Josep Pla

Josep Pla con 20 años. (Fundación Josep Pla, col. Josep Vergés.)

Josep Pla i Casadevall, también citado como José Pla ( Palafrugell, 8 de marzo de 1897 - Llufríu, 23 de abril de 1981), fue un escritor y periodista español en lenguas catalana y castellana.

Su original y extensa obra literaria, que abarca de forma ininterrumpida seis décadas y más de 30 000 páginas, fue esencial en la modernización de la lengua catalana y en la divulgación de las costumbres y tradiciones locales. Sus artículos de opinión, sus crónicas periodísticas y sus reportajes sociales de numerosos países constituyen también un singular testimonio de la historia del siglo XX. Todo ello, unido al hecho de seguir siendo el autor más leído de la literatura en catalán 25 años después de su muerte, le ha consagrado de forma unánime como el prosista más importante de la literatura catalana contemporánea.

Biografía

Infancia y adolescencia

Casa natal de Josep Pla, en la calle Nueva (carrer Nou) de Palafrugell.

Hijo de una familia de modestos propietarios rurales, el mayor de cuatro hermanos, estudió el bachillerato en la ciudad de Gerona, donde estuvo internado desde 1909 en el Colegio de los Maristas. El último curso (1912-13) se examinó por libre porque fue expulsado del internado. En 1913 se matriculó en Ciencias en la Universidad de Barcelona e inició estudios de Medicina, pero en mitad de curso cambió de idea y se matriculó en Derecho sin demasiado entusiasmo, con la idea de convertirse en notario.

Instalado en pensiones y apasionado por la lectura y la observación desde muy joven, el vacío que percibía en la vida universitaria no le privó de adaptarse a otro ambiente que canalizaría su desorientación intelectual de juventud: la Peña del Ateneo barcelonés, con la biblioteca y sobre todo la tertulia diaria que allí tenía lugar con personajes como Josep M. de Sagarra, Eugeni d'Ors o Francesc Pujols. De esta época juvenil proviene su admiración por Pío Baroja —una referencia constante para su generación— y la influencia de Alexandre Plana, amigo y maestro de juventud, al que atribuyó nada menos que su decisión de alejarse del amaneramiento noucentista y apostar definitivamente por una literatura para todo el mundo basada en «la inteligibilidad, la claridad y la sencillez», ideas que serían su divisa estilística a lo largo de su carrera literaria.

Juventud, primeros escritos

En 1919 se licencia en Derecho y comienza a trabajar profesionalmente en el periodismo, primero en el periódico fundado por Rafael Roldós, Las Noticias, y al poco tiempo en la edición nocturna de La Publicidad. Comienza su periplo como corresponsal en distintos destinos ( París, Madrid, Portugal, Italia, Berlín). Catalanista moderado, en 1921 es elegido diputado de la Mancomunitat de Catalunya por la Lliga Regionalista en su comarca natal.

En 1924, a causa de un artículo crítico con la política militar en el Protectorado español de Marruecos, sufre un proceso militar que le impide regresar a España en los años siguientes. Durante su exilio en París, trató –y conspiró– con algunos de los principales opositores catalanistas a la dictadura de Primo de Rivera, como Francesc Macià. Continúa viajando por Europa ( Unión Soviética, Reino Unido) y en 1925 publica su primer libro, Coses Vistes –una recopilación de descripciones paisajísticas, narraciones breves, retratos literarios y evocaciones autobiográficas– con el que obtuvo un gran éxito de crítica y público, y que se agotó en una semana. Se trataba de un buen anticipo de su estética: «escribir sobre las cosas que he visto». A finales de 1925 se publicó su segunda obra –Rússia–, escrita a partir del viaje de seis semanas a la URSS en compañía de Eugeni Xammar y acogido en casa de Andreu Nin. En 1927 pudo regresar a España, dejó La Publicitat, de línea progresista próxima a Acció Catalana, y fichó por La Veu de Catalunya, el periódico de la Lliga, de tendencia liberal-conservadora. Inició entonces una relación de mecenazgo con Francesc Cambó —líder del catalanismo moderado—, cuyas famosas tertulias frecuentó asiduamente y del cual publicó poco después una biografía política muy favorable al personaje, por entonces enfrentado a los sectores republicanos e izquierdistas.

La República y la guerra civil

En abril de 1931, la misma mañana de la proclamación de la República, es enviado a Madrid por Cambó como corresponsal parlamentario de La Veu y se convierte en observador directo de los primeros días del nuevo régimen. El dietario madrileño de esos meses, de gran valor histórico, está recogido en su obra Madrid. El advenimiento de la República. Permaneció en la capital de España durante casi todo el periodo republicano (1931-1936), ejerciendo de cronista parlamentario, lo que le permitió relacionarse con las élites políticas y culturales españolas. Pla, que no era ni antirrepublicano ni antimonárquico, sino un pragmático que buscaba la modernización del Estado, manifestó en un primer momento cierta simpatía por la República: cree que el nuevo sistema político puede cuajar en España si se consolida siguiendo el modelo de la República Francesa, aunque poco a poco se va desencantando con el curso que toman los acontecimientos hasta considerarlo una completa «locura frenética y destructora».

Alegando razones de salud, abandona un Madrid convulso y muy peligroso pocos meses antes de comenzar la guerra civil española. Tampoco Barcelona le parece segura y huye en barco de la Cataluña republicana en dirección a Marsella, en septiembre de 1936, en compañía de Adi Enberg, ciudadana noruega nacida en Barcelona con la que mantenía una relación formal desde años atrás (se presentaron incluso como matrimonio durante algunos años). Adi Enberg trabajaba para SIFNE, el Servicio de Información de la Frontera Noreste, un servicio de espionaje franquista financiado por Francesc Cambó, tareas con las que algunas fuentes afirman que colaboró también Pla[2] Continúa su exilio en Roma, donde escribe por encargo de Francesc Cambó buena parte de la monumental Historia de la Segunda República Española, publicada en 1939 y que Pla se negaría a reeditar y a incluir en sus Obras Completas. En el otoño de 1938, Adi Enberg y Pla se desplazan a Biarritz y desde ahí logran llegar a San Sebastián e incorporarse a la España franquista. En enero de 1939 entra en Barcelona integrado en las tropas franquistas, junto a Manuel Aznar y otros periodistas. Entre febrero y abril de 1939, en que acaba la guerra, se convierte en subdirector de La Vanguardia, bajo la dirección de Aznar.

La posguerra

Josep Pla (derecha) junto al también escritor catalán Manuel Brunet.

Desbordado por la marcha de los acontecimientos de la inmediata posguerra y ante el fracaso imprevisto de su proyecto en La Vanguardia, se retira al Ampurdán en una suerte de exilio interior y se separa de Adi Enberg. En septiembre de 1939 publica su primer artículo en Destino, el semanario que sus amigos catalanes crearon en Burgos y en el que empezará a escribir semanalmente unos meses después, desde febrero de 1940. Son los años en que viaja por su comarca natal, redescubre sus paisajes y sus gentes, sus pueblos pequeños y, por supuesto el mar. También asume su condición personal de hereu (heredero primogénito) y pequeño propietario rural, al heredar la masía familiar en usufructo, y nunca más volverá a residir en Barcelona.

Gracias a su colaboración regular con la revista Destino, de la cual acabará siendo uno de sus principales impulsores, vuelve a viajar por el mundo, ya no como corresponsal, sino como periodista observador, lo que le permite realizar magníficos reportajes: visita Francia, Israel, Cuba, Nueva York, Oriente Medio, América del Sur, la Unión Soviética... De Israel, por ejemplo, dejó un testimonio único de sus primeros años de existencia como Estado: lo visitó en 1957, arribando a Tel Aviv en uno de los barcos procedentes de Marsella, que iban cargados de ilusionados judíos procedentes de la diáspora. Llegó durante la construcción entusiasta de las ciudades y asombrosas infraestructuras hebreas en pleno desierto.

Como curiosidad, Pla tenía predilección por los viajes en lentísimos petroleros, que le permitían escribir tranquilamente sus obras y prescindir de las distracciones derivadas del contacto con turistas.

Elaborando las obras completas

A partir de la segunda mitad de los años 1950 continúa viajando e inicia la preparación de sus obras completas, tarea a la que se dedicará de lleno también durante la década siguiente. Es una etapa crucial en su trayectoria ya que supone una reescritura casi total de su obra y la construcción del programa estilístico planiano, con el que trascenderá el periodismo y consolidará su estilo. Mientras tanto, resurge poco a poco la cultura en lengua catalana, al tiempo que el antifranquismo nacionalista le va marginando, pese a ser ya entonces el escritor más leído en lengua catalana: no le perdonan su apoyo a los franquistas durante la guerra civil, ni su convivencia aparentemente no conflictiva con el régimen (Pla confía en una evolución pacífica y ordenada hacia la democracia), ni siquiera le perdonan su desdén hacia las formas literarias de ficción. Sin embargo, como ha observado Xavier Pericay, traductor y especialista de la obra de Pla, su correspondencia con su editor Cruzet demuestra el relevante papel que tuvo Pla en la resistencia cultural contra el régimen.

Con todo, su actitud desdeñosa hacia la izquierda política y hacia algunas figuras políticas y culturales catalanistas hizo que, al igual que sucedió con Dalí, la cultura progresista le negase el pan y la sal en forma de premios (fue controvertida la negativa a concederle el Premio de Honor de las Letras Catalanas, la máxima distinción política concedida a los escritores en Cataluña), le alejasen de su revista de toda la vida (Vergés vendió Destino a la Banca Catalana de Jordi Pujol, que le censuró un artículo crítico con el Portugal revolucionario, y Pla abandonó la revista en 1976, tras 36 años de colaboración semanal ininterrumpida) y no se le reconociese completamente su valía hasta varios años después.

No obstante, a pesar del vacío que muchos le hacían, y ya con 80 años, no por ello dejó de expresar su opinión, en esos primeros años de la Transición: «La izquierda ha hecho siempre lo mismo: su aberración de la realidad del país la mantiene, como siempre, en su ignorancia antediluviana. Hablan mucho, pero no dicen nada. [...] Quieren ante todo ganar las elecciones y, una vez sentados en sus poltronas, hacer todo lo contrario de lo que han prometido». (Notes del capvesprol, 1979)

Final

Tumba de Pla en el cementerio de Llufríu.

Así y todo, en 1980, ya en el tramo final de su vida, Josep Tarradellas le impuso la Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña. Vale la pena señalar que, en el discurso de agradecimiento por la medalla de oro que también recibió de la Generalidad, Joan Coromines hizo una reivindicación del escritor ampurdanés (quien, a su vez, había dedicado en diversas ocasiones grandes elogios admirativos hacia el monumental trabajo del filólogo).

Pla muere en 1981, en su Empordanet natal, dejando publicados 38 volúmenes de la Obra Completa y bastantes papeles inéditos, que han sido publicados de forma progresiva tras su muerte. El año del centenario de su nacimiento, en 1997, produjo un sinfín de homenajes y actos institucionales, convirtiéndole definitivamente en figura indiscutible.

Veinticinco años después de su muerte se siguen sucediendo los estudios e incluso las polémicas en torno a diversos aspectos literarios y biográficos, algunos todavía no resueltos, que han agigantado su figura y multiplicado el interés por su obra.

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