Kevin Mitnick

Fundamentando estos conceptos, relató el 27 de mayo de 2014 en una de sus conferencias -la cual tuvo lugar en la capital argentina de Buenos Aires- el modo a través del cual pudo acceder fácilmente al código de un teléfono móvil en desarrollo, incluso antes de su anuncio en el mercado, con sólo seis llamadas telefónicas y en unos escasos minutos.

En 2010 se presentó dando una ponencia en el Campus Party de Ciudad de México.Error en la cita: Error en la cita: existe un código de apertura <ref> sin su código de cierre </ref>

Su bautismo como infractor de la ley fue el 25 de mayo de 1981. Ese día entró (físicamente) junto a dos amigos a las oficinas de COSMOS, de la empresa Pacific Bell. COSMOS (Computer System for Mainframe Operations), que significa o quiere decir algo así como "Sistema de cómputo para operaciones de ordenadores centrales") era una base de datos utilizada por la mayor parte de las compañías telefónicas norteamericanas para controlar el registro de llamadas. Una vez dentro de las oficinas obtuvieron la lista de claves de seguridad, la combinación de las puertas de acceso de varias sucursales y manuales del sistema COSMOS. La información robada tenía un valor equivalente a los 200.000 dólares.

Fueron delatados por la novia de uno de los amigos y, debido a su minoría de edad, una Corte Juvenil lo sentenció a tres meses de cárcel y a un año bajo libertad condicional. Después de cumplir el periodo de tres meses el oficial custodio encargado de su caso encontró que su teléfono fue desconectado y que en la compañía telefónica no había ningún registro de él.

Sus objetivos iban creciendo a cada paso y en 1982 (en plena época de la Guerra Fría) Kevin logró entrar ilegalmente por medio de un antiguo módem telefónico, a la computadora del North American Air Defense Command, en el estado de Colorado. Antes de entrar alteró el programa encargado de rastrear la procedencia de las llamadas y desvió el rastro de su llamada a otro lugar.

Un año más tarde fue arrestado de nuevo cuando era estudiante de la Universidad del Sur de California. En esta ocasión ingresó ilegalmente a ARPAnet (la predecesora de Internet) y trató de acceder a la computadora del Pentágono. Lo sentenciaron a seis meses de cárcel en una prisión juvenil californiana.

En 1987, después de haber tratado de que su vida volviese a la normalidad, terminó cayendo ante la tentación y fue acusado, en Santa Cruz California, de invadir el sistema de la compañía Microcorp Systems. Lo sentenciaron a tres años de libertad condicional y tras la sentencia su expediente desapareció de la computadora de la policía local.

Posteriormente buscó trabajo en lo que mejor sabía hacer y solicitó empleo en el Security Pacific Bank como encargado de la seguridad de la red del banco. El banco lo rechazó por sus antecedentes penales y Mitnick falsificó un balance general del banco donde se mostraban pérdidas por 400 millones de dólares y trató de enviarlo por la red.

Ese mismo año inició el escándalo que lo lanzó a la fama. Durante meses observó secretamente el correo electrónico de los miembros del departamento de seguridad de MCI Communications y Digital Equipment Corporation para conocer cómo estaban protegidas las computadoras y el sistema telefónico de ambas compañías; luego de recoger suficiente información se apoderó de 16 códigos de seguridad de MCI y, junto a su amigo Lenny DiCicco, lograron entrar a la red del laboratorio de investigaciones de Digital Corporation, conocida como Easynet. Ambos crackers querían obtener una copia del prototipo del nuevo sistema operativo de seguridad de Digital, llamado VMS. El personal de seguridad de Digital se dio cuenta inmediatamente del ataque y dieron aviso al FBI y comenzaron a rastrear a los crackers.

Mitnick fue un mal cómplice y, a pesar de que habían trabajado juntos, trató de echarle toda la culpa a DiCicco haciendo llamadas anónimas al jefe de éste, que trabajaba en una compañía de software como técnico de soporte. Lleno de rabia y frustración, DiCicco confesó todo a su jefe, que los denunció a Digital y al FBI.

Mitnick fue arrestado en 1988 por invadir el sistema de Digital Equipment. La empresa acusó a Mitnick y a DiCicco ante un juez federal de causarles daños por 4 millones de dólares en el robo de su sistema operativo. Fue declarado culpable de un cargo de fraude en computadoras y de uno por posesión ilegal de códigos de acceso de larga distancia.

Adicional a la sentencia, el fiscal obtuvo una orden de la Corte que prohibía a Mitnick el uso del teléfono en la prisión alegando que el prisionero podría obtener acceso a las computadoras a través de cualquier teléfono. A petición de Mitnick, el juez lo autorizó a llamar únicamente a su abogado, a su esposa, a su madre y a su abuela, y solo bajo supervisión de un oficial de la prisión.

Este caso produjo revuelo en los Estados Unidos, no solo por el hecho delictivo sino por la táctica que utilizó la defensa. Su abogado convenció al juez de que Mitnick sufría de una adicción por las computadoras equivalente a la de un drogadicto, un alcohólico o un apostador. Gracias a esta maniobra de la defensa Mitnick fue sentenciado a solo un año de prisión, y al salir de allí debía seguir un programa de seis meses para tratar su "adicción a las computadoras".

Durante su tratamiento le fue prohibido tocar una computadora o un módem, y llegó a perder más de 45 kilos.

Para 1991 ya era un consumado cracker que había llegado a ocupar la primera plana del tradicional diario neoyorquino The New York Times y uno de sus reporteros, John Markoff, decidió escribir un libro de estilo cyberpunk que narrase las aventuras de Mitnick. Al parecer, a Mitnick no le gustó el libro, ya que después de salir a la venta, la cuenta en Internet de Markoff fue invadida, cambiando su nivel de acceso, de manera que cualquier persona en el mundo conectada a Internet podía ver su correo electrónico.

En 1992, tras haber concluido su programa, Mitnick comenzó a trabajar en una agencia de detectives. Pronto se descubrió un manejo ilegal en el uso de la base de datos y fue objeto de una investigación por parte del FBI, quien determinó que había violado los términos de su libertad condicional. Allanaron su casa pero había desaparecido sin dejar rastro alguno. Ahora Mitnick se había convertido en un cracker prófugo.

El fiscal no estaba tan equivocado cuando pidió la restricción del uso del teléfono. También en ese mismo año de 1992, el Departamento de Vehículos de California ofreció una recompensa de un millón de dólares a quien lograse arrestar a Mitnick por haber tratado de obtener una licencia de conducir de manera fraudulenta, utilizando un código de acceso y enviando sus datos vía fax.

Tras haberse convertido en un prófugo de la justicia estadounidense, cambió de táctica y concluyó que la mejor manera de no ser rastreado era utilizar teléfonos móviles. De esta manera podría cometer sus fechorías y no estar atado a ningún lugar fijo. Para ello necesitaba obtener programas que le permitieran moverse con la misma facilidad con que lo hacía en la red telefónica.

Después de varios intentos infructuosos en cuanto a calidad de información, se encontró con el ordenador de Tsutomu Shimomura, la cual invadió en la Navidad de 1994. Shimomura, físico computacional y experto en sistemas de seguridad del San Diego Supercomputer Center, era además un muy buen hacker, pero era de los "chicos buenos" o uno "de sombrero blanco" (white hat hacker), ya que cuando hallaba una falla de seguridad en algún sistema lo reportaba a las autoridades, en vez de hacerlo a otros crackers.

Shimomura notó que alguien había invadido su ordenador en su ausencia, utilizando un método de intrusión muy sofisticado y que él nunca antes había visto. El intruso le había robado su correo electrónico, software para el control de teléfonos móviles y varias herramientas de seguridad en Internet. Ahí fue que comenzó la cuenta regresiva para Mitnick. Shimomura se propuso como orgullo personal atrapar al cracker que había invadido su privacidad.

Hacia fines de enero de 1995 el software de Shimomura fue encontrado en una cuenta en The Well, un proveedor de Internet en California. Mitnick había creado una cuenta fantasma en ese proveedor y desde al es todo mentira. Al llegar Shimomura a Raleigh recibió una llamada del experto en seguridad de InterNex, otro proveedor de Internet en California. Mitnick había invadido otra vez el sistema de InterNex, había creado una cuenta de nombre Nancy borrando una con el nombre Bob, y había cambiado varias claves de seguridad incluyendo la del experto y la del gerente del sistema que posee los privilegios más altos.

De igual manera, Shimomura tenía información sobre la invasión de Mitcnick a Netcom, una red de base de datos de noticias. Shimomura se comunicó con el FBI y éstos enviaron un grupo de rastreo por radio. El equipo de rastreo poseía un simulador de celda, uncerdosdo para probar teléfonos móviles pero modificado para rastrear el teléfono de Mitnick mientras éste estuviera encendido y aunque no estuviera en uso. Con este aparato el móvil se convertía en un transmisor sin que el usuario lo supiera.

A medianoche terminaron de colocar los equipos en una furgoneta y comenzó la búsqueda de la señal, porque eso era lo que querían localizar; no buscaban a un hombre porque todas las fotos que tenían eran viejas y no estaban seguros de su aspecto actual. El objetivo de esa noche era determinar el lugar de procedencia de la señal. Durante la madrugada localizaron la señal en un grupo de apartamentos pero no pudieron determinar en cuál debido a interferencias en la señal.

Mientras esto ocurría, la gente de InterNex, The Well y Netcom estaban preocupados por los movimientos que casi simultáneamente Mitnick hacía en cada uno de estos sistemas. Cambiaba claves de acceso que él mismo había creado y que tenían menos de 12 horas de creadas, utilizando códigos extraños e irónicos como "no", "panix", "fukhood" y "fuckjkt". Estaba creando nuevas cuentas con mayores niveles de seguridad como si sospechara que lo estaban vigilando.

El FBI, Shimomura y el equipo de Sprint se habían reunido para planificar la captura. Shimomura envió un mensaje codificado al buscapersonas del encargado en Netcom para advertirle que el arresto se iba a realizar al día siguiente, 16 de febrero. Shimomura envió el mensaje varias veces por equivocación y el encargado interpretó que Mitnick ya había sido arrestado, adelantándose a realizar una copia de respaldo de todo el material que Mitnick había almacenado en Netcom como evidencia y borrando las versiones almacenadas por Mitnick.

Había que realizar el arresto de inmediato, antes de que Mitnick se diera cuenta de que su información había sido borrada.

Cuando faltaban minutos para dar la orden el simulador de celdas detectó una nueva señal de transmisión de datos vía teléfono móvil y simultánea a la de Mitnick, muy cerca de esa zona. Algo extraño estaba haciendo Mitnick con las líneas móviles. Shimomura trató de advertirle al agente del FBI pero ya todo estaba en manos de ellos; Shimomura, de ahora en adelante no era más que un espectador privilegiado.

El FBI no pensaba hacer una entrada violenta porque no creía que Mitnick estuviera armado, pero tenía que actuar muy rápido porque sabía el daño que este hombre podía causar en un solo minuto con un ordenador. Se acercaron lentamente hasta la entrada del apartamento de Mitnick y anunciaron su presencia; si no les abrían la puerta en cinco segundos la echarían abajo. Mitnick abrió la puerta con toda calma y el FBI procedió a arrestarlo y a decomisar todo el material pertinente: discos, ordenador, teléfonos móviles, manuales, etc.

De regreso a su hotel, Shimomura decide comprobar el contestador telefónico de su residencia en San Diego. Se quedó en una pieza cuando escuchó la voz de Mitnick, quien le había dejado varios mensajes con acento oriental en tono de burla. El último de estos mensajes lo había recibido ocho horas después de que Mitnick hubiera sido arrestado y antes de que la prensa se hubiera enterado de todo el asunto. Cómo se realizó esa llamada aún es un misterio, al igual que el origen y objetivo de la segunda señal de Mitnick.

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