Juan Antonio de Frías y Escalante

Santa Catalina de Alejandría, óleo sobre lienzo, 190 x 120 cm, Madrid, Iglesia de los Santos Justo y Pastor.
Andrómeda, óleo sobre lienzo, 64 x 78 cm, Madrid, Museo del Prado.
La prudente Abigail, 1667, óleo sobre lienzo, 113 x 152 cm, Madrid, Museo del Prado. Procedente del Convento de Nuestra Señora de la Merced, donde formaba parte de una serie de dieciocho pinturas, prefiguraciones de la Eucaristía.

Juan Antonio de Frías Escalante o, según firmaba, Juan Antonio Escalante ( Córdoba, 1633 - Madrid, 1669), fue un pintor barroco español del Siglo de Oro.

Biografía y obra

Muy joven se instaló en Madrid donde fue discípulo de Francisco Rizi, con quien mantuvo una estrecha relación, llegando a ser su albacea testamentario. A pesar de su temprana muerte, desarrolló una importante carrera trabajando casi exclusivamente para las iglesias y conventos de la Corte. Admirador de la pintura veneciana de Tintoretto y Veronés, como observó Palomino, quien le decía seguidor en todo de aquel estilo en la composición y «gracia de actitudes», también se mostró deudor de Van Dyck, además de hacer uso con cierta frecuencia de estampas flamencas copiadas sin apenas variantes, como en la Conversión de San Pablo del Museo Cerralbo, basada en un grabado de Schelte à Bolswert sobre una composición de Rubens,[2]

Pero la influencia más directa y constante recibida por Escalante podría sea la intimista y clásica de Alonso Cano, interpretada con gran suntuosidad y claridad lumínica, como podría comprobarse en la Anunciación de la Hispanic Society of America, fechada en 1663, muy próxima en composición y estilo a la que el granadino pintó para la iglesia de la Magdalena de Getafe. Buena prueba de su admiración por Cano es la adquisición de tres de sus pinturas mitológicas (Cupido y dos ninfas, Apolo y una diosa) en la almoneda de los bienes de José Cisneros, celebrada en Madrid en 1665. Perdidas las dos restantes, la diosa, descrita como entrepuerta, ha de ser con toda probabilidad la Juno de colección particular madrileña, dada a conocer por Alfonso E. Pérez Sánchez en 1999, cuyo perfil, muy significativamente, no dudará Escalante en utilizar para el San José con el Niño, san Juanito y dos ángeles del Museo de Bellas Artes de Asturias, trasladando a la silueta del santo la de la diosa.[3]

Artista precoz y prolífico, entre sus numerosas composiciones Antonio Palomino elogió particularmente un Cristo Muerto que estaba en el convento de los Clérigos Menores y «verdaderamente parece de Tiziano», actualmente en el Museo del Prado (1663) y la Santa Catalina de Alejandría de la antigua parroquia de San Miguel, actual iglesia de Santos Justo y Pastor o de Las Maravillas, «figura graciosísima, y caprichosa, que parece de Tintoretto».[7]

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