José de Ribas

José de Ribas por Johann Baptist von Lampi el Viejo, hacia 1796. Museo del Hermitage

José de Ribas y Boyons ( Nápoles, Reino de Nápoles, 6 de junio de 1749 (en su tumba figura 1750) – San Petersburgo, Rusia, 2 de diciembre de 1800), conocido en Rusia como Iósif Mijáilovich Deribás (Иосиф Михайлович Дерибас), fue un marino hispanoruso que llegó a almirante de la Armada rusa. Es el fundador de la ciudad de Odesa (actual Ucrania).

Nació en la capital del Reino de Nápoles (vinculado dinásticamente al de España) en el seno de una familia noble procedente de Cataluña (España). Su padre, el barcelonés Miguel de Ribas, funcionario de la Corte española, se había trasladado al país al servicio de Carlos VII (futuro Carlos III de España) después de la Guerra de Sucesión Española.

Ingresó en el ejército napolitano a los 16 años. A los veinte, ya mayor del ejército, dio un giro su vida, al ser presentado en Livorno al Conde Alekséi Orlov, hermano del amante de la emperatriz Catalina la Grande Grigori Orlov, que lo tomó a su servicio como ayudante e intérprete. Durante su viaje hacia Rusia, participó en la batalla naval de Chesme ( Guerra ruso-turca (1768-1774)), en la que la flota rusa hundió a la otomana.

Llegó a Rusia en 1772 y se alistó en el Cuerpo de Cadetes de Tierra, con el rango de capitán. El hecho de que siempre se considerara español queda de manifiesto en el documento de inscripción en el cuerpo, donde se le nombra como iz ispánskij dvorián o «miembro de la nobleza española». En San Petersburgo toma contacto con el Ministro de construcciones de la emperatriz Catalina, Iván Ivánovich Betskói y con su hija ilegítima Anastasía Ivánovna Sokolova, con la que se casaría tres años después. La boda se celebró en 1776 en el palacio de Tsárskoye Seló, con la presencia de la zarina, que posteriormente se convertiría en madrina de las dos hijas del matrimonio, Catalina y Sofía (su nieta Catalina Dolgorúkov fue amante y luego esposa morganática del zar Alejandro II de Rusia).

En 1783, más de nueve años después de su llegada a San Petersburgo, entró al servicio del nuevo favorito de la zarina, el Príncipe Grigori Potemkin, con el que viajó al sur de Ucrania. Ascendido a coronel y posteriormente a brigadier, ayudó a Potemkin a conquistar para Rusia la península de Crimea, a construir la nueva Flota del Mar Negro y su puerto base, Sebastopol. Reanudada la guerra con Turquía ( Guerra ruso-turca (1787-1792)), tuvo una brillante actuación en la batalla naval del estuario del Dniéper, gracias a la cual le fue concedido el mando de la recién creada flotilla de remos del Mar Negro, la mitad de cuyos efectivos estaba compuesta por cosacos. Con estos hombres participó en el asedio a la fortaleza de Ochákov, tomando la isla Berezán, lo que le valió el ascenso a general mayor.

Estatua de José de Ribas por Aleksandr Knyázik, 1994. Odesa

En el otoño de 1789 inició una operación nocturna, durante la cual tomó la población de Jadzhibéy y la fortaleza costera de Yení Dunyá. Ribas era consciente de las posibilidades de esta bahía para la construcción de un puerto militar, y allí fue donde más tarde levantó la ciudad de Odesa.

Al año siguiente tuvo lugar su mayor triunfo, al conseguir la toma de la fortaleza de Ismail, que había sido reforzada por ingenieros franceses y alemanes y se consideraba inexpugnable. Ribas condujo su flotilla a través de la desembocadura del Danubio y remontó el río hasta la fortaleza, dejando en su camino más de un centenar de naves turcas destruidas o capturadas. Creyendo en la posibilidad de tomarla al asalto, efectuó un plan para lograrlo. Sin embargo, el consejo presidido por el teniente general Iván Gudóvich decidió levantar el cerco y retirarse. Ribas envió cartas a Potemkin que lo convencieron de enviarle a su camarada de armas, el general Aleksandr Suvórov. Con su ayuda y la de nueve columnas asaltaron la fortaleza, tomándola en una de las mayores masacres del siglo, lo que le valió ser considerado parte del selecto círculo de las águilas de Catalina.

En 1792 firmó el Tratado de Jassy como uno de los tres plenipotenciarios designados por Potemkin ante el Imperio otomano para firmar la paz. En él se cedía a Rusia toda la orilla norte del mar Negro. En un decreto personal, Catalina le encomienda la construcción de lo que pasaría a ser Odesa, lo que lograría en el tiempo récord de dos años.

En 1794 fue nombrado gobernador de Odesa. Los primeros y escasos habitantes fueron cosacos. Para atraer nuevos pobladores, Ribas declaró que los que se establecieran en Odesa no pagarían impuestos y se les darían tierras para construir sus casas. En 1799 la ciudad ya contaba con más de 4.500 habitantes y con el tiempo se convirtió en uno de los puertos más importantes del Mar Negro.

También comenzó la construcción de la Flota rusa del Mar Negro. Esto levantó suspicacias entre la oficialidad de la Armada rusa que objetó ante la zarina lo insólito de que un militar del Ejército de Tierra estuviese al frente de una flota. Catalina comprendió que la queja era acertada y prometió solucionar el problema: Ribas fue nombrado contralmirante y posteriormente vicealmirante.

A la muerte de la emperatriz Catalina y el acceso al trono de su hijo Pablo I, Ribas fue llamado por éste a San Petersburgo para ser sometido a proceso por supuestas malversaciones en la fundación de Odesa. En la capital, Ribas logró granjearse la confianza del Zar, por lo que los cargos fueron desestimados y sus propiedades y honores, restituidos. Sin embargo, Pablo I lo retuvo en la Corte, nunca volvió a Odesa.

Una de las iniciativas del nuevo zar fue la creación del Ministerio de Montes.

José de Ribas en el monumento a Catalina la Grande y los padres fundadores de Odesa.

La atmósfera en la Corte estaba enrarecida debido al difícil carácter de Pablo I, junto al hecho de que José de Ribas con el paso de los años y el cambio de corona fue perdiendo gran parte de sus amistades y cada vez estaba en peor situación. Fue víctima de conspiraciones palaciegas que lograron que fuera apartado de sus cargos en marzo de 1800. A raíz de esta destitución, contactó con los círculos de descontentos de la errática política de Pablo I y conspiró, junto con el vicecanciller Nikita Panin y el gobernador de San Petersburgo Peter Ludwig von der Pahlen para dar un golpe de estado que pusiera en el poder al gran príncipe Alejandro, el heredero; pero estos planes se frustraron por la enfermedad que lo afligió, unas fiebres crónicas de las que se había contagiado en campaña, falleciendo el 2 de diciembre de 1800. Muchas fuentes coinciden en manifestar que fue envenenado por von Pahlen, ante el temor de éste de que en su delirio revelara los planes golpistas. Está enterrado en el cementerio luterano Smolénskoe de San Petersburgo ubicado en la Isla de los Decembristas.

La calle principal de Odesa, bien conocida en todo el mundo rusohablante, honra al almirante Ribas desde 1811, denominada como Deribásovskaya ( ru:Дерибасовская улица) en su honor. El gobierno soviético intentó en varias ocasiones cambiar el nombre de la calle, en 1920 a Ferdinand Lassalle, protagonista del movimiento obrero alemán, y a Valeri Chkálov ( en:Valery Chkalov), famoso aviador de pruebas, héroe de la Unión Soviética, en 1938. Pero los "odesitas" se opusieron una y otra vez hasta que en 1941 volvió a su nombre original. Con motivo del 200 aniversario de la fundación de Odesa, en 1994, la ciudad le dedicó una estatua de bronce ubicada al principio de la calle que lleva su nombre. El autor de la misma es el escultor odesita Aleksandr Knyázik. En la estatua, el fundador José de Ribas figura con una pala en una mano y un plano en la otra. Otra referencia al insigne fundador está señalada en el monumento que hay en honor de la emperatriz Catalina II, en la plaza Katerýninskaya; en la que en una de las figuras que adornan el pedestal hay un nombre de connotaciones netamente españolas a pesar de estar escrito en cirílico: Vicealmirante I.M. De-Ribas.

Referencias

  • MERRY DEL VAL, Diego: «José de Ribas: Un genio militar al servicio de la zarina» en Revista Clío, nº 78. ISSN 1579-3532
  • MERRY DEL VAL, Diego. El súbdito de la Zarina, Roca Editorial, Madrid, 2008.
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