José de la Riva-Agüero y Osma

José de la Riva Agüero y Osma
Jose de la Riva Aguero y Osma.jpg

Gran Sello de la República del Perú.svg
Presidente del Consejo de Ministros del Perú
24 de noviembre de 1933- 18 de mayo de 1934
Presidente Óscar R. Benavides
Predecesor Jorge Prado Ugarteche
Sucesor Alberto Rey de Castro

Gran Sello de la República del Perú.svg
Ministro de Justicia, Instrucción y Culto del Perú
24 de noviembre de 1933- 18 de mayo de 1934
Presidente Óscar R. Benavides
Predecesor Daniel Olaechea y Olaechea
Sucesor Alberto Rey de Castro

Información personal
Nacimiento 26 de febrero de 1885
Flag of Peru.svg Perú, Lima.
Fallecimiento 25 de octubre de 1944 (59 años)
Flag of Peru.svg Perú, Lima.
Lugar de sepultura Cementerio Presbítero Matías Maestro Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Peruana Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua materna Español Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Catolicismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Democratic National Party Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Padres José de la Riva Agüero y Riglos
María de los Dolores de Osma y Sancho Dávila
Educación
Alma máter Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Información profesional
Ocupación Abogado, escritor y político
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José de la Riva Agüero y Osma (* Lima, 26 de febrero de 1885 - † Lima, 25 de octubre de 1944) VI Marqués de Montealegre de Aulestia fue un historiador, ensayista y político peruano. Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la cual fue posteriormente catedrático. Fue miembro de la llamada Generación del 900 o «generación arielista», junto a Víctor Andrés Belaunde, Francisco García Calderón Rey, Ventura García Calderón, Óscar Miró Quesada de la Guerra, José Gálvez Barrenechea, entre otros. Fue un polígrafo notable y entre sus obras se cuentan tratados de derecho, historia literaria, historia del Perú, filosofía jurídica y pensamiento religioso, muchas de los cuales han tenido gran impacto e influencia fundamental en el desarrollo de la cultura peruana. Su pensamiento siguió una trayectoria cambiante, evolucionando desde un liberalismo juvenil hacia un severo conservadurismo afianzado en la fe católica. No se casó ni dejó sucesión. La mayor parte de su fortuna (compuesta de fundos agrícolas, bienes raíces y obras de arte) los legó a la Pontificia Universidad Católica del Perú, convirtiéndose así en el principal benefactor de esta institución.

Biografía

Su padre fue José Carlos Francisco de la Riva Agüero y Riglos, hijo de José de la Riva Agüero y Looz Corswarem y nieto del primer presidente del Perú, José de la Riva Agüero y Sánchez-Boquete. Su madre fue María de los Dolores de Osma y Sancho-Dávila, hija de Ignacio de Osma y Ramírez de Arellano y Carmen Sancho-Dávila y Mendoza. Pertenecientes ambos a nobles familias limeñas de ascendencia colonial, heredó el título de Marqués de Montealegre de Aulestia. Nació en 1885 en una casona de la familia Ramírez de Arellano (actual sede del Instituto Riva-Agüero). A la muerte de su padre (1906) y su madre (1926), fue adoptado por su tía, Rosa Julia de Osma y Sancho-Dávila, marquesa de Casa-Dávila.

Hizo sus estudios escolares en el Colegio Sagrados Corazones Recoleta de Lima, del que se graduó en 1901. En 1902 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para estudiar filosofía, letras y derecho. Se graduó en 1905 como bachiller en letras con la tesis «El carácter de la literatura en el Perú independiente» y logró su doctorado en 1910 con el célebre estudio «La historia en el Perú». Asimismo, obtuvo un bachillerato en Jurisprudencia en 1911 con un estudio sobre el «Fundamento de los interdictos posesorios». Tras un largo viaje por pueblos de Bolivia y la sierra sur del Perú, escribió una serie de memorias de viaje, publicadas parcialmente en el Mercurio Peruano y que años después de su muerte serían reunidas en el libro Paisajes peruanos. Al volver a Lima, se recibió de abogado el 27 de noviembre de 1912, con un «Ensayo de filosofía jurídica en torno al concepto de Derecho».

Se unió al Ejército al producirse los conflictos con Bolivia (1909) y Ecuador (1910), aunque nunca estuvo en servicio activo.

Su participación en la vida política se inició el 12 de setiembre de 1911, cuando el diario El Comercio publicó un artículo suyo titulado "La Amnistía", donde exigía al gobierno de Augusto B. Leguía la promulgación de una ley de amnistía para los presos involucrados en la intentona golpista del 29 de mayo de 1909. Asimismo, criticaba la situación política y social, el exceso de gastos y empréstitos del gobierno y la debilidad del Congreso. El gobierno, por intermedio del ministro de Gobierno Juan de Dios Salazar y Oyarzábal, ordenó la detención de Riva Agüero. Fue entonces que la juventud universitaria salió a protestar a las calles, gritando “abajo la dictadura” y “viva la democracia”, siendo reprimida severamente por la gendarmería. Este acontecimiento constituyó el primer choque de los universitarios y la fuerza pública que registran los anales históricos del Perú.[1] Esta protesta, sumada a la del parlamento y la prensa, hizo que Riva Agüero fuera puesto en libertad, e incluso provocó la caída del ministro del Gobierno.

Luego, viajó a Europa, a fin de participar en el Primer Congreso de Historia y Geografía Hispano-americanas, realizado en Sevilla en 1914. A su retorno al Perú, fundó en 1915 el Partido Nacional Democrático, integrado mayormente por jóvenes profesionales de su generación que apoyaron la candidatura presidencial de José Pardo y Barreda, quien ganó las elecciones de ese año. Al realizarse las elecciones de diputados por Lima en 1917, Riva Agüero y los suyos se abstuvieron de participar, al aducir que no pensaban en el presente, sino en el mañana. Por ello, la prensa los apodó de «futuristas» y así se conoció desde entonces a su partido: el «Partido futurista».

En 1916, Riva Agüero pronunció en San Marcos un «Elogio del Inca Garcilaso de la Vega», en el marco de la conmemoración del tercer centenario de la muerte del Inca Garcilaso de la Vega. El entonces joven periodista José Carlos Mariátegui lo criticó severamente desde las columnas de La Prensa en lo concerniente a algunas peculiaridades sobre el uso del idioma. A raíz de este incidente, Riva Agüero tuvo siempre un trato desdeñoso hacia quien se convirtió poco después en el gran pensador socialista del Perú. Por aquella misma época, se batió a duelo con el director de El Tiempo, quien había avivado la posibilidad de hallar culpable de traición a su antepasado, el prócer José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete.

En 1918 dictó en la facultad de Letras de San Marcos una serie de lecciones sobre el Perú prehispánico; sin embargo, su etapa como catedrático sanmarquino fue corta.

Al producirse el golpe de estado de Augusto B. Leguía el 4 de julio de 1919, Riva Agüero lanzó un manifiesto a la nación ese mismo día, en el que defendió el orden constitucional. Acto seguido viajó a Europa. Su autoexilio se prolongó lo que duró el régimen leguiísta, conocido después como el Oncenio. Esta estadía europea fue muy fecunda. Pasó por Francia, Italia y España; en estos dos últimos países profundizó en las fuentes clásicas de la cultura peruana y confrontó informaciones documentales acerca de la historia de su patria. En su pensamiento se operó una fundamental modificación al evolucionar desde un liberalismo racionalista hacia un severo conservadurismo afianzado en la fe católica. Este cambio lo impulsó a legitimar y recuperar el título familiar de marqués de Montealegre de Aulestia (1926) y de Casa Dávila (1929) ante la Corona española.

Retornó al Perú en agosto de 1930, el mismo día en que renunciaba Leguía, siendo testigo de la terrible crisis política que sobrevino después. Retomó entonces su carrera política; no quiso ser diputado constituyente, pero si aceptó ocupar una serie de cargos públicos: fue alcalde de Lima en 1931- 1932, presidente del Consejo de Ministros y ministro de Justicia, Instrucción y Culto de 1933 a 1934, durante el gobierno de Óscar R. Benavides, cargo al que renunció por no aceptar la ley que aprobaba el divorcio de mutuo disenso, que atentaba contra la fe católica.

Fue decano del Colegio de Abogados de Lima ( 1936), pese a que nunca ejerció la abogacía, y director de la Academia Peruana de la Lengua ( 1934- 1944). Fue también presidente del movimiento cívico Acción Patriótica, creado para respaldar la candidatura presidencial de Manuel Vicente Villarán durante las frustradas elecciones de 1936.

En 1937 dictó en la Universidad Católica un curso sobre la civilización peruana prehispánica. Luego efectuó un viaje alrededor del mundo ( 1938- 1940) que lo llevó a Japón, a otros países de Oriente de vieja tradición cultural y algunos de Europa que por entonces eran regidos por dictaduras. Su temor hacia el comunismo internacional (ateo y antirreligioso por naturaleza) lo llevó a elogiar y apoyar a los regímenes fascistas europeos de Italia, Alemania y España.

Falleció en 1944, en su habitación del Gran Hotel Bolívar de Lima, como consecuencia de un derrame cerebral. Tenía entonces 59 años de edad y fue, según su voluntad, embalsamado y vestido con el hábito de la Orden de San Francisco, enterrado en el mausoleo de su familia en el Cementerio Presbítero Maestro, junto a su abuelo, José de la Riva Agüero y Looz Corswarem, y su bisabuelo, el mariscal José de la Riva Agüero.

Si bien inicialmente pretendió dejar a la Universidad de San Marcos su fortuna heredada de su tía, Rosa Julia de Osma y Sancho-Dávila, marquesa de Casa-Dávila, hermana de su madre y eximia católica, el predominio de ideas liberales y el surgimiento del ateísmo en su alma mater, motivó que finalmente la legara a una institución más ligada a la Iglesia Católica: la Pontificia Universidad Católica del Perú. Dejó como albaceas de su fortuna a Pedro de Osma y Pardo, Carlos Arana Santa María y a Víctor Andrés Belaúnde Diez Canseco.

Sus discípulos más importantes fueron los historiadores peruanos Guillermo Lohmann Villena, José Agustín de la Puente Candamo y Pedro Benvenutto Murrieta.

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