Juan Latino

Juan Latino
Información personal
Nacimiento 1518 Ver y modificar los datos en Wikidata
Baena, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento c.  1596 Ver y modificar los datos en Wikidata
Granada, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Poeta, profesor universitario y escritor Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador
  • Universidad de Granada Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Poesía Ver y modificar los datos en Wikidata
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Juan de Sessa, llamado Juan Latino y latinizado Johannes Latinus (¿ Baena?, 1518 - Granada, c. 1596) fue un poeta y humanista negro del Renacimiento español. Según la antropóloga Aurelia Martín, fue "el primer negro que escribió obras de creación literaria en latín erudito, el primer humanista afroespañol y el primer etíope que se dirigió con ironía a los blancos. Además conformó una de las primeras parejas mixtas legalmente constituidas en España".[1]

Biografía

Su origen es controvertido; él mismo se tenía por christiano etíope,[2]​ denominación equívoca que en esa época valía también por "negro", simplemente, pero también le elevaba de condición social; la mayor parte de la crítica supone que nació en Guinea, pero algunos abogan a favor de un nacimiento en España, a saber en Baena, fundándose en la comedia biográfica de Diego Jiménez de Enciso y en una afirmación de Francisco Fernández de Córdoba, abad de Rute (Baena, ¿1565? - Rute, 1626); otros lo dan por hijo de esclavos negros pertenecientes al cuarto conde de Cabra, Luis Fernández de Córdoba y a la II duquesa de Sessa, Elvira Fernández de Córdoba. El caso es que estuvo en la casa de estos últimos y en 1530, año de la muerte de su dueño, la familia se trasladó a Granada y fue educado e instruido allí en las artes liberales junto a Gonzalo, hijo de su señor y nieto del famoso Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como el Gran Capitán, según las malas lenguas hermanastro suyo. Juan destacó enseguida en música y lenguas clásicas, llegando a dominar el latín y el griego y a tocar como un maestro la vihuela, el arpa, el monocordio, el órgano y el laúd, siendo asimismo un cantante de buena y suave voz.

Fue manumitido a la edad de treinta años y obtuvo en 1546 el título de bachiller en la Universidad de Granada y fue designado por Pedro Guerrero, arzobispo de Granada, no sin cierta oposición con tintes racistas, para regir la cátedra de Gramática latina de la Universidad (en la que sucedió a su maestro, Pedro de Mota, el 8 de agosto de 1556), cargo que desempeñó durante veinte años.

El dramaturgo sevillano Diego Ximénez del Enciso (1585 - 1633) compuso sobre él y sus amores con su alumna y futura esposa blanca, la joven Ana Carleval, la comedia Juan Latino. El caso es que la relación interracial fructificó y el casamiento tuvo lugar entre 1547 y 1548, acaso impulsado por algún hecho consumado. De ella tuvo cuatro hijos: Juana (1549), Bernardino (1552), Ana (1556) y Juan (1559). Juana había sido por un tiempo la prometida de un morisco, don Fernando de Válor, quien andando el tiempo se convertirá en el líder de la rebelión morisca de las Alpujarras con el nombre de Abén Humeya.[3]

En Granada frecuentó en el segundo tercio del siglo XVI la mansión de Alonso de Granada Venegas Rengifo, alcaide del Generalife y de origen morisco, para acudir a las tertulias literarias con integrantes notables como Diego Hurtado de Mendoza, Hernando de Acuña, Barahona de Soto, Gregorio Silvestre y Gaspar de Baeza.

Se suele confundir a Juan Latino con el poeta Juan Rufo Gutiérrez porque compuso un poema de casi igual título que él, Austriadis carmen (el de Rufo, en español, tiene por título Austriada). El asunto de esa composición épica en hexámetros latinos tuvo que ver con la estancia de Juan de Austria en Granada, lo que sugirió a Pedro de Deza encargarle a Juan Latino la tarea de escribir un gran poema épico que cantara la gran hazaña de la victoria de Lepanto en versos latinos; es de suponer que para recabar información de primera mano lo entrevistó por entonces.

En 1578 murió en la batalla de Alcazarquivir su protector y quizá hermanastro Gonzalo Fernández de Córdoba, III duque de Sessa, y Juan Latino le dedicó una sentida elegía. "Tanto pueden las letras -le comentaba Juan Latino al nuevo arzobispo, Juan Méndez de Salvatierra, también de humilde cuna-, que al faltarnos éstas, ni vos saliéredes del campo tras de un arado, ni yo de una caballeriza almohazando caballos".[4]​ Enfermó gravemente en 1586 y dejó de ir a los claustros universitarios casi todo el año, pero asistió nuevamente el 12 de marzo de 1587, ya muy mermado de visión hasta la ceguera total. Es el último dato suyo que se conserva. Debió morir casi octogenario, quizá en 1596 y está enterrado en la Iglesia de Santa Ana y San Gil, aunque falta su acta de defunción por haberse perdido la documentación de las inhumaciones entre 1596 y 1599 en un incendio, así que resulta muy probable que falleciera en ese lapso.

Así pues, Juan Latino llegó a ser una figura notable de su tiempo. Llegó a ser profesor de latín en la Universidad de Granada y catedrático de gramática en el Colegio Catedralicio; y en los efímeros tiempos en que por decisión del Carlos I Granada fue capital política del imperio español, se convirtió en persona de gran influencia en los ámbitos más exclusivos del poder: fue amigo íntimo del arzobispo Pedro Guerrero, del omnímodo presidente de la Real Chancillería Pedro de Deza, y consejero de Juan de Austria cuando el hermanastro de Felipe II se instaló en la ciudad para sofocar la rebelión de los moriscos ocurrida en 1568. Años más tarde, con motivo del triunfo en Lepanto, Juan Latino le dedicaría su obra más célebre, la elegía Austriada Cármine. Tal era la confianza que en su talento y habilidad diplomática tenían los regidores de Granada que, con ocasión del traslado al Escorial de los restos mortales de los antecesores de Felipe II, hasta ese entonces sepultos en la granadina Capilla Real, el cabildo le encomendó la difícil tarea de convencer al rey para que no se llevase de la ciudad los sepulcros de los Reyes Católicos. Con fama de inteligente, Juan Latino mereció el elogio de Miguel de Cervantes en unos versos de cabo roto de los preliminares del Quijote: "Pues al cielo no le plug(o) / que salieses tan ladí(no) / como el negro Juan Latí(no)".[5]

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