José de la Cuadra

José de la Cuadra
Portada del libro Obras Completas de José de la Cuadra - Tomo II.jpg
Información personal
Nombre de nacimientoJosé Vicente Sabino de la Cuadra Vargas Ver y modificar los datos en Wikidata
ApodoOruño Zamudio
Nacimiento3 de septiembre de 1903 Ver y modificar los datos en Wikidata
Guayaquil, Ecuador Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento27 de febrero de 1941 Ver y modificar los datos en Wikidata (37 años)
Guayaquil, Ecuador Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepulturaCementerio General de Guayaquil Ver y modificar los datos en Wikidata
NacionalidadEcuatoriana Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
PadresVicente de la Cuadra y Vayas
Ana Victoria Vargas y Jiménez
CónyugeInés Núñez del Arco Andrade
HijosJaime, Guillermo, Ana Tula, Olga Violeta y Juan de la Cuadra Núñez del Arco
Educación
Educado en
Información profesional
OcupaciónEscritor Ver y modificar los datos en Wikidata
MovimientoRealismo mágico
SeudónimoOruño Zamudio Ver y modificar los datos en Wikidata
GéneroNovela
Cuento
Ensayo
Obras notables

José de la Cuadra Vargas (Guayaquil, 3 de septiembre de 1903 - ibídem, 27 de febrero de 1941) fue un escritor ecuatoriano miembro del Grupo de Guayaquil. Es considerado uno de los cuentistas más destacados de la literatura ecuatoriana.[1]

Biografía

Hijo único de Vicente de la Cuadra y Bayas y Ana Victoria Vargas y Jiménez Arias, oriundos de Guayaquil y Piura, respectivamente, cursó todos sus estudios en su ciudad natal, Guayaquil.

En 1921 se graduó como bachiller de la República del Ecuador en el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte. Ese mismo año ingresó a la Facultad de Derecho, en la Universidad de Guayaquil. Sus primeros escritos datan de un poco antes. Durante 1919 y 1920 formó parte de la redacción de la revista Juventud Estudiosa junto con figuras hoy bien conocidas dentro de Ecuador, como: Medardo Ángel Silva, J. A. Falconí Villagómez, José María Egas, Jorge Carrera Andrade, Augusto Arias, J. Pino de Icaza y Gonzalo Escudero, quienes iniciaron con el modernismo establecido por Rubén Darío, pero, después enrumbaron por nuevas y originales pautas. El nombre de la revista cambió al de Ariel en mayo de 1920; desde entonces, hasta octubre de ese mismo año en que paró de imprimirse; el nombre de Cuadra no apareció jamás.[2]

Juventud Estudiosa es un claro ejemplo de que José de la Cuadra comenzó en la literatura bajo la influencia del modernismo. En dicha revista sacó a la luz tres poemas: “Decepción”; “Sangre de Incas"; "A la memoria de Santos Chocano”; “A la Pálida”. El último poema fue dedicado a Teodoro Alvarado con una nota: “amante de los epítetos parnasianos que solo dicen armonía”. En esta publicación también salieron tres artículos cortos: “Medardo Ángel Silva”, la que, es una nota necrológica por motivo de la muerte del poeta; “Los predestinados”, que es una reseña del libro La edad heroica (Madrid, 1916) de Luis de Zulueta; y finalmente “La mujer”, apología al género femenino.[3]

En sus momentos como universitario, Cuadra se dedicó al magisterio, al periodismo, a la política y a la literatura. Fue profesor de Moral y Gramática en el Colegio Vicente Rocafuerte. En la misma institución llegó a ser bibliotecario y, después, vicerrector.[4]

Su actitud política comienza a notarse en los años de universidad. Desempeñó más de un cargo. Fue presidente del Centro Universitario de Guayaquil. También dirigió la Federación del Sur de Estudiantes Ecuatorianos. En 1925, junto con otros personajes, fundó en Guayaquil el primer intento de una Universidad Popular, la que, tenía como objetivo principal, el ayudar a la gente del pueblo a obtener una educación mínima.[5]

Los años periodísticos de José de la Cuadra datan desde 1924 hasta El Telégrafo. Durante este tiempo fue parte tanto del suplemente literario, como en la página femenina del noticiero.

Cuadra escribió sus primeros cuentos, “Nieta de libertadores” y “Madrecita falsa”, en 1923. Este último en 1930 formó parte de El amor que dormía, además de que obtuvo una Medalla de Oro en el Concurso Literario Municipal de Guayaquil.

En 1925 aparecieron Perlita Lila y Olga Catalina, folletos que contienen un solo cuento, el que da el título al volumen. Las dos narraciones son de orden sentimental, además de que tienen algunos residuos modernistas en su estilo.

En 1926 Cuadra compuso una serie de cuentos (“El amor que dormía”, “La vuelta de la locura”, “Mientras el sol se pone”, “Incomprensión”). En el mismo año, (26 de mayo de 1926), se fundó el Partido Socialista Ecuatoriano. Y, desde su fundación, Cuadra militó en las filas de esta organización. A pesar de que su actitud teórica frente a la literatura será matizada por su compromiso social, en las narraciones de estos años escasamente todavía se lo evidencia. Los relatos de esta época más bien precisan un divorcio entre sus convicciones ideológicas y la temática de su producción artística. Los personajes viven ajenos a la circunstancia histórica del momento.[6]

En 1927, Cuadra lanzó en la revista Savia de su ciudad natal dos artículos: “Si alguna vez”; una parte de la dedicatoria para Victoria María Roggiero B. llamada “ Página Galante” y, “ La emoción azuaya”, que es una remembranza de una visita realizada a la ciudad de Cuenca, provincia del Azuay.[7]

En 1927, Cuadra obtuvo su diploma como Licenciado en Derecho y poco después de este suceso presentó su tesis doctoral que le adjudicó el título de doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales.

Desde su graduación, Cuadra se dedicó totalmente a la práctica de la jurisprudencia. La mayoría de sus clientes eran montuvios, a los que, algunas veces, cobraba unos pocos centavos.

Con el seudónimo de Oruño Zamudio, Cuadra presentó, en 1929, “Sueño de una noche de Navidad” para la celebración de los Juegos Florales organizados por la Sociedad de Caridad “El Belén del Huérfano”. El cuento ganó el segundo lugar, además de que apareció en forma de folleto en 1930.

La “novela montuvia” Los Sangurimas, es quizá, la más importante en la trayectoria de José de la Cuadra, esta fue publicada en Madrid el año 1934. La edición de la Editorial “Cenit” de ese año contuvo además cinco cuentos: “Sangre expiratoria”, “Candado”, “Calor de yunca”, “Barraganía” y “Shishi la chiva”. Los Sangurimas es la obra de madurez de Cuadra y lo más acabado que dejó en materia literaria. En esta historia, ya es dueño de un estilo original y de una temática que lo coloca a la vanguardia de una generación narrativa que sólo en los últimos tiempos, con obras como Cien años de soledad (Gabriel García Márquez), ha llegado a consolidarse.[8]

Su primera función política como Secretario de la Gobernación del Guayas fue en 1934. Antes de eso era gobernador de la provincia Rodolfo Baquerizo Moreno. Entonces cuando Baquerizo fue ascendido a Ministro de Gobierno, llevó consigo a su subsecretario, Cuadra, pero, no duró mucho, ya que, el año siguiente (1935), Cuadra comenzó a dar una cátedra en la Universidad de Guayaquil. En esta misma institución, impartió clases de Economía Política, Derecho Administrativo, Derecho Político y de Ciencia de Hacienda.[9]

El año de 1937, José de la Cuadra dio su segunda aparición en el ámbito político en calidad de dirigente. Este fue parte del gobierno del general Alberto Enríquez, quien llegó al poder por medio de un golpe militar, como Secretario General de la Administración.

En 1938, aun en el gobierno de Enríquez, José de la Cuadra fue designado como Agente Consular. Este puesto le dio la oportunidad de representar a Ecuador en diferentes consulados de Sudamérica. Y, además de llevarlo a representar a su país lo llevó a conocer a varios escritores de Perú, Chile, Argentina, Uruguay y de Brasil. Ese mismo año Cuadra publicó su último libro, Guásinton. El cual es una colección de catorce cuentos, dos crónicas y seis reseñas. Aunque ha sido imposible identificar el año de publicación de los catorce relatos, parecen corresponder a diferentes etapas literarias de José de la Cuadra.[10]

“Su muerte fue en Guayaquil el 27 de febrero de 1941. En ese entonces él era Juez Primero del Crimen de la provincia del Guayas. El Telégrafo indicó en la nota necrológica publicada el día después de su muerte que a pesar de haberse reunido el Tribunal de la Corte Superior de Justicia el día de su defunción, dicha institución no formuló ningún acuerdo de condolencia por tan importante fallecimiento.”[11]

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