José Vergara Gimeno

José Vergara Gimeno
Autoretrato del pintor José Vergara Gimeno.jpg
Autoretrato del pintor José Vergara (c.1775), Museo de Bellas Artes de Valencia.
Información personal
Nacimiento2 de junio de 1726 Ver y modificar los datos en Wikidata
Valencia, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento9 de marzo de 1799 Ver y modificar los datos en Wikidata (72 años)
Valencia, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupaciónpintor

José Vergara Gimeno (Valencia, 2 de junio de 1726 - Ibídem, 9 de marzo de 1799), fue el pintor valenciano más destacado de la segunda mitad del siglo XVIII. Con una ingente obra pictórica, tanto al fresco como sobre caballete, evolucionó del Tardobarroco al Neoclasicismo. Es el fundador de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos en 1768.

Pese a su gran popularidad en tierras valencianas, ya que su prolífica obra está presente en una buena parte de su geografía, determinada crítica artística lo ha minusvalorado injustamente atendiendo a prejuicios meramente subjetivos que se extienden también a una buena parte de la pintura valenciana del setecientos. Afortunadamente, los estudios recientes de Miguel Ángel Catalá Gorgues y muy especialmente de David Gimilio Sanz, que le dedicó una espléndida exposición monográfica en el Museo de Bellas Artes de Valencia en 2005, han iniciado la recuperación de este pintor de fuerte personalidad, sin duda alguna el máximo exponente de la sensibilidad academicista en la Valencia de la Ilustración.

Formación artística

"Nuestra Señora de la Consolación y Correa" por José Vergara Gimeno (ca.1760)

El pintor José Vergara inició su formación artística bajo la tutela de su padre, el escultor y arquitecto Francisco Vergara, primero copiando la Cartilla de Principios de José de Ribera, y más tarde en la academia de dibujo del pintor Evaristo Muñoz, continuadora a su vez de la de Juan Conchillos, escuela aquella en la que, conforme a una disciplina innovadora, los alumnos se adiestraban en el dibujo del natural a la vista de copiar modelos masculinos o estatuas. Al decir de Orellana era tal su conocimiento, talento y facilidad, que a los 7 años de edad dibujaba ya figuras copiadas del natural en la citada academia, y a los 13 años pintó “al fresco una alegoría que avia en un relox a la esquina de una casa, en la calle de San Vizente frente de San Gregorio”. Esta obra debió tener cierta resonancia, pues, a continuación, según el citado manuscrito, se le encargaron dos medallones con pasajes relativos a escenas de la vida de Santa Catalina mártir, situados a ambos lados del retablo mayor de la iglesia parroquial de Santa Catalina, así como la bóvedilla de la parte inferior del órgano de ese mismo templo. Unos años después, en torno a 1744, cuando tenía 18 o 19 años, pinta las pechinas de la colegiata de Játiva representando las cuatro Heroínas Bíblicas, obra desaparecida al desplomarse la cúpula en 1866 y por la que recibió 200 libras.

Estos fueron los cimientos y las primeras obras sobre las que se fundaron los progresos que hizo después en su profesión, debidos más bien a su genio y estudio que a las enseñanzas recibidas. Según la historiografía clásica, José Vergara no perdió ocasión alguna de que pudiese sacar partido para sus adelantos, parafraseando a Ceán, siempre estuvo pintando, dibujando y experimentando en las diferentes técnicas con la finalidad de dominarlas, lo cual nos habla de un artista inquieto e interesado en el aprendizaje. El peso de la tradición pictórica valenciana le hizo copiar determinadas obras de Juan de Juanes, Francisco Ribalta y José de Ribera de enorme significación iconográfica y artística en Valencia, reproducciones éstas, realizadas ya por admiración personal del propio Vergara, ya por deseo expreso del comitente, como es el caso de las variaciones juanescas del Ecce Homo y del Salvador Eucarístico.

El hecho de que José Vergara no saliera nunca de su entorno más cercano (constatado en la biografía manuscrita), nos obliga a concretar un tipo de aprendizaje in situ basado en la tradición pictórica valenciana; en las estampas y grabados que sin duda utilizó en sus composiciones; en los tratados de arte que consultó y en los ejemplos de los grandes artistas foráneos que existían en tierras valencianas. Todo esto desembocó en una nueva manera de concebir la pintura desde un sentido clasicista que será la base del academicismo valenciano.

Un caso significativo es el estudio de unas pinturas originales del pintor napolitano Paolo de Matteis, sobre todo, los seis lienzos de la capilla del Milagro sobre diversas escenas de la vida de San Francisco y Santa Clara, en el convento de Clarisas de Cocentaina, realizados entre 1690 y 1691 por encargo del conde Francisco de Benavides y Corella, virrey de Nápoles, un conjunto sin parangón en tierras valencianas. La asimilación de las pinturas de Cocentaina por Vergara se produce en una etapa avanzada, no tanto de formación, y que se observa en la forma de componer (las figuras que ayudan a cerrar la composición, la introducción de la arquitectura para delimitar la composición, la creación de grupos de personas para crear profundidad). Estas normas son instrucciones teóricas que Vergara, sin duda, leyó en los tratados y vio en las estampas para visualizarlo posteriormente a las pinturas de un maestro, con el fin de captar el clasicismo seiscentista que es la base del clasicismo academicista de la pintura valenciana del siglo XVIII.

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