Justiniano I

Justiniano I
Emperador del Imperio bizantino
Mosaic of Justinianus I - Basilica San Vitale (Ravenna).jpg
Mosaico de Justiniano en la iglesia de San Vital en Rávena
Información personal
Nombre secular Flavius Petrus Sabbatius Iustinianus
Reinado 1 de agosto de 527- 13 de noviembre de 565
Coronación 1 de agosto de 527
Nacimiento 11 de mayo de 483
Tauresium
Fallecimiento 13 de noviembre de 565
Constantinopla
Predecesor Justino I
Sucesor Justino II
Familia
Dinastía Justiniana
Padre Sabbatius
Madre Vigilantia
Consorte Teodora
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Justiniano
Emperador del Imperio bizantino
Nacimiento 11 de mayo de 483
Fallecimiento 13 de noviembre de 565
Venerado en Iglesia ortodoxa
Festividad 13 de noviembre
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Justiniano (en latín: Flavius Petrus Sabbatius Iustinianus; en griego: Ιουστινιανός) ( Tauresium, 11 de mayo de 483- Constantinopla, 13 de noviembre de 565) fue emperador del Imperio romano de oriente desde el 1 de agosto de 527 hasta su muerte. Durante su reinado buscó revivir la antigua grandeza del Imperio romanoclásico, reconquistando gran parte de los territorios perdidos del Imperio romano de Occidente.

Considerado una de las personalidades más importantes de la antigüedad tardía y el último emperador que usaba latín como lengua materna,[2]

Debido a sus políticas de restauración del imperio, Justiniano en ocasiones ha recibido el apelativo de "último de los romanos" por la historiografía moderna.[3] Esta ambición se plasmó en la recuperación de parte de los territorios del antiguo Imperio romano de Occidente. Su general Belisario consiguió una rápida conquista del reino de los vándalos del norte de África, y más tarde el propio Belisario, junto con Narsés y otros generales, conquistaron el reino Ostrogodo de Italia, restaurando tras más de medio siglo de control bárbaro los territorios de Dalmacia, Sicilia y la península itálica, incluyendo la ciudad de Roma, en el territorio del imperio.

Por su parte, el prefecto del pretorio Liberio reclamó gran parte del sur de la península ibérica, estableciendo la provincia de Spania. Estas campañas restablecieron el control del imperio sobre el occidente mediterráneo, incrementando los ingresos anuales en más de un millón de sólidos al año.[5]

Otro de sus más impresionantes legados fue la compilación uniforme del derecho romano en la obra del Corpus Juris Civilis, que todavía es la base del derecho civil de muchos estados modernos. Esta obra fue realizada en su mayor parte por el cuestor Triboniano. Su reinado también marcó un punto álgido en la cultura bizantina, y su programa de construcción dio como frutos obras de arte tales como la iglesia de Santa Sofía, que sería el centro de la Iglesia ortodoxa durante muchos siglos.

Sin embargo, una epidemia devastadora conocida como la Plaga de Justiniano a comienzos de la década de los años 540 marcó el final de una época de esplendor. Se cree que fue un brote de peste negra, aunque no se sabe a ciencia cierta. El imperio entraría en un periodo de pérdida de territorio que no sería revertido hasta el siglo IX.

El cronista Procopio de Cesarea constituye la principal fuente primaria de la historia del reinado de Justiniano. El cronista en idioma siríaco, Juan de Éfeso, escribió también una crónica sobre la época que no ha perdurado, pero que es utilizada como fuente por cronistas posteriores, y que añade muchos detalles de valor histórico. Ambos historiadores terminaron mostrando mucho rencor contra Justiniano y contra su emperatriz, Teodora.[6] Otras fuentes incluyen las historias de Agatías, Menandro Protector, Juan Malalas, el Chronicon Paschale, y las crónicas de Marcelino Comes y de Víctor de Tunnuna.

La Iglesia ortodoxa lo venera como santo el día 14 de noviembre, y también es venerado por algunos grupos luteranos en la misma fecha.[7]

Biografía

Antigua ciudad de Tauresio, ciudad de nacimiento de Justiniano I, en la actual República de Macedonia.

Justiniano nació en una pequeña aldea llamada Tauresio,[12]

El cognomen Iustinianus (Justiniano) lo tomó tras ser adoptado por su tío Justino.[16]

Su madre, Vigilantia, era la hermana de Justino. Justino formó parte de la guardia imperial (los Excubitores) antes de ser nombrado emperador en el año 518,[18]

Avanzó en su carrera militar con gran rapidez, y se abría ante él un gran futuro cuando en 518 el emperador Anastasio I falleció. Justino fue proclamado nuevo emperador, con una significativa ayuda de Justiniano.[17]

Como gobernante, Justiniano demostró gran energía. Era conocido como «el emperador que nunca duerme», debido a sus hábitos de trabajo. En cualquier caso, parece que era una persona amigable y cercana.[21] La familia de Justiniano procedía de un entorno provincial y no muy elevado, y por ese motivo no basaba su poder en la aristocracia tradicional de Constantinopla. En su lugar, Justiniano se rodeó de personas de extraordinario talento, a los que elegía no tanto por su origen aristocrático sino por meritocracia.

Alrededor del año 525 contrajo matrimonio con su amante, la emperatriz Teodora, una exactriz y cortesana veinte años más joven que él. Justiniano no habría podido casarse con ella debido a la diferencia de clases, pero su tío Justino I promulgó una ley permitiendo el matrimonio entre distintas clases sociales.[23] Teodora se volvería una figura muy influyente en la política imperial, y emperadores posteriores seguirían el precedente creado por Justiniano para casarse con mujeres no pertenecientes a la aristocracia. El matrimonio causó gran escándalo, pero Teodora demostró ser una persona muy inteligente, prudente y buena juzgando a las personas, convirtiéndose en el principal apoyo de su marido. Otros individuos de gran talento al servicio de Justiniano fueron Triboniano, su asesor legal, Pedro el Patricio, diplomático y cabeza de la burocracia de palacio, sus ministros de finanzas Juan de Capadocia y Pedro Barsime, que lograron recaudar impuestos con gran eficiencia, financiando los proyectos y guerras de Justiniano, y finalmente grandes generales como Belisario o Narsés.

El gobierno de Justiniano no estuvo exento de oposición. A comienzos de su reinado estuvo a punto de perder el trono por culpa de los disturbios de Niká, y se descubrió una conspiración contra su vida instigada por hombres de negocio insatisfechos con su gobierno avanzado y su reinado, en el año 562.[24]

La segunda mitad de su reinado se vio ensombrecida por la epidemia de peste que se hizo virulenta a partir del año 542. El propio Justiniano cayó enfermo a comienzos de esa década, pero se recuperó. Teodora murió en 548, puede que de cáncer,[9] sin descendencia. Lo sucedió en el trono Justino II, hijo de su hermana Vigilantia y casado con Sofía, la sobrina de la emperatriz Teodora. El cuerpo de Justiniano fue enterrado en un mausoleo en la Iglesia de los Santos Apóstoles.

Su reinado tendría un gran impacto en la historia mundial, dando lugar a una nueva era en la historia del Imperio bizantino y de la Iglesia ortodoxa. Fue el último emperador que intentó recuperar los territorios que poseyó el Imperio romano en tiempos de Teodosio I, y con este fin puso en marcha grandes campañas militares. También desarrolló una colosal actividad constructiva, emulando la de los grandes emperadores romanos del pasado.

Disturbios de Niká

Las políticas y las elecciones de Justiniano, y en especial su opción de utilizar consejeros eficientes aunque impopulares, por poco le cuestan el trono a comienzos de su reinado. En enero de 532, las facciones de las carreras de carros en Constantinopla, que normalmente se encontraban divididas y enfrentadas entre ellas, se unieron en una revuelta contra Justiniano que recibió el nombre de los disturbios de Niká, por el grito de guerra que utilizaban los rebeldes (niká, que significa ‘victoria’). Obligaron a Justiniano a despedir a Triboniano y a otros dos de sus ministros, y luego intentaron derrocar al propio Justiniano para reemplazarlo por el senador Hipacio, sobrino del anterior emperador Anastasio I. Mientras que las multitudes provocaban revueltas en las calles, Justiniano llegó incluso a valorar la posibilidad de escapar de la ciudad, pero permaneció en ella alentado por las palabras de su esposa Teodora que, según Procopio, alegaba preferir la muerte a perder la dignidad imperial. A lo largo de los siguientes dos días, ordenó una brutal supresión de las revueltas por sus generales Belisario y Mundus. Procopio relata que en el hipódromo murieron 30 000[29]

La destrucción que se propagó por la ciudad de Constantinopla durante las revueltas fue muy elevada. Sin embargo, le permitió a Justiniano la oportunidad de crear un conjunto de espléndidos nuevos edificios, y en especial la admirada iglesia de Santa Sofía.

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