La buenaventura

La buenaventura (segunda versión)
(Buona ventura)
La Diseuse de bonne aventure, Caravaggio (Louvre INV 55) 02.jpg
Autor Caravaggio, h. 1595
Técnica Óleo sobre lienzo
Estilo Barroco
Tamaño 93 cm × 131 cm
Localización Museo del Louvre, París, Flag of France.svg  Francia
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La buenaventura (en italiano, Buona ventura) es un cuadro del pintor italiano Caravaggio. Está realizado al óleo sobre lienzo. Existen dos versiones, la primera de 1594 (actualmente en los Museos Capitolinos en Roma, y la segunda de 1595, que se conserva actualmente en el Museo del Louvre de París, con el título de La diseuse de bonne aventure. La datación de ambas obras es objeto de debate.

La buenaventura es una de las dos piezas de género realizadas por Caravaggio en el año 1594, siendo la otra Partida de cartas. Se cree que La buenaventura es la primera de las dos, y que data del período durante el cual el artista había dejado recientemente el taller de Giuseppe Cesari para trabajar con independencia vendiendo sus cuadros a través del marchante Costantino. Con ella introduce Caravaggio la temática de género que hasta entonces sólo se cultivaba por los flamencos: escenas de la vida cotidiana que pretenden aleccionar al observador.[1]

Descripción

El cuadro muestra a un joven vestido como un petimetre (en la segunda versión se cree que el modelo era el compañero de Caravaggio, el pintor siciliano Mario Minniti), al que una chica gitana lee la palma de la mano. El chico parece encantado al mirarle a la cara; no se da cuenta de que ella está quitándole poco a poco el anillo al tiempo que acaricia su montículo de Venus;[2]

Esta escena requiere una lectura a varios niveles: contiene en efecto connotaciones moralizadoras, por lo que se refiere a las falsas profecías y la seducción interesada. Se trata pues de una clase de escena de género alegórica sobre el fraude, y la ingenuidad, próxima a la literatura y el teatro contemporáneos.

El biógrafo de Caravaggio, Giovan Petro Bellori, sostiene que el artista escogió a la chica gitana entre los viandantes de la calle para demostrar que no necesitaba copiar las obras de los maestros de la antigüedad: «Cuando se le mostraban las más famosas estatuas de Fidias o Glykon para que pudiera usarlas como modelo, su única respuesta era señalar a una grupo de personas diciendo que la naturaleza le había dado abundancia de maestros.» Este pasaje se usa a menudo para demostrar que los artistas manieristas educados en los clásicos, de la época de Caravaggio, desaprobaban su insistencia en pintar del natural en lugar de copias y dibujos hechos por los antiguos maestros, pero Bellori finaliza diciendo: «...y en estas dos medias figuras [Caravaggio] tradujo la realidad de manera tan pura que confirmaba lo que él decía.» Un madrigal de Gaspare Murtola de 1603 se hacía eco de esta leyenda:

Llamó a una gitana que casualmente pasaba por la calle y, llevándola al mesón, la retrató en actitud de decir la buena ventura, como suelen hacer estas mujeres de raza egipcia. Pintó también a un joven que pone una mano con el guante sobre la espada y tiende la otra mano, descubierta, a la mujer que la retiene y la mira.[2]

La historia es posiblemente apócrifa - Bellori escribió más de medio siglo después de la muerte de Caravaggio, y no aparece en Manzini ni en Giovanni Baglione, las dos fuentes contemporáneas que lo conocieron – pero indica la esencia del revolucionario impacto de Caravaggio sobre sus contemporáneos – comenzando con La buenaventura – que iba a reemplazar la teoría renacentista del arte como una ficción didáctica con arte como representación de la vida real.

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