La construcción social de la realidad

La construcción social de la realidad es una de las obras teóricas más importantes e influyentes de la sociología contemporánea. Escrita por los sociólogos Peter L. Berger -nacido en Austria- y Thomas Luckmann -alemán-, se publicó por primera vez en 1966. En ella, ambos autores proponían una fundamentación teórica para una sociología del conocimiento, inspirándose en buena medida en la fenomenología de Alfred Schütz.

Como ellos mismos señalan en la introducción de la obra, las tesis fundamentales de la misma son: que la realidad se construye socialmente y que la sociología del conocimiento debe analizar los procesos por los cuales esto se produce.[1] La realidad es entendida como una serie de fenómenos “externos” a los sujetos (no pueden controlar su existencia en el mundo) y el conocimiento es la información respecto de las características de esos fenómenos. Realidad y conocimiento se encuentran íntimamente relacionados a partir del proceso en que un cuerpo de conocimiento sobre un fenómeno determinado queda establecido socialmente como realidad. La obra introdujo así en ciencias sociales la noción -tan utilizada desde entonces- de "construcción social" (o constructo social), que, con el desarrollo del llamado construccionismo social, se fue poco a poco aplicando a multitud de ámbitos de la vida social.

La noción original era bastante estructural, y contemplaba la existencia de procesos de institucionalización en la sociedad, en un nivel primario, que permitían la emergencia de ámbitos de interacción social autónomos, que a los participantes en los mismos se les aparecían como una "naturaleza segunda". Destaca la importancia dada por los autores a la interacción social y al lenguaje en la construcción de la realidad.

En la sociología y en la antropología contemporáneas, sobre todo entre los autores próximos al paradigma posmoderno, la noción ha sido utilizada dentro del denominado giro lingüístico, y se ha radicalizado la autonomización de esa "naturaleza segunda" respecto a otros procesos de institucionalización. Con frecuencia se les ha criticado por caer en una visión excesivamente idealista en la que significados y representaciones tendrían un valor predominante frente a una realidad objetiva relegada a mero producto de los primeros. Sin embargo, su influencia e impronta en la sociología de finales del XX y principios del XXI no deja lugar a dudas.

Internalización

Como hemos visto, la realidad de la vida cotidiana se mantiene porque se concreta en rutinas, lo que constituye la esencia de la institucionalización. Más allá de esto, no obstante, la realidad de la vida cotidiana se reafirma continuamente en la interacción del individuo con los otros. Así como la realidad se internaliza originariamente por un proceso social, así también se mantiene en la conciencia por procesos sociales. Estos últimos no difieren drásticamente de los de la internalización anterior, y reflejan el hecho fundamental de que la realidad subjetiva debe guardar relación con una realidad objetiva socialmente definida.

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