La Opinión (Buenos Aires)

La Opinión fue un periódico argentino fundado por el periodista Jacobo Timerman en 1971, quien también había creado la revista Primera Plana. Su primera edición fue el 4 de mayo de 1971, su formato tabloide se inspiró en Le Monde francés.

Historia

La Opinión surgió como un diario opositor.[1] «El diario para la inmensa minoría», como proclamaba la campaña publicitaria (eslógan creado por Pedro Orgambide, conocido escritor y publicitario, viejo amigo de Timerman), comenzó a publicarse el 4 de mayo de 1971. La preparación periodística corrió a cargo de Jacobo Timerman (director), Julio Algañaraz, (subdirector), Horacio Verbitsky y Juan Carlos Algañaraz (secretarios de redacción). Sin ocultar jamás la inspiración en el célebre diario francés Le Monde, Timerman fijó las pautas editoriales: «a la derecha en economía, centristas en política, y a la izquierda en cultura».

Diario que, como el francés en que se inspiraba, prescindía en absoluto de la fotografía, tuvo como únicas ilustraciones, y en distintas épocas, los dibujos de Hermenegildo Sábat, Daniel Melgarejo, Dante Bertini y Patricio Bisso. Como excepción a esta regla, luego del alejamiento de Hermenegildo Sábat, el suplemento cultural fue ilustrado en 1972 con fotografías de Miguel Ángel Otero.

Perón llegó a recomendarle a Rolando Lagomarsino, su ex ministro de Industria, que leyera La Opinión, el diario más leído y mejor informado, según el general, en ese momento, en Buenos Aires.[1]

En junio de 1972, estallaron dos bombas: una en la redacción y la otra en la puerta de la casa de Timerman.[2]

Se mantuvo en funcionamiento 6 años, ya que en 1977 fue clausurado y expropiado durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que encabezaron jefes militares tras quebrar el orden legal y constitucional del país.

En ese mismo 1977, Timerman, director del diario, fue secuestrado por un grupo paramilitar dependiente del coronel Ramón Camps y estuvo preso dos años y medio. Tras el secuestro de Timerman y posterior expropiación, la dictadura publicó el diario hasta 1981, con el mismo nombre pero una línea editorial totalmente distinta.

Su altísimo nivel de periodistas experimentados y de opinión en las noticias, convirtió al diario en un éxito de ventas.[4]

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