Línea internacional de cambio de fecha

Línea internacional de cambio de fecha en negro.

La línea internacional de cambio de fecha es una línea imaginaria superficial terrestre trazada sobre el océano Pacífico y coincidente con el meridiano 180°, aunque, por conveniencia de algunos países cuyo territorio atraviesa, la hora legal o local y la fecha pueden ser la correspondiente al otro hemisferio. Pasar de un lado al otro de la línea implica cambiar de fecha, exactamente un día. En 1612, un historiador francés de nombre Nicolás Bergier vio la necesidad de tener un meridiano donde cambiase la fecha. Como en aquel momento el meridiano de referencia para la navegación era el de las islas Canarias, propuso el que se encontraba a 180° de ese meridano.[1]

El empleo del meridiano 180° como la línea internacional del cambio de fecha fue ideada en 1879 por sir Sandford Fleming, quien la defendió en numerosos congresos, incluyendo el de 1884 en Washington, Estados Unidos, donde se decidió establecer como origen tanto para la longitud geográfica como para los husos horarios, al meridiano de Greenwich.

La elección del meridiano 180° como la línea internacional de cambio de fecha se basa en la característica conveniente de que atraviesa zonas oceánicas prácticamente despobladas.

Argumentación

Esta línea cruza el estrecho de Bering entre los territorios de Alaska y Siberia, aunque el meridiano 180º trascurre al este del paso, por lo cual las áreas a ambos lados tienen diferentes fechas, aunque la mayoría del recorrido se realiza por el océano Pacífico y no dificulta el mantenimiento de ninguna hora local.

Al atravesar la línea en dirección occidental se pierde un día: la fecha se adelanta. Y viceversa, el calendario se retrasa al avanzar en dirección oriental. Esto se produce debido a la acumulación de cambios horarios: al avanzar hacia el este debe adelantarse una hora por cada huso cruzado y, por el contrario, deben atrasarse los relojes cuando se viaja hacia el oeste.

Lógicamente, la acumulación de cambios se traduce en un día por cada vuelta mundial: se adelanta un día al pasar del hemisferio occidental al oriental en el meridiano 180° y se retrasa un día en sentido contrario. En esta idea se basó Julio Verne para escribir su famosa novela La vuelta al mundo en ochenta días.

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