Kendō

Combate de kendō o shiai.

El kendō en japonés: (剣道) es un gendai budō, o arte marcial japonés moderno formativo que destaca por el uso y manejo del sable de bambú o shinai, mas bien conocido como palo de escoba en Argentina. El nombre significa "camino del sable" y proviene de los ideogramas 剣 ken: sable / espada y 道 : camino, sendero, vía.

El kendō es considerado el heredero directo de varias de las escuelas de esgrima japonesa clásica conocidas como ryū; siendo influido especialmente por la escuela Ono-ha Ittō-ryū; en estas escuelas o "Ryu" se entrenaban los legendarios guerreros medievales japoneses o samurái en el arte clásico de la esgrima con sable o kenjutsu.

En el kendo se enfrenta al oponente portando una armadura ( bōgu) y un sable de bambú (o shinai); asimismo como en todo arte marcial tradicional hay formas preestablecidas o kata, las cuales son ejecutadas en parejas y con sables de madera o ( bokuto).

Es importante notar que en algunas ocasiones como en exhibiciones, las kata se ejecutan con el sable japonés real o ( katana), y que además el kendō, es el arte marcial y deporte de combate que más ha influido junto con el judo; al desarrollo metodológico, pedagógico y, en la terminología, de las artes marciales japonesas modernas desarrolladas en el siglo XX o gendai budō. Como el karate-dō, y el aikidō; debido a que varios de los maestros fundadores y/o difusores de estas disciplinas en Japón y en occidente, lo practicaron como parte de su formación marcial.

Historia, antecedentes y orígenes

En Japón, desde sus orígenes, de entre varias armas, la espada viene siendo reverenciada. Eso se debe al hecho de existir muchas historias relacionadas con la espada en los mitos y leyendas japonesas.* Además, las espadas eran ofrecidas como tesoro divino a los templos o recibidas como símbolos de nombramiento de un generalísimo.

La espada, así reverenciada, era eficaz como artefacto de seguridad y también necesaria para protegerse de la invasión enemiga y para preservar la paz y el orden establecido. Además de eso, era respetada como cimiento espiritual de su portador, expresando lo sagrado.

Esa tradición de ver la espada como objeto sagrado y como tesoro perdura hasta hoy en la cultura japonesa. Pienso que esa percepción especial de los japoneses en relación a la espada ejerce influencia en la manera cómo los japoneses perciben el Kendo desde su creación en la edad media japonesa, en su pasado reciente, viniendo hasta los días de hoy. O sea, creo que la espada está ligada a la cultura japonesa en los siguientes sentidos:

   Ser justicia que excluye a la maldad y los malos espíritus;
   Ser símbolo de majestad, de función y de posición;
   Simbolizar el compromiso y dar valor a la lealtad;
   Simbolizar el dominio del grupo y la paz.

Fueron desarrolladas investigaciones, bajo varios enfoques, sobre el uso de la espada japonesa en el período feudal, que perduró 700 años, desde el inicio de la era Kamakura, en 1192 d.C., hasta la restauración Meiji, en 1868 d.C.

Por ejemplo, hasta el año 940 d.C., toda espada recta (chokuto) tenía doble filo (hiradzukuri). Se supone que la técnica para manejarla era relativamente simple.

La hoja recta, de ese entonces, paso por un proceso de transformación hasta presentar una curvatura y adquirir un filo y lomo (shinogidzukuri). Esa transformación fue un largo proceso moldeado en los campos de batalla hasta que la superioridad de ese nuevo formato prevaleciese.

Junto con el cambio en su formato, la técnica de su uso también evolucionó, o co-evolucionó, ya que forma y técnica son causa y consecuencia una de la otra. La técnica fue perfeccionada, tornándose más compleja.

Por el hecho de haber adquirido la espada un formato de hoja curva y con lomo, surgió una técnica de manejo perfecta en los campos de batalla, que fue instituida como la técnica de la esgrima japonesa. Y vino a afirmarse como la base técnica del Kendo actual.

Alrededor del año 1350 d.C., el uso de la espada japonesa dio un gran salto. A partir de 1467 d.C., por cerca de 100 años, el Japón pasó por un período de guerras civiles. Como consecuencia, para autoprotección o para proyectarse en la vida, surgieron muchos que quisieron aprender las técnicas de Kendo y de a poco ese “camino” alcanzó la más completa prosperidad.

Como consecuencia, la técnica fue estructurada bajo el nombre de Kenpo y de ella surgieron especialistas en Kendo, siendo que muchas escuelas se tornaron en trasmisoras de esos conocimientos particulares a cada una de ellas. De entre esas escuelas de Kendo de la época, podemos citar a las 3 más tradicionales: Shintoryu, Kageryu y Chujiryu.

El método de entrenamiento de Kendo de aquella época no usaba espada de bambú, ni protectores como usamos actualmente y, por consistir el entrenamiento sin protección de rostro y manos y empuñando una espada de madera, no permitía golpear libremente. Cada escuela practicaba repetidamente sus técnicas elaboradas, parando los golpes muy próximos a las manos y el rostro, sin golpearlos.

El cúmulo de horas de entrenamiento hacía que la persona lograse parar el golpe próximo a la piel del oponente, el grado de proximidad reflejaba el nivel de desenvolvimiento del practicante.

En ese período, la era Muromachi, el Kendo era llamado Heiho, el camino del soldado.

A partir de 1615 d.C., con el sistema feudal ya instalado, fue establecido el sistema de clases. Ese sistema propició al Kendo un desarrollo especial, como algo propio de la clase guerrera con un entrenamiento estimulante como forma de perfeccionarse. Así, de entre estos guerreros, las técnicas de Kendo fueron exploradas, formadas y estructuradas.

Por un lado, se puede considerar que el Kendo, recibiendo la influencia del Zen-budismo y del Confucionismo, renovó sus técnicas al mismo tiempo en que ganaba en elementos morales y espirituales. Luego comenzó a ser practicado por lo guerreros como un entrenamiento educacional que controlaba la formación del carácter guerrero para la vida cotidiana y para las actitudes espirituales. Eso significaba que el desarrollo espiritual conquistado por medio de la práctica de Kendo conducía al camino de la formación del ser humano, cuyo objetivo era el ideal de elevar el nivel espiritual cotidiano.

Por otro lado, también, se puede pensar que el estímulo al desarrollo de la interrelación entre estética y técnica, se debe a la fuerte característica cultural japonesa de buscar la estética.

Alrededor de 1712 d.C., Yamada Heisaemon y Naganuma Shiro de la escuela Jikishinkageryu y Nakanishi Chuzo de la escuela Ittoryu, aproximadamente en 1754 d.C., propusieron protectores primitivos para el entrenamiento en sus escuelas y pasaron a utilizar la espada de bambú, con un formato de Kendo próximo al que conocemos en la actualidad.

En ese entrenamiento eran exigidos muchos elementos espirituales, que fueron cultivados, probablemente, como telón de fondo para manifestar la técnica dentro del proceso de entrenamiento y como usar de forma mejor y más correcta la espada de bambú, según los cánones del sable.

Como consecuencia, el Kendo, dentro del proceso de entrenamiento de sus técnicas, desarrolló la relación entre naturaleza humana y técnica, construyendo así las bases de una filosofía del Kendo como camino de búsqueda para la vida y la existencia humana.

Desde el inicio del cierre de Japón al mundo exterior, en 1639 d.C., hasta el año 1866 d.C., en los casi 230 años que corresponden a la era de aislamiento de Japón, debido a la continua paz reinante, las armas de fuego fueron abolidas y el desarrollo de esos artefactos fue interrumpido. A pesar de eso, el uso de la espada perduró a lo largo de los siglos. Y como consecuencia, el Kendo, de ser un camino cuya técnica era puesta al servicio de la lucha, que ponía en juego la vida o la muerte, acaba por alcanzar un elevado nivel, cuyo camino validaba la educación y formación del ser humano.

Como resultado del pueblo japonés, que desde sus inicios cultivó una educación basada en el camino de la pluma y de la espada, surgió el Kendo, que se desenvolvió pretendiendo la formación del ser humano y propiciando el camino del guerrero. Toda la evolución de este arte marcial ocurre en la era feudal, que duró 700 años, terminando en 1868 d.C. con la restauración Meiji. Como primer paso para la modernización, fueron introducidos muchos elementos culturales de la civilización europea en Japón y la cultura tradicional fue dejada en segundo plano. En 1876, la clase de los guerreros -los samuráis- fue extinta y, al mismo tiempo, la práctica del Kendo en las escuelas fue abolida, llegando este arte marcial a enfrentarse con el peligro y la extinción.

Más tarde, en 1890 d.C., el Kendo volvió a ser practicado en las escuelas como actividad extracurricular y, nuevamente, poco a poco, prosperó.

En 1895 d.C. fue creada la Asociación Dai Nippon Butokukai, congregando a todas las escuelas de Kendo. Fue establecida una política de difusión y de desenvolvimiento de la orientación de este arte marcial, cuyas actividades prosperaron en todo el territorio japonés.

Mientras tanto, con la derrota en la Segunda Gran Guerra Mundial y por orden del Comando Supremo de la Tropas Aliadas en Japón, en diciembre de 1945, la práctica del Kendo fue totalmente prohibida por ser considerada una manifestación del ultranacionalismo de pre-guerra y parte importante del entrenamiento militar durante la guerra.

En 1952 d.C., con la entrada en vigor del Tratado de Paz, el Kendo comenzó a transitar el camino de la revitalización, y en ese mismo año fue creada la Liga Nacional de Kendo.

La tradición de Kendo no permaneció como era otrora, se fue adecuando a los tiempos nuevos y fueron introducidas modificaciones para adaptarlo a la sociedad moderna, formando el embrión del Kendo contemporáneo. Eso innegablemente significa una transición y una transmisión exitosa.

Cuando de la práctica del Kendo, de entre los elementos que expresan la técnica, según el grado de desenvolvimiento técnico del practicante, son de fundamental importancia el espíritu y el modo de encarar la vida del practicante, especialmente en cuanto a las reglas de etiqueta que el mismo internalizó.

Principalmente, en relación al espíritu podemos decir que los tratados de transmisión de Kendo en las escuelas como Shinteitoryu, Kyoshinmeichiryu y Nenryu apuntan a que el entrenamiento espiritual es apenas necesario y, sí, una tarea física extremadamente difícil de ser cumplida.

Además de eso, la racionalización y la ética, que impregnan las relaciones humanas, las reglas de etiqueta, que se desarrollan a partir del deseo de disfrutar de esa actividad y que privilegian el decoro, la comprensión y el respeto al oponente, se efectivizan en el practicante de Kendo por la habilidad conquistada a través del entrenamiento.

Esa postura hace nacer un “algo” en términos espirituales globales. Ese “algo” es, al mismo tiempo, la persona y el camino de la espada que la misma recorre. De esa manera, se desarrollan gradualmente y se subliman las técnicas de Kendo, incorporado a su cultura, como una forma de llevar la vida de sus practicantes y sus elementos espirituales. Estructuralmente, también, fue transmitida una correlación estrecha de interdependencia entre sus elementos y podemos decir que, hoy en día, se constituye en una organización cultural propia del Japón.

Siendo así, podemos pensar que la estructura de la etiqueta en relación al oponente, en especial dentro del estilo de vida y la técnica de Kendo, cultivada a lo largo de un proceso histórico, es el elemento central de esa cultura tradicional. El Kendo, comienza con una reverencia y termina con una reverencia. La relación de los participantes en el entrenamiento es de compañeros que aprenden juntos el Kendo, y es central la idea de que no son oponentes en una relación de enfrentamiento.

El vencer o perder una lucha es una cuestión casual y natural. El comportamiento que evidencia la preocupación con la lucha como algo sin consecuencia futura, algo apenas del momento presente, debe estar siempre en la mente de los practicantes. Debe ser enfatizado un comportamiento severo en relación a sí mismo, lo que lleva al practicante a regular su yo, para, construyendo su interioridad, elevarse espiritualmente. Y es consecuencia de ese comportamiento que nació el espíritu cortés que reverencia al compañero y al honor.

En el entrenamiento, cuando está descontrolada la excitación psicológica, decurrente de severos ataques y defensas, es fundamental que los participantes se hagan una cortés reverencia, refrenando esa excitación. A través de ese gesto, se cree que se está forjando su propia interioridad que controla las acciones.

El hecho de obedecer a un formato así de rígido propicia el autocontrol y la autodisciplina y es algo que lleva al “camino” – DO – que busca la existencia y la formación de la vida humana. Es algo que educa el espíritu y ennoblece el corazón para la justicia del ser humano.

En resumen, el Kendo es una práctica que privilegia la reverencia correcta y la cortesía para con el oponente y la actitud severa para consigo mismo, cuyo sentido está en la educación de un espíritu justo y honrado. Así, observado este arte marcial a través de la historia, vemos que esta práctica posee un profundo contenido espiritual y educacional.

Mirando el futuro, percibimos que el Kendo, por tener ese carácter espiritual, no perderá sus características y su fuerte ligazón con la cultura japonesa. Con el transcurrir del tiempo, y siempre apoyándose en las tradiciones del pasado, buscará nuevos métodos y conocimientos para llevarlo a una posición más valiosa y de destaque espiritual. Pienso que esa es la misión de los que practican Kendo.

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