Juan Calderón

Juan Antonio Hermógenes Calderón Espadero ( Villafranca de los Caballeros, Toledo, 1791- Londres, 1854) fue un escritor y filólogo español.

Biografía

Pasó su infancia en Alcázar de San Juan como hijo del médico segundo, después titular, del mismo nombre.[1] Muy joven ingresó en el convento de San Francisco de esta localidad, más por afición a los estudios que por deseo de llevar vida monástica; completó sus estudios en el convento de la orden franciscana en Lorca ( Murcia). Luchó en la Guerra de la Independencia como furriel de su tío materno, el militar Pedro José Espadero. En Valencia aprendió francés y entró en contacto con las filosofías materialistas de la Ilustración, con lo que empezó a volverse deísta. Vuelto a Alcázar de San Juan, enseñó allí filosofía moral y, en 1820, la Constitución de Cádiz. Tomó parte en la Sociedad Patriótica de la villa, pero esta significación de liberalismo le valió un atentado contra su vida en 1823, por lo cual emigró a Francia, donde subsistió a duras penas trabajando como zapatero y dando clases de español en Bayona. Allí, instruido por el pastor Henri Pyt, se convirtió a la fe evangélica, se casó y publicó estudios gramaticales y controversias teológicas. Trasladado a Burdeos, publicó allí una Revue grammaticale de la langue espagnole y un Examen raisonné de l'emploi des verbes ser et estar. Casado con una francesa, nació en 1833 en Poitiers su único hijo, Philip Hermógenes Calderón, que llegaría a ser un famoso pintor inglés. Un nieto de Juan Calderón fue también pintor, William Frank Calderón. En 1841 polemizó con el franciscano padre José Areso, restaurador de la orden en Francia, con motivo de sus actividades como distribuidor de biblias en español entre los emigrados españoles del sur. La respuesta de Juan Calderón fue publicar una Respuesta en la que se defendía de todas esas acusaciones, fundamentalmente referidas a la mala calidad de las traducciones y sus errores.

Pasó a Londres a predicar a los emigrados liberales, pero, remiso a olvidar su tierra natal, mantenía su recuerdo leyendo El Quijote, por lo que, al volver durante la regencia de Espartero, compuso su Cervantes vindicado en 115 pasajes, publicado póstumamente en 1855 y donde corrige principalmente una serie de fallos filológicos cometidos por otro comentarista del Quijote, Diego Clemencín. También publicó en Madrid una gramática titulada Análisis lógica y gramatical de la lengua castellana ( 1843) que años después fue establecida como libro de texto oficial para el aprendizaje de la lengua española por extranjeros, conociendo dos ediciones más. En Londres, copió varios manuscritos de la Biblioteca del Museo Británico para el hebraísta Luis de Usoz, quien se sirvió de sus conocimientos filológicos para editar varias obras clásicas del protestantismo español. Luis de Usoz, más tarde, sería el editor de su Autobiografía (1855) y su Cervantes vindicado (1855). También en´Londres revisó y tradujo del griego el Nuevo Testamento, tarea en que le sorprendió la muerte; dicho Nuevo Testamento apareció publicado en Edimburgo en 1858. Asimismo escribió varios ensayos, algunos sobre el ateísmo de Spinoza, en dos revistas protestantes que editó en castellano, El Catolicismo Neto y El Examen Libre, cuyo cometido era divulgar la religión protestante y que fueron repartidas de forma clandestina en España. Dichas revistas pueden considerarse las primeras revistas protestantes compuestas en lengua española; en ellas polemizó contra el pensador católico Jaime Balmes. Murió en Londres, en 1854.

Marcelino Menéndez Pelayo le sitúa entre los tres heterodoxos españoles más importantes del siglo XIX:

"Fuera de Blanco White y de Usoz, el único protestante español digno de memoria entre los de este siglo, y no ciertamente por lo original y peregrino de sus errores religiosos, sino por la importancia que le dieron sus méritos de filólogo y humanista y la docta pureza con que manejaba la lengua castellana, es don Juan Calderón, apóstata de la orden de San Francisco".

Fue, además, un competente cervantista. Su obra Cervantes vindicado en ciento y quince pasajes es considerada como una obra imprescindible en la crítica textual del Quijote del siglo XIX.

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