José María Salaverría

Retrato de Salaverría.

José María Salaverría Ipenza[1] fue un periodista y escritor español, coetáneo de las figuras más destacadas de la generación del 98. De ideología regeneracionista en su juventud, contribuyó en la madurez a la elaboración de una versión reaccionaria del nacionalismo español.

Biografía

Salaverría nació en la localidad castellonense de Vinaroz en 1873; su padre trabajaba como farero y su madre era campesina.[2] Cuando contaba cuatro años de edad se trasladó a San Sebastián, ciudad de la que era oriunda su familia.

A los quince años empezó a escribir y, aunque intentó varias veces dedicarse exclusivamente a la literatura, no lo logró hasta años después, y tuvo que trabajar como delineante y empleado de la Diputación de Guipúzcoa. Sus frustraciones por no poder dedicarse profesionalmente a la escritura las expresó en un copioso epistolario dirigido a Miguel de Unamuno, especialmente entre los años 1904 y 1908.[3] Su incorporación a la literatura fue relativamente tardía si tenemos en cuenta que su primer libro —El perro negro— no lo publica hasta cumplidos los treinta y tres años.

Realizó numerosos viajes, tanto por la península ibérica como por el extranjero, y estuvo en Puerto Rico en 1895. Sus primeros artículos los publicó en Euskal-Erria y en otras revistas del País Vasco. Publicista infatigable, colaboró en El Gráfico,[4] ABC, La Vanguardia, El Diario Vasco y, en especial, La Voz de Guipúzcoa de San Sebastián, además de la Revista de las Españas, donde reprodujo alguna de sus conferencias, como «El espejismo de las Indias». Preferentemente, escribió sobre política desde un punto de vista liberal (en sus primeros años), pero también realizó crónicas de guerra (México, Europa, Marruecos), crítica literaria y relatos de viajes. Parte de su libro Vieja España (Impresión de Castilla) (1907) —inscribible en la órbita del regeneracionismo— apareció en Los Lunes de El Imparcial de octubre a noviembre de 1906.

Emigró a la Argentina y allí consiguió trabajo como redactor de La Nación de Buenos Aires, con lo que logró su sueño de dedicarse profesionalmente, en exclusividad, a la literatura. Estuvo allí hasta 1913 y fruto de esa experiencia serían títulos como Tierra argentina (1910), Paisajes argentinos (1918) o El poema de la pampa. "Martín Fierro" y el criollismo español (1918).

A lo largo de toda su obra es muy perceptible el influjo poderoso del pensamiento de Nietzsche.[8] Durante la guerra civil —en coherencia con la evolución de su pensamiento político— apoyó al bando franquista.

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