La Inquisición en la ficción y el arte

Pintura y grabado

Iconografía de la Inquisición

Auto de fe celebrado en la Plaza Mayor en 1680 en presencia de Carlos II. Óleo de Francisco Rizi conservado en el Museo del Prado.

Las primeras representaciones de la actividad inquisitorial ilustran pasajes de la vida de santo Domingo de Guzmán, como el Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán de Berruguete, procedente del convento de Santo Tomás de Ávila,fundación de fray Tomás de Torquemada; en el siglo XVII, cuando los autos públicos de fe se hicieron raros y era mucho el tiempo que pasaba entre uno y otro, el propio Consejo de la Suprema encargó ilustraciones de ellos, que dejasen constancia y fiel testimonio del acontecimiento, como sucedió con el celebrado en la Plaza Mayor de Madrid en 1680, cuya pintura se encargó a Francisco Rizi. La iconografía creada por pintores propicios a la Inquisición y por la Inquisición misma fue adoptada a partir de finales siglo XVII por los enemigos de la institución,[ cita requerida] iconografía que fue ampliada con algunas otras imágenes que la inquisición no hubiera permitido o que hubiera permitido sólo de forma excepcional. Peters habla de la Inquisición como icono de la injusticia en este sentido.

Uno de los primeros en añadir grabados del tipo icono de la injusticia en sus libros fue Charles Dellon, en su L’inquisition de Goa. La relation de Charles Dellon. Los grabados, que en este caso representan a la Inquisición portuguesa, fueron muy populares y se emplearon para ilustrar otros libros hasta el siglo XVIII, como fue el caso del Historia Inquisitionis (1969) de Limborch y su traducción al inglés (1731) de Chandler.

Plancha n° 10 de Picard en Mémoires Historiques (1716) de Louis-Ellies Dupin.

Louis-Ellies Dupin en su Mémoires Historiques (1716) ilustrará su obra con planchas similares a las de Dellon, que se verán ampliados por una plancha (la n° 10), realizada por Bernard Picard, de una cámara de tortura de la Inquisición. Sin embargo, la imagen de Picard no surge de las fuentes mencionadas anteriormente, sino que surge de una tradición europea independiente que desde el siglo XV en adelante representa escenas de la pena capital en libros, tradición que en la historiografía moderna ha venido denominándose Theater des Schreckens (teatro del horror). La particularidad está en que Picard tomó imágenes de esa tradición y le añadió algunos elementos que la convertirían en parte de la iconografía de la Inquisición: un inquisidor sentado, un cura y un escriba. La imagen u otras copiadas de ella, aunque incorrecta, al colocar a varios reos que son torturados a la vez para ahorrar espacio en el papel, es quizás una de los más famosos y que más han sido reproducidas.[1]

A partir de 1810 la representación de la Inquisición cambió, al igual que en la literatura, hacia una más erótica y pasional. De nuevo, la obra que más ilustraciones tenía y que más circuló fue la de Féréal Les mystères de l'Inquisition et autres societés secrets d'Espagne[4] (1841) de Genaro del Valle, que incluye grabados con todos los temas tratados anteriormente. Una de las características de estas gráficas es la imagen de la mujer inocente en peligro o en tormento, característica de la novela sobre el inquisidor libidinoso, aprovechando incluso para mostrar desnudez.

Goya

Edward Peters, en su libro Inquisition (1989), persigue la transformación de la Leyenda Negra de la Inquisición dentro del arte, desde el siglo XIX hasta el siglo XX. Esta Leyenda Negra ya no es exclusivamente española, aunque se basa claramente en el modelo español de la Inquisición. Para Peters, la Leyenda Negra será universalizada en el siglo XIX por dos grandes artistas: Goya y Dostoyevski.

El único gran pintor que empleó el tema de la Inquisición en su obra fue Francisco de Goya. Desde mediados de la década de 1780, Goya comienza a moverse en los círculos de la corte en Madrid y conoce y retrata a la elite intelectual ilustrada, como el mismo Jovellanos, Ceán Bermúdez o Juan Antonio Llorente y más tarde, Moratín. Entre 1792 y 1793 Goya enferma y se vuelve sordo, lo que dará un giro a su obra, que se vuelve más oscura y salvaje. La Inquisición pasará a formar parte de la sátira que hace de la sociedad española, cuya primera manifestación está en los Caprichos.

Por descubrir el mobimiento de la tierra de Goya (1746 - 1828).

Hay dos planchas dedicadas a la Inquisición en los Caprichos, la 23 y la 24, con personajes vestidos con sambenito y títulos ambiguos: Aquellos polbos y No hubo remedio. Sin embargo, estos grabados no están dirigidos tanto contra la Inquisición como contra determinadas supersticiones y creencias populares, y no tanto del siglo XVIII como del siglo XVII. Otros grabados de la serie se dirigen contra las creencias en brujas, demonios, etc. La posición está resumida por el más conocido de todos los grabados: El sueño de la razón produce monstruos.

A partir de finales de la década de 1790, Goya decide, siguiendo el ejemplo de la ilustración francesa, que es importante revelar y exponer falsas creencias y supersticiones, ya que sólo así será posible eliminarlas. Entre 1799 y 1814 se centra pictóricamente en la Guerra de la Independencia, pero retomará el tema al finalizar ésta. Hacia 1815 Goya mismo fue llamado por la Inquisición para declarar sobre algunos desnudos que había pintado. Más tarde podría observar el comportamiento de la Inquisición durante la Restauración absolutista y, durante el Trienio liberal, se volcará con más furia contra la Iglesia y en particular contra la Inquisición. Será en las paredes de la Quinta del Sordo, su residencia a las afueras de Madrid, sobre las que pintará El santo oficio, como parte de sus Pinturas negras. En algún momento entre 1812 y 1819 también pintará Auto de fe de la Inquisición.

Sin embargo será en sus apuntes, en el llamado Álbum C, realizados entre 1803 y 1824, en los que expresará con más libertad y furia su resentimiento hacia la Inquisición. Muchas de las imágenes están comentadas o tituladas explicando la causa de lo que ocurre: Por haber nacido en otra parte, Por linaje de ebreos, Por mober la lengua en otro modo, Por casarse con quien quiso, etc. señalando la frivolidad con que la Inquisición perseguía a sus víctimas. Algunos de los personajes que aparecen están nombrados: Torrigiano envuelto en una manta en su prisión, o Diego Martín Zapata, encadenado en un calabozo. Uno de los apuntes más sobrecogedores es el de Galileo, Por descubrir el mobimiento de la tierra, encadenado a un enorme asiento de piedra, inmóvil, denunciando que fue perseguido y enjuiciado Galileo porque se atrevió a discutir el modelo geocéntrico del Universo y difundir los trabajos de Copérnico.

Hacia 1820, la visión de Goya con respecto a la Inquisición ya había cambiado. De ser una institución anticuada, que se asienta sobre supersticiones y un pueblo ignorante, una institución específicamente española, pasa a convertirse en un símbolo de la injusticia universal, que opera por igual en todas partes, con el mismo propósito y sus víctimas ya no sólo son locos o ignorantes -como se ve en sus Caprichos-, sino también los inocentes, los sabios y los héroes.

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