La cena secreta

La cena secreta
de  Javier Sierra Ver y modificar los datos en Wikidata
Género novela histórica/ misterio
Tema(s) religión
arte
Idioma Español
Editorial Plaza y Janes
País España
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La cena secreta es una novela de Javier Sierra publicada en el año 2004.

La trama se desarrolla durante la creación de la obra La Última Cena, encargo de Ludovico el Moro al artista Leonardo da Vinci como parte de la ampliación y decoración del refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie, en Milán, Italia entre 1495 y 1497.

El autor realiza hipótesis sobre cuáles pudieron ser las verdaderas fuentes de Leonardo para pintar una de las obras sacras más conocida de la cristiandad y sobre la posible relación de Leonardo con los cátaros.

Ha sido editada en 40 países, convirtiéndose en un éxito internacional de la literatura española.

Argumento

Fray Agustín Leyre, inquisidor dominico experto en la interpretación de mensajes cifrados, es enviado a toda prisa a Milán para supervisar los trazos finales que el maestro Leonardo da Vinci está dando a La Última Cena, debido a una serie de cartas anónimas recibidas en la corte papal de Alejandro VI, en las que se denuncia que Da Vinci no sólo ha pintado a los Doce sin su preceptivo halo de santidad, sino que el propio artista se ha retratado en la sagrada escena, dando la espalda a Jesucristo.

En la novela se expone que La Última Cena de Leonardo da Vinci contiene una serie de anomalías para el punto de vista de los católicos ortodoxos de la época: no muestra el Santo Grial, ni a Cristo instaurando el Sacramento de la Eucaristía, sino que hace un gesto con las manos parecido a una imposición, idéntico al único sacramento que ejercitaban los cátaros durante sus ceremonias, el Consolamentum. También expone la posibilidad de que los discípulos fueran retratos de importantes heterodoxos de su época. Tampoco la actitud de los Doce en esa composición refleja lo que narran los Evangelios: Juan, el joven discípulo que está sentado junto al maestro, no apoya su cabeza en su pecho, como dice el Nuevo Testamento; más bien, al contrario, parece alejarse de él.

El autor se basa en datos como que la región italiana de la Lombardía, y específicamente el pueblo de Concorezzo, acogió entre los siglos XIII y XV a los últimos supervivientes cátaros después de la caída de sus correligionarios en Montsegur en 1244.

Relaciones socio-históricas reflejadas en la obra

En base a los documentos cátaros que han llegado a nuestros días (La Cena Secreta del Reino de los Cielos, El Libro de los Dos Principios y el Ritual Occitano) y al libro histórico Nosotros, los cátaros de Miquel Roquebert se pueden observar en la obra de Javier Sierra características pertenecientes a esta religión exterminada.

En dichas relaciones socio-históricas hay dos tipos fundamentales. En primer lugar, es principal hablar de las relaciones entre la nobleza y el catarismo. Su pervivencia no habría podido darse sin ella: entre los valores y los votos que debían asumir los ordenados, hay dos de vital importancia en este asunto.

Por simple fidelidad a los apóstoles, los cátaros valoraban la actividad manual y una de las obligaciones era vivir de lo que producían (esta práctica se justifica con 1Tes. 4, 10-11: “Os exhortamos hermanos [...] a trabajar con vuestras manos, tal como os lo recomendamos”; o en 2Tes. 3, 10: “si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma”). Esto parece algo sin importancia debido a que el trabajo en la Edad Media estaba destinado a los “laboratores”, el nivel bajo de la jerarquía. Sin embargo, el papel de la nobleza rural es muy interesante porque proporcionaba una parte notable de los artesanos cátaros: a pesar de que el trabajo fuera similar a un castigo, los nobles se ordenaban en la Iglesia cátara y cumplían con este dogma. Además, se veían obligados a depositar las armas, pues en el catarismo se profesaba la no violencia.

Fueron muchos los que se negaron a dirigir la represión contra los cátaros: la nobleza local, de lo ahora conocido, como Languedoc se opuso. En el siglo XII, Inocencio III decide aborda la cuestión y decreta que todos los señores que toleren las prácticas heréticas en sus tierras sean considerados cómplices de herejía. Nada obtiene resultado. Escribe, incluso, al rey Felipe Augusto de la Francia del norte: este se niega a enviar un ejército al país cátaro. Es, después, cuando la ciudad de Béziers se niega a abrir sus puertas, se lanzan al asalto y se produce la masacre de sus habitantes. Su vizconde es capturado y asesinado.

Así pues, tenemos un reflejo menos bélico en La cena secreta: Leonardo está bajo la protección de la nobleza Milanesa, esto es, la Casa Sforza y concretamente, Ludovico Sforza, llamado el Moro.

Otra de las relaciones fundamentales que supusieron la duración de la Iglesia cátara fue las luchas de poder entre la nobleza / monarquía y la Iglesia. De hecho, en lo contado anteriormente sobre los mandatos papales, se ha conocido que el rey Felipe Augusto se negó a mandar un ejército porque era “poco proclive” a que la Iglesia penetrara en los asuntos de su reino. También hemos hablado de la negación de la nobleza y el poder locales a participar y ayudar en la persecución y asesinato de los cátaros por deseo de la Iglesia. Este tipo de relaciones también pueden observarse en la obra de Javier Sierra. La diferencia más reseñable es que no se trata de un choque directo entre el Papa y la Casa Sforza, sino que los representantes del ideal eclesiástico-romano son los mismos frailes, en concreto, el fraile Benedetto, quien continuamente expresa su odio en contra de Leonardo, en contra de El moro, y así mismo, de la casa Sforza.

El personaje de Leonardo

Javier Sierra nos presenta al artista italiano, Leonardo da Vinci, de un modo interesante, sobre todo, por las características que se le atribuyen. Recoge todos los valores del catarismo: sus prácticas y sus dogmas. Entre estas tenemos la no ingesta de carne proveniente del coito:

“-[...] ¿No sabéis que rehúsa comer carne y practica el celibato?”

“- [...] Leonardo es una persona solitaria. Rehúye la idea de emparejarse como si fuera la peste. Apuesto a que es célibe como los parfaits del catarismo...”

Esta idea tiene que ver con la creación del mundo por parte de Satán, tras su caída del cielo. El Evangelio de San Juan o, también llamado, La cena secreta del reino de los cielos es el evangelio cátaro en el que estas ideas se recogen. Cuando San Juan pregunta a Jesús sobre la caída de Satán del Reino de los Cielos y la creación de la materia, en el versículo 6, se cuenta:

“Y el Señor me dijo: Escucha Juan muy amado, son los hombres llenos de locura quienes pretenden que por prevaricación, mi Padre ha formado esos cuerpos de barro: en realidad, solo ha creado, por el Santo Espíritu, todas las virtudes del cielo”.

También el celibato es fundamental en un ordenado cátaro. Entienden que todo acto carnal supone un pecado pues se trata de un hecho sugestionado por el diablo (en el versículo 9 de La cena secreta del Reino de los Cielos: “Y el señor me dijo: [...] hay quienes se han hecho eunucos ellos mismos, renunciando al acto de la carne, por el reino de los cielos”). Así, el perfecto se debe a Dios, según se recoge en los documentos del ritual cátaro:

“Debéis comprender también que es preciso amar a Dios con verdad, dulzura, humildad, misericordia y castidad, y con todas las buenas virtudes ya que está escrito: “La castidad acerca al hombre a Dios pero la corrupción le aleja”. Y además: “Castidad y virginidad son muy próximas al estado angélico”

Por ello, Leonardo increpa a su discípulo al conocer que ha yacido con una mujer:

“ - ¿Lo sentís? ¿No os dais cuenta de lo que habéis hecho? [...] ¡Os habéis acostado con una Magdalena! ¡Vos! ¡Un fiel a la causa de Juan!”