Juan Rafael Allende

Juan Rafael Allende
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Información personal
Nombre de nacimiento Juan Rafael Allende Astorga
Nacimiento 24 de octubre de 1848
Santiago, Flag of Chile.svg  Chile
Fallecimiento 20 de julio de 1909
Santiago, Flag of Chile.svg  Chile
Nacionalidad Chilena
Información profesional
Ocupación Dramaturgo y periodista
Género Dramaturgia y narrativa
Obras notables « Memorias de un perro escritas por su propia pata», « La República de Jauja»
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Juan Rafael Allende Astorga ( Santiago, 24 de octubre de 1848 - ibídem, 20 de julio de 1909) fue un escritor chileno, autor de cuadros de costumbres, sátiras, poesía, obras de teatro y artículos periodísticos. También trabajó como director y actor de sus propias piezas teatrales. Es reconocido como el padre de la prensa humorística de su país. Con su pluma fustigó a la aristocrática clase política y defendió las ideas de igualitarismo y democracia, pero sobre todo, atacó con denuedo al clero católico, ridiculizándolo a lo largo de toda su producción.

Siendo un autor culto, se entronca con la tradición de la poesía oral, popular y campesina. Con dicha vertiente comparte características formales y temáticas, como la reivindicación de lo grotesco y festivo.

Utilizó pseudónimos como El Pequén, O.N.E. y El Diablo Azul.

Biografía

Sus padres fueron Pedro Allende y Juana Astorga, miembros de la incipiente clase media chilena y vecinos del barrio arrabalero de La Chimba, en Santiago de Chile. Cuando Juan Rafael contaba 3 años de edad, la familia fue víctima del saqueo de La Serena de 1851, ocurrido con ocasión del fin de la revolución igualitaria de ese año.

A partir de 1853, estudió en el Instituto Nacional de Santiago. En 1863, fue uno de los pocos fieles que lograron escapar ilesos del incendio de la Iglesia de la Compañía.[1]

Políticamente, Allende evolucionó desde posturas moderadas hacia visiones cada vez más radicales y comprometidas con el mundo popular. También su anticlericalismo se haría cada vez más notorio.

Durante la Guerra del Pacífico y los posteriores conflictos limítrofes entre Chile y Argentina, Allende puso su pluma al servicio de la propaganda patriótica, emprendiendo la exaltación chovinista de lo nacional y la ridiculización de lo extranjero.

En 1887 fue uno de los fundadores del Partido Demócrata, que aspiraba en su programa a la total emancipación social, política y económica del pueblo.

Fue encarcelado al año siguiente, el 29 de abril de 1888, tras participar como orador en un mitin de protesta en contra del alza de los pasajes de los tranvías de tracción animal. Se le sindicó como el responsable de que la concurrencia emprendiera masivos ataques incendiarios en contra de los susodichos tranvías. Allende recordaría después los sucesos como una especie de malentendido:

"Cuando ya iba a terminar mi arenga se me ocurrió decir: yo no pido que se incendien los carros, que se arroje a cada uno un tarro de parafina y se les prenda fuego... No, no pido eso, pero pido mucho más: que no se explote a los valientes hijos del pueblo. Cinco minutos después que pronuncié estas palabras, varios tranvías eran pirámides de fuego".[2]

Allende permaneció 43 días en la cárcel por este incidente, al igual que la directiva de su partido.

Respecto al gobierno de José Manuel Balmaceda Allende fue, en un inicio, rudamente crítico. Dedicó gran parte de su producción intelectual, entre 1889 y principios de 1890, a atacarlo y exponer sus contradicciones. Pero al estallar la Guerra Civil de 1891, defendió al presidente de sus opositores más visibles, para él una reunión corrupta de los intereses del gran capital. Este giro en su posición se prefigura en un discurso que realizó en julio de 1890 en una concentración del Partido Demócrata, en la Alameda de Santiago. Allí interpelaba directamente al presidente:

"Si hoi le teméis al Pueblo es porque no habéis gobernado con el Pueblo, sino con los millonarios, con los banqueros, con los aristócratas, que hoi también son vuestros más enconados enemigos. Respetad los derechos del Pueblo, gobernad con la Democracia, y ella mandará al Congreso hombres de honor, que irán a trabajar por sus hermanos, por el bienestar de todos los chilenos, por la felicidad de la patria".[3]

El derrumbe progresivo del gobierno, durante la Guerra Civil de 1891, también lo afectó. Indentificado como uno de sus fervientes partidarios, su quinta de descanso en Casas Amarillas fue saqueada tras las batallas de Concón y Placilla. Era la segunda vez que su casa era saqueda, contando su experiencia de niñez en La Serena.[4]

Tras la caída del gobierno, el escritor, junto a su hermano Pedro, cayeron en prisión y se les anunció que serían colgados en la Plaza de Armas. Su muerte era pedida por uno de los máximos líderes del partido triunfador, Carlos Walker Martínez, a quien Allende llamaba "boca de mastines".

La reciente ejecución en Valparaíso de otro periodista del bando caído en desgracia, Rodolfo León Lavín, había causado cierto escándalo entra las influyentes colonias extranjeras residentes, que veían con preocupación que se comenzara a fusilar intelectuales y reos por delitos de expresión. Así lo transmitió el intendente de Valparaíso, Eulogio Altamirano, a las autoridades centrales, que decidieron suspender la aplicación de la pena capital.

Tras un permanencia en la cárcel, Allende partió al autoexilio a Argentina, Perú, Ecuador y Colombia. Regresó a Chile a mediados de 1892.

En 1894 fue nuevamente apresado, durante las detenciones masivas que se realizaron con motivo del estado de sitio decretado ese año.

Se casó con la pianista Celia Sarón en 1874, con quien tuvo al menos 6 hijos. Entre ellos cabe mencionar al músico docto Pedro Humberto Allende. El propio Juan Rafael Allende también obtuvo cierta fama en su época cantando y payando:

"Amigo de don Isidoro Errázuriz, solía payar las reflexiones alegres del estadista, acompañándose en el piano".[4]

En sus últimos años recibió algún grado de reconocimiento del mundo sindical y popular. En 1904 funcionaba un "Centro Filarmónico Juan Rafael Allende". Aquel mismo año, Luis Emilio Recabarren organizó una colecta en su ayuda.

Falleció luego de un ataque que lo dejó paralítico. En 1910, un año después de muerto el escritor, operaba un "Centro Dramático Juan Rafael Allende" en Iquique.

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