José María Pemán

José María Pemán
José María Pemán.png

Miembro de la Asamblea Nacional Consultiva
1927-1930

Diputado en las Cortes republicanas
por Cádiz
1933-1936

Procurador en las Cortes franquistas
1945-1946

Información personal
Nacimiento 8 de mayo de 1897
Cádiz
Fallecimiento 19 de julio de 1981
Cádiz
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Cónyuge Carmen Domecq y Rivero (1922-1969)
Información profesional
Ocupación abogado, escritor y periodista
Género Poesía, dramaturgia y novela Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
Distinciones
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José María Pemán y Pemartín ( Cádiz, 8 de mayo de 1897 – ibídem, 19 de julio de 1981) fue un escritor español, que cultivó todos los géneros literarios, destacando como periodista, dramaturgo y poeta, además de notable orador. Adscrito Ideológicamente al monarquismo tradicional, fue uno de los principales apologistas de la Dictadura de Primo de Rivera y un ídolo intelectual de las derechas durante los años de la Segunda República. Su compromiso con el régimen franquista fue recompensado con numerosos reconocimientos, entre los que cabe destacar el de Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro.[2]

Biografía

Formación (1897-1923)

Casa donde nació Pemán en Cádiz, en la calle Isabel la Católica.

Junto con su hermano César,[a]​ y su madre María Pemartín y Carrera Laborde Aramburu, de entronque jerezano.

En la fachada de la casa en que nació en Cádiz (calle Isabel La Católica, 12) existe una lápida, con una figura alegórica con la estética de la época, y su busto en bajorrelieve en bronce, obra del escultor Juan Luis Vassallo.

De niño, José María recibió educación católica en el colegio del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz[b]​ Como alumno fue ejemplar, sacando un gran número de sobresalientes y notables, cómo se puede ver en su expediente académico, que se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz.

Como los marianistas no disponían aún de centros asociativos de antiguos alumnos, el joven Pemán[6]​ La impronta que dejaron los jesuitas en la conciencia del joven Pemán fue profunda y se reflejaría en su obra literaria.

Hizo el servicio militar en Cádiz, en el cuartel de artillería de La Bomba, junto al parque Genovés.[e]​ pero como auténtico hidalgo, humanista y ciudadano libre, su habitus social le permitió decidir por sí mismo qué hacer, cómo y cuándo, sin obedecer más que a las leyes civiles. Pemán debía seguir la trayectoria familiar: la política liberal.

Pemán dispuso de su tiempo para cultivar amistades, practicar devociones, leer, escribir, meditar y curiosear en la cosa pública. La literatura y, sobre todo, la poesía eran ocupaciones de buen tono si se estaba dotado para ellas. Pronto decidió con qué intereses debía identificarse.

Socio desde muy joven del Casino Gaditano,[12]​ Pemán siguió una intención de conducta casta.

El acceso a la cultura para un muchacho ávido no era un asunto fácil. El Índice de libros prohibidos por la Iglesia católica estaba vigente y actualizado.[16]

Placa a José María Pemán en su casa natal en Cádiz.

Su inicio literario fueron las justas poéticas belle époque ( [71], y otras muchas). Su estética pinturera a veces incidía en lo social.

Desde muy joven adquirió la costumbre de enviar ejemplares dedicados de sus libros recién (auto)publicados a personalidades que podían ayudarlo. De esta manera conoció a Ángel Herrera Oria, que le permitió escribir en El Debate. Por esta época Pemán aún no era conocido en el ámbito literario nacional. Su «ethos» le impedía aparecer en tertulias literarias más o menos irreverentes o colaborar en revistas de poesía relevantes. En 1927 fue ignorado por sus compañeros de generación en los actos de homenaje a Góngora[19]​ que marcaron a la llamada generación del 27.

Heredó una «finca de recreo» con viñedo en Jerez de la Frontera (el Cerro de Santiago) adonde se retiraba a escribir. Contrajo matrimonio el 8 de marzo de 1922 con Carmen Domecq Rivero Núñez de Villavicencio y González,[23]

Mezcla de señorito de ciudad y de campo, el joven doctor adoraba el tono pastel de la «buena sociedad antigua», simbolizada por el ideal de la «buena Iglesia antigua» y el «buen rey antiguo». De la Monarquía admiraba la augusta quietud de la realeza y la substancialidad elitista de la nobleza española[24]​ Esta fantasía estructural de su mente provinciana configuraría para siempre la suerte de monarquismo palaciego esencial propio de Pemán.

Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

Desde joven entró a formar parte de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas de Cádiz[26]​ Siempre decía que no se consideraba un político, aunque realmente se aprestase a un apoyo apasionado al pretendido regeneracionismo de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).

José María Pemán y su primo José Pemartín estaban emparentados con el dictador y se constituyeron entre los principales propulsores de la doctrina oficial de la Dictadura. Inspirados en las lecturas fascistizantes de la época, elaboraron todo un canon patriótico, católico ortodoxo y antiliberal que fue propagado con profusión a través de las páginas de La Nación, el diario oficioso de la dictadura, Unión Patriótica, la revista quincenal del partido único creado por Primo de Rivera, y de sus propios libros apologéticos.[27]​ Pemán creía que la Unión Patriótica (UP) era una fachada democrática necesaria para que la dictadura monárquica no se convirtiera en despotismo. Aquel avisado joven dejó sentado su paradigma del contubernio, que agobiaría en lo sucesivo a buena parte de la derecha española: aquel mundo se dividía en «alianzas nacionales y alianzas extranjeras (soviéticas)».

Pemán tuvo ocasión de practicar en escenarios encomiásticos y ejercitarse cumplidamente en la oratoria ditirámbica. El 11 de octubre de 1927 fue elegido secretario de la Asamblea Nacional Consultiva y, un poco antes,[28]​ fue confirmado como jefe local de Unión Patriótica en Cádiz, convirtiéndose en uno de los principales poderes fácticos de la región.

Desde su cargo político Pemán fue uno de los máximos responsables de que el viejo cacicazgo persistiese en la provincia de Cádiz.[29]​ En este sentido, tras ser obligado a dimitir de presidente de UP de Cádiz el cacique gaditano Luciano Bueno Sáenz, Pemán ocupó su puesto y recomendó a Ramón de Carranza y Fernández de la Reguera para su designación como alcalde de Cádiz en 1927. Hacia el final de la Dictadura el asambleísta de UP era ya un personaje público consolidado que aparecía con mucha frecuencia en la prensa nacional.

Alfonso XIII lo nombró Gentilhombre de cámara con ejercicio a propuesta de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz, presidida por Pelayo Quintero Atauri.[u]

En su declive parece que el dictador Primo de Rivera le había ofrecido sucesivamente los cargos políticos de director general de lo Contencioso, de Bellas Artes y el Ministerio de Instrucción Pública.[30]​ Ofertas a las que intuitivamente se mostró elusivo.

Los felices años 20 terminaron con el crash financiero de 1929. La ideología liberal clásica quedó desprestigiada; la autodestrucción del capitalismo parecía que se confirmaba. En los principales países industriales la depresión más profunda experimentada por el sistema capitalista había dislocado las viejas pautas políticas y dado lugar a poderosos movimientos nuevos, tanto reformistas como fascistas. De acuerdo con la marcha de los tiempos, aquel joven propagandista recién doctorado en las ideas de Platón y Menéndez Pelayo y, por extensión, aquella gente que él frecuentaba, reaccionaron hacia formas de derecha más radical, nacionalista, autoritaria y corporativista.

La II República (1931-1936)

A la caída de Primo de Rivera, Pemán se mostró inquieto por su futuro político. En aquel año 1930, de derrumbe inmediato, no se sabía hasta qué punto se pedirían responsabilidades a los colaboracionistas del antiguo régimen. Para entonces los restos del upetismo primorriverista se reagruparon en la Unión Monárquica Nacional, bajo la jefatura del conde de Guadalhorce, en la que se integraron Ramiro de Maeztu, los ex-ministros José Calvo Sotelo y Antonio Goicoechea, José Antonio Primo de Rivera y José Mª Pemán, entre otros.

El prestigio de Pemán decayó en Cádiz. Durante la etapa anterior había sido designado presidente del Ateneo Gaditano desde 1927, pero en 1930 fue cesado como reacción antiprimorriverista.[x]

La Ley de Defensa de la República, vigente desde el 21 de octubre de 1931, vigilaba y castigaba «la difusión de noticias que puedan quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público; toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las Instituciones u organismos del Estado; y también la apología del régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación». En su artículo «Cuando quemaron la República», publicado en La Información el día 12 de mayo de 1933, Pemán infringió esta ley y fue multado con 500 pesetas por el Gobernador Civil de Cádiz.

Pemán sentía que su inversión en política se arruinaba; la caída de la Monarquía le suponía el primer paso en la temida prospectiva de la «conjura extranjera» judeo-masónica-bolchevique diseñada para apoderarse de España.[33]

En agosto de 1932 se produjo el fallido golpe de Estado conocido como la Sanjurjada. A pesar de que la policía conocía su activismo de «afirmación derechista», la complicidad de Pemán no pudo probarse aunque, desde luego, él huyera a Gibraltar.

En represalia las autoridades republicanas procedieron de forma preferente contra la aristocracia monárquica: 145 jefes y oficiales fueron detenidos y deportados a Villa Cisneros en la colonia española del Sahara Occidental, como se había hecho con 104 libertarios unos meses antes con motivo de la insurrección anarquista del Alto Llobregat. Sus más destacados órganos de prensa, el diario ABC y la revista Acción Española fueron suspendidos. Muchas sedes políticas y culturales fueron clausuradas. Las propiedades de la nobleza «grande de España» (acusada de financiar el golpe) fueron expropiadas de sus tierras sin indemnización por una ley aprobada por el Parlamento. Pemán salió una vez más indemne incluso a pesar de que difundiera unos provocativos «Salmos a los mártires del 10 de agosto".[35]

Tras unos meses de sede vacante, en agosto de 1931 fue elegido Presidente del Ateneo de Cádiz el alcalde republicano Enrique Álvarez López,[37]​ Esta obra lanzó a Pemán al estrellato de la fama literaria.

Otro hito importante en la vida de Pemán fue su adscripción a la Sociedad Cultural y a la revista Acción Española, fundadas con el patrocinio de la aristocracia bajo la advocación de la Cruz de Santiago y convertidas en auténtico vivero de ideólogos contrarrevolucionarios.[40]​ Uno de los primeros actos celebrados en los locales de Acción Española, fue una conferencia de Pemán sobre «La traición de los intelectuales», incidiendo en uno de sus tópicos favoritos: los falsos intelectuales. La República era contemplada por estos sectores aristocráticos como el resultado de la liberación vengativa de los resentimientos pequeño-burgueses de una clase media intelectual de vida oscura y pobre que, de pronto, se veía en lugar de los antiguos amos.

Pemán estaba con la «derecha delicada», del lado de los que proclamaban que la República no era bautizable. Con una frase Pemán había sentado cátedra de intransigencia teológica sobre la convivencia con la legitimidad republicana. Por lo que muchos de aquellos caballeros nunca estuvieron de acuerdo con la estrategia posibilista[ah]​ de Herrera Oria, aunque éste hablara con la voz del Papa.

Como otros intelectuales de Acción Española, Pemán estuvo influenciado por Menéndez Pelayo,[45]

En febrero de 1933 Antonio Goicoechea fundaba Renovación Española, en el que se integraría Pemán, un partido con apoyos importantes entre la aristocracia y el caciquismo rural, que orientó sus esfuerzos hacia el derribo del régimen republicano y la construcción de un nuevo orden político católico, basado en la monarquía autoritaria y corporativa. Este partido se desgajó de Acción Popular (partido católico accidentalista liderado por Gil Robles y Ángel Herrera Oria) y subvencionó en sus primeros meses a la naciente Falange Española (pacto del Escorial, agosto de 1933 y 1934).

En un multitudinario banquete-homenaje que le tributaron sus amigos de Acción Española en el Hotel Ritz en febrero de 1933[46]Eugenio Vegas Latapie entre otros muchos elogios expresó un sentir común: «la derecha esperaba mucho de Pemán».

El 8 de diciembre de 1934 Pemán firma su adhesión al Bloque Nacional de los partidos más a la derecha, una alianza basada en su comunidad de intereses y dirigida hacia la intervención militar. A finales de 1935 aparecieron sus famosas Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno, en las que reprobaba tanto a la monarquía liberal y parlamentaria como al accidentalismo propugnado por la CEDA. La opinión que merecía a Pemán la democracia parlamentaria liberal era muy ligera.[47]

Se presentó como candidato a diputado por Badajoz (1931) y por Cádiz (1933),[51]

Las Cortes Constituyentes españolas reconocieron el 9 de diciembre de 1931 el derecho al voto de la mujer. La primera vez que pudo ejercerse fue en las elecciones generales de noviembre de 1933. Pemán fundó y dirigió la revista especializada Ellas (semanario de las mujeres españolas) que apareció el 29 de mayo de 1932.[53]​ la revista fue lanzada para captar para la derecha el voto del nuevo estamento electoral (femenino), considerado poco maduro. La mayor parte de sus redactores procedían de Acción Española ( Honorio Maura Gamazo, el conde de Vallellano, Víctor Pradera, el marqués de Lozoya, Pedro Sainz Rodríguez, Joaquín Arrarás y Luis Araújo-Costa, entre otros).

Incorporó al equipo de redacción un importante elenco de ilustres damas colaboradoras procedentes de todo el espectro de la derecha: desde Cristina de Arteaga, hija del duque del Infantado, hasta María Rosa Urraca Pastor, musa del tradicionalismo; pasando por Pilar Careaga, primera mujer ingeniero, o la publicista Blanca de los Ríos. Pemán decía a voces a sus lectoras lo que musitaba a sus lectores. En el editorial del 12 de marzo de 1933 concluía pidiendo a la mujer ayuda para la implantación en España del fascismo (italiano) porque en él encontrará su asiento el feminismo: «No elegiréis los gobiernos con vuestros votos, pero predestinaréis con vuestra simpatía a los jefes nacionales». La revista tuvo poco impacto con escasa publicidad. Regalaba a sus nuevos subscriptores un ejemplar del Divino Impaciente. Duró hasta mayo de 1936.[54]​ Adquirió mucho renombre la página de cocina a cargo de Teodoro Bardají.

La Guerra Civil (1936-1939)

Pemán había contenido su cólera hasta la muerte violenta de Calvo Sotelo: «España tiene desde ayer un mártir [...]. De esto no hay nada que decir. ¡Hay mucho que hacer! ¡Y por Dios y por Santiago que se hará!»[am]

Desde el inicio de la Guerra Civil española Pemán se comprometió apasionadamente con los golpistas, como tantos otros autores reconocidos.[59]

Existen pocas evidencias historiográficas sobre los pasos de Pemán en aquellos días de represión «en caliente».[an]​ Se sabe que el mismo 24 de julio de 1936, emulando al general-locutor Gonzalo Queipo de Llano, desde las ondas de Radio Jerez arengó:

«La idea de turno o juego político, ha sido sustituida para siempre, por la idea de exterminio y expulsión, única salida válida frente a un enemigo que está haciendo de España un destrozo como jamás en la historia nos lo causó ninguna nación extranjera ».[60]

En un intento de calmarlos, impartía doctrina fascista a los obreros de Jerez de la Frontera en sus alocuciones radiadas:

«Obreros que me escucháis en cualquier parte: vamos a hablar un momento con el corazón en la mano [...]. Yo creo que estáis sentados frente a frente de mí a esta mesa. ¿Qué tomamos? [...]. Para salvaros de todo esto ha venido el Movimiento Nacional que, por serlo, es movimiento popular, ni de izquierdas ni de derechas, porque quiere que ambos se unan al Movimiento y le sostengan. Hay que unir estos dos frentes, lo nacional y lo social para obtener el equilibrio».[61]

Defensor católico del orden y del caudillaje, Pemán se comportaría como un falangista «mitad poeta, mitad monje». Convertido en misionero de la nueva situación, estaba convencido de que la guerra que comenzaba no era más que «el choque de dos entusiasmos». Se haría acreedor a la victoria el que mejor canalizara el entusiasmo de su bando.[63]​ en su respetado legitimador y en el fomentador de entusiasmos a través de su encendido verbo («príncipe de la elocuencia castellana» que causaba admiración por el «galope desbocado de su bético potro verbal»), su poesía de guerra o su prosa soberbia.

Pemán frecuentó actos de exaltación religiosa y patriótica con arengas y discursos, recorriendo las zonas conquistadas por los sublevados; debido a la precariedad logística de éstos se desplazó en ocasiones por su cuenta en el Rolls de su pariente el sportman jerezano José Domecq de la Riva, apodado «Pepe Pantera»,[ao]​ Tras el acto religioso, el general y sus acompañantes solían enardecer a las gentes de la población con sendas alocuciones patrióticas cívico-militares.

Como ejemplo sorprendente de su plasticidad literaria, citamos el Romancero carlista (serie de poemas que Pemán publicó en un álbum titulado Por Dios, por la patria y el rey,[68]​ a pesar de su proclamada militancia monárquica alfonsina.

Bajo la dirección de Eugenio D'Ors formaban una plana mayor de poetas de guerra, radicada en el Hotel Londres de Burgos; escribían colectivamente con seudónimo para las trincheras (v. gr. el sargento de morteros José R. Camacho)[aq]

Acusado de cultivar una poesía «impura» por su carga folclórica, política o religiosa, él la calificaba de pura y «objetiva». No era moderna, como la que hacían sus coetáneos de la Generación del 27. Tampoco «social». Abusaba del romance y empleaba una métrica clásica y tradicional «porque el pueblo es también eternamente clásico».[70]​ desmontar el empeño laico de la República y construir la España del futuro, mirando hacia atrás.

Pemán fue un entusiasta reportero de guerra destacando junto a El Tebib Arrumi ( Víctor Ruiz Albéniz) y al que después fuera famoso locutor de radio, el chileno Bobby Deglané.[73]

Dependiente de Nicolás Franco, fue nombrado presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado, constituida el 1 de octubre de 1936 con sede en Burgos, ayudado por el pediatra Enrique Suñer Ordóñez[76]

En Burgos, Pemán desempeñó un papel destacado en la definición y eliminación de lo que consideraron la « Anti-España». Se empezó por la depuración del personal funcionarial docente.[81]

Pemán se hizo cargo, durante cuatro meses, de la Oficina de Prensa y Propaganda.[84]

José María Pemán publicó una Historia de España para párvulos dedicada «al generalísimo Franco, entregándole esta historia sencilla y aniñada».[85]

La historia canónica de la propaganda franquista sobre la Guerra Civil es la monumental Historia de la Cruzada Española, obra en la que participaron Joaquín Arrarás, José María Pemán y la dirección artística del dibujante y pintor Carlos Sáenz de Tejada.

Las otras fuerzas políticas que apoyaban el «Alzamiento», como los monárquicos de Renovación Española o los católicos de la CEDA, fueron «toleradas» pero no reconocidas. Sus líderes más visibles de los años republicanos —como el de la CEDA, José María Gil Robles, o el de Renovación Española, Antonio Goicoechea[86]​— fueron marginados. Disuelto por Franco el partido Renovación Española, sus componentes se reagruparon en el influyente grupo Acción Española, cuyo líder era Pemán como último presidente que fue de la revista, quien al parecer dio su conformidad a Franco con los términos del Decreto de Unificación que estaba preparando y se integró con su grupo en FET de las JONS. Así, valiosos contingentes monárquicos alfonsinos y otros de la CEDA, que no habían tenido milicias y que habían quedado dispersos por la guerra, ingresaron colectivamente en el nuevo conglomerado por invitación expresa de Franco. Según Pemán, tal mezcla no era otra cosa que

«Un reflejo de lo que moral y espiritualmente venía realizándose desde hacía cinco años en las páginas de su revista [Acción Española] y en los actos culturales de su Sociedad, donde en la formación de unos unánimes pensamientos contrarrevolucionarios colaboraban siempre juntos los hombres de todas las tendencias que ahora se juntan y se estrechan».[87]

A imitación de Mussolini, en octubre de 1937 Franco creó el Consejo Nacional de FET y de las JONS. La lista de los cincuenta consejeros juramentados comienza por Pilar Primo de Rivera, Tomás Domínguez Arévalo ( conde de Rodezno), el general Gonzalo Queipo de Llano y José María Pemán.[88]

Tras el solemne juramento personal prestado a Franco ante un crucifijo de marfil incautado a profanadores del Ejército republicano, Pemán quedó convertido oficialmente en un jerarca del Movimiento Nacional, en la cúpula del nuevo régimen totalitario nacional-sindicalista.

Considerado por muchos como «el ingenio del Régimen»,[90]​ Pemán solía presumir de la situación privilegiada de algunas de sus crónicas de guerra.

Nunca luchó en los frentes. Pemán superaba a los demás en los ceremoniales, las liturgias y otros rituales de guerra donde la puesta en escena estaba a medio camino entre lo religioso y lo militar. Todo con un objetivo estético-político muy claro: electrizar al auditorio. Nombrado alférez provisional honorífico,[88]

En mayo de 1938 viajó a Roma junto a Millán Astray.[av]

En palabras de Carmen, su mujer, durante la guerra, en un año, y en repetidas permanencias, sólo estuvo dos meses en casa.[95]

En 1938 Jerarquía —la autodenominada «revista negra de Falange»—, dirigida por el sacerdote Fermín Yzurdiaga, publicó en Zaragoza su monumental Poema de la Bestia y el Ángel.[99]​ Pemán desarrolla su providencialismo histórico: la Bestia, simbolizada por un blindado (ruso), pelea con el Ángel, un joven soldado, analfabeto, aragonés y cristiano de dieciseis años. La Bestia muere.

Por aquellos días un literato, entonces joven, escribió de Pemán lo que sigue: «No creo que poeta contemporáneo alguno haya visto más diáfanamente el ser y el sentir de la poesía».[100]

Un historiador católico, que se sabía de memoria el poema, no acertaba a explicarse a posteriori el por qué «los rojos» jamás citan a Pemán ni mucho menos su poema.[103]

Aunque no destacó como orador parlamentario, Pemán pronunció centenares de discursos políticos, académicos, panegíricos y de circunstancias. Como ejemplo de los excesos de entusiasmo suscitados por su oratoria se cita el incidente del 12 de octubre de 1936 cuando se conmemoraba en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el Día de la Raza. Pemán asistía invitado por el Rector Miguel de Unamuno, cuyo Claustro precisamente un mes antes había suscrito urbi et orbi un ardoroso Mensaje a las Academias y Universidades del mundo acerca de la Guerra Civil española donde se justificaba el alzamiento y se condenaba a la República, solicitando solidaridad y apoyo internacionales.[105]​Destituido y recluido en su casa, Unamuno murió al finalizar el año.

Hugh Thomas cita que al final de otro discurso en Sevilla Pemán llamó a Gonzalo Queipo de Llano «la segunda Giralda».[106]

En su afán propagandístico comprometió el carisma del músico gaditano Manuel de Falla, quien se avino a adaptar el «Canto de los Almogávares», de Los Pirineos de Felipe Pedrell, a su «Poema de la Guerra» como un himno marcial (para voz, piano y tambor) dedicado al ejército de Franco.[108]

Periodo de posguerra (1939-1945)

Terminada la guerra, llegó el momento de los homenajes. Compuso un «Soneto a José Antonio» en una corona junto a otros poetas significados en un volumen primoroso[110]

El 17 de julio de 1939 la ciudad de Cádiz y la Sociedad Gaditana de Fomento, con su Ayuntamiento al frente, le tributaron un homenaje como uno de sus hijos más preclaros. Inmortalizados quedaron en el bronce del escultor [72], las manos y el lugar del nacimiento del vate. Por la tarde en el Gran Teatro Falla[aw]

En 1943 Pemán decidió donar una nueva imagen de la Virgen a la Hermandad del Nazareno de Santa María de Cádiz que había quedado destruida en 1936.[112]

Recién iniciado el golpe de estado Pemán fue nombrado para un cargo administrativo relacionado con la cultura académica, Presidente de la Junta de Conservación del Tesoro Artístico.[az]​ concuñado de José María.

Años posteriores (1945-1960)

Movido tanto por el espíritu activista ACdeP como por su ambición literaria, el ahora famoso dramaturgo Pemán recabó apoyos aquí y allá (incluso de Manuel Azaña) y el 6 de marzo de 1936 se postuló, en candidatura única, para cubrir la vacante de miembro de número tras la muerte de Emilio Cotarelo. La Academia le aceptó el 26 de marzo de 1936. La guerra paró su ingreso. Pero siendo Pemán presidente de la Comisión de Educación y Cultura, Franco se propuso controlar desde Salamanca el apagón cultural de cara al exterior, agrupando a los académicos residentes en la zona franquista. Surgió de la fantasía de Eugenio d'Ors la idea de crear un «senado de la cultura nacional», organismo en el que, reunidas todas las Academias, se pudieran realizar sesiones más o menos espectaculares con un ritual fastuoso y simbólico. Con tal fin por decreto de Franco de 1 de enero de 1938 se funda el Instituto de España.[116]​ Por disposición de Franco las Academias volvieron a denominarse Reales.

El monarquismo alfonsino al que pertenecía Pemán, iba tomando distancias del excesivo protagonismo falangista.[120]​ El ministro de Educación Nacional José Ibáñez Martín, por Orden publicada en el Boletín Oficial de 24 de julio de 1940, le cesaba del cargo de director de la Real Academia, nombrando en su lugar a Francisco Rodríguez Marín. Y se le prohibió escribir en ABC durante dos años.

En 1941 recorre Argentina, Chile, Perú etc. pronunciando conferencias sobre espiritualidad histórica hispanoamericana (una sola fe en una sola lengua).[bf]

Sede de la Real Academia Española en la calle Felipe IV, 4, en el barrio madrileño de Los Jerónimos.

Como director de la Real Academia, durante algunos años de la posguerra Pemán fue Procurador en Cortes (BOE, núm. 54, 23 de febrero de 1945, pág. 1526) y estuvo obligado a escribir, presidir y hablar en numerosos actos oficiales de propaganda del Régimen, esta vez con una oratoria escarmentada de «encaje de bolillos» o de «orfebrería fina». Fue presidente de la Asamblea Cervantina de la Lengua Española (1947-1948).[123]​Volvió el matrimonio Pemán al subvencionado turismo de Hispanidad en 1948, donde José Mª fue elegido miembro de la Academia Argentina de Letras. Su periplo en Buenos Aires se inició con un ciclo de conferencias pronunciadas en el Teatro Cómico. Los periodistas argentinos admiraron la retórica y el modus operandi pemaniano.

Los títulos de las conferencias: «Panorama de España y del mundo», «Hacia una nueva cristiandad», «Pensamiento y poesía de San Juan de la Cruz», «La cuarta salida de Don Quijote» y «La mujer y la familia en el mundo español». Aprovechó para estrenar allí tres de sus obras de teatro con la actriz Lola Membrives y Antonio Martelo tituladas La Casa, El río se entró en Sevilla y Toda la verdad. En un tercer viaje por Centroamérica fue agasajado por Trujillo y Perú le concedió la Gran Cruz de la Orden del Sol.

Elegido miembro de la Real Academia de Jurisprudencia en la década de los 60, no presentó su discurso de ingreso en la corporación dentro del plazo reglamentario y sus correspondientes prórrogas, por lo que la Academia declaró vacante su plaza.[126]

Terminada la II Guerra Mundial y transmutado en «liberal educado», en sus propias palabras,[bg]

Si bien algunos monárquicos se exiliaron ( Sainz Rodríguez, Vegas Latapie, Quintanar y otros), Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena, José Ignacio Escobar y Kirkpatrick (marqués de Valdeiglesias) y otros formaron una corriente monárquica contemporizadora. Consistía en estar a bien con el Movimiento y con Estoril hasta que el general Franco declinase. En cierta medida sacrificaban el aspecto suntuario o de camarillas de la monarquía cortesana, que tanto había sugestionado a Pemán en su época de gentilhombre de cámara. Proponían ahora otra cosa: una monarquía sobria cuyos titulares mostrasen una «popular españolidad» en punto a protocolo, énfasis, pompa o séquitos.[130]​ Les gustaba aquel régimen católico, sin partidos y sin revolucionarios, pero todo aquello tenía que estar regido por el rey don Juan III, a lo que Franco se oponía sistemáticamente.

Presidió el Consejo Privado del Conde de Barcelona entre 1960 y 1964. Se consultaban, emitían comunicados y manifiestos y todos los años se reunían a almorzar en Villa Giralda. Pemán fue desactivado de sus funciones, según justificó su compañero el opusdeista Rafael Calvo Serer de forma poco clara.[131]​ con el franquismo, el acercamiento a modelos políticos occidentales.

La causa juanista fracasó en julio de 1969 al ser instaurado por Franco el príncipe Juan Carlos como futuro rey. ABC titulaba con parquedad «Aceptación del príncipe. Juan Carlos prestó los juramentos que exigen nuestras Leyes». Pero los titulares de la otra prensa se mostraban exultantes. El Consejo privado y el Secretariado político fueron disueltos. A los dos días de fallecer Franco, las Cortes procedieron a la solemne entronización de Juan Carlos I, ante una corona, un cetro y el mismo crucifijo de marfil. Pemán, a sus 78 años estaba presente en el acto.

Los años pasaban y quien tanto gustó del lustre de la nobleza y la grandeza de España no obtenía título nobiliario ni pontificio, ni de Franco ni de la dinastía,[135]

Últimos años (1960-1981)

La figura del anciano venerable quedó plasmada en el imaginario colectivo popular tal como lo estilizó en 1982 el retratista gaditano Hernán Cortés Moreno para la Casa Pemán. Existe otro retrato de Pemán en hábito de Montesa, realizado por el pintor vallisoletano Francisco Prieto Santos, depositado en la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Cádiz.

Pemán se especializó en periodismo de gabinete: el «artículo de fondo». Convertido en cronista político del tardofranquismo, instalado definitivamente en la importante tercera página sepia de ABC, devino en amable creador de opinión a través de una importante masa de artículos periodísticos[136]​ didácticos, simpáticos, bien construidos, salpicados de anécdotas pretendidamente crípticas, en los que hablaba poco de su pasado y donde raramente se arrepintió de algún error. En ocasiones los artículos de Pemán parecían surrealistas, tanto por la elección del tema como por su desarrollo sintáctico al vaciar de su genuino contenido los vocablos para esterilizar la potencia subversiva de lo que quería decir.

En sus relaciones con el extranjero aplicó sabiamente la máxima «Conviene ser políglota para saber callar en siete idiomas».[137]​ Cada año que pasaba Pemán esperaba desdeñoso la llamada de Estocolmo, que nunca llegó.

En muchas ciudades y pueblos de España hay calles con su nombre. Tiene una calle con el nombre matizado por una placa anexa explicativa de «Escritor José Mª. Pemán» en la ciudad de Sevilla, nominada por el Ayuntamiento democrático en 1995 «por ayudar a restaurar la Monarquía en España».

Monumento a José María Pemán. Cádiz

La Universidad de Sevilla lo nombró en 1974 doctor honoris causa de la Facultad de Filosofía en Cádiz.[138]​ Pemán amaba el simbolismo y el ceremonial de la tradición. El Rector procedió a la toma de juramento haciéndole entrega de un bonete laureado, un libro de la ciencia, un anillo (usado antiguamente para sellar documentos), una medalla (símbolo del corazón) y unos guantes blancos (símbolo de la pureza) y terminando con el simbólico abrazo.

Desde 1952 presidió el Consejo de la Real y Benemérita Institución de los Caballeros Hospitalarios de San Juan Bautista de Cádiz.[139]

Sus últimos años los pasó muy quebrantado por una enfermedad neurodegenerativa que limitó grandemente su actividad. Pemán nunca dejó manda ni escrito alguno (a pesar de lo mucho que escribió sobre su religión privada) que lo adscribiera al Opus Dei en sus últimos años, como parecen postular con afán algunos de sus asociados.[140]

Murió cristianamente en su casa de Cádiz con un crucifijo entre las manos.[ cita requerida] Sus últimos gestos fueron para pedir que se leyera su poema «Al Cristo de la buena muerte».

Enterrado inicialmente junto a su esposa en el cementerio de Cádiz, en la actualidad sus restos reposan en la cripta de la Catedral de Cádiz, junto a los de Manuel de Falla, en una tumba reservada para él desde muchos años antes.[145]​ Para honrar su memoria la Fundación Unicaja de Málaga instituyó el Premio anual Pemán de artículos periodísticos (actualmente denominado simplemente Premio Unicaja de Periodismo).

En el parque Genovés de Cádiz hay un teatro al aire libre (actualmente derruido) con el nombre de «Teatro de Verano José María Pemán». En el mismo lugar existe un monumento mandado erigir por suscripción popular con un busto de Pemán realizado por Juan de Ávalos (1967).[147]