La Cavada

La Cavada
Localidad
Panorámica de La Cavada.
País Flag of Spain.svg  España
•  Com. autónoma Flag of Cantabria (Official).svg  Cantabria
•  Provincia Flag of Cantabria (Official).svg  Cantabria
•  Municipio Riotuerto
Ubicación 43°21′09″N 3°42′26″O / 43.3525, 43°21′09″N 3°42′26″O / -3.7072222222222
•  Altitud 70 msnm
•  Distancia 24 km a Santander
Población 1033 hab. ( INE 2008)
•  Densidad n/d hab./km²
Código postal 39720
Alcalde Alfredo Madrazo
Patrón San Juan Bautista
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La Cavada es la capital del municipio de Riotuerto ( Cantabria, España). Su altitud es de 88 metros y presenta un clima oceánico, con temperaturas suaves todo el año e inviernos lluviosos.

En el año 2008, la localidad contaba con una población de 1033 habitantes ( INE). Predomina la actividad agropecuaria dedicada a la cría de ganado, así como empresas diversas de tamaño pequeño.

Existe una industria láctea y otra textil que emplean a unos 20 trabajadores cada una. El turismo es todavía un sector incipiente pero de gran potencial debido al atractivo paisajístico de la zona.

Historia

El desarrollo del núcleo de La Cavada y del municipio de Riotuerto vino dado a raíz de la creación, en 1622, de las fábrica de artillería de La Cavada, que suministraron armamento a las colonias y la armada del reino de España. En sus instalaciones de La Cavada llegaron a funcionar cuatro altos hornos que producirían armamento y munición de gran calidad. No obstante el largo declive de las instalaciones comenzó a finales del siglo XVIII y es en 1835 cuando las instalaciones, ya sin niguna actividad, cierran. Un año antes, en 1834, se aprueba la construcción del camino real entre Ramales y San Vicente de la Barquera. El tramo Ramales-La Cavada se adjudica a Antonio Gutiérrez Solana y se completa ya en 1840[1]

El río Miera a su paso por la población de La Cavada. En agosto de 1834 el río Miera sufrió una importante crecida. Sus aguas llegaron a superar el puente del Real Sitio.
Una diligencia cruzando el antiguo puente de La Cavada sobre el río Miera, a finales del siglo XIX.

A La Cavada llegaron técnicos de Flandes para trabajar en las instalaciones traídos por sus amplios conocimientos de las técnicas de fundición. Cabe mencionar los numerosos pleitos con los vecinos del lugar por su carácter autárquico, debido a la oposición de conceder grados de hidalguía a los extranjeros. Estos flamencos (la mayoría con cargos importantes en la fundición) fueron objeto de reticencias, desvíos y malos tratos por parte de las gentes del lugar, tratándolos, aún incluso sus bisnietos, como extranjeros y formando una especie de linaje por casi endogamia forzosa. Se les privaba de los oficios concejiles y honores sociales, e incluso disponían de lugar separado para su entierro. Se les concedieron el fuero de artillería pero existieron numerosos pleitos debido a la oposición a darles títulos de hidalguía. Los descendientes se asentaron en La Cavada y las comarcas limítrofes y sus apellidos, en su mayoría flamencos, pasaron a castellanizarse durante el siglo XVIII. En todo el municipio de Riotuerto y limítrofes, aún son comunes apellidos como Arche, Baldor o Valdor, Del Val, Bernó, Guate, Lombó, Marqué, Oslé o Uslé, Otí, Rojí, Roqueñí, Sart, etc.

El desarrollo que supuso para el Riotuerto y municipios vecinos la fábrica de cañones creó importantes oportunidades de trabajo y se dejó notar en el crecimiento de la población de la Junta de Cudeyo (antigua demarcación que componían los actuales municipios de Entrambasaguas, Marina de Cudeyo, Medio Cudeyo, Liérganes, Miera y Riotuerto), pasando de 1636 a 1750 a crecer un cuarenta por ciento, de los 5.700 habitantes a los 8.000. La mayoría de los trabajadores compaginaban las labores de la fábrica con sus tareas agrícolas, todas labores duras. Y aún a pesar del desarrollo que supuso para el pueblo la fábrica de cañones, esta no fue bien vista por muchos. Al contrario. Grande era el rechazo de los vecinos a las instalaciones de La Cavada. Las limitaciones y prohibiciones que impuso la Real Fábrica a sus vecinos hizo que creciese su animadversión a los Altos hornos, influida además por el acceso muy restringido a las instalaciones, los privilegios de algunos de sus operarios y la sensación de secretismo que tenía por poseer importancia militar. Prueba de ello es que tras el abandono de las instalaciones en los años posteriores a 1830, los comarcanos se apresuraron a irse llevando todo lo que pudieron de los edificios y talleres, entre otras ideas, probablemente con la ingenua de impedir la restauración de las instalaciones. En 1881 casi no quedaba rastro ya de la fábrica.

El antiguo sitio de Valdelazón, donde se barrenaba el ánima de los cañones, fue vendido en 1870 por el Ministerio de la Marina a don Juan de la Pedraja. Se componía de diversas construcciones del antiguo complejo de fundiciones de La Cavada. Don Juan invirtió mucho dinero para conseguir en 1847 una fábrica ("La Montañesa Textil") de tejidos e hilado de algodón moreno (vasto pero de buena calidad). La fábrica llegó a tener 450 trabajadores y a ser muy importante en España hasta finales de los 60 del siglo XX.

El complejo se compone de un edificio y junto a ella se alza su monumental chimenea exenta, sobreelevada y construida en ladrillo, que permitía evacuar los humos de las calderas por un conducto subterráneo. Está también su imponente presa en el río Miera capaz de proporcionar energía hidráulica y que antiguamente era utilizada para mover las máquinas que perfeccionaban la artillería. La localización de esta antigua fábrica en un medio rural como Riotuerto responde a un modelo que integra en una misma planta todas las actividades industriales y a la reducción de la mano de obra. La propiedad del complejo fue de la familia del Valle de la Pedraja, mecenas en la implantación en La Cavada de "Escuela de Patronato" ( 1887) de carácter gratuito para todos los niños del municipio. Con el tiempo esta escuela evolucionó hasta el actual Colegio Público de La Cavada. El edificio de la fábrica textil es de estilo fabril manchesteriano caracterizado por muchos y amplios ventanales que permitían el paso de luz, dado que en aquella época el uso de la eléctrica no estaba muy extendido, y disposición de la producción en plantas. Este patrimonio fabril de importancia regional es digno de conservación.

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