Juan de Valdés

Diálogo de la Doctrina christiana, 1529.

Juan de Valdés ( Cuenca, 1509 - Nápoles, 1541), fue un humanista, erasmista y escritor protestante español.

Biografía

Son pocas y vagas las noticias que se tienen de sus primeros años. Estudió en Alcalá de Henares y a principios de 1528 comenzó su correspondencia con Erasmo de Rotterdam. Entró al servicio del marqués de Villena, periodo decisivo en su formación religiosa. Al aparecer su primer libro, Diálogo de doctrina cristiana ( Alcalá de Henares, 1529), se le denunció ante la Inquisición, por lo que decide trasladarse a Italia, donde residió hasta el fin de sus días, habiendo sido gentilhombre de capa y espada en la Corte de Clemente VII. En efecto, hay numerosos textos del propio Lutero y sus seguidores traducidos y adaptados en esta obra:

  • Martín Lutero, Decem Praecepta Wittenbergensi praedicata populo, 1518.
  • Martín Lutero, Explanatio dominicae orationis pro simplicioribus laicis, 1520.
  • Martín Lutero, De votis monasticis iudicium, 1521.
  • Juan Ecolampadio, In Isaiam Prophetam Hypomnemata, 1525.
  • Philipp Melanchthon, Enchiridion elementorum puerilium, 1524.[1]

En 1534 marcha a Roma y un año después a Nápoles, en ambos lugares como agente político del emperador, si bien debió de serlo por poco tiempo, puesto que fue víctima de la reacción antierasmista de la Inquisición española. En Nápoles trató a Garcilaso de la Vega, miembro de la Academia Pontaniana. En los años que siguieron hasta su muerte escribió copiosamente consideraciones piadosas, trabajos exegéticos, traducciones parciales de la Biblia y algunos destinados a aclarar conceptos y ampliar las conversaciones que tenía con los adeptos a sus doctrinas religiosas en la tertulia que mantuvo en su casa, un verdadero círculo de reformistas y religiosos iluminados. Todos esos trabajos manuscritos fueron conservados y transmitidos por la más famosa de sus discípulas, Giulia Gonzaga.

En su casa recibió, entre otros, al arzobispo de Otranto Pietro Antonio di Capua, Galeazzo Caracciolo, Caterina Cybo, al vicario general de la orden capuchina Bernardino Ochino, al obispo de Bérgamo Vittore Soranzo, Bartolomeo Spadafora, al obispo herético de Cheronissa (Creta) Giovanni Francesco Verdura, o al teólogo convertido al protestantismo Pietro Martire Vermigli. Según testimonio rendido el 7 de marzo de 1564 por Francesco Alois, condenado como luterano, entre los simpatizantes de Juan de Valdés cabía incluir también a Nicola Maria Caracciolo (1512-1568), obispo de Catania, que en el texto de su sínodo diocesano, escrito en lengua vulgar, demuestra una espiritualidad cercana a la de los iluminados. Pero los más destacados fueron Pietro Carnesecchi, Marcantonio Flaminio, Mario Galeota, amigo de Garcilaso, y la ya citada Giulia Gonzaga.

Portada de la obra Diálogo de la lengua. Manuscrito custodiado en la Biblioteca Nacional de España.

Con ser Nápoles, en aquella época, una ciudad española, faltaban libros para aprender el castellano, y parece que al escribir su Diálogo de la lengua, Valdés trató de complacer a un grupo de amigos que deseaban perfeccionar el conocimiento del castellano; esta es su obra cumbre, compuesta hacia 1535 y que no llegó a ser impresa sino ya en pleno siglo XVIII, cuando el ilustrado Gregorio Mayans y Siscar lo editó como apéndice en sus Orígenes de la lengua española, 1737, aunque con el título de Diálogo de las lenguas. Contiene toda suerte de juicios sobre cuestiones normativas de la lengua castellana más pura, estimando como tal la de los refranes y mostrándose muy opuesto a Antonio de Nebrija, a quien consideraba demasiado afectado de andalucismo. En cuanto al mejor estilo, se muestra plenamente renacentista al escribir:

El estilo que tengo me es natural y sin afectación ninguna. Escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que sinifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación.

De este ideal se hizo eco también su amigo Garcilaso al elogiar a Juan Boscán en el prólogo que dedicó a su traducción de El Cortesano de Baltasar de Castiglione:

Guardó una cosa en la lengua castellana que muy pocos la han alcanzado, que fue huir del afectación sin dar consigo en ninguna sequedad; y con gran limpieza de estilo usó de términos muy cortesanos y muy admitidos de los buenos oídos, y no nuevo ni al parecer desusados de la gente

Su nombre, junto con el de su hermano Alfonso, se ha barajado como uno de los posibles autores del Lazarillo de Tormes, pero la idea parece descartada por los estudios actuales. Por lo que toca a sus inquietudes religiosas, que fueron las que más ocuparon sus escritos, se encuentran a medio camino entre el catolicismo y la reforma luterana. A pesar de la coincidencia de nombres y doctrina, Juan de Valdés no debe asociarse con el movimiento pre-protestante italiano de los "valdesi" o Iglesia Valdense, iniciado en el siglo XII por Pedro Valdo.

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