Juan II de Aragón

Juan II de Aragón y I de Sicilia
Rey de Aragón, Rey de Sicilia y Navarra
John II of Aragon.png
Retrato de Juan II de Aragón en su tumba del Monasterio de Poblet.
Rey de Navarra
Royal Coat of Arms of Navarre (1425-1479).svg
1425-1479
(1425-1441: rey iure uxoris con Blanca I)
(1441-1479: rey de facto)
PredecesorCarlos III
SucesorLeonor I
Rey de Aragón, Valencia, Mallorca y Cerdeña y Córcega
Royal arms of Aragon.svg
1458-1479
PredecesorAlfonso V
SucesorFernando II
Información personal
Nacimiento29 de junio de 1398
Medina del Campo, Castilla
Fallecimiento20 de enero de 1479 (80 años)
Barcelona
EntierroSepulcros Reales del Monasterio de Poblet
Familia
Casa realCasa de Aragón[a]​-Casa de Trastámara
PadreFernando I de Antequera
MadreLeonor de Alburquerque
ConsorteBlanca de Navarra
Juana Enríquez
Descendenciavéase Descendencia
Arms of the Aragonese Kings of Sicily(Crowned).svg
Escudo de Juan II de Aragón y I de Sicilia

Juan II de Aragón, el Grande, o Juan sin Fe según los revolucionarios catalanes que se alzaron contra él,[2]​ (Medina del Campo, Castilla, 29 de junio de 1398-Barcelona; 20 de enero de 1479) fue duque de Peñafiel, rey de Navarra (1425-1479), rey de Sicilia (1458-1468) y rey de Aragón, de Mallorca, de Valencia, de Cerdeña (1458-1479), hijo de Fernando I de Antequera y de Leonor de Alburquerque, condesa de Alburquerque. Fue padre, entre otros, de Fernando el Católico.

Juan II fue uno de los monarcas más longevos del siglo xv —su enemigo Luis XI de Francia le llamó vieja «vulpeja»—[4]

Según su principal biógrafo, el historiador Jaume Vicens Vives, «Juan II de Aragón aparece como el personaje de mayor fuerza en un siglo ya lleno de singulares personalidades políticas» ya que «centró en su persona los más candentes problemas que afectaban a los distintos reinos peninsulares: subversivismo nobiliar en Castilla, divisionismo social en Navarra, activismo revolucionario en Cataluña; y en política exterior, hundimiento de la potencialidad de los Señoríos italianos y retorno agresivo de la hegemonía medieval francesa. Por si ello no fuera bastante, queda aún vinculado a su persona el hecho del planteamiento de la unidad monárquica hispánica».[5]

Biografía

Nació el 29 de junio de 1398 en Medina del Campo (Reino de Castilla). Su padre era Fernando de Trastámara, segundo hijo del rey de Castilla y que cuando nació Juan contaba con dieciocho años de edad, y su madre Leonor de Alburquerque, tía de Fernando y sobrina del fundador de la dinastía Trastámara el rey Enrique II de Castilla. Fue el segundo de siete hermanos: Alfonso, Enrique, Sancho, Leonor, María y Pedro. Según Jaume Vicens Vives, «la circunstancia de que naciera en el corazón de Castilla y fuera segundogénito de un segundón, imprimió huellas indelebles en su carácter, su psicología y sus ambiciones. Fue un castellano de pura cepa, vinculado a Castilla por su nacimiento y por sus gustos y, asimismo por los intereses materiales que recibió en ella».[6]

Infante de Aragón

Al acceder su padre al trono de la Corona de Aragón en 1412 en virtud del compromiso de Caspe y convertirse su hermano mayor en el heredero del mismo, Juan, con sólo catorce años de edad y con el único título de señor de Castrojeriz, se convirtió en el futuro señor de las enormes posesiones de la familia en Castilla.[8]

Escudo como Infante de Aragón y Duque de Peñafiel.

Poco después, debido a la petición de una embajada del Parlamento de Sicilia de que designara a un miembro de su familia como nuevo rey de la isla, Fernando accedió a nombrar a su hijo Juan como lugarteniente real de Sicilia. Al mismo tiempo el rey Fernando concertó para su hijo el matrimonio con la reina Juana II de Nápoles que acababa de heredar el trono del reino de Nápoles tras la muerte en agosto de 1414 de su hermano el rey Ladislao de Anjou. Sin embargo, el proyectado matrimonio, que incluía una cláusula por la que si la reina moría antes que su esposo ―lo que era lo más probable pues era mucho mayor que él― el reino de Nápoles pasaría a este, acabó frustrándose ante el cambio de opinión de la reina napolitana que decidió casarse con el noble francés Jaime II de La Marche.[10]

A la muerte de su padre Fernando I de Aragón en 1416 recibe la mayor parte de sus posesiones y títulos de Castilla, además del ducado de Montblanch, y abandona Sicilia, dejando el cargo de la lugartenencia real, que pasó a ser ocupado por el enviado del nuevo rey Alfonso el Magnánimo, Domingo Ram y Lanaja, obispo de Lérida, y el noble Antonio de Cardona.[12]

En 1418 llegaron a buen puerto los tratos del nuevo rey de Aragón Alfonso el Magnánimo con el rey de Navarra Carlos III el Noble —contando con la mediación de la reina viuda de Aragón Leonor de Alburquerque— para casar a la heredera al trono navarro, Blanca de Navarra, con Juan de Aragón, a quien había conocido en Sicilia. En diciembre de ese año llegó la dispensa papal para que el matrimonio pudiera celebrarse y los capítulos matrimoniales se firmaron el 6 de noviembre de 1419 en Olite. En ellos se estipuló que los derechos a la corona navarra de doña Blanca pasarían a su muerte al hijo que tuvieran ambos y que si ella fallecía antes que su esposo sin sucesión don Juan debería abandonar Navarra pues «como extranjero» no esperaba «la subcesión e herencia del dicho reyno de Navarra» más que en virtud de los derechos de su mujer. Sin embargo, nada se estipuló sobre qué papel tendría el futuro rey consorte de Navarra en el caso de la muerte de su esposa con hijos mayores de edad, lo que sería fuente de graves controversias en el futuro. Finalmente la boda se celebró el 10 de junio de 1420 en la catedral de Pamplona.[14]

La ausencia de Juan de Aragón de Castilla para celebrar su boda en Pamplona con Blanca de Navarra, fue aprovechada por la facción nobiliaria castellana encabezada por el infante Enrique de Aragón para llevar a cabo el golpe de Tordesillas, que consistió en el secuestro del joven rey Juan II para tenerlo bajo su control y para conseguir que autorizara el matrimonio entre el infante Enrique y la hermana del rey, la princesa Catalina de Castilla. El también llamado atraco de Tordesillas tuvo lugar el 14 de julio de 1420, un mes después de la boda celebrada en Pamplona.[15]

Don Juan tuvo noticia del golpe de Tordesillas por una carta que le envió a Pamplona el arzobispo de Toledo e inmediatamente convocó a sus partidarios en Peñafiel a donde se dirigió él personalmente, dejando a su esposa en Navarra. A continuación ordenó que las huestes de sus partidarios se concentraran en Olmedo a donde acudieron 3.300 lanzas.[18]

Tuvo una actuación destacada en la puesta en libertad del infante don Enrique, detenido por orden del rey Juan II el 14 de junio de 1423, ya que requerido por el rey de la Corona de Aragón Alfonso el Magnánimo, como cabeza de los infantes de Aragón para que interviniera, consiguió la autorización del rey para salir de Castilla y negociar un acuerdo con el rey aragonés. El resultado de las conversaciones fue el tratado de Torre de Arciel, firmado el 3 de septiembre de 1425,[20]

Una semana después de la liberación de don Enrique el 10 de octubre de 1425 se reunió con él en Ágreda sellando su reconciliación. Días más tarde el rey Alfonso el Magnánimo le otorgó el condado de Ribagorza por los servicios prestados a la familia. Mes y medio antes don Juan se había convertido en rey consorte de Navarra por el fallecimiento el 7 de septiembre del rey Carlos III el Noble.[21]

Rey consorte de Navarra

Don Juan recibió la noticia de la muerte de su suegro cuando se encontraba en Araciel junto a su hermano el rey de Aragón Alfonso el Magnánimo con quien acababa de firmar en nombre de Juan II de Castilla el Tratado de Torre de Arciel. Allí le envió su esposa doña Blanca, la nueva reina de Navarra, el pendón de Navarra y las sobrevestas con las armas del Navarra, con las que desfiló montado a caballo junto a su hermano el rey de Aragón. A su paso se gritó: «real, real, por el rey don Juan de Navarra e por la reina doña Blanca su mujer». Según un cronista castellano, «en esta solemnidad non se acaesció ningún hombre de estado del reino de Navarra, aunque se facía dentro del reino, e hobieron tiempo para venir. Diz que se ficiera a sabiendas, porque según sus fueros e costumbres, no le habían de alzar por rey fasta que primeramente jurase los privilegios del reino en cierto lugar, e en cierta forma».[23]

El día 29 de noviembre de 1425 fue investido conde de Ribagorza en Valencia.[b]

Tras la firma del tratado de Torre de Arciel de 1425 se puso al frente, junto con su hermano el infante don Enrique, de una coalición de la alta nobleza castellana que se oponía a don Álvaro de Luna y a su política de reforzamiento de la monarquía castellano-leonesa. Reunidos en Valladolid le exigieron al rey que desterrara de la corte a don Álvaro de Luna. La presión hizo efecto y el 5 de septiembre de 1427 Juan II ordenaba su destierro y el de sus partidarios durante año y medio.[28]

Incluso antes de que el rey Juan II de Castilla declarara la guerra el 24 de junio, el ejército real atacó las posesiones de don Juan y las de sus partidarios. El 29 de mayo tomaba Portillo, un lugar bajo el señorío del conde de Castro, y más tarde ocupaba Medina del Campo, Olmedo y Cuéllar. El 25 de junio iniciaba el sitio de Peñafiel y el 27 era rendido por su defensor el conde de Castro.[30]

El acuerdo al que finalmente se llegó, denominado treguas de Majano y que se firmó el 16 de julio de 1430, supuso una completa derrota de las pretensiones de don Juan y de su hermano el rey de Aragón pues no le serían devueltas sus posesiones ni percibirían ni don Juan ni don Enrique una renta equivalente en metálico por las mismas, sino que solo se llegó al compromiso de que al finalizar la tregua que duraría cinco años ―período de tiempo durante el cual los infantes de Aragón no podrían entrar en Castilla― unos jueces resolverían las reclamaciones de los infantes. Estos términos tan duros fueron aceptados por don Juan y por su hermano el rey de Aragón, debido a su inferioridad militar.[31]

En 1434 viajó a Sicilia donde se encontraban sus hermanos el rey Alfonso el Magnánimo y los infantes de Aragón don Enrique y don Pedro. Aunque su propósito era intentar conseguir que el rey de Aragón volviese a la península ibérica para que se ocupase de sus asuntos en Castilla una vez que estaba a punto de cumplirse el plazo de cinco años estipulado en las treguas de Majano que habían puesto fin a las hostilidades de la guerra castellano-aragonesa de 1429-1430,[34]​ La batalla de Ponza dio pie a una obra satírica del marqués de Santillana, La comedieta de Ponza.

Mientras se encontraban en Italia su esposa Blanca I de Navarra, junto con la de Alfonso el Magnánimo María de Aragón, consiguió que el rey Juan II de Castilla prorrogara ocho meses las treguas de Majano, lo que le permitió negociar la paz definitiva de la guerra castellano-aragonesa de 1429-1430, llegándose al acuerdo de la Concordia de Toledo firmado el 22 de septiembre de 1436.[36]

En la guerra civil castellana de 1437-1445 acabó encabezando, junto con su hermano don Enrique, la facción nobiliaria que se había rebelado contra el valido de Juan II de Castilla don Álvaro de Luna. Aunque en los primeros años de la guerra obligó al rey Juan II a que desterrara a su valido de la corte en dos ocasiones, la primera por seis meses (Acuerdo de Castronuño) y la segunda por seis años (Sentencia de Medina del Campo), tuvo que recurrir al secuestro del rey (golpe de Rámaga) para evitar que siguiera apoyando al bando del condestable. Finalmente fue derrotado en la decisiva y final batalla de Olmedo que supuso la pérdida definitiva de todas sus posesiones castellanas. En el transcurso de la guerra y para sellar la alianza entre los infantes de Aragón y los líderes de la Liga nobiliaria que encabezaban se acordó el matrimonio del infante don Enrique con doña Beatriz de Pimentel, hija del conde de Benavente, y la de don Juan, que acababa de enviudar al haber muerto en el mes de mayo su esposa Blanca I de Navarra, con doña Juana Enríquez, hija del almirante de Castilla.[37]

En enero de 1450 Juan de Navarra que se encontraba en Zaragoza para presidir las Cortes del Reino de Aragón —había sido nombrado lugarteniente del reino por su hermano el rey Alfonso el Magnánimo que continuaba en Nápoles— se marchó rápidamente para el reino de Navarra, pues según narró Jerónimo Zurita, «le convenía tornar presto a Navarra por la dissensión que se començó a mover por los estados de aquel reyno, deseando la una parcialidad del que el príncipe don Carlos tomasse a su mano la gobernación y la possessión del reyno, como legítimo sucesor a quien pertenecía de derecho».[38]

Así pues, la vuelta de don Juan a Navarra motivó el enfrentamiento entre el rey y su hijo primogénito Carlos de Viana, fruto de su matrimonio con la fallecida reina Blanca. En efecto, Juan se aprovechó del testamento de su esposa por el que su hijo, que como príncipe de Viana era el legítimo heredero, no debía asumir el título real sin su consentimiento, asumiendo sólo la lugartenencia del reino.[39]​ Esto provocó un fuerte descontento en Navarra, que llevó a la guerra civil en 1451.

Guerra Civil de Navarra

El descontento de Carlos de Viana y las cada vez más graves diferencias con su padre, desembocaron en una guerra civil entre los beamonteses, partidarios de Carlos, y los agramonteses, defensores de la causa de Juan. Ambos se enfrentaron el 23 de octubre de 1451 en la batalla de Aibar, donde Carlos fue derrotado y hecho prisionero junto a su condestable Luis de Beaumont. Juana Enríquez, en avanzado estado de gestación, abandonó Estella y se trasladó a Sos (Aragón), donde dio a luz a su hijo Fernando. Decidida a que su hijo fuera el futuro rey de Aragón, mostró toda su aversión hacia Carlos, que fue declarado por su padre, junto a su hermana Blanca, como «inhábiles e indignos de la sucesión (...)» para ostentar el gobierno. El príncipe de Viana, una vez liberado tras la Concordia de Valladolid, y a petición de las Cortes de Lérida, marchó a Nápoles en busca de la protección de su tío Alfonso V, que obligó a su hermano a anular el desheredamiento.

En 1454, Juan II, fue nombrado por su hermano Alfonso V lugarteniente de Aragón y Cataluña, mientras este gobernaba el reino desde el sur de Italia y Sicilia. En Cataluña, en concreto, el nuevo lugarteniente se mostró partidario de apoyar a los grupos menos favorecidos, los campesinos y los menestrales, dado que estos sectores de la población compartían enemigos con su autoridad: los nobles laicos y eclesiásticos y los altos oligarcas urbanos que controlaban las instituciones y discutían el poder real.[40]

Rey de la Corona de Aragón

Sello de Juan II con las armas de Aragón y de Navarra.

En 1458 se produjo la muerte del rey Alfonso el Magnánimo, quien carecía de herederos directos, y Juan le sucedió en el trono de Aragón. El 25 de julio de ese año otorgó a su segundo hijo varón Fernando el título de duque de Montblanc y de conde de Ribagorza con el señorío de la ciudad de Balaguer.[c]

La revolución catalana de 1460-1461

En diciembre de 1459 se firmó la Concordia de Barcelona por la que el rey Juan II de Aragón y su hijo el príncipe Carlos de Viana se reconciliaron en su disputa por la corona del reino de Navarra.[44]

En septiembre de 1460 Juan II convocó las Cortes catalanas en Lérida y le pidió a su hijo Carlos de Viana que se reuniera con él.[47]

Palacio Real de Vilafranca del Penedés, restaurado en 2012, donde probablemente se firmó la Capitulación de Vilafranca el 21 de junio de 1461.

La detención del príncipe de Viana causó una honda conmoción en toda Cataluña y provocó una inesperada ola de protestas.[51]​ Un grupo de jurisconsultos dictaminó que con la orden de detención de Carlos de Viana el rey había quebrantado las constituciones catalanas. Así la Diputación del General envió el 17 de enero un ultimátum al rey[54]

El 23 de febrero de 1461 Juan II ordenó la puesta en libertad de Carlos de Viana, encarcelado en Morella, ante la amenaza que suponía el ejército reclutado por la Diputación del General de Cataluña que había salido de Barcelona en dirección a Fraga.[62]

Según lo dispuesto en la Capitulación de Villafranca, al morir el príncipe de Viana la lugartenencia de Cataluña pasaba al infante don Fernando pero dada su incapacidad para gobernar debido a su edad ―tenía nueve años― la reina Juan Enríquez sería quien ejercería la lugartenencia de Cataluña en su nombre como tutora ―«tudriu»―. El 21 de noviembre la reina y el príncipe llegaban a Barcelona[65]

La Guerra Civil Catalana (1462-1472)

Plaza del Rey de Barcelona donde a finales de mayo de 1462 fueron expuestos los cadáveres de varios miembros de la Busca ejecutados al haber sido condenados sumariamente por encabezar una supuesta conjura realista. Este hecho se suele considerar como el inicio de la guerra civil catalana.

Ante el clima cada vez más hostil que se encontró en una Barcelona dominada por la Biga y temiendo por la seguridad de su hijo,[69]

Poco después de la firma del acuerdo de Bayona entre Juan II de Aragón y Luis XI de Francia ―por el que este se comprometía a enviar un ejército a Cataluña para someter a los rebeldes y a cambio el rey de Aragón le pagaría en dos o tres años 200.000 o 300.000 escudos, pero hasta que no se hubiera completado la entrega de esa cantidad el rey de Francia ejercería la jurisdicción y percibiría los derechos y rentas de la corona de los condados de Rosellón y de Cerdaña[72]

De acuerdo con lo estipulado en Bayona, a principios de julio un ejército compuesto por unos 10.000 hombres al mando de Gastón IV de Foix penetraba en el Rosellón.[81]

Un mes después del levantamiento del asedio de la Força Vella el ejército de Gastón de Foix se dirigió a Barcelona para iniciar su sitio.[82]

Altar mayor de la catedral de Barcelona donde el 11 de noviembre de 1462 los dos lugartenientes enviados por Enrique IV de Castilla juraron en su nombre las leyes catalanas.

El 13 o el 14 de septiembre de 1462 el bando realista inició el asedio de Barcelona[86]

El 23 de abril de 1463 Luis XI, que había sido aceptado por ambas partes como mediador en el conflicto que enfrentaba a Juan II y a Enrique IV de Castilla, hizo pública la sentencia arbitral de Bayona.[49]

Las autoridades catalanas no aceptaron la oferta de Juan II y el 27 de octubre de 1463 ofrecieron la corona de Aragón al condestable don Pedro de Portugal, nieto de Jaime II de Urgel, el pretendiente al trono desbancado por Fernando de Antequera en el compromiso de Caspe. Llegó a Barcelona en enero de 1464.[91]

El 25 de agosto Pedro de Portugal sufrió un nuevo revés cuando Juan de Beaumont se pasó al bando realista y entregó Vilafranca del Penedés.[96]

Otro nuevo revés para los «rebeldes» fue su derrota el 28 febrero de 1465 en la batalla de Calaf.[91]

Anverso de un ducado de oro de Zaragoza de Juan II.

Tras la muerte del Condestable, Juan II hizo una oferta de paz del mismo tenor que la que acababa de hacer a Tortosa, pero el ofrecimiento fue rechazado por las instituciones barcelonesas, dominadas por el sector revolucionario más radical[101]

Renato de Anjou, que nunca llegó a estar en Cataluña, envió como su lugarteniente a su hijo Juan de Anjou, duque de Lorena.[106]

Las victorias de Juan de Anjou, sumadas a la amenaza angevina sobre Gerona, supusieron un duro revés para los realistas. En estas circunstancias a Juan II no le quedaba más opción que buscar apoyos en la Corona de Castilla, donde el 19 de septiembre de 1468 se acababa de proclamar en los Toros de Guisando a la princesa Isabel, de diecisiete años de edad, como heredera de su hermanastro el rey Enrique IV de Castilla en detrimento de la hija de este Juana, de seis años de edad. Así Juan II envió a Castilla a unos embajadores que entablaron negociaciones con el bando aristocrático partidario de la princesa Isabel para concertar el matrimonio de esta con el príncipe Fernando ―quien desde el 10 de junio era rey de Sicilia al haberle cedido su padre la corona de este reino―[101]

Retrato imaginario del rey Juan II de Aragón, de Manuel Aguirre y Monsalbe. Ca. 1851-1854. (Diputación Provincial de Zaragoza).

En abril de 1469, al mes siguiente de la firma de las capitulaciones de Cervera, el poderoso ejército que Juan de Anjou había reunido en el Rosellón avanzó hacia Gerona pero los angevinos no tuvieron que tomar la ciudad porque esta se entregó sin luchar el 1 de junio de 1469. En los meses siguientes cayeron otras localidades de las comarcas interiores de Gerona. Sin embargo, la ofensiva de los «rebeldes» se detuvo a finales de 1469 por la escasez de fondos de los Anjou y por la falta de apoyo de Luis XI ocupado en sofocar el alzamiento del conde de Armagnac, alentado por Juan II.[110]

Ante la previsible reanudación de la ofensiva de Juan de Anjou en la primavera del año siguiente Juan II convocó Cortes Generales de Aragón en Monzón para recabar los fondos necesarios para continuar la guerra. En la sesión de apertura que tuvo lugar el 10 de abril de 1470 el rey pronunció un memorable discurso que conmovió tanto a los representantes catalanes (juanistas), aragoneses y valencianos que Juan II tuvo pocas dificultades para obtener importantes donativos. Según Jaume Vicens Vives, fue «uno de los más hábiles discursos que jamás ha pronunciado un político».[112]

El 16 de diciembre de 1470 Juan de Anjou murió en Barcelona.[102]

Monasterio de Pedralbes, en torno del cual el rey Juan II de Aragón estableció su campamento en el sitio de Barcelona de 1472 y donde tuvieron lugar las negociaciones que condujeron a su rendición el 16 de octubre de ese año.

A finales del verano de 1471 año Juan II organizó una gran ofensiva con el objetivo de tomar Barcelona. El 18 de octubre se entregaba Gerona cayendo a continuación en manos realistas el Bajo Ampurdán, mientras que en la comarca del Vallés tomaban Sant Cugat del Vallés, Sabadell y Granollers, culminando su ofensiva con la gran victoria de la batalla de Santa Coloma de Gramanet del 26 de noviembre de 1471.[118]

La forma tan generosa como trató Juan II a las poblaciones que iban cayendo en su poder desde finales de 1471 animó a otras localidades hasta entonces fieles a las instituciones catalanas «rebeldes» a rendirse al bando realista ―«esta prudente política hizo más por la causa del rey que cuatro ejércitos bien adiestrados», comenta Vicens Vives―. Sin embargo Barcelona, sitiada por mar y por tierra continuó resistiendo, pero a finales de septiembre las autoridades de la ciudad decidieron confiar en la magnanimidad de Juan II y el 8 de octubre el Consell de Cent aprobó el reconocimiento de la autoridad de Juan II, lo que aceleró las negociaciones que se estaban manteniendo desde principios de mes.[124]

El 17 de octubre de 1472, al día siguiente de capitulación de Pedralbes, Juan II —«aquel anciano de setenta años incombustible medio ciego que a menudo había dirigido personalmente las tropas»—[121]

Los últimos años (1472-1479)

Tras el final de la Guerra Civil Catalana, Juan II intentó recuperar los condados de Rosellón y de Cerdaña que estaban en poder de Luis XI de Francia.[128]

Sin embargo en junio del año siguiente, las tropas de Luis XI, incumpliendo el tratado de Perpiñán, cruzaron la frontera y se adentraron en el Rosellón.[135]

En cuanto a la cuestión remensa Juan II recompensó al principal líder remensa Francesc de Verntallat por su apoyo con un título y bienes procedentes de vizcondado de Bas i de Hostoles, pero no entró a resolver el problema y tanto los campesinos como los señores quedaron a la expectativa.[136]​ De nuevo el asunto pasó a su hijo Fernando II que lo resolvería con la Sentencia Arbitral de Guadalupe de 1486.

Tumbas de Juan II y de la reina Juana Enríquez en el Monasterio de Poblet.

Juan II murió por causas naturales en Barcelona el 19 de enero de 1479, a los 80 años y 7 meses de edad y fue enterrado en el Monasterio de Poblet. Su hija de su primer matrimonio Leonor heredó el reino de Navarra y Fernando, hijo de su segunda unión, que ya era rey consorte de Castilla por su matrimonio con Isabel, heredó la Corona de Aragón.

En su lecho de muerte un día antes de su fallecimiento le escribió una carta a su hijo Fernando:[137]

Hijo, ya podeys considerar en el punto en que estamos, que ni regnos ni súbditos ni potencias algunas humanas, por grandes que sean, ayudar ni valer nos pueden, salvo aquel Creador y Redentor del mundo en cuyas manos estamos. Y es este passo tal, que querríamos haver seydo uno de los más ínfimos hombres de nuestros regnos y senyoríos. […] No vos enganye el mundo... Levad siempre ante los ojos el temor de Dios... La justicia sobre todas las cosas sea el espejo de vuestro corazón. […]
Los regnos y súbditos conservad en paz y en justicia, sin injuria del próximo, evitando quanto al mundo podays todas guerras y discusiones.

Sobre su vida su principal biógrafo Jaume Vicens Vives ha escrito lo siguiente:[138]

Y bien, ¿qué juicio podemos formar de Juan II de Aragón...? En principio, todo hombre es responsable de sus actos, y nadie puede desembarazar a Juan II de las culpas propias. Su más graves errores ante la Historia fueron, en consecuencia, no aceptar el papel secundario que le correspondía en Castilla, ser incapaz de perdonar a su hijo Carlos de Viana y precipitarse en los brazos de Luis XI de Francia para ahogar la revolución catalana. He aquí tres empeños en los cuales se puede achacar a nuestro biografiado la total responsabilidad.
Ahora bien, todo hombre actúa en una coyuntura social y política determinada. Cuantos han atacado a Juan II por ser hombre de guante de hierro, por aspirar al mando en Castilla, por defender el autoritarismo en Navarra y Cataluña, por utilizar procedimientos sinuosos, olvidan la tendencia de los tiempos, el nutrido de ejemplos que se le aproximan en el ámbito de la Europa occidental contemporánea. En este sentido no fue mejor ni peor que su hermano Alfonso el Magnánimo, su sobrino Ferrante I de Nápoles, sus rivales Álvaro de Luna, Juan Pacheco, Juan de Beaumont, Luis XI de Francia y Galeazzo María Sforza, y sus aliados Carlos el Temerario de Borgoña y Eduardo IV de Inglaterra. Fue aquélla una época en la que, como muy pronto definiría Maquiavelo, la virtú, aliándose a la fortuna, justificaba sobradamente, el éxito y la gloria.
Juan II tuvo esa virtú política.
Vivió excesivamente. Nadie puede rebasar los límites donde una generación halla el tope de su eficiencia histórica... El hecho de rebasar con mucho la edad de los hombres de su tiempo, le permitió ser fiel a su política y reparar poco a poco las faltas cometidas. Circunstancia imprevista, que había de facilitar la consecución del supremo ideal de su vida: la entronización del poder de la rama menor de los Trastámara en Castilla.

Other Languages