Juan Carreño de Miranda

Autorretrato, óleo sobre lienzo, 63 x 48 cm, subastado en Isbilya, en abril de 2016. Propiedad en el siglo XIX del marqués de Salamanca, en el retratado ha sido posible reconocer un autorretrato de Carreño gracias al grabado abierto sobre él, atribuido a Juan Bernabé Palomino.

Juan Carreño de Miranda (¿ Avilés? c. 1614- Madrid, 1685) fue un pintor barroco español. Llamado por Miguel de Unamuno pintor de la «austriaca decadencia de España»,[1]​ a partir de 1671 sirvió como pintor de cámara de Carlos II. Como retratista de la corte fue continuador del tipo de retrato velazqueño, con su misma sobriedad y carencia de artificio pero empleando una técnica de pincelada más suelta y pastosa.

Biografía

Según Antonio Palomino, que en su información sigue casi al pie de la letra a Lázaro Díaz del Valle, hijo de Juan Carreño de Miranda y de su mujer, Catalina Fernández Bermúdez, naturales del concejo de Carreño en Asturias, hijosdalgo y descendientes de la antigua nobleza asturiana, nació en Avilés el 25 de marzo de 1614.[3]

La Magdalena penitente, óleo sobre lienzo, 228 x 180 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

A poco de llegar a Madrid comenzó su formación artística, primero con Pedro de las Cuevas, célebre maestro de pintores, y más adelante con Bartolomé Román, con quien dice Palomino se perfeccionó en el color, aunque faltan datos precisos del tiempo que permaneció con ellos. La primera obra fechada que se le conoce, el San Antonio de Padua predicando a los peces (Museo del Prado), procedente del Oratorio del Caballero de Gracia, se encuentra firmada en 1646, cuando con treinta y dos años era ya un pintor formado. Ciertos arcaísmos en los escorzos de los ángeles que sobrevuelan la escena y la figura del santo, de claro y preciso dibujo, con recuerdos que remontan todavía a Vicente Carducho, maestro de Bartolomé Román, combinan con un sentido del color que parece deudor de Anton van Dyck.[5]​ Ese sentido del color y la pincelada vibrante de origen ticianesco alcanzan cotas de sensualidad veneciana en La Magdalena penitente del Museo de Bellas Artes de Asturias fechada en 1647 o en la algo más tardía de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En 1658 pintó un Crucifijo sobre madera recortada con dedicatoria a Felipe IV (Indianapolis Museum of Art). Se trata del primer intento conocido de aproximación a la corte.[9]​ Según Palomino, el esfuerzo que hubo de hacer para aprender la técnica del fresco y adaptarse al modo de trabajar de los italianos Mitelli y Colonna, le obligó a dejar inacabada la historia de la boda de Epimeteo y Pandora.

Las pinturas del Salón de los Espejos, las primeras realizadas por Carreño para el rey, significaron también el inicio de la colaboración con Rizi. Ambos trabajaron al fresco en la cúpula oval y anillo inferior de la iglesia de San Antonio de los Portugueses entre 1662 y 1666. A Rizi, según Palomino, habrían correspondido las arquitecturas y ornamentación y a Carreño las figuras, aunque algunos dibujos conservados en el Museo del Prado y la Casa de la Moneda, indican que también Rizi proporcionó los primeros diseños con la idea original para la escena central de la apoteosis del santo.[10]

Estos frescos de San Antonio de los Portugueses, aunque retocados por Luca Giordano, son junto con los mal conservados del camarín de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, concluidos en 1667, los únicos frescos fruto de la colaboración de los dos pintores que se han conservado al resultar destruidos en diversas circunstancias los pintados para el Salón de los Espejos y la Galería de las Damas del viejo Alcázar, los del camarín de la Virgen de la desaparecida iglesia de Nuestra Señora de Atocha y los que decoraban la cúpula del Ochavo de la catedral de Toledo, contratados por Rizi y Carreño en 1665 y concluidos en 1671, que fueron reemplazados en 1778 a causa de su mal estado por los pintados por Mariano Salvador Maella.

También con Rizi colaboró en la decoración de la capilla de San Isidro en la parroquia de San Andrés. De 1663 a 1668 se registran pagos a los dos pintores por cuatro cuadros que resultaron destruidos en 1936. Dos dibujos preparatorios y un grabado de Juan Bernabé Palomino permiten al menos conocer la composición original del Milagro de la fuente, cuya ejecución correspondió a Carreño.[11]

La fundación de la Orden Trinitaria, 1666, óleo sobre lienzo, 500 x 315 cm, musée du Louvre, procedente del convento de los trinitarios descalzos de Pamplona.

Muy estrecha parece haber sido también la colaboración con Rizi en La fundación de la Orden Trinitaria, lienzo destinado al altar mayor de la iglesia del convento de los trinitarios descalzos de Pamplona, ahora en el Museo del Louvre. Aunque un documento que da testimonio de su colocación en el templo indica que fue pintado por «Rizio y Carreño» y que por él se pagaron 500 ducados de plata, el lienzo, de considerables dimensiones, está firmado y fechado en 1666 únicamente por Carreño, igual que un boceto o modelo para uso del taller, ahora conservado en Viena, que podría ser el que según Antonio Palomino conservaba su discípulo Jerónimo Ezquerra, en cuyo poder pudo verlo y admirarlo. La idea original corresponde a una composición proporcionada por Rizi, de la que se conoce un detallado dibujo conservado en la Galleria degli Uffizi, pasado al lienzo con muy ligeras variaciones.[12]​ Una de las obras más complejas y apreciadas de Carreño tiene de este modo, como punto de partida, una composición de Rizi.

En 1669 fue nombrado pintor del rey y ayuda de la furriera y en 1671, adelantando a Rizi en el escalafón, pintor de cámara, ocupando la plaza que quedaba vacante por muerte de Sebastián Herrera Barnuevo. A esta etapa final de su carrera corresponden los retratos a los que se liga gran parte su fama de Carlos II y de su madre la reina viuda Mariana de Austria, del embajador de Rusia, Piotr Ivanovich Potemkin, de Eugenia Martínez Vallejo, vestida y desnuda y del bufón Francisco de Bazán (Museo del Prado), retratos los tres últimos de enanos y bufones de la corte tratados con la gravedad y decoro velazqueños.

El retrato del duque de Pastrana (hacia 1679, Museo del Prado) evidencia la influencia que dejó en su pintura el porte elegante y sentido del color de Anton van Dyck. El interés del asturiano por los retratos del flamenco lo pone de manifiesto un rápido apunte a lápiz negro ( Biblioteca Nacional de España) del retrato del joven Filippo Francesco d’Este, marqués de Lanzo, pintado por Anton van Dyck (Viena, Kunsthistorisches Museum) que fue propiedad junto con el retrato de su hermano de Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, x almirante de Castilla, en cuya colección pudo estudiarlo Carreño.[13]

Como pintor de cámara hubo de ocuparse también de la decoración y remodelación de algunas salas del monasterio de El Escorial, completando lo que había iniciado Velázquez, e intervino en la restauración y copia de algunas de las pinturas de palacio. Una copia del Pasmo de Sicilia de Rafael (Museo del Prado), conservada ahora en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, estuvo colocada en el altar mayor del convento de carmelitas descalzas de Santa Ana de Madrid, bajo una pintura de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen del mismo Carreño, firmada en 1674 (Museo del Prado).

Other Languages