Judío errante

El judío errante, ilustrado por Gustave Doré.

El judío errante es una figura mitológica del imaginario colectivo de Occidente y figura en el arte y la literatura antisemita cristiana. El mito relata que un personaje judío (su caracterización concreta varía según las versiones) negó un poco de agua al sediento Jesús durante el camino hacia la Crucifixión, por lo que Dios lo condenó a «errar hasta su retorno» (el retorno de Jesucristo a la Tierra). Por tanto, el personaje en cuestión debe andar errante por la Tierra hasta la Parusía.

A menudo se ha visto en el judío errante una personificación metafórica de la diáspora judía, interpretando desde el punto de vista cristiano en forma de mofa, que la destrucción de Jerusalén habría sido un castigo divino a todo el pueblo judío por la responsabilidad que algunos de ellos (las autoridades religioso - políticas) tuvieron en la crucifixión de Jesús por los romanos, razón por la que se considera una leyenda o mito de marcado corte antisemita.

Los nombres del judío errante

Se le ha dado una gran cantidad de nombres al judío errante, algunos de los cuales son:

  • Ahasverus
  • Buttadeu
  • Larry el Caminante
  • Joseph Cartaphilus
  • Juan Espera en Dios
  • Alvarus Stevenson
  • Michob-Ader y
  • Samuel Belibeth.

Sin embargo, el nombre más antiguo sea posiblemente el que aparece en una de las Cartas eruditas y curiosas del padre Feijoo. En ella se cita a Mateo de París, obispo e historiador benedictino, indicando que en el año 1229 afirmó que dicho judío existía, se llamaba Catafilo y se encontraba entonces por Armenia.[1]

Igualmente Jacob Basnage, autor protestante, en su Historia de los judíos cuenta que hay exactamente tres judíos errantes:

  • Samer o Samar: judío errante condenado a vivir siempre y a vagar por haber fundido el becerro de oro en tiempo de Moisés.
  • Catafito o Catáfito: habría sido una especie de guardia o policía de la puerta del pretorio de Poncio Pilatos, en cuya ocasión, cuando sacaron a Cristo de dicho pretorio para crucificarle, para que saliese más prontamente y evitar la aglomeración o el bullicio le dio un empujón en la espalda, a lo cual Cristo, volviendo el rostro, le dijo: «El Hijo del Hombre se va, pero tú esperarás a que vuelva». Se trata de una profecía del mismo Cristo, por la que este judío no había de morir hasta que Cristo volviese a juzgar vivos y muertos. Cada cien años sufría enfermedad y angustia de muerte, pero luego sanaba y se rejuvenecía hasta los treinta años, edad que tenía cuando Cristo murió.
  • Ausero: zapatero de Jerusalén que echó de un empujón a Cristo del quicio de su puerta cuando el Señor se detuvo allí a descansar camino del Calvario, diciéndole: «Despacha, sal cuanto antes; ¿por qué te detienes?». Cristo le respondió: «Yo descansaré luego, pero tú andarás sin cesar hasta que yo vuelva» (algunos han añadido: «hasta que no nazca niño alguno» o «hasta que la mujer deje de parir»). Desde aquel momento empezó el cumplimiento del vaticinio, siempre andaba peregrinando, sin parar en provincia alguna. Representaba la edad de cincuenta años y prorrumpía en frecuentes gemidos por la tristeza que le causaba la memoria de su delito. De este se dice[ ¿quién?][ ¿dónde?] que fue visto en el año de 1547 en Hamburgo.
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