiedades, bajo un sistema de gobierno de reyes y reinas, conocido como diarquía.

― ¿Por qué son ustedes, las mujeres espartanas, las únicas que mandan sobre los hombres?
― Porqué somos las únicas mujeres que son madres de hombres.
Gorgo, reina de Esparta y esposa de Leónidas I.[n 1]

En las epopeyas homéricas, algunas polis se describen como una sociedad patriarcal. Durante el desarrollo de la ciudad a lo largo del siglo VIII a. C., se establecieron dos grandes grupos sociales basados en criterios de exclusión: el «círculo de ciudadanos», que excluía a los extranjeros (metecos) y a los esclavos y el «club de hombres», que excluía a las mujeres, que a su vez tenían su club por separado. En lo que respecta a la vida social, entre las mujeres tenían activa participación el sector de las heteras, cortesanas de reputación en la hélade, de distintas funciones según las diversas fuentes clásicas, y que gozaban de privilegios para los asuntos de la política, con derecho a la educación y la paga de impuestos como cualquier ciudadano. Por demas, las mujeres en la Antigua Grecia, tenían innumerables oficios: sacerdotisas de templos (pitias), poetisas, actrices de teatro, coristas, modelos de escultores, ciencias como la retórica, logografía (el caso de Aspasia). Sobresale también en el rubro artístico la poetisa Safo.

Aristóteles (Política, III, 1) definió la ciudadanía como la posibilidad de participar en el poder político; la mujer constituía, así, el sector social más alejado de la posibilidad de participar en él, por cuanto que, a diferencia de los metecos y los esclavos, no podía convertirse nunca en ciudadana.

Hubo que esperar a la época helenística para ver a grandes figuras femeninas emerger en el mundo griego, ya en decadencia después de la muerte de Alejandro Magno, tal es el caso de reinas como Berenice, Arsínoe o Cleopatra.

La epopeya homérica

La principal fuente de información de las mujeres en esta época es homérica: la Ilíada y sobre todo la Odisea, obras en las que se describen combates y banquetes reales, contienen numerosos momentos de la vida cotidiana, donde las mujeres están en la parte delantera de la escena. El carácter histórico de estas descripciones está evidentemente sujeto a debate: sin embargo, parece probable que el o los poetas autores de estas dos epopeyas hayan sacado su inspiración, en estos pasajes, de la vida cotidiana de su época, en el siglo VIII a. C.

En las epopeyas, la mujer tiene un triple papel: esposa, reina y ama de casa. Esposa en primer lugar o futura esposa, lo que permite comprender la complejidad de las prácticas matrimoniales griegas. Se encuentra en primer lugar el clásico sistema de la reciprocidad, ilustrado por la excepción a la regla de Agamenón urgiendo a Aquiles a reemprender el combate. Le ofrece una de sus tres hijas precisando: «que sin darme regalo se lleve a la que quiera como esposa a la casa de Peleo, y además le daré una dote».[2]​ Se trata allí de una práctica excepcional: normalmente, el esposo debe dar a su suegro presente, las ἕδνα, hêdna. La mujer va a instalarse entonces en la casa de su esposo, en la Ilíada, en la morada del padre de Aquiles. La unión es monógama en el mundo de los héroes griegos como los troyanos. Sin embargo, las prácticas matrimoniales permanecen aún poco formalizadas: Helena, esposa legítima de Menelao, es tratada también como la esposa legítima de Paris. Príamo deroga la regla de la monogamia; además, su palacio acoge a sus hijos y sus esposas pero también a sus hijas y sus maridos.

Las esposas de los reyes homéricos son también reinas. Así, en el canto VI de la Ilíada, Hécuba puede convocar a las mujeres de Troya para una ceremonia religiosa. En el canto IV de la Odisea, Telémaco visita Esparta y es acogido en la sala del banquete por Helena que está ante los compañeros de su marido. Incluso, Arete, esposa de Alcínoo, está en la sala del palacio, junto a su esposo.

Por lo demás, ellas son amas de casa, rigiendo el griego οἶκος, oikos, es decir, la casa, el dominio. Su símbolo es la rueca: Penélope teje su célebre tela, a ejemplo de Helena. Quien representa la guerra de Troya — o incluso Andrómaca, a la que Héctor devuelve a su oficio en el momento en el que parte al combate.[3]​ Él vuelve a acoger a los huéspedes, como lo hace Arete por Odiseo o Policasta, hija de Néstor, por Telémaco. Por fin, deben administrar los recursos del dominio. Cuando Ulises parte para Troya, es a Penélope a quien confía las llaves del tesoro.

Alrededor de la esposa legítima gravitan las sirvientes y las concubinas. Las primeras están a disposición del ama de casa. Así, al final de la Odisea, Odiseo mata igualmente a las sirvientes que se habían acostado con los pretendientes. Ellas ayudan a las esposas en sus trabajos domésticos y son supervisadas por una intendente, personaje central del oikos griego. La nodriza ocupa igualmente un lugar importante, atestiguado por el papel jugado por Euriclea, nodriza de Ulises, después de Telémaco, adquirida por cien bueyes por Laertes, a la que honra «al igual que su esposa».[4]​ Las concubinas son cautivas de guerra, el lote del vencedor, que sirven de dádivas entre reyes, tales como Briseida y Criseida. Cuando Troya es tomada, la mujer y las hijas de Príamo son trofeos para los vencedores aqueos. Las mujeres, cualquiera que sea su estatus, permanecen ante todo sometidas a los hombres, sean los maridos o, como en el caso de Penélope, su hijo Telémaco.