La era de la boludez

La Era de la Boludez
Álbum de estudio de Divididos
Publicación 1993
Grabación Grabado durante los meses junio y julio de 1993 en los estudios Can Am y Devonshire ( Estados Unidos)
Género(s) Hard rock, rock alternativo, funk metal, folclore, rock experimental
Duración 51:28
Discográfica PolyGram
Productor(es) Gustavo Santaolalla, Anibal Kerpel
Calificaciones profesionales
100 Mejores álbumes del rock argentino (Rolling Stone)
#07
Cronología de Divididos
Acariciando lo áspero
(1991)
La Era de la Boludez
(1993)
Otroletravaladna
(1995)
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La era de la boludez es el tercer álbum de estudio editado por la banda de rock argentina Divididos, lanzado en el año 1993 por la discográfica PolyGram.[1] Para esta ocasión, la banda esta formada por el guitarrista y cantante Ricardo Mollo, el bajista Diego Arnedo y el baterista Federico Gil Solá. Con canciones como " Qué ves?" y la versión de "El arriero", de Atahualpa Yupanqui, que se han transformado en clásicos del rock nacional en Argentina.

Gracias a este álbum, Divididos lograría, además de forjar su sonido compacto y genuino, alcanzar el reconocimiento generalizado de parte del mundo del rock en Argentina. A demás del éxito conseguido, el disco también aporta una mirada cruda en el pasar de un país, que por aquel entonces llevaba casi una década de democracia y casi un lustro bajo la frivolidad de la era menemista. Mezclado en Estados Unidos y con Gustavo Santaolalla como director artístico y productor “la aplanadora del rock” alcanzaría su punto máximo en su tercer material. Está considerado el séptimo mejor álbum en la lista de los 100 mejores álbumes del rock nacional argentino de la revista Rolling Stone.[2]

Grabación y lanzamiento

En La era de la boludez, la banda asoman el folclore distorsionado, Atahualpa y los Beatles, el funk, el reggae, Latinoamérica, Galeano, los indios, humor y verdades. En el tercero en cuestión existen momentos fuertes como “Salir a comprar”, “Rasputín” y “Paisano de Hurlingham”, necesarios para complementar al repertorio con una mirada cruda en el pasar de un país, que por aquel entonces llevaba casi una década de democracia y casi un lustro bajo la presidencia de Carlos Saúl Menem. “Salir a comprar” muestra la frivolidad menemista sin rodeos bajo un funk criollo imparable y virtuoso que da pie al hit del disco.

Desde el comienzo el sonido demoledor del trío comienza a tomar la escena con “Salir a asustar”, “Salir a comprar” y una recordada versión rockera de “El arriero” de Atahualpa Yupanqui. Sobre esta última Ricardo Mollo declaró en una entrevista: “Estábamos haciendo un blues como si fuera Led Zeppelin haciendo un blues y en un momento había que ponerle una letra y se me ocurrió cantar “El arriero”, broto la letra de Yupanqui y ahí quedo”.

Qué ves?” canción de notable tratamiento: especie de reggae duro en cuanto a la guitarra, mientras la base foguea hacia el folclore. Tornándose andina (por momentos) aportando hipnotismo gracias a la utilización del sonido del charango, que se suma para la segunda estrofa y que únicamente cesa en la coda del tema: la que se reparte entre el malambo y el vuelo guitarrístico de Ricardo Mollo. El trabajo de las voces es sutil y preciso: justo cuando callan la batería y el bajo luego de la coda. “Qué ves?” sonó tanto en las radios por aquellos años que el grupo llegó a cansarse de su propio tema y no lo tocaron en vivo por muchos años.

Poco antes de la mitad del disco dispersan con el instrumental “Pestaña de camello”, con el sonar del sitar transformándose en la intro de “Rasputin/ Hey Jude”: un rock de alto volumen. El rock violento tiene algo mas de lugar gracias a “Rasputín/Hey Jude” (enganchando en el final del tema el clásico de The Beatles) y “Paisano de Hurlingham”, otro obligado a la hora de resaltar las virtudes de este trabajo.

El contrabajo y el slide guitar son protagonistas en “Dame un limón” junto a la trompeta con sordina, el trombón y el humor agrio de la resaca, que se mezclan junto a los tubos a cargo del gurú Santaolalla. “Cristófolo Cacarnu” e “Indio dejá el mezcal” marcan puntualmente el contacto con el reggae y la psicodelia. Una esencia de raíz abarca el sonido del álbum, demostrado sin vueltas (pero eléctricamente) en la genial y ácida “Ortega y gases” y en la chacarera “Huelga de amores”, inspirada en lecturas a Eduardo Galeano. La experimental y humorística “Tajo C” pasa revista y presenta el final: “Pestaña de camello (reprise)" donde resuenan variaciones de algunos momentos del disco y llaman a la imaginación, siendo este el tema mas experimental del disco con el sonido del sitar en primer plano.

El trabajo de producción estuvo a cargo de Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel que como productores asociados lograron un contundente todo de canciones. El toque de Federico Gil Solá le proporcionó un condimento distinto, que coincide con la explosión de la banda que llenó trece veces el estadio Obras en 1993.

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