José Sacasa

José Sacasa
Información personal
Nombre nativo José Sacasa Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Abogado Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados
  • Diputado de España Ver y modificar los datos en Wikidata
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José Sacasa y Méndez, fue un abogado nicaragüense, presidente de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica en 1830.

Conocido como "El Pepe", hijo mayor del coronel granadino Crisanto Sacasa y de Ángela Méndez, originaria de la ciudad de León, en su tiempo, gozó de la reputación de ser uno de los hombres más ilustrados de Centroamérica.

Dice José Coronel Urtecho, en sus Reflexiones sobre la Historia de Nicaragua (Tomo I, p, 216), que José Sacasa era «el único liberal medio revolucionario» de la entonces conservadora y poderosa familia granadina de los Sacasa, fundada por el peninsular Francisco Sacasa, cuyo hijo Roberto Sacasa fue Alcalde Primero de Granada y padre del coronel Crisanto Sacasa. «El Pepe era un intelectual, afirma Coronel Urtecho, y los Sacasa eran entonces comerciantes conservadores».

José Sacasa recibió una esmerada educación. Igual que los próceres Tomás Ruiz y Miguel Larreynaga, Sacasa estudió en la entonces prestigiosa Universidad de San Carlos de Guatemala donde obtuvo los grados de Bachiller en Artes y en Derecho Civil y Canónico. Seguramente, también recibió la influencia de las ideas ilustradas del gran reformador de la educación universitaria colonial, el costarricense fray Antonio de Liendo y Goicoechea, mentor intelectual de la generación de los próceres de la Independencia.

Vida

Proveniente de una familia adinerada, sus estudios los continuó, entre 1816 y 1829, en el Colegio Mayor de Santa Cruz de la Universidad de Valladolid ( España), donde en 1819, gracias a su trayectoria y dotes de orador, fue propuesto para el cargo de Rector de la Universidad. Su título de « Abogado de Castilla e Indias» lo obtuvo en abril de 1820 ante la Real Audiencia.

Era de carácter fogoso y acérrimo partidario de la Independencia, por cuya causa abogó en España y ante las Cortes de Cádiz, donde se desempeñó como diputado suplente en representación de las provincias centroamericanas.

Fue en las Cortes de Cádiz donde el Licenciado Sacasa experimentó en carne propia el desprecio que los españoles peninsulares sentían por los criollos americanos. La Constitución de la Regencia ( Gobierno provisional de España), sólo admitía un diputado por cada Virreinato o Capitanía General, elegido por el Virrey o Capitán General entre los candidatos propuestos por los cabildos de las capitales. En cambio, en España, hasta las provincias más insignificantes tenían derecho a dos diputados, electos libremente por las juntas provisionales.

A la Capitanía General del Reino de Guatemala le correspondía así elegir a un solo diputado. Pero, la convocatoria le permitió designar a dos diputados más, en calidad de suplentes y residentes en España, para mientras se incorporaba el diputado propietario. Como suplentes fueron designados, el Canónigo guatemalteco, don Juan Nepomuceno de San Juan y el abogado nicaragüense don José Sacasa.

Fue en esa calidad de diputado suplente ante las Cortes de Cádiz, por cierto reputadas de muy liberales, que el José Sacasa, en julio de 1820, trató de corregir el trato desigual que recibían las colonias americanas en cuanto a su representación en la Asamblea.

José Dolores Gámez, en su « Historia de Nicaragua», nos narra el incidente que provocó la iniciativa de Sacasa: «En medio de aquella Asamblea tan libérrima, el Diputado Sacasa con otros representantes de la colonia, solicitó que se aumentara la escasa representación de éstas, en la proporción que marcaba la ley, de un Diputado por cada setenta mil habitantes. Su proposición, recibida con despreciativa frialdad, logró, después de mil dificultades, obtener segunda lectura; pero cuando se trató de su discusión, las Cortes se negaron arbitrariamente a concederle este trámite. Sacasa, indignado, tomó entonces la palabra para protestar, en nombre de las provincias, contra una resolución tan adversa a sus intereses y al indiscutible derecho que les competía, para hacerse representar en el Congreso en la proporción establecida por la ley; pero apenas había comenzado a pronunciar sus primeras frases, cuando los Diputados de la Península ahogaron su voz con murmullos amenazantes, y el Presidente de la Cámara le mandó que guardara silencio».

Con la independencia, concluye el mando de Sacasa como diputado suplente ante las Cortes de Cádiz. De regreso a Centroamérica, su preparación y talento le llevaron a ocupar una serie de altos cargos en varios países de la Patria Grande, entre ellos el de Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica y delegado de Nicaragua, en compañía de Máximo Jerez y de Rafael Francisco Osejo, ante la Dieta Centroamericana de Nacaome ( 1846).

En 1848 fue acreditado como Ministro de Nicaragua ante el gobierno de los Estados Unidos. Su prestigio como intelectual liberal hizo que, pese a provenir de una reconocida familia conservadora, los liberales fueran a buscarlo hasta San Miguel, Honduras, donde se encontraba residiendo, para proclamarlo como candidato al cargo de Director Supremo del Estado de Nicaragua en las elecciones de 1851.

Las relaciones del Pepe con su familia no fueron siempre cordiales. Él fue algo así como la «oveja negra» del poderoso clan Sacasa, entonces jefeado por su padre el Coronel Crisanto Sacasa. De sus últimos años en El Salvador no se tienen mayores datos, aunque se sabe que murió alrededor del año 1870.

Ni su familia ni su patria estaban preparadas para asimilar a una personalidad como la de José Sacasa. Pese a su excepcional talento y preparación, demostrada en escritos que gozaron de su época de mucho aprecio, pero de los cuales desafortunadamente no se conserva ninguno, su huella en nuestra historia es escasa, salvo su decidido fervor independentista y su pasión por las ideas liberales. En todo caso, fue el primero de su familia en optar por el liberalismo, cauce político que más tarde seguirían las nuevas generaciones de sus parientes.

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